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jueves, 3 de noviembre de 2016

la muerte, un insulto

Parroquia Ntra. Sra. de la Asunción, Palma del Río.
desde los restos del castillo almorávide.
La muerte es un insulto a la vida. Sin embargo, la conciencia del concepto muerte en nuestra mente genera infinitas posibilidades de vivir. Escribe Alejandro Jodorowsky “Condenados a aceptar una muerte inaceptable, hagamos de cada día una fiesta”. El miedo a morir nos pone en la antesala de la vida. Basta con atreverse a dar el paso y cruzar el umbral de una puerta a las infinitas posibilidades para disfrutar de cada instante sin proyectarnos a un incierto futuro ni relegarnos a un extinto pasado. “Después de todo la muerte es sólo un síntoma de que hubo vida” como nos dijo Mario Benedetti.

En esto, el alma que cree que es cuerpo esta atrapada por una subordinada mente errónea que cree que el cuerpo es todo. Una mente que nunca se torna loca por vivir. Recluida entre normas, juicios, credos, dogmas y mandatos… Sujeta a los designios de una impositiva voz de la secuestrada conciencia. No es un alma, que será otra cosa. El alma que esta libre de las ataduras del finito cuerpo es capaz de abrirse a desgarrarse con las destempladas garras del vivir: el amor, la amistad, la enfermedad, la belleza y la fealdad, la opción, la aceptación, la entrega, la perdida y la generosidad, … Cada paso que inicia, un comienzo. Cada tropiezo, una caída y un volver a levantarse. Cada vuelta a empezar, un nuevo génesis. Cada movimiento la alimenta y la hace crecer en el doctorado de la vida. Y, qué es la vida sino un camino y el camino se hace al andar, cómo nos cantaba Serrat.

También, podríamos decir que no tememos a la muerte sino a la vida. Igual que el mosquito acude a la luz de la bombilla y teme el contacto con ella porque se fundirá, nosotras tememos fundirnos con la vida, a pesar de sentir una irrefrenable atracción por vivir. Nos resistimos a vivir por miedo a perder la vida. Nos aferramos a no salir del capullo de nuestro espacio de confort como la crisálida antes de ser mariposa y volar. El temor a abrirnos y dejarnos caer en la vacuidad y vivir sin juicio, nos limita en la conexión con el amor, con el sumun del jugo de la vida, con la abundancia, con la prosperidad y el bien-estar. Aceptar el amor y el dolor, a la larga, es la única forma de vivir con integridad, decoro y responsabilidad. Añadir que, la vida es como la farmacia que si te excedes en la dosis enfermas y si te quedas corta no surte efecto. No hay que forzar a la vida exprimiéndola sin control ni renunciar a tomarla. Gandhi decía que en la vida existe algo más importante que aumentar su velocidad. Cultivemos pues, a la luz de sus palabras, el culto a lo pausado y elogiemos a la lentitud y la mesura como forma de vida plena. "Adopta el paso de la naturaleza: su secreto es la paciencia", nos dijo el poeta Ralph Waldo. Afrontar la vida a cada paso con la dosis que somos capaces de asumir en cada momento, es fluir. Toda persona quiere vivir y vivir bien por encima de todo, porque el vivir es y será la verdadera necesidad del ser humano, y nadie parará hasta experimentar y sentir la vida en todo su esplendor. Porque, vivir no es una emoción, sino que es una forma de relacionarse con el mundo basada en reconocer sin proyectar ni exigir, lo cual comporta un estado especial de consciencia donde rige la armonía. Parafraseando a Platón: “Donde reina la vida, las leyes y la muerte sobran.”

Y para acabar, decir que, “jugar a veces, esperanzarse a menudo y confrontar siempre, es un canto a la existencia y la ausencia en el continuo vida muerte vida”.



jueves, 11 de julio de 2013

nada es lo que parece

Sagrario del Convento de Regla
"Nada es lo que parece", es el título de un libro que trata temas como el camino espiritual, la muerte o la reencarnación, autoría de Uan. Pero no voy a escribir sobre ello, a mí me provoca escribir respecto de cómo leemos la realidad cada cual y cómo percibimos la vida de las otras personas, su realidad, para acabar con un poco de mí.

Lo segundo, cómo percibimos a los demás, me viene de un comentario que me hacían y que venía decir lo siguiente: “te sigo por tu blog, me gusta mucho lo que escribes y como lo escribes…. pero es un poco triste, el duelo, la enfermedad, el ambiente en el que te mueves de hospitales y personas…”. También, en una ocasión, otra persona, cuando yo colaboraba en  un proyecto de personas sin hogar, me decía lo siguiente: “estamos rodeados de negatividad”. Yo, en ambos casos, he respondido lo mismo: “no, yo estoy rodeado de vida, de mucha vida”. 

Es curioso cómo unos y otras vivimos la misma situación de tan diferente manera.

Para aclararme las ideas necesito preguntarme: ¿qué es la realidad?  Y, según la RAE en su tercera acepción:
Realidad.- Lo que es efectivo o tiene valor práctico, en contraposición con lo fantástico e ilusorio.

Ateniéndome a esta definición, digo yo que, muchas veces vivimos como reales situaciones fantaseadas e ilusiones fruto de nuestros deseos y anhelos o damos por hecho acontecimientos no ocurridos porque pensamos que es lo que va a ocurrir y tiene sentido y valor para nosotros/as. Transformando en realidad un percepción nuestra. Es por tanto una realidad ilusoria que solo existe en nuestro imaginario, en nuestra mente. Esto se da, a mi parecer, con más frecuencia de la que creemos. Si no, por qué cada cual tiene una visión diferente de una misma realidad. Pongamos por ejemplo un día de lluvia que para unos es un día oscuro y para otros una oportunidad de salir a bailar bajo ella.

Afirmar que ¡Solo hay una verdad (una realidad)¡ me resulta pedante porque, a tenor de lo dicho anteriormente,  reflejamos nuestra visión he interpretación de lo que vemos, oímos, sentimos, olemos y palpamos, en definitiva, lo que vivimos como realidad individualmente.

De aquí me surge otra cuestión: ¿cuál es la verdad, la tuya o la mía?

Una teoría mía es que considero que esto es debido a que no prestamos la debida atención a lo que acontece en el momento en que se da y proyectamos, automáticamente,  nuestra lectura como si fuera la verdad de lo que sucede. Y, está lectura de lo que acaece, es en realidad una creación de nuestra mente basada en nuestra experiencia empírica, valores, educación, necesidades, deseos, biografía, etc… Por consiguiente, especulo que, nada es lo que parece porque lo que parece emana de nuestra formulación.

Dicho esto, a partir de aquí, quiero hacer una defensa de mi estilo de vida. Y, no es que tenga que salvaguardarme, sin embargo, si tengo la necesidad de contar que mi vida es una opción propia y que estoy viviéndola con mucha intensidad, con tanta como de la que estoy envuelto.

Las personas en la enfermedad y/o el final de sus días, encuentran valores que no creían que tenían (no siempre, no todas). Se ven superadas por bondades, de ellas mismas y de otras personas y de su entorno que les provoca una paz y un equilibrio que en otras circunstancias de la vida no perciben. Un alimento, diría yo, que les nutre y aporta crecimiento.

Tanto en la enfermedad como acabando la vida surgen experiencias valiosísimas para nuestro crecer como seres únicos y con una esencia de luz cegadora. Aprendizajes que van hilando la sucesión de tramas que antes no tenían sentido dotando así a nuestra vida de argumento. 

Estar ahí, acompañando, me permite recibir parte de esa enseñanza y de alguna manera hacerlas mías, llenando mi mochila de mapas y rutas que me sitúan en el camino, y cargando mi cofre de tesoros que enriquecen mi alma. 

No afirmo que haya que estar enfermo o moribundo para crecer, sin embargo sí que  he encontrado, mi experiencia de acompañamiento, un manantial de agua fresca para calmar la sed en la búsqueda de mí YO esencial.

Pueda parecer que esté alimentando mi ego y sí, así es, también, aún no vibro en un tono tan alto como para que mi alma se despegará de mi ego. Esto me hace más “humano” (utilizo el término como sustantivo no adjetivamente) en detrimento de mi esencia divina (cósmica, energía universal, etc y tantos etc como personas lo quieren definir).

Para acabar, y provocar un punto más de inflexión, me viene a la memoria, del libro “Mujeres Corriendo con Lobos” de Clarissa Pinkola, donde leí que hay tres tipos de fantasías: la primera, la fantasía del placer. La segunda clase de fantasía es la imaginación deliberada, la que nos pone en acción. Y, la tercera clase de fantasía es la que lo paraliza todo. Una fantasía que no tiene que ver nada con la realidad.

“Fantasía vs Realidad, nada es lo que parece”

domingo, 16 de septiembre de 2012

la gran experiencia

Siempre hay algo pendiente, “un tengo que”, que me impide hacer lo que quiero. ¿Qué o quién me lo impide? “Si no hay nada que me vete, soy yo mismo que me niego”. No obstante, no estoy tan segura de esta afirmación.

Aunque ¡como frase es ingeniosa! y da para reflexionar un rato. Incluso, para una amena tertulia entorno a una tetera con agua caliente y la adecuada mezcla de hierbas. Siempre hay algo… y es curioso, cuando menos. 

De con la facilidad que nos contamos historias que nuestra mente integra como válidas y que simplemente son invenciones, que nos apartan de la que realmente queremos, deseamos o necesitamos es de lo que me incita a escribir en referencia a las barreras mentales que nos coartan desde dentro.

La mente, llamada de muchas maneras, también “la loca” desde la oscura noche de los años pasados, es estricta en esto de gobernarnos. Es dictatorial, no permite que nada ni nadie (los sentimientos, las emociones, el corazón o las entrañas) transgreda sus dictámenes. La mente todo lo razona y formula hasta reconducir la situación a su favor, enfatizando y dando prevalencia a su interés. Que no se turbe su mundo creado a imagen y semejanza, sujeto por pilares argumentados: "el programa".

“Querer es poder” sí le aplicamos la frase a la mente, "si la mente quiere, puede" y encuentra el patrón a seguir para que se dé. Pero, cuando el querer, el deseo o la necesidad no emanan de la razón sino del plano emocional o del instinto animal la historia cambia. Comienza todo un proceso de valoración de donde van surgiendo la culpa, la dicotomía entre el bien y el mal, la vergüenza o los miedos… Todo esto, digo yo, no son otra cosa que barreras mentales para no dar el salto y atrevernos a vibrar con la vida, con nuestro aliento. Atrevernos a ser, sentir y hacer aquello que nuestro YO interior (aquel que no ha sido construido por nuestro pasado, determinado por el origen y el nacimiento, la cultura, educación, los credos y sociedades) ha venido a experimentar para crecer.

Considero que estamos aquí para continuar un camino, en algunos casos, o para iniciarlo en otros o para culminarlo dependiendo de lo experimentada que este nuestra alma. Un camino que no es otro que fundirnos, de nuevo, en el TODO. Como el agua: al evaporarse del mar inicia un proceso pasando por nube, lluvia, hielo, río… hasta volver al mar. En un momento, en el que se es gota de agua, aparece una entidad individual distante del todo, que busca (y es su única misión) retornar al mar, a reunirse con el TODO. Dejando de ser gota para volver a ser TODO.

El alma que se viste con una forma corporal y mortal para, en un proceso de crecimiento, (condicionado dirían unas o libre que dirían otras, pero que para mí sé dan ambas circunstancias) acabar en el punto de partida más evolucionada.

El alma ES y al nacer viene de ALLÍ. Durante la vida vamos cargándola de experiencias para con la muerte física regresar al origen, aportando la sabiduría adquirida al TODO.

Al nacer es como si zarpáramos de puerto en un barco inacabado, adentrándonos en un mar incierto e inmenso que nos ira componiendo, cual astillero, hasta regresar a puerto, con la muerte. Algunas vidas llegaran con un yate acabado al dedillo. Otras, con un transatlántico o con una tartana vapuleada por las olas y los envites de la mar (la vida). Todas con su viaje realizado, eso sí, el que les correspondía para crecer allí dónde lo necesitaba.

Todo cabe, menos la posibilidad de cambiar nuestro destino. Lo que tiene que ser será. Nada ocurre, digo yo, por casualidad sino por causalidad. La vida acontece por una sucesión de hechos concatenados, relacionados e interrelacionados, con o sin argumento, pero sí con una trama o sucesión de ellas que nos conducen hacia la muerte como colofón.

Bendita la muerte que nos quita el velo y nos pone ante la visión del TODO.

Quizás, no lo sé, todo se dé para que al final todo continúe siendo. Un mar azul, a nuestra vista, sin embargo, transparente porque así es el agua.

Dicen algunas personas, viejas y curtidas por experiencias vividas, que “casi todo cabe en una copa de vino”. Para mí que, Nada es lo que parece.

lunes, 23 de julio de 2012

cuando se quiere de veras...

Digo yo, y es como vivo mis amores, aunque se me olvidará llamarlos o los dejará lejos o muy lejos de mi vida, yo siento, en esa víscera del cuerpo donde la palabra mal dicha hiere, que sois parte de mí. Que no sería yo la misma persona si no os quisiera. Porque me engrandece, me hace mejor persona. "Sois mis amores, parte de mi luz".


"Qué son los amores, sino esperanzas de vivir más y mejor".

Toda una vida me estaría contigo o toda una parte de mi vida me entrego a amarte. Porque pasarán los tiempos y vendrán otras personas, otros amores y yo seguiré amándote. Dicen que un solo instante compartido con otra persona nos une para la eternidad, máxime si en ese instante surge el amor. Y, considero que una vida llena de pertenencias, pero vacía de amores, no es vida. Contigo estoy viviendo.

"El amor verdadero es cuando el alma reconoce sus afinidades con la otra".

Entendiendo que el alma es inmortal, inmortal es el amor.

Cuando amas con todo tu ser (con toda tu alma) es para siempre y desde siempre. Porque el amor es atemporal. Cuando surge la conciencia de amar el tiempo no cuenta, en ocasiones, y me remito tanto a la experiencia personal como a gran parte de la literatura del amor, el tiempo se detiene.

Bendito el amor que sana enfermedades, que por el una madre entrega su vida, que los enamorados mueren de la mano…

Por otra parte ¿Por qué querer y qué beneficio conlleva querer?

A lo primero, ¿por qué querer? Es la necesidad de sentir el vínculo de la otra persona, la comprensión, el amor, la seguridad de ser con otra persona... No obstante, cuando nos sentimos plenos, no necesitamos al otro/a y, sin embargo, es fundamental para la plenitud la conciencia de que el otro/a está, que piensa en ti, que bebe los vientos por ti, que muere por ti.

"No hay amor fuera de nosotros, todo el amor está dentro de nosotros".

La afinidad (en el amor) para con otras personas, otros seres viene de cubrirnos en la vida, de alimentar el EGO. Y, de la necesidad de tapar los miedos, sobre todo a la soledad, hace que busquemos y nos enamoremos de otra, de otras personas.

Se da, también, la necesidad del querer para alimentar el deseo sexual. La loca (la mente) nos cuenta que el sexo ha de darse dentro de unos cánones, es de ahí que busquemos el amor, en ocasiones equivocadamente o empezando desde ahí debido a este patrón aprendido, solo para saciarnos sexualmente. Por desgracia, saciado el deseo, aparece la apatía porque desaparece la afinidad.

Para responder a lo segundo, ¿qué beneficio conlleva querer?

Me remito a lo expuesto: los miedos, la soledad y el deseo sexual. Son estos aspectos en los que, estimo yo, nos beneficiamos. Cuando amamos nos complementamos vs nos enamoramos de la persona que nos complementa. También esto es una respuesta aprendida y repetida por “la loca” (recuerdo que llamo loca a la mente). No hay nada ni nadie que nos complemente, somos seres completos.

Ésto me lleva a la siguiente cuestión: ¿Es posible qué el amor sea una necesidad del cuerpo y no del alma?

Me refiero al cuerpo como la envoltura del alma que se ha ido construyendo para vivir esta esencia que llamamos vida, valga la redundancia, para vivir la vida mortal. Un estado éste (cuerpo) gobernado, mayoritariamente, por la mente (la loca) y que necesita, además de otros, de valores abstractos como el amor o la libertad. Valores que cuando se vivencian son medibles biológicamente hablando. Alteran y determinan los biorritmos corporales. Provocan tanto estados anímicos como físicos que nos nutren o destruyen, haciendo tangible el valor “amor” pese a su concepto abstracto.

El alma, que sobrevive al cuerpo y es inmortal, es una parte del TODO, por ello, lo es TODO, no necesita de amar. Tendríamos que manejar términos metafísicos y cuánticos para entender que “el alma no ama, el alma es con otras”.

Aquí y en está conciencia, te quiero, Rosi.