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sábado, 26 de agosto de 2017

no puede morir, lo que ya esta muerto


patio de la Residencia Fragela, Cádiz
23 de agosto de 2017
Cuando una persona se va y lo primero que piensas es - ¡gracias a Dios! -. Le expresaba la Madre Teresa de Calcuta a Dios, en sus últimos días “cuánto has tardado en venir a buscarme”. Es lo que he sentido con la partida de Manoli y que me perdone Este. Una persona que paso sus últimos años postrada en una cama, sin capacidad para decidir sobre su vida. Apenas y nada, habló en el último año y para que las ulceras y el dolor que estas, dicen que le provocaban y estoy segura que era así, no empeoraran, no pudo mirar al sol directamente ni sintió la brisa en su cara. Siempre encamada y sujeta a una involuntaria propensión de comer y beber, sondada en el estómago por donde recibía su alimentación. -Es muy fácil que te coloquen una sonda PEG, empero casi imposible que te la retiren-. Sus días sabían tan amargos y con el paso de los años se hacían tan crueles que, no era sencillo desearle vida.

Conocí a Manoli va a ser ya varios años, más de un lustro, en la residencia Fragela donde ha residido hasta su partida, porque su cuerpo no le daba para vivir sola. Una mujer querida por quienes la conocieron, pero que debido a la incapacidad de reconocer a la persona que era, muchas de ellas dejaron de visitarla o incluso, probablemente, creyeran que estuviese muerta y enterrada. Las que siguieron a su lado, pocas, no eran familia consanguínea. Y, aunque se le reconocía, dicen que, alguna prima o primo, estos andaban lejos de su existencia. Familia putativa, trabajadoras de la residencia, alguna allegada amiga de toda la vida, voluntarias, Rosi y yo, y pocas más, éramos quienes formábamos su universo relacional.  Su historia de vida esta marcada por los cuidados que otorgó a quienes estuvieron cerca de ella. Enfermera de profesión (que lo fue toda la vida del afamado pediatra Felipe Pastor) asistió a incalculables partos de gaditanas, esto le trajo ser conocida, querida y respetada por tantas.

Aprendí junto a ella que no vale la pena ensuciarse los labios con palabras y besos sin sentido ni verdadero afecto. Y aprendió mi corazón que se puede llevar el dolor sin expresarlo. Maldita la maestra. Ahora me duelen las caricias que no le di en los jirones de su piel, pensando que le pudiera estar haciendo daño. Y maldito el aprendiz. Maldigo lo que no es así. Hay tanto que aprender de la locura que es vivir postrada en una tumba abierta en la que un millón de manos como alas de mariposas, algunas con puro sentimiento y con tan poco que ofrecerle, la expolian en un sin sentido. Esperando que una mirada suya nos traiga la aurora y nos libere de la culpa de mantener una vida atada por una jeringa del 14 que la alimenta y la sedienta. Cuando se clavaba su mirada en la mía, una lluvia de alfileres me perdía entre las dudas de merecer la pena seguir nutriendo ese cuerpo. ¿Quién rige sobre la vida y la muerte? A veces, esos mismos ojos me miraban con agradecimiento y feliz de encontrarnos. Bastaba una caricia para que cerrara los ojos complacida y consolada por el contacto. Mi heroína.

Ahora toca el último adiós, se quebró la puerta. Manoli, estoy segura, más descansada, renacida, libre, unida a la fuente. Amiga mía, es con tu piel con quien sueño esta noche. No quiero contar tu última y penosa historia solo pretendo honrar tu memoria y dejar unas palabras que regalen mis recuerdos de ti. Y porque eres mi amiga. Amiga que me aguantó leerle poesía sin saber recitar. Contarle historias que ella desconocía y quizás ni entendía. Y amiga, sí, porque sí. Nadie nos va quitar momentos vividos. Somos, tú y yo y el tiempo que hemos compartido, 365 días de cada uno de nuestros últimos 4 años. Excursiones (como las llamaba quien sabemos) en ambulancia hacia el hospital para reparar lo irreparable. Salidas (entonces, cuando nos dejaban, esta Casa y aquellas personas que velaban por ti se convirtieron en cárcel y carceleras) a tomar el sol en la Plaza Fragela, la del Falla. Yo tomaba algo mientras apartaba las moscas de tu rostro porque tus manos no te valían. Muchas tardes en tu habitación, masajes, cremas hidratantes, lectura, caricias y silencios, muchos silencios y mucha presencia.

Quiero pedirte perdón por las omisiones, por las palabras mal dichas, por las calladas, por mis faltas de tacto, por todo y por lo que desconozco y tú sentiste, por lo que te llevaste en tu corazón y que tus labios no pudieron reclamarme.

¡Adiós querida Manoli, muchos besos y que el viaje a Itaca te sea largo!!!

DEP

viernes, 28 de abril de 2017

II Congreso Andaluz Pacientes con Cáncer


La pasada semana, 21/22 de abril, pude asistir al II Congreso Andaluz de Pacientes, celebrado en Málaga, invitada como miembro del Comité Científico del mismo y miembro del Comité de Participación de Pacientes de la AECC, institución que lo organiza. Con la tarea de observadora y con el talante de disfrutar.
He podido redactar un texto con lo que para mí es importante de reseñar. Fruto de lo escuchado en las ponencias, comunicaciones y talleres, además de, lo vivenciado y conversado con las personas asistentes, organizadores y ponentes.
En primer lugar, una breve reseña, más en prosa poética, para expresar que un congreso de pacientes y familiares esta cargado de humanidad, tanta como la de la mirada de Mirian Segura, modelo de la imagen del congreso, emulando la obra de Vermer "la joven del pañuelo".

Reseña
Un congreso impregnado de momentos y personas, emocionantes unos, emocionadas otras. Momentos atrapados por y en miradas que se tocaban. Momentos de arte, con un lenguaje humanizador. Realidades complejas que han llenado los salones teñidos de mosaicos cromátizados por un río de almas humanas. Momentos que nacen de la verdad. Momentos de Rocio y de Ángela, de tantas Rocíos y de tantas Angeles, de almas y de  “jovenes de la perla” como Mirian a las que no les sobran los días, empero superan la pintura. Momentos de aplausos y reconocimientos, no exentos de vacíos jaspeados por lágrimas y miradas y relaciones humanas henchidas como globos rojos en forma de corazón. Momentos de dignidad implícita en el saber vivir. Momentos para revertir nuestra realidad. Todo para las personas pacientes y sus familiares con y por las personas pacientes y familiares. Mapeando lo esencial. Explicando los datos, los avances, la “no esperanza” también, sean cuales sean, porque son los nuestros, porque es nuestra salud. Momentos de lo que nosotras consideramos importantes, no los que ellos creen más relevantes. Momentos que nos muestran que tenemos los días que nos quedan por vivir y no sabemos cuántos. El miedo es libre.  Momentos que nos gritan que hoy no sea lo que Dios quiera sino lo que nosotras nos propongamos. Un congreso con momentos que nos dicen que resistiremos desde la fuente de la que se precipita un torrente de esperanza, no no, de entusiasmo y ganas de vivir. En la corriente sempiterna. En la salud y la enfermedad. Porque no hay bienestar sin malestar. Ahí, desde donde nace la vida y duele. Una vida que nos envuelve con un halo mágico y a la vez confuso. Entre tizanas y piedras, el fuego y cielo. Momentos que nos enseñan que persiguiendo al dolor hasta su madriguera no seremos más frágiles. Entre dudas por asaltar un lugar donde encontrarnos para despojarnos del alma. Momentos a la luz de la esperanza, que nos brinda nuestra diversidad para afrontar juntas el paso del tiempo herido. Momentos para transitarnos “desde el qué nos pasa, al qué nos importa”. Metilándonos nosotras, con nuestras manos, entrelazadas con las manos de las otras. Todas a menos de cinco centímetros, otras vidas junto a nosotras en la ambrosia de los abrazos. Un congreso con momentos donde habla la vida, ella nunca miente.

El arte de humanizar la salud, II Congreso Andaluz de Pacientes con Cáncer

Como no empezar hablando de la comunicación médico-paciente en un congreso que pretende embarcarnos en un crucero hacia la mejor calidad de vida de las personas que son diagnosticada de cáncer y sus familiares. El arte de compartir un proceso, de despejar dudas juntas, de afrontar los miedos, necesita de una eficiente y afectiva comunión médico-paciente. Nos dice el Dr. Javier García Alegría que “dos montañas no se pueden acercar, empero dos personas sí”. “El profesional médico es un gestor de información que gran parte procede de la que debería ser la contadora de su historia, la persona paciente”.

La persona paciente (a partir de ahora utilizaré el femenino para referirme a la persona paciente o familiar, porque, si definiéramos el Congreso con una u otra energía sería mayoritariamente femenina). La paciente esta satisfecha con la medicina científica. No obstante, esta suspende en la atención humana. La humanidad es y esta en el ADN y es lo que las pacientes nos queremos encontrar a lo largo del proceso de cáncer. A veces, las más, las pacientes tienen tantos profesionales de referencia que no conocen sus nombres y viceversa, los profesionales tienen tantas pacientes que se refieren a ellas por número de expediente o patología (la del linfoma de Hodgkin, o la cuello). El secreto del cuidado de la paciente estriba en… ocuparse de la persona. Y, como nos dice el Dr. Albert Jovell, cambiar la pregunta “del qué te pasa, al qué te importa”.

Por otra parte, nos refiere el Dr. García que es una responsabilidad social el usar bien los tiempos de los médicos. La diferencia entre lo que él llama “tiempo del médico” y los 15/20 minutos que un oncólogo dedica por paciente es insuficiente para una atención personal y humanizada. El oncólogo cuando acaba de leer y revisar los múltiples informes y pruebas en la pantalla del ordenador ya no le queda tiempo para mirar a los ojos de la persona que tiene delante. “la diferencia entre lo que una espera y lo que una obtiene es la decepción”. Es difícil empatizar con el médico y comprender sus tiempos cuando para nosotras el tiempo corre en nuestra contra. según la Fundación ECO (Excelencia y Calidad de la Oncología) Los oncólogos denuncian que el tiempo de atención al paciente es «inaceptable». En estudios anglosajones se ha observado que, aunque el 95% de las personas estaban satisfechas con el cuidado médico recibido, el 38% referían haber tenido dificultades en comentar problemas personales con su médico y el 35% sentían que los médicos no habían empleado el tiempo suficiente con ellos.

En referencia al diagnóstico precoz o proceso de diagnóstico anticipado, deben verse involucrados tanto el conjunto de la sociedad, el colectivo de la profesión sanitaria y todo el sistema sanitario, además de los agentes sociales y administraciones públicas o privadas. No nos cabe duda de que “la prevención salva vidas”. Sin embargo, hay que poner luz sobre los falsos positivos -como nos informó la Dra. Mercedes Torres Tabanera, con una amplia formación en diagnóstico mamario en EEUU- que atraen personas sanas al sistema de salud convirtiéndolas en pacientes. Provocándoles graves daños y acarreándole una gran carga de dolor, a veces provocando patologías y/o secuelas crónicas, con una importante repercusión sobre la inversión social en presupuestos de salud.

Tratando sobre el proceso de diagnóstico, según el Dr. Lorenzo Alonso Carrión (Foro Osler), “un diagnostico mal llevado lleva a sufrimiento” y nos aporta una checklist para el diagnóstico donde, entre otros ítems nos dice: en urgencias, asegúrese de llevar un posible diagnóstico y no aceptes explicaciones populares “no todo son gases”. En atención primaria, cuente bien su historia y pida un plan de seguimiento. “Es importante la comunicación médico-paciente para alcanzar un acertado diagnóstico”.

Otro de los miedos y rechazos de las pacientes en torno al cáncer es la toxicidad de los tratamientos. La toxicidad asociada al tratamiento quimioterápico y radioterápico es un aspecto muy importante, principalmente por la influencia negativa que ejerce sobre la calidad de vida de las pacientes, así como el riesgo vital que puede suponer en algunas circunstancias. Problemas digestivos, cansancio, trastornos del sueño, irritaciones de piel, disfunciones sexuales, efectos emocionales, etc, etc, etc. Los efectos secundarios producen gran temor en las pacientes, aunque en la mayoría de los casos son más soportables de lo esperado. Podemos leer en la web de SEOM, Sociedad Española de Oncología Médica, que “muchos de los efectos tóxicos podrían ser evitados o minimizados mediante una exhaustiva evaluación tras cada ciclo de tratamiento”.

Sí se trata de dolor. El dolor total. Según Cicely Sanders. Una entidad que bloquea todas las esferas del individuo. “Prefiero morir que seguir así”, eso es el dolor total. Entendido esto, el dolor es de quien lo presenta, poner en juicio su intensidad, su aparición, su duración es no entender que representa una urgencia para paciente. Es dolor. No se debe juzgar al síntoma ni a la paciente. Los medicamentos, las dosis, los rescates y las diferentes armas terapéuticas que nos pueden prescribir ajustándolas a nuestro caso particular, están a nuestro alcance (pacientes) solo tenemos que comunicarnos con nuestro equipo terapéutico multidisciplinar: atención primaria, oncología, unidades del dolor, psicooncología. “usa el dolor como una piedra en el camino que hay que apartarla y no como un límite para parar”. “la gran empresa de la medicina es perseguir el dolor hasta su madriguera” acudamos pues a integrar terapias que beneficien a las pacientes en el control del dolor. Según la psicooncóloga Monica Caballero (AECC) las medidas no farmacológicas pueden ser tan importantes como la medicación para aliviar el dolor y el sufrimiento.

En el caso de las pacientes avanzadas y próximas a un desenlace de muerte, también la obstinación terapéutica es un dolor evitable. El observatorio de los Derechos Humanos Human Rights Watch publicó en marzo 2009 un documento sobre el acceso al tratamiento del dolor como derecho humano. En dicho documento podemos leer esta contundente frase expresada desde las pacientes a sus profesionales: “please, don’t make us suffer any more”, por favor, no nos hagan sufrir más.

De todo esto y mucho más nos habla la Oncología integrativa. Cuando el diagnóstico es cáncer, la mayoría de las personas ven en la quimioterapia y la radioterapia su salvación a la vez que un camino tortuoso por el que deberán pasar. Lo que muchos pacientes no saben es que además de la quimioterapia, la radioterapia y la cirugía existen otras terapias que minimizan los efectos secundarios y la toxicidad de estos, y pueden ayudar a los pacientes oncológicos a afrontar el cáncer de una manera menos punzante. Ninguna de estas terapias se puede considerar como una alternativa a la quimio o a la radio. Conjugar todas estas estrategias de terapia -con evidencia científica- disponibles y de bajo coste, suponen para las pacientes mejores resultados en la absorción de los tratamientos convencionales, recortar los tiempos del proceso cáncer y una mejor calidad de vida. La Dra. Julia Ruiz Vozmediano, oncóloga y médica de familia con amplia formación en Oncologia Integrativa la define así en su web: OncoNature “La oncología integrativa es el uso de terapias complementarias seguras y efectivas y basadas en la EVIDENCIA CIENTÍFICA, que se utilizan con el tratamiento convencional para el control de los síntomas, mejorar la calidad de vida y contribuir a la salud global del paciente, proporcionando una atención integral del paciente oncológico tanto en la dimensión física como emocional”.

La historia nos muestra cómo, en todos los tiempos y en todos los lugares, las personas han buscado fórmulas para vivir más y mejor, porque la vida es finita, para el ser humano. Una de estas fórmulas de seguro es cuidar nuestra salud. Y, un elemento nuclear es cultivar el conocimiento que tenemos de nuestro cosmos sexual y practicar una sexualidad que sacie nuestra “sed de piel” (libro del Dr. Manuel Lucas Matheu, un referente en sexología médica). Depende del entendimiento y proceder sano de nuestra sexualidad para que nuestra vida sea íntegra. Experimentémosla con calidad, con sapiencia y sensatez para disfrutar de una vida que nos ha sido dada. Si creemos que la fuerza de la sexualidad no tiene cabida en el desorden nos equivocamos, la sexualidad no se conforma con la insinuación perversa de la enfermedad. En el silencio oscuro e infausto que brota en la afección y el desequilibrio, amarnos cogidos de las manos, amarnos con las palabras, amarnos con las miradas y las caricias, sintiéndonos con el abrazo, satisfaciéndonos… nos trae un lenguaje musical, para nuestro ser, hacedor de azarosas proezas en favor de la vida. Las fuerzas que la sexualidad pone en movimiento forman parte de nuestra propia naturaleza, emergen de una batuta interior que conoce las notas del pentagrama y la coreografía de la danza Salud/Dolor/Vida.

En los avances de la oncología médica, las nuevas técnicas quirúrgicas y tratamientos más eficaces y dirigidos progresan cada día con saltos cualitativos. La inmunoterapia, también denominada terapia biológica, es un tipo de tratamiento del cáncer diseñado para estimular las defensas naturales del cuerpo a fin de combatir el cáncer. Utiliza sustancias producidas por el cuerpo o fabricadas en un laboratorio para mejorar o restaurar la función del sistema inmunitario. La inmunoterapia puede funcionar de las siguientes maneras: Al detener o retrasar el crecimiento de las células cancerosas. Al impedir que el cáncer se disemine a otras partes del cuerpo. Al ayudar al sistema inmunitario para que funcione mejor a la hora de destruir las células cancerosas. Una terapia más del arsenal disponible para el tratamiento de tumores hormono-dependientes es la hormonoterapia. Tanto la mama como la próstata crecen y se desarrollan a lo largo de la vida debido a la influencia que tienen las hormonas sexuales sobre ellas (estrógenos y testosterona, respectivamente). El tratamiento hormonal actúa alterando la producción o impidiendo la acción de los estrógenos o de la testosterona sobre los órganos diana. Su objetivo es eliminar o reducir el tumor mejorando la supervivencia y la calidad de vida del paciente. Estas y otras terapias dirigidas hacen más eficaz y llevadero el proceso de curación del cáncer. El presente y futuro de los tratamientos para curar el cáncer, nos expresa el Dr. Emilio Alba Conejo, se basan en aplicar tratamientos personalizados menos tóxicos apoyados en el conocimiento biológico que tenemos de estas enfermedades englobadas en el termino cáncer.

Todo lo anteriormente citado en el II congreso en referencia a la atención humana a la paciente se engloba en el concepto que acuño el Dr. Jovell. El Modelo Afectivo-Efectivo. Un modelo que reflexiona sobre la importancia que tiene el situar al paciente en el centro del sistema sanitario, y tenerle en cuenta en la toma de decisiones que afectan a su salud. Según el Gerente del Hospital Clinico San Carlos, el economista José Soto Bonell, “volver a lo esencial, a tratar al paciente como un ser humano, comprendiendo su comportamiento y explicando se estilo de vida, así como adaptando el modelo a las necesidades de los diferentes grupos que conforman la sociedad”. No obstante, en palabras del Gerente del Servicio Gallego de Salud, Antonio Fernández-Campa, “Hablamos del paciente como centro del sistema y el problema es que lo tenemos en el centro, pero lo rodeamos y no dejamos que se mueva”. Y, en palabras del Dr. Albert Jovell “algunos médicos te informan pero no te comunican, te oyen pero no te escuchan, y te entienden pero no te acompañan”.

Y para terminar expresar que el Modelo Afectivo-Efectivo se construye con las propuestas de los distintos agentes implicados en el sistema sanitario y que rodean al paciente: asociaciones de pacientes, profesionales de la salud, administraciones públicas, ONG y fundaciones de ámbito sanitario, medios de comunicación, colegios profesionales, organizaciones y sociedades científicas que investigan y universidades. Teniendo como base la siguiente afirmación del Dr. Charles Safran “…[Cuando los pacientes] participan más activamente en el proceso de atención médica, podemos crear un nuevo sistema de salud con servicios de mayor calidad, mejores resultados, menor coste, menor número de errores médicos, y personas pacientes más contentas, más sanas. Tenemos que hacer de esto, el nuevo patrón de oro de calidad en la atención médica y el principal objetivo de todos nuestros esfuerzos por mejorar: No mejores hospitales. No mejores prácticas médicas. No sistemas electrónicos médicos sofisticados. Pacientes más felices, más sanos”.         

mi agradecimiento al comando Fuengirola
(aecc Fuengirola, Málaga)                                                                                                                                        


















viernes, 17 de marzo de 2017

código amable para la salud


AtmanSyC
Tallar cada palabra antes de soltarla es hablar desnudamente. Expresarse con coherencia. Ser asertiva. Son expresiones que usamos para referirnos a cuando no queremos hacernos daño, a nosotras mismas o a la otra persona, con el lenguaje hablado.

Forma parte del “código amable”1 que el dialogo médico-paciente se desarrolle en estos términos. De todas es sabido y lo fórmula el saber popular con la expresión “la palabra del médico cura”. Lo saben las personas pacientes, sus familiares, el colectivo de profesionales y quienes rigen los servios de salud. El poder que tienen las palabras del gremio sanitario sobre las personas que tienen comprometida su salud y buscan su ayuda, esta constatado. No obstante, una vez sentados ambos interlocutores ante el tablero donde se desarrolla la relación (la consulta, la puerta del quirófano, la sala de urgencias, etc.) se obvia esta premisa de utilizar un lenguaje amable, asertivo e inteligible. De una parte, el miedo, el desconocimiento de la jerga, el impacto por un diagnóstico, el dolor, la perdida, etc, etc. De la otra, la altivez, la deshumanización de la profesión, la falta de tiempo o la falta de formación. Sí, las habilidades de comunicación y la gestión de emociones es una asignatura pendiente en la carrera de medicina.

Importa y mucho cómo se dicen las cosas. Importa que sea de manera profesional y sobre todo sin perder la humanidad. En la opinión de Santiago Alfonso, vicepresidente del Foro Español de Pacientes (FEP) echa en falta la humanización de la relación entre paciente y profesional. “La evidencia científica ha relegado a un segundo plano esa empatía necesaria con el afectado”. En un estudio de Conartritis sobre la calidad percibida por los pacientes respecto a su médico la puntúan muy por debajo de lo deseado. Sin ir más lejos, puntuaba con un 3,39 la atención emocional recibida por su profesional. En mi opinión, esto es debido principalmente a esa carencia que apunto sobre habilidades de comunicación. “Este aspecto es lo que más tiene que ver con la humanización”, lamenta Rodrígo Gutiérrez, presidente de la Sociedad Española de Atención al Usuario de la Sanidad (Seaus). "Cuando uno está enfermo no sólo busca atención clínica, sino también que le transmitan seguridad y confianza. De ahí el modelo afectivo-efectivo en el que estamos trabajando desde la Seaus”, explica.

Empero, no todo lo tienen que poner el colectivo profesional, nosotras, las personas pacientes, tenemos que empoderarnos y avanzar hacia el “paciente activo”. Según palabras del Gerente del Servicio Gallego de Salud, Antonio Fernández-Campa, “el paciente tiene que tomar sus decisiones, intervenir y ser responsable. A mi modo de ver, muchas veces, esto choca con un muro y Fernandez-Campa lo expresa así: “A veces, hay una contradicción que es que el momento que puede ser de mayor éxito de un profesional puede ser de mayor trauma para la vida de ese ciudadano, que se ve en un ambiente hostil y en una situación de enfermedad que genera una preocupación. Tenemos que ser capaces de lidiar con estas dos contradicciones. Hablamos del paciente como centro del sistema y el problema es que lo tenemos en el centro, pero lo rodeamos y no dejamos que se mueva”.

Ergo, la insondable efectividad del uso del lenguaje y la buena praxis en una comunicación sin cables entre médico y paciente está por llegar. A pesar de que tengamos una medicina del siglo XXI.

Para concluir con una idea básica pero fundamental, el doctor Marcos Gomez Sancho afirma en su libro ‘Cómo dar malas noticias en medicina’: “tan malo es callarse y mentir como dar toda la información brusca y sin hacerlo desde el punto de vista médico adecuadamente”.

Y me expreso yo “Qué no daría yo por un puñado de palabras bien esculpidas cuando voy al médico”.

quiero acabar con una invitación valida para quién quiera acogerla:
A partir de hoy trata a todos como si fuera su último día. Dales  atención, amabilidad y entendimiento, tu vida nunca será la misma
Og Mandino
Escritor estadounidense, 1923-1996


Referencias:




1Es un proyecto que se está desarrollando y que se está implantando en el Sistema de Salud de Galicia. El ‘Código amable’ está trabajando en la humanización de la asistencia, marcar un tipo de parámetros para visualizar el criterio, saber qué piensan los ciudadanos de cómo la comunicación con ellos, cuál es el estado de las infraestructuras, cuál es la valoración que hacen de las listas de espera, valorar qué es lo que opina el ciudadano de la organización y la manera en como presta los servicios, pero también encontrar áreas de mejora para prestar una mejor asistencia.




jueves, 10 de noviembre de 2016

las personas pacientes y familiares, la voz en la enfermedad

Palacio de la Aljafería, Zaragoza
siglo XI por iniciativa de Al-Muqtadir
Mis conclusiones, de lo vivenciado y lo escuchado en el
I Congreso Pacientes y Familiares de Aragón no solo en las intervenciones sino también en las áreas comunes y en las conversaciones de sobremesa, con un tono de crítica constructiva que se percibía en el ambiente:

Que una de las premisas para que las personas sean el centro del sistema de salud es que se escuche la voz de las personas diagnosticadas y la de sus familiares. Y lo primero es que se permita que esas voces sean oídas y escuchadas. -la diferencia entre oír y escuchar estriba en que para oír no necesitamos prestar atención, mientras que para escuchar es regla primordial poner todo el empeño y el interés en la persona interlocutora.

Que el cáncer nos conduce a una lucha personal, una lucha familiar y una lucha social, el cáncer es una lucha por la vida y el reto es de todas las personas a una.

Que el cáncer es como una cinta de correr para la persona diagnosticada: no controlas la velocidad, no puedes parar, no puedes bajar. El camino es devolver a la persona diagnosticada su capacidad de controlar su enfermedad, de controlar su vida en la enfermedad.

Que los médicos de oncología tratan los tumores. Ahí estriba el error. Aún, gran parte de las personas profesionales de la oncológica no ven una persona enferma que les pide ayuda sino una patología a tratar. Las personas profesionales necesitan una formación continua y que dicha formación ha de ser financiada, entre otras, por el sistema. No solo de conocimientos médicos y científicos sino también psicoemocionales y de gestión de sus propias emociones.

Que la comunidad de Atención Primaria no está preparada y carece de información. Según la opinión de quienes se dedican a esta labor, desarrollando su labor médica, la comunicación con oncología es uno de sus retos y viceversa. Las personas en la enfermedad necesitan una continuidad asistencial y que todos equipos de profesionales que les atienden estén interconectados y compartan sus conocimientos y actuaciones en referencia a la persona que tratan. Estas personas necesitan disponibilidad de su equipo terapéutico, se dirijan a quien se dirijan, bien sea a su medica de cabecera, oncóloga u enfermería. Hay que poner el foco en que, medicina y enfermería, fuera del ámbito hospitalario, carecen de la información y formación necesaria para prestar atención a personas con complicaciones oncológicas.

Que no se comprende, por parte de las personas usuarias, el lenguaje médico ni el del sistema. La analfabetización no es solo de parte de las personas usuarias, que lo es también del sistema y sus profesionales que utilizan términos, pautas y conceptos ininteligibles para el resto de las personas. Además de que hay que tener en cuenta que las personas usuarias del sistema de salud, en muchos casos, no saben, ni tienen porque saber, utilizar las herramientas que se les ofrecen. Y, tampoco tienen tiempo.

Que el reto de la cronicidad en el cáncer necesita de aglutinar las capacidades de todas las partes en una sinergia que abra un escenario nuevo y de gran alcance para vivir una vida curada en pos de ser sanada. Dotando de autonomía a estas personas sobrevivientes y de valor sus vidas que, en muchos casos arrastran serias secuelas, ya sean por el cáncer y por los tratamientos o, por la situación social en que quedan tras la enfermedad.

Que en la actualidad disponemos de muchas organizaciones asistenciales y asistencialista. Empero, los retos de las personas sobrevivientes, que son o deben ser los retos de las demás personas, de la sociedad en su conjunto, necesitan que el acompañamiento, la información y la investigación que se brindan en el proceso de la enfermedad se prolonguen hacia ellas. Esto debe ser un compromiso y una responsabilidad de la comunidad médica-científica y la sociedad civil.
Que la atención oncológica en las personas jovenes necesita de ser repensada. En esta etapa de la vida aún existe un gran riesgo de vulnerabilidad debido a la edad temprana estas personas diagnosticadas. Estas personas se encuentran en una frontera asistencial. Queriendo referirse a que son tratadas en unidades para personas adultas con una filosofía y procedimientos para personas adultas y no lo son. Encajarían mejor, y sería su espacio adecuado, en las unidades pediátricas.

Que obviar que el 80% de las personas que padecen cualquier dolor o efectos secundarios, intratable desde la medicina convencional sin acudir a una farmacología que a su vez va a producir otros no deseables efectos secundarios, acuden a medicinas complementarias, es un craso error. Las personas cuando se enfrentan a situaciones de vulnerabilidad que atacan directamente a su integridad y salud, buscan alivio y consuelo. Nuestra labor aquí vendría a ser de recolectores de sapiencias, ciencias y técnicas para ser difusores de ellas, confortando y asesorando a las personas que lo necesitan. En mi opinión, debemos subirnos a un taburete para ver las cosas con otra perspectiva. Tememos lo que no conocemos. Cuando una persona acude a paliar los efectos nocivos de unos tratamientos, que sabemos empíricamente y demostrado científicamente, y desde quienes les acompañamos, abanderando la lucha contra la enfermedad, le intentamos velar la evidencia empírica y las opciones disponibles porque lo que nos cuentan o lo que hay nos da miedo, cometemos un “traspié” por omisión de ayuda, en contra de nuestra filosofía y eje transversal que es acompañar.

Que la incidencia política sea un input en la acción de las asociaciones de pacientes y familiares para que las políticas sobre salud sean, no gestoras y proveedoras de salud sino promotoras de la salud. Que la financiación de la investigación y la formación y que apostar por la atención personalizada a las personas, adecuada y en el momento justo sea prioridad de las administraciones y del conjunto de la sociedad. Y que la opinión de las personas pacientes, no como diana sino como arco y saeta para guiar las nuevas líneas de investigación sea escuchada como interlocutora valida, autoriza y legitima.

Por último, la sexualidad y la muerte, como dos puertas a la vida: una de entrada, otra de salida. Por una parte, que la sexualidad en la enfermedad ha de ser tenida en cuenta e impulsada en pos de la salud integral de la persona diagnosticada. Si creemos que la fuerza de la sexualidad no tiene cabida en la enfermedad nos equivocamos. En el silencio oscuro e infausto que brota en la afección y el desequilibrio, amarnos cogidos de las manos, amarnos con las palabras, amarnos con las miradas y las caricias, sintiéndonos con el abrazo, satisfaciendo y saciando la sed de piel…  nos trae un lenguaje musical, para nuestro ser, hacedor de azarosas proezas en favor de la vida. Las fuerzas que la sexualidad pone en movimiento forman parte de nuestra propia naturaleza, emergen de una batuta interior que conoce las notas del pentagrama y la coreografía de la danza para restablecer la salud. Y se escuchó para cerrar el congreso, que la medicalización de la muerte es un hecho en nuestras sociedades avanzadas. Que demasiadas personas mueren acompañadas de demasiados profesionales. Que la obstinación terapéutica es una práctica frecuente en nuestros hospitales y que es fruto del fracaso de la medicina que se obstina en curar cuando lo que nos queda es cuidar. Poner luz sobre la frase “Curar a veces, aliviar a menudo, consolar siempre.”

“la muerte está aquí para amar la vida”, no la pervirtamos con vetustos conceptos y erróneas prácticas.

martes, 8 de noviembre de 2016

Hipertención




Microrrelato publicado en la antología Porciones del alma III


Juan, nuestra relación no se entiende y eso la falsea y la pervierte (no sé si será por la diferencia de edad).  Muchas, son cómplices amordazadas de lo nuestro sin otear el quebranto en nosotros. Otras gritan ¡contranatura! esgrimiendo la espada de la moralidad –tramoyista beatones-. Nuestra relación, campo de zapatos perdidos, no está exenta de los misterios de la felicidad y el lujo de la tristeza. No es noche que es capa para pecadores, es mediodía que es capilla para justos. Mi cielo, aunque haya un arzobispo que crea que es alergia, lo nuestro es amor.

domingo, 10 de julio de 2016

al ingeniero Bernardo




Zoran Music, Autorretrato 1988
Centre Ponpidou, Málaga
No voy a regatear sinceridades ni detenerme en una puntillosa ilación de detalles, tampoco haré una ruta perdida por los vericuetos de la memoria ya que mi única intención, con esta revelación, es la de honrar la memoria de una persona, abuelo de muchas, que, habitada por almas irascibles se entregó a esa mujer desnuda y tan bella como un cielo despejado que libera al hombre de su cuerpo maltratado convertido en un peso insoportable.

El ingeniero Bernardo, aprendiz de quien era y arqueólogo de sus cavernas interiores se enfrentaba a la muerte atado a su cama. Con estas frases le recuerdo: “la marina de guerra solo sirve para tomar el té”. Y, “No es un pañal, adecuado para mayores”, me dijo, en otra noche desapacible, con la mirada indignada.


Santo varón de misa, lotería y copa, también para quienes le convivieron y lo era de ascendencia: Marques (Grande de España) y Barón, títulos heredados de familia de los que él no hacía aspavientos, más bien los ocultaba. No era hombre de boato, no, al contrario, humilde obrero, bondadoso y generoso. No tuvo hijos, que yo sepa y las que me cuentan, empero sí fue padrino en muchos bautizos, unos más cercanos -como el de Mari Paz, su "hija" predilecta- y otros por compromiso, a los que él se prestó y entregó. Hombre sensible, humano, cariñoso al que le gustaba de chupar los ojos a la chiquillería. Recio y recto en su trabajo, con carácter. Sibarita en sus deleites, gustaba de descorchar una botella y, acompañado, vaciarla en copas disfrutando de infinitas e inagotables conversaciones, ya que él era hombre de mucha mundología. Le gustaba de comer fuera, en buena compañía. Hombre de cuadrilla, fiel a sus amistades, amigo de quien le preciara. Culto, muy culto, de apariencia heredada. Disfrutaba de la fotografía y cuando pudo se compró la mejor cámara que encontró. Viajero, por su trabajo y por placer. Supo sacarle a la vida el jugo.

De lo que yo puedo contar y es el Bernardo que conocí, quedan en mi recuerdo frases y hobbies. Además de la afición por la fotografía, no se hartaba de pasear por el Corte Inglés, le gustaban los zapatos. De su boca salieron expresiones como “Cojones, dónde puedo ir a mear” o “de niño es más fácil”. Recuerdo su cantinela al iniciar muchas de sus frases, sobre todo cuando hablaba del trabajo,   -su gran pasión, creo yo-: “vamos a ver”. Charlatán y risueño, “nos vamos la cuadrilla a Madrid, qué bien nos lo vamos a pasar, jajajajaja”. Bromista, le gustaba de quedarse contigo,

-“nos esta esperando Carlos” le decía, 
-“dónde” le preguntaba Rosi, 
-“debajo de un pimiento” le respondía, jojojojo -sonrisa picarona-.


Bernardo, persona que conocí cuando ya no era del todo él, empero por lo compartido en largas noches entre los meses de mayo y junio -que ni frio ni calor, aunque sí intensas- y por lo que me contaron sus allegadas puedo sentar aquí palabras que lo definen y alagan para recuerdo de nuestro encuentro, “tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio y coincidir”.

hasta pronto Bernardo
DEP

martes, 6 de octubre de 2015

el engaño sobre la mesa

guiso de boniato con alubias blancas
Llego el mes de octubre, el cambio estacional irrumpe con descaro en nuestros días y nos carga de otra energía, más templada. Después de la música jubilosa y radiante del estío pasamos a la melodía suave y tibia del otoño que es más de invitarnos a quedarnos en casa (por el clima) y nos precarga, también para cerrar el año y promover uno nuevo. Como todas las estaciones tiene también sus frutos, es época de higos, uvas, grosellas, arándanos, moras, granadas…, deliciosos manjares que no sólo estimulan su consumo, sino que también nos ayudan a ponernos guapas de pies a cabeza, renuevan aquello que el sol y la aridez del verano han afectado: la piel.

Hay otras cuestiones, planes, negocios o caprichos y extravagancias que están ahí en barbecho, esperando que les demos forma, que les pongamos presupuesto, que se establezcan pautas para iniciarnos o retomarlos el próximo año, pues quizás sea esta la estación apropiada para ponernos en movimiento y hacernos con ellas.

Todo movimiento conlleva desgaste y la necesidad de leña para alimentar la cardera. Y de alimentarnos quiero manifestar que nos tienen engañados. Si atiendes a los consejos, vengan de los medios de comunicación que vengan, las dietas publicadas en toda revista que se precie o cadena televisiva y a las recomendaciones sobre nutrición, bien de la industria bien de la medicina, nos encontramos con que en todas ellas se refieren o hacen alusión a la proteína animal como necesaria para nuestra sana y equilibrada alimentación.

¡NOOOO! todo lo contrario. Como afirma en su libro sobre la nutrición el Dr. Campbell, la ingesta de la proteína animal es el principal factor para enfermar en los seres vivos. El cáncer, por citar una, según los estudios del Dr. Campbell y avalados y refutados por otras muchas conclusiones de diferentes investigaciones, durante los últimos treinta años, es determinante su consumo o no para que una persona tenga o no cáncer a lo largo de su vida.

¿A quiénes beneficia el consumo de proteína animal? A la industria alimentaria, las grandes empresas alimenticias y sus astronómicas cifras de ganancias.

¿A quién beneficia abandonar el consumo de proteína animal y sustituirlo por la vegetal? A nuestro cuerpo. Nuestra salud aumentará. Por tanto, dejaremos de estar enfermos, de consumir fármacos para reducir el colesterol o mantener la diabetes en niveles aceptables para sobrevivir.

Yo pienso que, la vida es un espectáculo al que debemos presentarnos con las mejores galas. Para ello, una alimentación baja en proteínas animales, equilibrada y placentera nos ataviará con inmaculados ropajes. Y Con esta energía, quiero haceros llegar mi sentirme feliz, como siempre y es bueno expresarlo, para que la energía del otoño y sus frutos se reflejen con luz en nuestro aspecto.

¡Come sano, come vegano!

¡Go Vegan! 

Si quieres conocer lo que dice el libro su título es “EL ESTUDIO DE CHINA, efectos asombrosos en la dieta, la pérdida de peso y la salud a largo plazo”. Dr. T. Colin Campbell y Dr. Thomas M. Campbell II

Una sola reseña a los elogios recibidos:

“Todos los que trabajamos en nutrición debemos estar agradecidos al Dr. Campbell, quien es una de las grandes eminencias en el tema. Este es uno de los libros más importantes que jamás se haya escrito sobre nutrición- leerlo puede salvarte la vida”. 
DR. DEAN ORNISH, Fundador y Presidente del Instituto de Investigación en Medicina Preventiva en Sausalito, California. Profesor Clínico de Medicina en la Universidad de California, San Francisco. Autor de Dr. Dean Ornish’s Program for Reversing Heart Disease y de Love & Survival 

sábado, 7 de junio de 2014

el poder de las palabras

ecografía de la palabra
Dice aquel que “no nos afecta lo que nos sucede sino lo que decimos sobre lo que nos sucede” Epicteto, filósofo griego, esclavo en Roma.

Es cierto, como también es cierto que el vocabulario que utilizamos es determinante para que nos habite una energía en uno u otro sentido de la balanza emocional. El léxico que usamos para definir o expresar como nos sentimos o bien condiciona  o bien es delator de nuestro estado de ánimo y de nuestra salud.

Habría que decir también que las palabras que ponemos a nuestro día a día, son las que marcan el ritmo. Si no prestamos atención, si no ponemos conciencia a nuestro lenguaje hablado o manuscrito las palabras nos traicionaran. Una palabra mal dicha o fuera de lugar es una piedra arrojada, ya no tiene vuelta atrás. Más aun, cómo las pronunciamos: la cadencia, el tono, la sensibilidad, la calidad de las palabras marcan la frontera entre la salud y la afección, el orden y el caos. No es lo mismo “estoy sufriendo dolores, mi vida es un infierno” que “estoy viviendo el dolor y equilibrando mi vida con él para seguir adelante”. El cómo nos expresamos en el día a día redundará en la calidad de nuestra vida.

Admitamos que  la comunicación verbal supone el 7% del mensaje que emitimos, sin embargo el potencial energético que poseen las palabras las hace instrumentos que dependiendo del manejo de estas nos recompensaran o penaran.

Es fácil comprender qué a través de las palabras educamos, establecemos pensamiento, configuramos el carácter, aportamos seguridad y reforzamos la autoestima. Por ello, cuando utilizamos las palabras estamos creando una realidad, nuestra realidad.

Es de aquí que un adecuado uso del lenguaje en el dialogo con la otra y con nosotras mismas, o al describir las relaciones existentes entre yo y el entorno exige mesura y celo con las leyes que rigen la lengua. Ya que de las palabras emana una cascada de energía más allá de su significado y composición. Cada persona transmite fuera, a los demás, lo que lleva dentro y es reconocido, y por eso nuestras palabras pueden llevar a la sensación de sumergirse en agua helada o de tender manos y construir puentes que nos permiten cruzar hacía la otra y para que la otra penetre en nosotras.

No me cabe duda que la palabra consuela, alienta, inspira, erotiza, alivia, seduce, libera,… pero también enoja, aflige, amenaza, acorrala, aísla… Y desde esta certeza es que debemos pasar las palabras por el filtro del amor. Amor que es paciente y bondadoso, no es orgulloso ni envidia, no se irrita, todo lo cree y todo lo espera y así las palabras serán justas y verdaderas.

Acudamos a la usanza de la palabra escrita, más pausada y reflexionada que la dicha, que nos ayuda e instruye en el uso del verbo para una perfeccionada expresión en nuestro habla.

Como breve conclusión sea lo que fuere que pronunciemos si su fuente brota de la conciencia reposada y puesta la mirada en el amor, con sano criterio, puedo decir que, además de ser escuchadas o leídas y entendidas, estas palabras nos elevarán.

viernes, 16 de mayo de 2014

ante un diagnóstico de cáncer

Si bien es cierto que, con las capacidades, conocimientos y recursos de que dispone la medicina científica, hoy en día, el diagnóstico y pronóstico de cáncer es muy certero, aludiendo a lo meramente científico y basados en la estadística y experiencia en el entorno sanitario. Con lo que no cuenta la medicina científica es con el potencial de la persona que padece la enfermedad (que ellos si conocen y de la que ellos son doctos).

Ante un diagnóstico y pronóstico de cáncer cabe la posibilidad de actuar, no desde fuera del sistema sanitario, sino paralelamente y en asociación con este. La persona afectada puede hacer mucho y son incontables, incluso, las recuperaciones de la salud en casos desahuciados por la medicina por la implicación del paciente, no como mero ejecutor de un mandato médico y receptor de un tratamiento sino como protagonista de lo que le esta pasando. No estoy hablando de milagros venidos de la mano divina por el mero hecho de pedir a Dios, a la Energía Universal, a… de que llegue la cura. Estoy hablando del restablecimiento de la salud como resultado de la responsabilidad por parte de la persona de su enfermedad,  de su voluntad de vivir, de su capacidad de resiliencia, de su empoderamiento del ser, de -tomar las riendas de su situación-.

Las personas diagnosticadas de cáncer (o de cualquier otra patología) podemos hacer mucho más de lo que creemos y nos dicen los médicos (Sanidad, SNS). Solo necesitamos estar bien informados y formados. Sí quiero reparar una lavadora, necesito saber qué es y cómo funciona su maquina. Es igual para nuestro cuerpo. Necesito saber qué es el cáncer, porqué se ha hecho presente en mí y qué esta provocando en mi cuerpo, en mi vida. Yendo más allá del prospecto (concepto médico-científico).

El cáncer es una enfermedad y conlleva unas repercusiones bio-psico-sociales. Esto nos dice que cuando la persona enferma necesita restablecer su salud, ha de restablecer el equilibrio entre las tres dimensiones (biológica, emocional y social).

Por tanto, el tratamiento de la enfermedad, no puede ser entendido unidimensionalmente y reducido únicamente a la recuperación de un funcionamiento biológico correcto. Y, aquí entra en juego la persona enferma y su entorno, el cercano y el no tan cercano (la pareja, los padres, la familia, las amistades, la vecindad y la sociedad en su conjunto).

Es, a mi modo de ver, una imprudencia dejar solo en manos de otros lo que esta afectando a nuestro cuerpo, a nuestra vida. Para mí la enfermedad, mi enfermedad es algo mío y soy yo quien tiene que gestionarla. Sí, voy a necesitar de los profesionales, sin embargo no quiere decir que sean ellos los que hagan todo el trabajo. La mayor parte de la sanación esta en mis manos. Y, en gran medida, el compromiso de la persona con ella misma y en alianza con sus médicos, enfermeros y cuidadores es crucial para recuperar la salud total. Cambiar la mirada y verlo desde nuestro lado: no es la medicina quien nos cura sino nosotros que nos sanamos y para ello podemos recurrir a la medicina como herramienta.

En definitiva quiero llegar a que “Hay un compromiso ineludible con mi vida y es: yo cuidarla, haciéndome cargo de ella”. Al igual que el panadero, he de meter las manos en la masa y mancharmelas de harina.

Biografía:
-¡Dejad que los pacientes ayuden! “e-Patient Dave” deBronkart

Si necesitas conocer más sobre cáncer y saber que dicen otras personas, pacientes o profesionales sobre ello puedes consultar las siguientes web:

Asociación Española Contra el Cáncer https://www.aecc.es/Paginas/PaginaPrincipal.aspx
Instituto Nacional del Cáncer http://www.cancer.gov/espanol 




jueves, 3 de abril de 2014

Muerte y Sexualidad, dos puertas para la vida

!ya estamos muertos¡
En el continuo Vida/Muerte/Vida, la Muerte representa una pauta esencial de la creación. Así es, también con la Sexualidad y merced a sus eróticas atenciones y sus generosas urbanidades la vida  se redime, se recobra y se reivindica. Vida/Sexualidad/Vida.

Si uno desea la salud y una vida abundante y avivada, debe componerse una  obra musical para cuya ejecución nos favoreceremos de la sexualidad como pedales de la orquesta.

Se da en buena parte de la cultura occidental que el carácter de la Muerte se ha envuelto en distintos dogmas y doctrinas hasta separarlo de su otra mitad que es la Vida. Lo mismo ocurre con la Sexualidad que viciada por ortodoxias nocivas, censuras malditas y un reflujo inagotable de condenas ha sido rechazada y olvidada. Relegada al microcosmos del placer sexual y para quienes lo puedan ejercer, una sexualidad acotada y sometida a un presupuesto.

Pero en otras culturas como la de las Indias Orientales y la maya, que han conservado las enseñanzas acerca de la rueda de la vida y la muerte, la Dama de la Muerte envuelve a los moribundos, alivia su dolor y los consuela.

Es fundamental entender que la sexualidad no es algo que uno tiene que desear y buscar sino que escucharla, atenderla y experimentarla. Ya que es una sinfonía que se genera desde el adentro, un eco multiplicándose por las oquedades que se distribuyen  por todo nuestro existir. Un concierto que en armonía -esto es: la unión y combinación de sonidos simultáneos y diferentes, pero acordes, bien concertados y con una grata variedad de movimientos, cadencia, ritmo, medidas y pausas, caricias y besos- y en su ejecución magistral, el Ars Amandi, es una joya de nuestra esencia producto de atraerse y desearse, es un arte, el arte de amarse, y crea un verdadero e insobornable amor sin paridad, salud sin límite.

Hay en toda relación, entre dos personas o más –parejas, amistades, familia, compañeras,...- un corazón y un brío. Una sístole y una diástole y cuando se acalla un brío se entona otro. Necesitan, el corazón y el brío, una forma de expresión y bien podría ser esta la sexualidad.

Si creemos que la fuerza de la sexualidad no tiene cabida en el desorden nos equivocamos, la sexualidad no se conforma con la insinuación perversa de la Señora de la Guadaña. En el silencio oscuro e infausto que brota en la afección y el desequilibrio, amarnos cogidos de las manos, amarnos con las palabras, amarnos con las miradas y las caricias, sintiéndonos con el abrazo, satisfaciendo la sed de piel…  nos trae un lenguaje musical, para nuestro ser, hacedor de azarosas proezas en favor de la vida. Las fuerzas que la sexualidad pone en movimiento forman parte de nuestra propia naturaleza, emergen de una batuta interior que conoce las notas del pentagrama y la coreografía de la danza Vida/Muerte/Vida.

La mayoría de nosotros, aludiendo a la sexualidad, pasamos por encima de ella, tropezando y sin prestarle la atención debida. No obstante, la sexualidad es una pedagoga sabia, como la muerte, conoce nuestra holística, reconoce cuándo algo puede, debe y tiene que nacer y cuándo tiene que morir. Y, en nuestras asaduras conocemos, intrínsecamente, su métrica y su disciplina. 

Para acabar, quiero traer a colación palabras de Rosario Castellanos, la mística y poeta mexicana, que escribe a propósito de la entrega a las fuerzas que gobiernan la vida y la muerte:
... dadme la muerte que me falta...

Yo, parafraseándola, aludo:
…dadme la sexualidad que me falta…

Y diría más, emulando al poeta, que la muerte –aquella que no da fruto- es quizás el tiempo que transcurre entre que tú y yo hace dos instantes que no nos miramos ¿no es eso acaso ausencia de sexualidad, la muerte que cosecha la vida?




martes, 11 de junio de 2013

la salud, lo más importante

Saber lo que es importante, lo más importante de verdad.
Si quieres gritar, grita, si quieres saltar, salta, pero si lo que quieres es vivir, acepta y da la cara. La vida es un baile. Baila tu canción. Escucha el son, sigue el ritmo que te marca y gira con los brazos en cruz. Abre los ojos y siente el aire en tu rostro. Tu corazón late con la misma cadencia que los pulsos de la Tierra, no permitas que se rompa el equilibrio o si está perturbado, restablécelo. Sí amas la vida y sabes bailar, pon la música apropiada, con o sin pareja, entra en la pista y baila, baila hasta la extenuación.
Dicen que la acción que se práctica en un entorno armonioso se funde con y en beneficio del TODO.
Hacía aquí nos llevan los caminos: “converger con la vida”. Que tu fuerza vital se sume con la energía de la VIDA en una sinergia justa para que se dé la salud que suspiramos.
Que las músicas no acaben de sonar y apréndete la letras y las notas de los pentagramas. Que al llegar al final y te pregunten cuánto has bailado y cantado saques tu diario y no acabes de enumerar.
Y, al igual que en el poema “Itaca” de Kavafis: “Si vas a emprender el viaje hacia Itaca
pide que tu camino sea largo, rico en experiencia, en conocimiento”...”
Ten siempre a Itaca en la memoria, Llegar allí es tu meta. Más no apresures el viaje. Mejor que se extienda largos años; y en tu vejez arribes a la isla con cuanto hayas ganado en el camino, sin esperar que Itaca te enriquezca. "Viaje a Itaca" de Constantin Kaváfis
Lo importante en la vida se da en cada paso, en cada latido, en sus sístoles y diástoles, en su  sucesión concatenada de pequeños instantes y hay que experimentarla como se presenta.
Sí lo que quieres es tener salud en la vida, esta es la máxima: Sentirla, Ensayarla y Recibirla. ¡Déjate SER con la VIDA!

domingo, 16 de diciembre de 2012

por nuestra salud




Logotipo pacienteApaciente, blog de la Escuela de Pacientes.
La primera cosa como pacientes es asumir que se tiene la enfermedad y esto suele suceder (no siempre) cuando un profesional sanitario comunica una enfermedad grave a una persona. En ella aparece en primer lugar un rechazo y el pensamiento de que esto no me puede estar sucediendo a mí.

Podemos afirmar que una enfermedad grave parte la vida en dos: en un antes y un después desde que aparece, yo también padecí una y he podido vivenciarlo. Y tenemos que aprender o asumir que cada día que pasa es una conquista, un reto, una oportunidad, una vivencia, un sentimiento, un gesto, un nuevo camino para seguir y continuar, un nuevo aliento para no dejarse vencer... Porque la vida a veces no es fácil y se complica. Sin embargo, lo complicado lo podemos hacer más sencillo, siempre que cambiemos nuestra forma de afrontar lo que nos ocurre. A veces tendremos que renunciar a cosas que podíamos hacer antes de la enfermedad, pero quizás sea una oportunidad para que nos conozcamos interiormente y de hacer lo que realmente nos gusta y nos motiva. Asimilar la verdadera esencia de vivir.

Hay que aprender que cada persona es única, que en la vida existen diferentes etapas y hay que vivirlas con optimismo, porque la enfermedad también puede ser una oportunidad para aprender a vivir de una forma distinta.

Porque cada instante de nuestras vidas es importante y resulta ser similar a las piezas de un rompecabezas, donde cada una de ellas de forma aislada es aparentemente insignificante pero resulta necesaria para formar una imagen significativa, todas las vivencias son importantes para completar la imagen de la vida; sin embargo, a menudo no conseguimos identificar su verdadero valor.

Tras un diagnóstico, la persona empieza a sentirse perdida porque no sabe lo que le está pasando, cómo le pueda afectar la enfermedad en el futuro y qué cosas puede hacer ella o los demás para mejorar su calidad de vida. Se preocupa y afloran los sentimientos de desconcierto, desorientación y de incomprensión. Mil y una ideas pasan por la mente de la persona afectada porque no sabe lo que tiene y desarrolla el miedo a vivir con la incertidumbre de no conocer de cómo la enfermedad le está afectando y le podrá afectar en el futuro. Eso provoca el no querer asumir la enfermedad, porque unas de las peores cosas de la vida es no saber lo que nos está pasando.

Pienso que, en esa etapa, es vital la suma del apoyo de los profesionales con el apoyo de los iguales, es decir, personas afectadas por la misma enfermedad, porque ambas actuaciones son complementarias. Porque donde no llega el profesional o el sistema sanitario puede llegar el apoyo de otro paciente. Porque un paciente puede trasmitir apoyo, escucha, comprensión porque ha pasado por la misma situación, ánimo, y de ahí el gran mérito que tienen todas las asociaciones relacionadas con la enfermedad.

Dicho esto, la salud y la enfermedad no se pueden dejar totalmente en manos de otra persona, cada persona debe de ser partícipe y responsable de su salud, enfermedad y autocuidado, a través de conocer qué hay que hacer para mejorar.


Los pacientes necesitan información para conocer el desarrollo de su propia enfermedad, qué cosas deben de hacer para mejorar su calidad de vida y para poder tomar el control de su propia enfermedad. Con el conocimiento que le reporta tanto la información suministrada por el profesional como la de otro paciente y junto a la vivencia diaria con la enfermedad hará que la persona se convierta en una experta de su propia patología.
Esta formación también posibilitará que puedan  tener un papel más activo y más partícipe en su salud, y así poder responder a las expectativas de tener más participación y control de la enfermedad.


Porque, al Paciente Experto es necesario formarlo, sobre todo en la gestión del impacto físico, social y profesional de la enfermedad. El resultado demuestra un grado de satisfacción muy alto por parte de los pacientes, un incremento del interés y una reducción del consumo de recursos sanitarios para alcanzar realmente el autocuidado.

La figura del Paciente Experto tiene dos grandes ventajas:

1.    un lenguaje propio y
2.    el hecho de vivir la enfermedad en primera persona.

Los beneficios que tiene la formación entre pacientes, pueden ser: La mejora de la relación profesional-paciente. El aumento de la confianza en el profesional como de la persona  en sí misma. El incremento de la autoestima que se genera tras asumir responsabilidad en su salud, la participación y ser una persona más activa. La incorporación de hábitos de vida saludables para mejorar su calidad de vida. La disminución del número de visitas a los servicios sanitarios, las complicaciones que puede generar la enfermedad, el número de ingresos hospitalarios como de las situaciones agudas de urgencia y del número de bajas laborales. Y por último la mejora del cumplimiento terapéutico para mejorar su salud.


Testimonios de la Escuela de Pacientes:
   
(Paciente)
  • “Vivir una experiencia tan bonita como ver que mi historia personal le puede servir a otras personas de apoyo, transmitir seguridad y entusiasmo, conocer historias diferentes a las mías, me pueden servir como ejemplo de superación”.


(Profesional)
  • “Siempre he pensado que si bien un profesional es quien tiene los conocimientos para poder trasmitir la enseñanza sobre los temas que son importantes antes de una intervención y después de tenerla, en muchos casos la persona intervenida no nos trasmite sus sentimientos por no encontrarnos como iguales y creo que con otra persona en su misma situación desarrollan una complicidad, tienen menos vergüenza a preguntar y me parece que de esa formación nos enriquecemos todos. También el estar en un ambiente distinto a cama-bata (escuela-taller), hace que todos nos manifestemos de forma distinta y manifestemos más como nos sentimos y como actuamos”.

 (Paciente)
  • “Me siento muy afortunada de poder participar en este grupo y poder apoyar, informar y de, alguna forma, "iluminar" a las personas que van a operarse o que se han operado recientemente. Yo, cuando me operé no conocía a nadie, no tenía ninguna referencia y me hubiera gustado tenerla. Creo que me habría ahorrado muchos comederos de cabeza y miedos absurdos que tenía por mi ignorancia: no sabía cómo era una bolsa, no sabía si mi vida podía ser normal, cómo debía actuar, cómo debía plantearlo a mi círculo de amigos etc. Aunque los Profesionales (que lo pongo en mayúscula) me resolvían estas dudas nunca te haces una idea o no te lo crees hasta que no lo ves con tus propios ojos”.


(Paciente)
  • “Tener un ejemplo de alguien que haya pasado por esta enfermedad y poder comprobar, por nosotros mismos, que llevan una vida completamente normal es muy importante y tranquilizador. Lo que más miedo nos da a todos es lo desconocido y el poder apoyarnos en alguien que ya ha pasado por esto y que nos puede contar su experiencia, es realmente positivo. A mí me pasó, y puedo decir que hubo un antes y un después”.



También, resulta importante aprender e interiorizar que hay que eliminar los sentimientos de auto-culpa  que pueden aparecer por padecer una enfermedad, porque en muchas ocasiones no depende de nosotros.

Para terminar, os animo a que seáis pacientes expertos y a que cultivéis la escucha, la comprensión, la ayuda, el ánimo y apoyo para seguir hacia delante a pesar de padecer una enfermedad grave.

Hay que aprender a vivir el día a día con la limitación de la enfermedad y dejar de pensar en lo que te pueda hacer sufrir en el futuro, porque el futuro se construye con el presente. 

Quede aquí reflejado mi reconocimiento y agradecimiento a la Escuela de Pacientes Andaluza.

Referencias: Escuela de Pacientes de Andalucía, Blog pacienteApaciente