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viernes, 27 de abril de 2018

Dejarse ir

Cementerio de Alcalá de Henares, Madrid
Puedo sentir la rabia por el daño que estamos sufriendo a manos de seres de moralidad grosera y repugnante. El paisaje dominante, en esta época del año, es un paisaje humano, cegador, teñido de pintoresquismo en los colores chillones de sus bañadores.



La memoria de una playa virgen, del mismo mar que ondula las conchas de las caracolas y que moja la arena de sus orillas, provoca la deriva hasta mis sentidos del sahumerio fresco de los cristales pulidos, en el ancho del tiempo, por el incesante vaivén de las olas y el viento, fundiéndose con el sustrato de mi esencia y propia naturaleza corpórea, vulnerable y caduca de ermitaño. 



Tan fácil como salir de mi abrigo personal, para pasear por la orilla, se me hace quimérico por lo impracticable que supone encontrarme entre tanta caricatura de estética sospechosa y con un cubo en la mano, donde me introducen y luego, os lo cuento desde la hilaridad más absoluta, te dejan en agua recalentada durante horas, hasta más tarde, verterte en un pozo negro.



Se da entonces, al llegar a la frontera de la vida, la oportunidad de comprender que, a veces, es el momento de morir, de dejar la concha sin luchar; que es importante mimar cada paso con todo el calor y la consciencia de que se es capaz, para no perderse en una locura, en un suicidio suave y gozar de lo que será, una gran experiencia de vivir en el tembloroso tránsito de la vida.


miércoles, 31 de mayo de 2017

El Duelo, Crecer en el Baile del Dolor


foto tomada en una casamata del
Baluarte de Candelaria.
Feria del Libro 2017
Cádiz
En el dolor me sostengo en mi capacidad de crecer. Por mis muchas experiencias he podido hacerme un mapa de mi territorio y comprobar cuan mejor persona soy tras los quemados puentes cruzados.

El miedo al dolor, como ante sala del miedo a la muerte, lo he experimentado en el dolor por las perdidas, en el dolor por frustración, en el dolor por las relaciones, en el dolor por la transformación. Dolor por los batacazos de la realidad. -Una nota para tener en cuenta: a mayor deseo mayor batacazo.
    +Tengo = +miedo a perder
+Deseo = +miedo a perder   
                                                                                                          Que duela no es malo. La perdida nos sitúa ante un movimiento a lo esencial. El dolor es sagrado, dotado de sentido para el crecimiento. No obstante, es jodido que duela.

Yo he aprendido que nada es lo que parece en la perdida, en la enfermedad, en el dolor. Hay una enseñanza, una llamada de atención, un tirón de orejas. No sé cuáles serán mis fortalezas, ni si quiera sé sí se me desvelaron con las lágrimas. Pero sí sé que cada día es nuevo y eso lo aprendí con dolor. Y lo he aprendido o lo estoy aprendiendo con vivencia. -Soy lenta en comprender, por eso me proveo toda la vida para aprender- Estoy aprendiendo a vivir en la consciencia de que no tengo nada que temer, que no necesito guiarme por el miedo.

Pero he podido dar forma y aspecto a mi dolor para visualizarlo y gestionarlo de la siguiente forma:

Si mi dolor tuviera color, sería de color verde.

Si mi dolor tuviera sabor, sabría a acetona.

Si mi dolor tuviera olor, olería a rancio y húmedo.

Si mi dolor tuviera sonido, mi dolor sonaría a viento, a puertas batiendo.

Si pudiera tocar mi dolor, sería áspero.

-Te invito a que te hagas estas preguntas y reflexiones tus respuestas conectando con tu dolor.

Voy a enumerar algunas de mis perdidas, muy significativas.

·         La perdida de la inocencia, a pesar de haberla trabajado, de trabajar las culpas, de haberme perdonado y perdonado a la otra. A pesar de lo caminado, visualizarla me provoca tensión por la falta de expresión de la rabia.

·         La perdida de Sandra, la cerré con un cuento veinticinco años después de su partida. No obstante, persiste una gran tristeza. Lo antinatura que es perder a una hija no tiene consuelo.

·         La perdida de Mane esta sin resolver, un duelo pendiente. Teñido de rabia y de tristeza, de amor y de odio. Como la de Sandra, una perdida trágica y sin avisar. Un ahora estas, ora ya no.

·         También, la perdida de la audición, me ha generado un gran dolor que voy a poco aceptando con la ayuda de la tecnología audioprotesista. No sé si un duelo que acabará porque la perdida es progresiva.

El dolor pone en crisis nuestra existencia y nos invita a cambios. La vulnerabilidad, la no pertenencia, la intermitencia, la desconfianza. Realmente no he tenido conciencia de atravesar un duelo. Sin embargo, sí siento haberlos transitado. Con rabia hacia mí misma.

Un dolor, el de las perdidas, que sabemos necesita de la elaboración de un duelo. Y, sabemos que la perdida genera un vacío. Sin embargo, no un vacío para ser ocupado, pero sí una oportunidad para dejar entrar en nuestra vida, la renovada savia. Tenemos una lucha constante en esto de cubrir la carencia, de llenar el vacío y esta lucha no acaba hasta que no aceptamos la perdida y asumimos nuestra responsabilidad de avanzar.

Es imprescindible dar permiso para marchar a la persona u objeto de la perdida. Para ello hay que resolver las cuentas pendientes de Amor y Odio, de Rencor (su introyección la culpa) de Perdón, de Agradecimiento.

En mi crecimiento y desarrollo personal me he dado cuenta del valor del desapego. Vivir cada emoción en su momento, la vida es así, duele. La vida esta llena de Holas y Adioses. El Sí o el No al dolor. Sí, aceptación. No, huida y evitación. No, confrontación vs kamikazes. La vida necesita y conlleva el roce, la confrontación y también la distancia. El apego saludable.

Me he dado cuenta de mi EGO  que se construyó de las experiencias de dolor. Un EGO que se alimenta de la tragedia y que me ha recubierto ante el dolor. Hay disfrute al exponerme a las experiencias de dolor, propias y/o ajenas. Las lágrimas nos hacen fuertes, sin embargo, si las fortalezas nacen del “yo puedo” no me sirven, es EGO. Hay una falsa ecuación, con dos aspectos a tener en cuenta. Por una parte, ser vulnerables no lleva a la Inseguridad y la Evitación que nos conducen ambas a la Repetición de errores vitales. En otra línea, ser vulnerables nos hace sentir Algo Roto. Este sentir es fruto del Deseo o de la Fantasía o de Creencias Falsas que dan forma a un EGO.

¡Ojo con los duelos que surgen de desprenderse del EGO!

Me he dado cuenta que en la fragilidad esta la mayor fuerza. Catorce años tomando conciencia de ello, ya tengo tablas para desenvolverme. Ser adulta es tolerar la soledad y la perdida. La vida esta llena de “Hola” y de “Adiós”. El duelo me ayuda a darme cuenta cuando me desnudan las perdidas. Lo primero que nos pide el dolor es recogimiento. A veces la vida es también pasividad. A veces, en el duelo, hay que dejar de hacer. Seguir viva es siempre un esfuerzo.

¿Qué he podido hacer? dejarme acompañar y acompañar a la otra. Ayudar a una persona a sacar su dolor me ha ayudado a darme cuenta de mis dolores enquistados. Dejándome impregnar por las experiencias de las otras y en un espacio de compartir profundo. No taponar el espacio del duelo para dejar fluir el dolor hacía fuera. Sostenerme con mis recursos. Acoger el dolor en posición fetal. Encajar la vida como viene. Como los duelos son acumulativos, generar una lista de prioridades sobre de qué tengo que llorar, sobre qué tengo que sanar.

Para todo ello, son necesarios los espacios y los facilitadores, tanto cosas como personas que nos facilitan la expresión. Los duelos se comparten, se escuchan, se respetan. Y por supuesto, no se comprenden.

jueves, 3 de noviembre de 2016

la muerte, un insulto

Parroquia Ntra. Sra. de la Asunción, Palma del Río.
desde los restos del castillo almorávide.
La muerte es un insulto a la vida. Sin embargo, la conciencia del concepto muerte en nuestra mente genera infinitas posibilidades de vivir. Escribe Alejandro Jodorowsky “Condenados a aceptar una muerte inaceptable, hagamos de cada día una fiesta”. El miedo a morir nos pone en la antesala de la vida. Basta con atreverse a dar el paso y cruzar el umbral de una puerta a las infinitas posibilidades para disfrutar de cada instante sin proyectarnos a un incierto futuro ni relegarnos a un extinto pasado. “Después de todo la muerte es sólo un síntoma de que hubo vida” como nos dijo Mario Benedetti.

En esto, el alma que cree que es cuerpo esta atrapada por una subordinada mente errónea que cree que el cuerpo es todo. Una mente que nunca se torna loca por vivir. Recluida entre normas, juicios, credos, dogmas y mandatos… Sujeta a los designios de una impositiva voz de la secuestrada conciencia. No es un alma, que será otra cosa. El alma que esta libre de las ataduras del finito cuerpo es capaz de abrirse a desgarrarse con las destempladas garras del vivir: el amor, la amistad, la enfermedad, la belleza y la fealdad, la opción, la aceptación, la entrega, la perdida y la generosidad, … Cada paso que inicia, un comienzo. Cada tropiezo, una caída y un volver a levantarse. Cada vuelta a empezar, un nuevo génesis. Cada movimiento la alimenta y la hace crecer en el doctorado de la vida. Y, qué es la vida sino un camino y el camino se hace al andar, cómo nos cantaba Serrat.

También, podríamos decir que no tememos a la muerte sino a la vida. Igual que el mosquito acude a la luz de la bombilla y teme el contacto con ella porque se fundirá, nosotras tememos fundirnos con la vida, a pesar de sentir una irrefrenable atracción por vivir. Nos resistimos a vivir por miedo a perder la vida. Nos aferramos a no salir del capullo de nuestro espacio de confort como la crisálida antes de ser mariposa y volar. El temor a abrirnos y dejarnos caer en la vacuidad y vivir sin juicio, nos limita en la conexión con el amor, con el sumun del jugo de la vida, con la abundancia, con la prosperidad y el bien-estar. Aceptar el amor y el dolor, a la larga, es la única forma de vivir con integridad, decoro y responsabilidad. Añadir que, la vida es como la farmacia que si te excedes en la dosis enfermas y si te quedas corta no surte efecto. No hay que forzar a la vida exprimiéndola sin control ni renunciar a tomarla. Gandhi decía que en la vida existe algo más importante que aumentar su velocidad. Cultivemos pues, a la luz de sus palabras, el culto a lo pausado y elogiemos a la lentitud y la mesura como forma de vida plena. "Adopta el paso de la naturaleza: su secreto es la paciencia", nos dijo el poeta Ralph Waldo. Afrontar la vida a cada paso con la dosis que somos capaces de asumir en cada momento, es fluir. Toda persona quiere vivir y vivir bien por encima de todo, porque el vivir es y será la verdadera necesidad del ser humano, y nadie parará hasta experimentar y sentir la vida en todo su esplendor. Porque, vivir no es una emoción, sino que es una forma de relacionarse con el mundo basada en reconocer sin proyectar ni exigir, lo cual comporta un estado especial de consciencia donde rige la armonía. Parafraseando a Platón: “Donde reina la vida, las leyes y la muerte sobran.”

Y para acabar, decir que, “jugar a veces, esperanzarse a menudo y confrontar siempre, es un canto a la existencia y la ausencia en el continuo vida muerte vida”.



jueves, 13 de octubre de 2016

Un Monstruo Viene a Verme

Mural pintado en la unidad de consultas pediátricas del
Hospital Universitario Puerta del Mar, Cádiz
Cuando la vida mueve a una persona -que aún es joven para considerarla una adulta o que aún no tiene la edad suficiente para dejar de ser una inmadura- a pasar por el trance de la enfermedad oncológica ocurre como en la historia real de la Guerra Civil estadounidense, que culminó en la batalla de New Market, en mayo de 1864. Un grupo de cadetes adolescentes al abrigo de la guerra en el Instituto Militar de Virginia debe enfrentarse a los horrores de un mundo de personas adultas cuando son llamados a defender el Valle de Shenandoah. Dejando atrás su juventud, estos cadetes deben decidir lo que están luchando. Atravesando un campo enfangado dejan atrás sus zapatos. La batalla fue llamada del “Campo de los Zapatos Perdidos”. 

Así pienso yo que una persona adolescente debe sentirse al tener que afrontar la enfermedad a tan temprana edad, cuando aún sus mejillas están encarnadas de virtud. Descalza. 

En muchos casos, las personas -y en concreto para este texto, en la adolescencia- se ven arrastradas por la corriente de un proceso cruel, bien como persona paciente o como familiar. Cuando la muerte se abre camino paso a paso abre, también, una brecha en el inmaculado lienzo de la inocencia pueril. No corresponde a esa edad -como relata Marta Ligioiz en su libro “Curso de vuelo para constructores de sueños” (https://books.google.es/books?isbn=8490197113) “comprender que a veces es el momento de morir, de dejar el cuerpo sin luchar, que es importante mimar ese paso con todo el calor y la consciencia de que se fuera capaz, sin perderse en una locura”.

En esa edad, un tiempo fuerte en el que tienen lugar cambios e intercambios, internos y con el entorno, donde es la hora de la sencillez y la bondad, la idea de ir atada al faldón de una camisa impuesta por la impostura injusta de la finitud del ser humano es una amargura absoluta, despejada de realismo cotidiano, del juego físico y el verso blanco, una ironía siniestra y absurda.

A pesar de la desatinada parodia y el marasmo de dolor, la vida estimula un carmesí destilado en el fondo de la copa. Las historias de superación y aprendizaje, realidades prácticas que tienen mucho de mágicas irrealidades, se cuentan entre personas adolescentes que han tenido y tienen que traspasar el oscuro umbral del cáncer.

En muchos casos la vida se deviene en un intrincado teatro para desvelar una personalidad corporal, emocional y volitiva, con una sabiduría orgánica e irreversible de la vida que sorprende a las personas adultas que forman el entorno de esta juventud a la que le toca vivir la pesadumbre y la desdicha de un insoportable diagnóstico.

A veces, cuando la persona adolescente se encuentra en un páramo donde la fantasía es la puerta de salida más obvia para recalar a la orilla de la seguridad, la libido de los colores de su imaginación le hunden en la raíz primigenia de la salud mental: la inocencia, donde el dolor se mitiga rescatando al naufrago del gélido océano de la enfermedad.

A esta edad, y en la enfermedad, hay necesidad de ser reconocida. Necesidad de amor. Necesidad de releer la propia vida. Necesidad de sentido. Necesidad de perdón. Necesidad de establecer la vida. Necesidad de continuidad. Necesidad de esperanza.

Y para acabar este post, una invitación: es necesario sentir el tambor que suena en el interior para acogida por entre las ramas del Tejo aceptar la pérdida de los lazos frágiles, pero extraordinariamente poderosos que nos unen a la vida y de esta manera, superar el miedo a soltarse. Si estaba triste el otoño de la desolación, irrumpir en una soleada tarde de mayo. No es momento de parar la función en el verdor de la estación florida.

*texto inspirado por la película Un monstruo viene a verme*


miércoles, 31 de agosto de 2016

la muerte cansa

Parra en el jardín del Antiguo  Hospital Benéfico
de la Misericordia 1483. Álcala de Henares, Madrid
¡La muerte cansa! Frase lapidaria con que me sentenció una amiga después de que yo le dijera que estaba derrengada, sin energía, tras matar y desplumar cinco gallinas para llevar la armonía y el equilibrio a su gallinero. Al espacio y al hogar donde rinden tributo por sus vidas, tanto ella como las pitas.

Así lo pienso y así lo siento. Más allá de que la muerte nos coseche para la eternidad, ella nos pone ante la tesitura de vivir sangrando o no vivir y morir “de todas todas”.

Morir “de todas todas”, porque la partida es para cada una de nosotras (todos los seres vivos que pueblan la tierra) igual e insalvable. Y vivir sangrando porque si la vida no te produce cicatrices no es vida, que será otra cosa. Y las heridas hay que sangrarlas para que sanen.

Vivir una vida sana es obligatoriedad para que se dé una muerte sana. Vivir en la firme y férrea roca de la existencia y claudicar ante el supuesto sinsentido invertido de la hora suprema, del sueño eterno nos estimula lo vital. Desvanecerse por la atmósfera caldeada del sol. Contraerse y dilatarse en las gélidas aguas de los ríos, los mares, las lágrimas. Acalambrarse por el olor a mundo de las plantas y las personas. Todo ello nos sitúa en un paisaje humano y a la vez geografía del alma para el feliz viaje hacia el encuentro con la muerte de una “flor perenne que vuelve a florecer en el multiuniverso”, asegura, con esta frase, el científico estadounidense Robert Lanza cuando explica en qué nos convertimos tras la muerte.

Una muerte no es ni tiene porque ser una tragedia ni ser un tránsito doloroso. Yendo más allá de lo físico, la muerte es una entrada, digo yo, a otra profundidad. No sé cuál ni cuán profundo. Un camino que inexorablemente debemos de andar para cumplir con los requerimientos de nuestra naturaleza, como y cuando poco.

Citando a Henry David Thoreau: “me interné en los bosques porque quería vivir intensamente, quería sacarle el jugo a la vida. Desterrar todo lo que no fuese vida, para así, no descubrir en el instante de mi muerte que no había vivido”. 

Y, extraído de la sabiduría de los cuentos:
- "Pero, ¿hay vida después de la muerte o no la hay?" pregunto un discípulo.
- "¿hay vida antes de la muerte? ¡esta es la cuestión!, respondió el maestro.

La dama, señora de los finales, para mí, solo me provoca ganas y compromiso por vivir. Por llenar mis días de experiencias, sentimientos, vivencias que me hagan sentir, esto mismo: que estoy viva. La guadaña nos cosecha para una comunicación sincera, en un camino hacia la conciencia del Ser. Vivir en comunión con la muerte nos lleva a sentirnos vivas, en movimiento, con otra forma de pensar de sentir, y eso, precisamente nos abre la mente, la sensibilidad, la valentía, el respeto por la vida… nos hace mover el culo.


mi agradecimiento a mi querida amiga Mamen por confiar y compartir conmigo!!

viernes, 26 de junio de 2015

Alientos en un mismo vaho

Las Médulas, León


“La vida es frágil pero el amor es para siempre”. Me decía ella con el corazón en sus pupilas. Esos últimos días, sobre mis brazos recamados, su cuerpo quiescente iba adquiriendo la crujiente naturaleza pálida con que se viste el cambio de estación. El alba había adelantado su hora y el ciclo de la vida irrumpía en mí como una incrustación de cólera. Yo quería retener el inabarcable sabor de sus labios y la delicada textura de su piel. No olvidar sus andares felinos ni su sonrisa esbozo carmín sobre su rostro papel de seda. Pero mis adentros se cimbreaban con una amalgama de perlas negras a través de mi melocotón herido. Y fue entonces que tuve la peregrina idea de grabar su voz para cuando emergiese la desolación en tardes de otoño. Acariciar mis oídos con la grabación de los miles de registros que ella era capaz de expresar ha salvado mi vida para desdicha mía. Para un naufrago en el gélido oscuro mar de la viudedad, el amor es para siempre pero la vida es frágil.

martes, 30 de diciembre de 2014

el faro en la costa

“Lo que puede amarse en el hombre”, nos dice Zaratustra, “es que él es una apertura”

Haz de luz del Faro de Cádiz
Para cerrar el año  yo quiero divagar sobre esta afirmación. En primer lugar, reafirmar que la voluntad de las personas por trascender, consciente o inconscientemente, es el camino de la vida que hemos venido a recorrer. Sin embargo, constantemente el ser humano se limita mostrándose como nihilista y hacedor de vida, esto,  a mi parecer, constriñe la voluntad y el compromiso de lo que realmente somos y menos cava la Vida.

Dejar de degradar la vida humana significa confrontarla con un referente superior y es la voluntad de este confronto lo que hemos de poner en acción para dar sentido a la vida. Es esta voluntad de trascender, creo yo, la virtud de la que nos hablaba Zaratustra y que es inherente a la persona. Somos nosotras mismas esa puerta y a la vez vehículo del que se vale la VIDA para superarse. Donde digo VIDA digo SER, el Yo esencial que quiere superarse, como nos dice Echebarria: “no es la vida humana la que hay que trascender sino el ser que somos en la vida el que se abre a la trascendencia”.

Digo yo, que somos Ser, somos Vida expresándose para superarse en el Amor. El Amor que es Todo necesita, entre otras formas, la vida humana para expresarse, experimentarse y superarse. El Amor en constante expansión.

Por eso, la persona que hace de su vida una constante de superación permanente enfocando su participación en procesos de amar en todas las urbanidades es el “superhombre” del que nos habla Nietzsche, “la cuerda tendida entre el animal y el superhombre”.

Estoy convencido de que somos una pieza en el puzle inacabado (para lo eterno) que se arma con las experiencias de cada una y en la suma de todas las personas. Una imagen velada para nuestros ojos y mentes humanas, pero en la que participamos, y ahí radica nuestro poder, del destino para moldear, en el arte de lo posible, la expansión del amor.

Hay, hoy en día y desde la noche de los tiempos, muchas “razones e inteligencias” mortales y efímeras que nos alejan de nuestra sustancial esencia con el fin de provocar sufrimiento al ser humano. Entender y Aceptar esto que somos y pretendo mostrar descansa en la comprensión de nuestra inocencia. No somos una u otra cara ni del bien ni del mal, ni luz o sombra, amor ni odio, hombre/mujer.

Soy consciente de que desprendernos de nosotras mismas para trascender se nos emula salto al vacío y  que volver a nacer en cada presente es como sumergirse en la nada y que ello requiere asegurar condiciones emocionales equilibradas y necesarias que reconozcan que en la dinámica de autotrascender caben tanto la ganancia como la pérdida,  la construcción y la destrucción y que todo ello decía son dos caras de la misma moneda.

Pues con esta conciencia, en vísperas de un nuevo año, invito a un constructo necesario de nuestro compromiso de ser Apertura para que el Amor trascienda permanentemente.


“Pues quería enterarse de lo que entretanto había ocurrido con el hombre: si se había vuelto más grande o más pequeño. Y en una ocasión vio una fila de casas nuevas; entonces se maravilló y dijo: ¿Qué significan esas casas? ¡En verdad, ningún alma grande las ha colocado ahí como símbolo de sí misma!(…)Y Zaratustra se detuvo y reflexionó. Finalmente dijo turbado: «¡Todo se ha vuelto más pequeño! Por todas partes veo puertas más bajas: quien es de mi especie puede pasar todavía por ellas sin duda - ¡pero tiene que agacharse! Oh, cuándo regresaré a mi patria, donde ya no tengo que agacharme- ¡dónde ya no tengo que agacharme ante los pequeños!” 
Así habló Zaratustra.
(F. Nietzsche)

viernes, 29 de agosto de 2014

el compromiso con la vida

             en la fachada de la  Farmacia Perdiguero Pérez       

C/ Cervantes, 48, Cádiz 

El compromiso nos arrastra por mil maneras conformes y discordantes de ser felices.

Por ello, no basta con la voluntad de comprometerse, hay que comprender porque nos comprometemos y que esperamos del compromiso.

¿Comprender el qué?

-“Comprenderse a una misma para entender lo que  las demás me manifiestan”. Y, en esa senda, “experimentar, en el ahondo, lo que vivimos más allá de los límites de la piel”. Esto, nos ayudará a enumerar las clausulas de nuestro convenio con la vida.

Claro está, e importa y mucho, que el nivel de volumen que le demos a la responsabilidad del pacto no puede superar los decibelios a los que nuestro Ser esta apareado en y para el tronado de nuestra existencia en el que estamos relampagueando, lo que viene siendo en el sonoro “aquí y ahora”.

Si este acople, que debería ser un suave vaivén, es impropio, a veces, enojadas e inconscientemente, atribuimos fuera la dejadez y el desánimo que nos provoca el compromiso o la falta de este o la impertinencia y fatiga del mismo. Es como la crisálida que espera a que el capullo se abra desde fuera, discúlpenme! –una estupidez, la verdad.

Está bien! Hay que salir a caminar, pero si llevamos los cascos puestos –repito- ajustemos el volumen a la vibración de la sístole y la diástole de nuestro latir y sin perder el ritmo acompasado del aliento. Y, exploremos por dónde podemos desvelar el rumbo que nos lleve al compromiso entonado y de una manera natural, sin hastío y con tierra bajo las uñas.

¿Dónde sumergirnos?

-Pienso yo que -en las sombras. ¿Qué sombras? -Las nuestras. –Posi, Amarrosa.

Aquello que no queremos ver, lo oculto a nuestra mirada -porque así lo requiere el ego-. Allí, en los rincones oscuros y opacos, de piso resbaladizo, allí está la luz. Y, nos ayudara a darle intensidad, a esta luz, fijar la vista en las personas que nos la  proyectan (la oscuridad, lo que no me gusta).

Dicho esto, no es recomendable y poco beneficioso, incluso, diría yo, temerario, ir al compromiso como el que busca en un ropero ajeno y desordenado. Ya que suele ocurrir que nos vistamos de manera confusa, dispar a nuestro estilo y poco conjuntado, cuando menos.

Solemos comprometernos como vestimos la piel (para crear una imagen hacia los de fuera). Sin embargo, y es mi opinión, comprometerse tiene más que ver con estar acorde con la necesidad de la estación, con vestirse de temporada (vestirse para lo intrínseco). Vestirse para el momento es comprometerse con la trascendencia. Y nos ocurre con frecuencia, relativamente asidua, que “a ti te baila la falda y a mí el pantalón”, una forma de expresar como otra cualquiera que hay veces que nos enrolamos en compromisos que nos quedan grandes. Buques ingobernables para un simple tripulante. Barcos que no nos permiten la travesía porque, sencillamente no podemos zarpar al no poseer el saber y la maestría necesaria para gobernar la nave. Y nos quedamos amarrados a puerto, en el mejor de los casos, o podemos quedar anclados en bahía y aislados de la toma de tierra.

Entonces, y esto es una invitación personal, “romperse la camisa y seguir hasta los amaneceres”, es la más coherente de las salidas, la que optaría un experimentado lobo de mar. Soltar amarras no sería prudente. El tripulante debe comprender que su rol no es ese y debe ajustarse el volumen desprendiéndose de una casaca que no le corresponde.  La invitación es a desnudarse para verse como una es y acudir a la noche estrellada sobre la inmensidad del  océano para entender, para darnos cuenta. Esto sería más avispado, intuitivo e inteligente.

Desde allí y fijando la mirada en el manto oscuro de la bóveda interior, vislumbraremos el compromiso que nos aviene y nos hará avanzar. Se nos manifestara porque es real y como un paisaje relajante. Nuestro compromiso con nosotras mismas, con la vida, ha de ser zen o no lo será, será otra cosa.

Añadir que, a mi modo de ver, solo hay un compromiso, una acción que realmente es necesaria para sobrevivir y es comprometerse con el agradecimiento a la vida o lo que es lo mismo comprometerse con el amor. Recibir -sinónimo de agradecer- de la vida, lo que la vida nos da en abundancia, es el único alimento capaz de saciar la sed de piel que nos muerde el corazón. Visto así, diría yo que, el compromiso es una oportunidad para experimentar lo que ya comprendemos del amor y avizorar nuevos goces.

Gracias, Mamen, por mostrármelo!!

"es el Amor lo que mantiene todo unido, y también es el Todo" Rumi

sábado, 8 de febrero de 2014

la vida en colores


Doble arcoíris en Casa Samuel, Salamanca, Agosto'13
La vida se muestra como una paleta donde mezclar y experimentar en diferentes espectros y con desiguales colores y tonalidades para convocar al creador como guante para los dedos y fusionarnos con ella en un arcoíris no siempre visible o en ocasiones duplicado. En una vida que se nos antoja gris o multicolor, según el prisma del cristal de las gafas con que la miremos, la paleta nos permite cada día conjugar momentos y escenarios con circunstancias y realidades para ir estampando a antojo, a veces sin prevaricación, el lienzo (nuestra existencia).

Según el escritor Británico de libros de autoayuda Adam J Jackson "La actitud es el pincel con el que la mente colorea nuestra vida y somos nosotros quienes elegimos los colores".

No obstante pienso yo que, aun así, no depende de nosotros la coloración de nuestra vida sino que es la VIDA la que, a la hora de nosotros combinar los colores, aplica en la formula su factor constituyente. Porque no es que nosotros seamos los ejecutores al abrir el abanico de matices de nuestra vida, sino que es la VIDA la que nos revuelve y menea la cubeta de esmaltes que tiñen nuestro deslizar por ella.

Así, la rueda de colores que se nos va revelando a lo largo de los días viene de un plano ajeno y distante a nuestra mano y que las pinceladas que surgen brotan de una fuente, no extraña pero sí exótica, divina o espiritual de la que no tenemos toda la capacidad mental e intelectual de controlar para abrir o cerrar el grifo a nuestro capricho o necesidad.

Una vida mostrada en tinturas que en ocasiones se nos antoja abstracta o desnaturalizada, fruto de la verdad trucada con que tergiversamos nuestro transitar por ella. Más, diría yo, movida o removida por los pensamientos y las emociones, indistintamente o al unísono, sin equilibrio en la obra. Conjugando tintes antagónicos y coopositores que nos perfilan gárgolas grotescas, desdibujando nuestro verdadero yo.

Por otra parte, cuando la paleta, los pigmentos y el pincel, capitaneados por la mano que los amalgama, se abrazan en una combinación promiscua llena de vitalidad y luz, donde las sombras cumplen su cometido y los brillos ensalzan los rostros, así los colores se realzan y se antojan estos ir cogidos de la mano.

Y es entonces que la vida cobra sentido. Que el color de fondo pone en relieve al objeto elevado de la pintura que este es centro del meollo y corazón subordinado de la VIDA con mayúsculas. Es cuando el tapiz que es nuestra existencia cobra belleza, detalle y elegancia. Se da, nuestra vida en colores.


lunes, 13 de enero de 2014

no te dejes vencer

Y no lo digo yo que ya lo dijeron otros que lo conocieron y lo experimentaron.

“Triunfar sobre la muerte es no dejarse detener por ella”.

Y/o lo que para mí es lo mismo, “triunfar en la vida es conocerla y para ello debemos caminarla, paso a paso, intimando con ella”. 

No sabemos que seremos, no sabemos dónde llegaremos, ya que la vida es un continuo caminar por ella y en una ruta que será de ella, que ella misma nos traza. No somos dueños de nuestro destino como tantas veces y tantas escuelas nos han enseñado. Si bien es cierto, que hay un sentido en la vida, pero este sentido hay que vivenciarlo. Esto nos lo dice el discernimiento  humano-lógico ¡La vida pasa por ser vivida!

Necesitamos contar un cuento, engañando para confundirnos nosotros mismos. Que si “la muerte es una puerta”, que “en la vida cultivamos para la eternidad”, etc… Creo yo que la búsqueda de lo transcendental –innata e intrínseca en los seres humanos- sí se culmina, sí se alcanza la iluminación, el nirvana, ese estado se ha de traer a la vida. Si no, ¿qué sentido tiene?  ¿para qué seguir viviendo entre sombras, por qué no quedarnos en la consciencia total y olvidarnos de la vida en este plano, donde unos, los menos, los elegidos, conviven con la mayoría ciega, perdida? O es cierto aquello que dice que la humanidad sobrevive y ha llegado a nuestros días gracias a que unos cuantos, elegidos seres conscientes, conducen, de alguna manera, la conciencia colectiva para que no sucumba víctima de su propia inconsciencia???

Si la vida culmina en la muerte y la intensidad de la muerte dependerá de la intensidad de cómo se haya vivido. ¿no nos convendría vivir la vida con el mayor sosiego y con suma templanza para que nuestra muerte sea puro reflejo de ello?

Vivimos tiempos revolucionarios y crispados, llenos de opacidad. Tiempos que no se guían de la experiencia del pasado y que no se equilibran con la línea del horizonte (el futuro a corto plazo es incierto). Y es por eso que, pienso yo, es este el momento propicio de cerrar los ojos que ven la realidad –una realidad marcada por poderes e intereses lóbregos- y dejarse llevar por el instinto que ve lo real –aquello que es, sin distorsiones socio-económica-políticas.

Lo real no se define con nuestro lenguaje. Lo real lo vislumbramos en los versos del poeta, en la parábola del maestro, en las piedras del camino. La vida real o lo real de la vida no se ve ni se nombra, se percibe o se intuye. Por eso, bien podríamos cerrar los ojos y dejarnos arrastrar por el río para poder sentir la vida y lo que la vida nos da y nos pide. Y además, también es cierto, por que “mientras menos hago más se da a través de mí”. Cerremos los ojos y dejemos que la vida se exprese a través de nosotros para sumar al bien común.

No se trata de vivir ciegamente sino de ver y entender la vida desde dentro, desde el camino interior. Sin prisas pero sin pausas. Disponiendo los latidos de nuestro corazón con el pulso del universo, de lo que acontece.

La vida -como ya apuntaba porque otros me señalaron- es un continuo incluso en los momentos de parar. No podemos dejar de escucharla y sentir su vibración porque nos extraviamos. Es necesario no perder el ritmo, no dejar pasar ninguna nota del pentagrama -que es la vida- sin ser punteada para entender la sinfonía completa, el sentido de la vida.

Y, así, sin detenernos, triunfemos pese a ser el hombre, la mujer el animal más podrido de la creación, salvo en los momentos más sublimes. Estos son, en el amor y el arte.



referencias: El viaje interior, Claudio Naranjo

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Estamos embarazados

¡Enhorabuena! Le dije a un amigo que me transmitió su “estado de buena esperanza”. Ella, su pareja, está preñada. Una nueva vida se ha concebido y late en el vientre de esta mujer que ya se siente madre, junto a su chico, mi buen amigo, que ya se siente padre.

Esta misma mañana una mujer curtida ya por el paso inexorable de la vida alardeaba de haber dado a luz a doce retoños, “seis hembras y siete varones. Y esta que está aquí conmigo es la más chica de las niñas” (!no, no hay una errata¡ así lo expreso ella con sus matemáticas) nos relataba orgullosa de la crianza que les dio y lo bien agradecidos que le han sido. 

Hoy día la “aventura” de la concepción es una decisión que necesita de no pocas horas, días, meses e incluso años de reflexión. No son pocas las parejas que calculan, con vara milimetrada, el momento para la concepción o, la no concepción. El conteo de los días menstruales, el periodo de ovulación y/o la temperatura vaginal, entre otros, son señales y secretos que ayudan a las parejas en alcanzar la puerta buscada, la llave que abre el portal a la vida.

Dicen que la visita de la cigüeña a la cuna de la pareja es, en lo profundo, el génesis de la relación. Que la constitución de pareja viene de la necesidad de crear vida. A partir de aquí, pasamos de ser dos seres compartiendo existencia, biografía e historia a trascender hacia un proyecto común. Un nuevo ser fruto del amor que contiene nuestros deseos, aspiraciones, ideales,  presupuestos, expectativas y sueños. Una vida que emana, también, del afán de expandirnos, de engendrar para la esperanza. La esperanza de que tras nuestra partida quede en la tierra nuestro legado, nuestros genes, nuestra herencia.

De aquí, si lo que buscamos es ser padres y el predictor nos es favorable se alcanza un punto de felicidad que si no lo contamos explotamos. Y comienza la singladura de recitarlo a los cuatro vientos. Porque la felicidad en tal magnitud hay que exteriorizarla y repartirla ya que de lo contrario se nos atraganta.

Entonces,

¡Enhorabuena, Progenitores, que esta venturosa preñez traiga a vuestra vida, aquello, que vuestros corazones anhelan!



martes, 11 de junio de 2013

la salud, lo más importante

Saber lo que es importante, lo más importante de verdad.
Si quieres gritar, grita, si quieres saltar, salta, pero si lo que quieres es vivir, acepta y da la cara. La vida es un baile. Baila tu canción. Escucha el son, sigue el ritmo que te marca y gira con los brazos en cruz. Abre los ojos y siente el aire en tu rostro. Tu corazón late con la misma cadencia que los pulsos de la Tierra, no permitas que se rompa el equilibrio o si está perturbado, restablécelo. Sí amas la vida y sabes bailar, pon la música apropiada, con o sin pareja, entra en la pista y baila, baila hasta la extenuación.
Dicen que la acción que se práctica en un entorno armonioso se funde con y en beneficio del TODO.
Hacía aquí nos llevan los caminos: “converger con la vida”. Que tu fuerza vital se sume con la energía de la VIDA en una sinergia justa para que se dé la salud que suspiramos.
Que las músicas no acaben de sonar y apréndete la letras y las notas de los pentagramas. Que al llegar al final y te pregunten cuánto has bailado y cantado saques tu diario y no acabes de enumerar.
Y, al igual que en el poema “Itaca” de Kavafis: “Si vas a emprender el viaje hacia Itaca
pide que tu camino sea largo, rico en experiencia, en conocimiento”...”
Ten siempre a Itaca en la memoria, Llegar allí es tu meta. Más no apresures el viaje. Mejor que se extienda largos años; y en tu vejez arribes a la isla con cuanto hayas ganado en el camino, sin esperar que Itaca te enriquezca. "Viaje a Itaca" de Constantin Kaváfis
Lo importante en la vida se da en cada paso, en cada latido, en sus sístoles y diástoles, en su  sucesión concatenada de pequeños instantes y hay que experimentarla como se presenta.
Sí lo que quieres es tener salud en la vida, esta es la máxima: Sentirla, Ensayarla y Recibirla. ¡Déjate SER con la VIDA!

domingo, 3 de febrero de 2013

cumpleaños feliz



Cumplido los 49 y haciendo una mira retrospectiva de mi vida me encuentro que siempre hubo, también junto a los momentos de progreso, momentos de duda, capitulaciones imprevistas, interrogantes hondos. El poeta Rocki escribía a éste respecto: “Se paciente con todo lo que no está resuelto en tu corazón. Intenta amar incluso tus preguntas. No busques respuestas que no pueden encontrarse, porque no podrás vivirlas. Vive todo. Vive tus preguntas, porque sin notarlo, estas elaborando las respuestas”.

Cuánta sabiduría en las palabras del poeta. La respuesta a la vida está contenida en el concepto “vivir”. Todas aquellas interrogantes, las culpas, los arrepentimientos, las pérdidas,… Todo ello, ha de ser experimentado, vibrado, vivido para que no se conviertan en piedras de lastre dentro de nuestra mochila para el VIAJE.

Ya no sé ni recuerdo cuántas de éstas piedras, unas, cantos rodados, otras, adoquines con aristas y, las más, pequeños guijarros de río que durante los años consumidos de mi vida se fueron sumando a mi equipaje. Me refiero con “los años consumidos” a aquellos desde mis 13, aproximadamente, hasta los 39 años. Veintiséis años vegetados, vividos sin conciencia ni responsabilidad. Aclarado el término continuo… A partir de los 39 comienza para mí un nuevo trayecto. Es como si antes fuera un pasajero en un tren de los de antaño: vagones con gabinas para ocho personas, sentadas en dos bancos de madera, con una ventana que se abría a modo guillotina. Recuerdo de pequeño no poder abrirlas, primero porque no me llegaban los brazos y segundo porque no tenía fuerzas para levantar el enorme cristal, a los ojos de un niño. Un tren, el Rápido, que tardaba 12 horas de Cádiz a Madrid con su traqueteo característico. Ahora viajo como cliente clase A en una unidad del AVE dotada de servicios personalizados y azafatos que hacen placentero el trayecto. 

No quiero decir que la vida sea un camino de rosas y que no se sigan sumando piedras a la mochila. Sin embargo, la mochila ya no va detrás oculta a la vista.
De la comprensión que resulta de la aceptación e integración de las dudas o incertidumbres, los miedos, ansiedades y confuciones se da como resultado luz y sanación.
Ahora las dificultades, los conflictos, las preguntas, todas éstas piedras, las tomo en la mano, las sopeso y las cincelo. Unas las voy soltando porque no añaden nada al viaje, otras, las más bellas, las conservo y las hay que sin ser nutrientes ni dotadas de exquisitez quedan en el equipaje porque son maestras cargadas de savia, aunque su sabor sea amargo. Todas ellas son alimento para el espíritu. Energía, fuerza, vigor y avituallamiento para continuar un viaje que es único e irrepetible: La VIDA.

viernes, 15 de junio de 2012

vida y muerte



Con la edad nos llega inexorablemente la muerte. Cuando es así, surge el agradecimiento del superviviente, de las supervivientes. Ya sean la familia, las amistades, los allegados, las que les quisieron, las que en alguna ocasión les cuidaron, les acompañaron,…

Agradecimiento porque así es la vida. Se cierra el círculo de una existencia. En la mayoría de los casos el círculo se cierra con la biografía acabada, pero no siempre es así. Es entonces cuando surge el sufrimiento ante la muerte.

Claro que no nos queremos morir. Morir es, como dijo Nietzsche, “la imposibilidad de más posibilidades”.

Como con el hecho del nacimiento, el de la muerte es una de esas realidades que constantemente nos ciernen y nos conciernen. Pero si el primero, que marca nuestra incursión en el mundo, goza por lo general de nuestra satisfecha aceptación , en el sentido de que prácticamente a nadie le molesta haber nacido, el trance de la muerte nos angustia y nos produce toda clase de rechazos y de huidas encubridoras, pues prácticamente nadie quiere marcharse de este mundo, sobre todo si aún goza de sus plenas facultades o aún no ha sentido esa mordedura del dolor que hace clamar incluso por la muerte, con tal de no sufrirlo más.

Para las personas supervivientes "Ganar en la pérdida es trascender la mirada. Vemos el mundo dual (todo o nada) pero si aprendemos a englobar todo, nos daríamos cuenta de que una cosa lleva a la otra y eso precisamente conduce a abrir una puerta o una ventana. Perder un ser querido, es difícil de aceptar empero, con la preparación de valores, mirando al interior y transformando la educación, vemos que en los pequeños detalles, en la actitud interna, nos podemos reeducar y ver más allá", según la experta: la psicóloga Assumpta Mateu.

Para las supervivientes, afrontar el dolor de cada pérdida nos permite evitar sufrimiento innecesario. Es una actitud que nos ayuda a crecer, aprender y madurar.

Nadie quiere morir. Nadie ha escapado a la muerte. Y así tiene que ser, porque la Muerte es posiblemente el mejor invento de la Vida. Es el agente de cambio de la Vida. Retira lo viejo para hacer sitio a lo nuevo.

"La muerte es de la vida, igual que el nacer; 
como el andar 
está lo mismo en alzar el pie que en volverlo a la tierra" 
(R. Tagore)  

Descansa en paz Cristobalina.

martes, 29 de mayo de 2012

la escalera


Mientras nos afanamos en subir la escalera de la vida a zancadas, la vida, siempre, va por delante añadiendo escalones.
Decía Lennon: ”La vida es aquello que te va sucediendo mientras te empeñas en hacer otros planes”.

Planificar un camino de vida tiene más que ver con aceptar la vida como es, en vez de forzarla a nuestro antojo. Esto no quiere decir que no nos esforcemos en crecer y hacer de nuestra vida un bocado más dulce. Ya que alcanzar, cada día, una nueva guinda de felicidad es deber moral del ser humano. Planificar y construir, seguir planificando y seguir construyendo, así hasta el infinito. Pensar, sentir y hacer, es la máxima, obligatoria, en nuestra vida y que la muerte nos pille cincelando.

Subir a zancadas como nadar contra corriente nunca fue una gran idea, nos lo dijeron y dicen los filósofos, las eminencias científicas, la comunidad educativa, padres y madres y nuestro sentido común.

¿Por qué entonces, tanto empeño, el del ser humano, por llegar al final de la escalera lo antes posible. Cuando es sabido que en el éxito de subir uno a uno los escalones es donde encontraremos la recompensa al denuedo?

El montañero, el genuino montañero, sabe que la victoria no está en culminar la cumbre sino en llegar a bajar después de pasar por lo más alto. Ya que el premio y el reconocimiento no está en la cima sino en el esfuerzo, en las cordadas abiertas. En seguir el camino. Nadie se queda arriba a admirar su ego. Al menos nadie en su sano juicio. Estar arriba por siempre supone un empeño sobre humano que nos lleva al burnout (según la Wikipedia: El síndrome de burnout es un padecimiento que a grandes rasgos consistiría en la presencia de una respuesta prolongada de estrés en el organismo ante los factores estresantes emocionales e interpersonales que se presentan en el trabajo, que incluye fatiga crónica, ineficacia y negación de lo ocurrido), al montañero a la muerte.

Recordando la letra de la canción: “caminante no hay camino, el camino se hace al andar”, me lleva a esta frase para terminar: “No hay camino de vida si no hay conciencia en estar haciendo el camino”.