Mostrando entradas con la etiqueta dolor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta dolor. Mostrar todas las entradas

miércoles, 31 de mayo de 2017

El Duelo, Crecer en el Baile del Dolor


foto tomada en una casamata del
Baluarte de Candelaria.
Feria del Libro 2017
Cádiz
En el dolor me sostengo en mi capacidad de crecer. Por mis muchas experiencias he podido hacerme un mapa de mi territorio y comprobar cuan mejor persona soy tras los quemados puentes cruzados.

El miedo al dolor, como ante sala del miedo a la muerte, lo he experimentado en el dolor por las perdidas, en el dolor por frustración, en el dolor por las relaciones, en el dolor por la transformación. Dolor por los batacazos de la realidad. -Una nota para tener en cuenta: a mayor deseo mayor batacazo.
    +Tengo = +miedo a perder
+Deseo = +miedo a perder   
                                                                                                          Que duela no es malo. La perdida nos sitúa ante un movimiento a lo esencial. El dolor es sagrado, dotado de sentido para el crecimiento. No obstante, es jodido que duela.

Yo he aprendido que nada es lo que parece en la perdida, en la enfermedad, en el dolor. Hay una enseñanza, una llamada de atención, un tirón de orejas. No sé cuáles serán mis fortalezas, ni si quiera sé sí se me desvelaron con las lágrimas. Pero sí sé que cada día es nuevo y eso lo aprendí con dolor. Y lo he aprendido o lo estoy aprendiendo con vivencia. -Soy lenta en comprender, por eso me proveo toda la vida para aprender- Estoy aprendiendo a vivir en la consciencia de que no tengo nada que temer, que no necesito guiarme por el miedo.

Pero he podido dar forma y aspecto a mi dolor para visualizarlo y gestionarlo de la siguiente forma:

Si mi dolor tuviera color, sería de color verde.

Si mi dolor tuviera sabor, sabría a acetona.

Si mi dolor tuviera olor, olería a rancio y húmedo.

Si mi dolor tuviera sonido, mi dolor sonaría a viento, a puertas batiendo.

Si pudiera tocar mi dolor, sería áspero.

-Te invito a que te hagas estas preguntas y reflexiones tus respuestas conectando con tu dolor.

Voy a enumerar algunas de mis perdidas, muy significativas.

·         La perdida de la inocencia, a pesar de haberla trabajado, de trabajar las culpas, de haberme perdonado y perdonado a la otra. A pesar de lo caminado, visualizarla me provoca tensión por la falta de expresión de la rabia.

·         La perdida de Sandra, la cerré con un cuento veinticinco años después de su partida. No obstante, persiste una gran tristeza. Lo antinatura que es perder a una hija no tiene consuelo.

·         La perdida de Mane esta sin resolver, un duelo pendiente. Teñido de rabia y de tristeza, de amor y de odio. Como la de Sandra, una perdida trágica y sin avisar. Un ahora estas, ora ya no.

·         También, la perdida de la audición, me ha generado un gran dolor que voy a poco aceptando con la ayuda de la tecnología audioprotesista. No sé si un duelo que acabará porque la perdida es progresiva.

El dolor pone en crisis nuestra existencia y nos invita a cambios. La vulnerabilidad, la no pertenencia, la intermitencia, la desconfianza. Realmente no he tenido conciencia de atravesar un duelo. Sin embargo, sí siento haberlos transitado. Con rabia hacia mí misma.

Un dolor, el de las perdidas, que sabemos necesita de la elaboración de un duelo. Y, sabemos que la perdida genera un vacío. Sin embargo, no un vacío para ser ocupado, pero sí una oportunidad para dejar entrar en nuestra vida, la renovada savia. Tenemos una lucha constante en esto de cubrir la carencia, de llenar el vacío y esta lucha no acaba hasta que no aceptamos la perdida y asumimos nuestra responsabilidad de avanzar.

Es imprescindible dar permiso para marchar a la persona u objeto de la perdida. Para ello hay que resolver las cuentas pendientes de Amor y Odio, de Rencor (su introyección la culpa) de Perdón, de Agradecimiento.

En mi crecimiento y desarrollo personal me he dado cuenta del valor del desapego. Vivir cada emoción en su momento, la vida es así, duele. La vida esta llena de Holas y Adioses. El Sí o el No al dolor. Sí, aceptación. No, huida y evitación. No, confrontación vs kamikazes. La vida necesita y conlleva el roce, la confrontación y también la distancia. El apego saludable.

Me he dado cuenta de mi EGO  que se construyó de las experiencias de dolor. Un EGO que se alimenta de la tragedia y que me ha recubierto ante el dolor. Hay disfrute al exponerme a las experiencias de dolor, propias y/o ajenas. Las lágrimas nos hacen fuertes, sin embargo, si las fortalezas nacen del “yo puedo” no me sirven, es EGO. Hay una falsa ecuación, con dos aspectos a tener en cuenta. Por una parte, ser vulnerables no lleva a la Inseguridad y la Evitación que nos conducen ambas a la Repetición de errores vitales. En otra línea, ser vulnerables nos hace sentir Algo Roto. Este sentir es fruto del Deseo o de la Fantasía o de Creencias Falsas que dan forma a un EGO.

¡Ojo con los duelos que surgen de desprenderse del EGO!

Me he dado cuenta que en la fragilidad esta la mayor fuerza. Catorce años tomando conciencia de ello, ya tengo tablas para desenvolverme. Ser adulta es tolerar la soledad y la perdida. La vida esta llena de “Hola” y de “Adiós”. El duelo me ayuda a darme cuenta cuando me desnudan las perdidas. Lo primero que nos pide el dolor es recogimiento. A veces la vida es también pasividad. A veces, en el duelo, hay que dejar de hacer. Seguir viva es siempre un esfuerzo.

¿Qué he podido hacer? dejarme acompañar y acompañar a la otra. Ayudar a una persona a sacar su dolor me ha ayudado a darme cuenta de mis dolores enquistados. Dejándome impregnar por las experiencias de las otras y en un espacio de compartir profundo. No taponar el espacio del duelo para dejar fluir el dolor hacía fuera. Sostenerme con mis recursos. Acoger el dolor en posición fetal. Encajar la vida como viene. Como los duelos son acumulativos, generar una lista de prioridades sobre de qué tengo que llorar, sobre qué tengo que sanar.

Para todo ello, son necesarios los espacios y los facilitadores, tanto cosas como personas que nos facilitan la expresión. Los duelos se comparten, se escuchan, se respetan. Y por supuesto, no se comprenden.

jueves, 3 de noviembre de 2016

la muerte, un insulto

Parroquia Ntra. Sra. de la Asunción, Palma del Río.
desde los restos del castillo almorávide.
La muerte es un insulto a la vida. Sin embargo, la conciencia del concepto muerte en nuestra mente genera infinitas posibilidades de vivir. Escribe Alejandro Jodorowsky “Condenados a aceptar una muerte inaceptable, hagamos de cada día una fiesta”. El miedo a morir nos pone en la antesala de la vida. Basta con atreverse a dar el paso y cruzar el umbral de una puerta a las infinitas posibilidades para disfrutar de cada instante sin proyectarnos a un incierto futuro ni relegarnos a un extinto pasado. “Después de todo la muerte es sólo un síntoma de que hubo vida” como nos dijo Mario Benedetti.

En esto, el alma que cree que es cuerpo esta atrapada por una subordinada mente errónea que cree que el cuerpo es todo. Una mente que nunca se torna loca por vivir. Recluida entre normas, juicios, credos, dogmas y mandatos… Sujeta a los designios de una impositiva voz de la secuestrada conciencia. No es un alma, que será otra cosa. El alma que esta libre de las ataduras del finito cuerpo es capaz de abrirse a desgarrarse con las destempladas garras del vivir: el amor, la amistad, la enfermedad, la belleza y la fealdad, la opción, la aceptación, la entrega, la perdida y la generosidad, … Cada paso que inicia, un comienzo. Cada tropiezo, una caída y un volver a levantarse. Cada vuelta a empezar, un nuevo génesis. Cada movimiento la alimenta y la hace crecer en el doctorado de la vida. Y, qué es la vida sino un camino y el camino se hace al andar, cómo nos cantaba Serrat.

También, podríamos decir que no tememos a la muerte sino a la vida. Igual que el mosquito acude a la luz de la bombilla y teme el contacto con ella porque se fundirá, nosotras tememos fundirnos con la vida, a pesar de sentir una irrefrenable atracción por vivir. Nos resistimos a vivir por miedo a perder la vida. Nos aferramos a no salir del capullo de nuestro espacio de confort como la crisálida antes de ser mariposa y volar. El temor a abrirnos y dejarnos caer en la vacuidad y vivir sin juicio, nos limita en la conexión con el amor, con el sumun del jugo de la vida, con la abundancia, con la prosperidad y el bien-estar. Aceptar el amor y el dolor, a la larga, es la única forma de vivir con integridad, decoro y responsabilidad. Añadir que, la vida es como la farmacia que si te excedes en la dosis enfermas y si te quedas corta no surte efecto. No hay que forzar a la vida exprimiéndola sin control ni renunciar a tomarla. Gandhi decía que en la vida existe algo más importante que aumentar su velocidad. Cultivemos pues, a la luz de sus palabras, el culto a lo pausado y elogiemos a la lentitud y la mesura como forma de vida plena. "Adopta el paso de la naturaleza: su secreto es la paciencia", nos dijo el poeta Ralph Waldo. Afrontar la vida a cada paso con la dosis que somos capaces de asumir en cada momento, es fluir. Toda persona quiere vivir y vivir bien por encima de todo, porque el vivir es y será la verdadera necesidad del ser humano, y nadie parará hasta experimentar y sentir la vida en todo su esplendor. Porque, vivir no es una emoción, sino que es una forma de relacionarse con el mundo basada en reconocer sin proyectar ni exigir, lo cual comporta un estado especial de consciencia donde rige la armonía. Parafraseando a Platón: “Donde reina la vida, las leyes y la muerte sobran.”

Y para acabar, decir que, “jugar a veces, esperanzarse a menudo y confrontar siempre, es un canto a la existencia y la ausencia en el continuo vida muerte vida”.



domingo, 23 de octubre de 2016

dolor y cáncer

Entendiendo que el dolor no solo tiene un nivel físico. Existe dolor que incluye elementos físicos, sociales, emocionales y espirituales.

Físico: Daño a los tejidos, afectación en alguna estructura del cuerpo humano.
Emocional: Presencia de depresión, insomnio, fatiga crónica y otros.
Espiritual: Se refiere a sentimientos de culpa, reproches e inseguridad ante la muerte.
Social: Pérdida de su posición social, problemas económicos, etc.

Cicely Saunders (1918- 2005), sabía esto y sabía que cuando el dolor no es aliviado, es capaz de convertirse en centro de la vida de un ser humano. Por eso desarrolló la teoría del “dolor total“.

¡Podemos decir que, el dolor es una enfermedad por sí mismo!

El dolor es el único síntoma que no mejora en los muchos servicios de salud y se convierte en dolor cronico. Padecer dolor lleva a muchas personas pacientes a desarrollar depresión. La asociación del dolor con la falta de apoyo familiar y la depresión puede llevar al deseo de morir.

¡el dolor oncológico mata!

Existen diferentes dolores, por ejemplo, el dolor irruptivo -dolor irruptor en castellano- que para poder diagnosticarlo hay que preguntarle al paciente.

El dolor deteriora enormemente al paciente. Por ejemplo: en postoperatorio o neuropatía periférica que no es solo un problema médico, sino que impacta negativamente en la calidad de vida, condicionando bastante cualquier actuación. Por ello, es importante ajustar cualquier analgesia multimodal para mayor beneficio a la paciente.

¡toda persona paciente oncológica tiene que ser tratada de "su dolor" con urgencia!

Existen infinidad de evidencias de cómo tratar el dolor con efectividad. Evidencia en la crioterapia para prevenir Mucositis por QT 5-Fu. Evidencias y estudios en los beneficios del uso de la ozonoterapia en cáncer. Evidencias en el uso de cannabinoides para el dolor. Evidencias que algunos antidepresivos tienen un efecto analgésico per se. Evidencia de que podemos curar cáncer de próstata con SBRT con solo de 1-8 fracciones de tratamiento. Evidencias de por qué opioides nasales. Evidencias en el uso de Fentanilos Intranasales como la mayor velocidad de acción posible fuera de vía parenteral o la vía sublingual, también rápida y fácil. Máxima eficiencia en la combinación de opioides cuando es personalizado el tratamiento ya que los receptores opioides son una huella digital en cada paciente.
Con todo esto podemos decir que a la escalera de tratamiento analgésico de la OMS le falta un escalón para tratar el dolor refractario. Una opción es la vía intratecal. Infusión intratecal, la cenicienta del dolor.

La radioterapia o la cirugía radioterápica está sustituyendo en algunos casos a la cirugía quirúrgica por sus altos beneficios. Además, según la medicina anglosajona a la radioterapia se le aplican las “3C”: Curative, Conservative, Cheap.

Hay que tener presente para la administración de tratamiento para el dolor que existe influencia de polimorfismos genéticos en la respuesta a analgésicos. Ver también: Epigenetica y dolor.

¡que ningún paciente se vaya con dolor!

Para ello es necesario un trabajo multidisciplinar, real. Poner en común a profesionales y servicios es urgente y la creación de comités de dolor para paliar el dolor Oncológico una exigencia médica.

Por otra parte, no podemos olvidar otras intervenciones como el tratamiento no opioide del dolor, y ¡es dinámico... y un traje a medida! En un sondeo de americanos adultos identificó que el dolor es la razón más común por la que la gente utiliza la medicina complementaria. La medicina tradicional china, por ejemplo, considera el dolor como un qi "bloqueado", similar a una resistencia eléctrica, y se considera que tratamientos como la acupuntura son más efectivos para el dolor no traumático que para el dolor traumático. Aunque el mecanismo no se comprende completamente, la acupuntura podría estimular la liberación de grandes cantidades de opioides endógenos. La acupuntura, con evidencia y estudios que avalan su uso en procesos oncológicos, es una opción válida. Sin embargo, los médicos deben formarse e informarse sobre el uso y beneficio de estas materias para asesorar a la persona paciente que se pone en sus manos pidiendo ayuda. A más de, nos guste o no, los pacientes van a seguir informándose en red. Los pacientes activos. Un paciente informado es un paciente con menos dolor, con mayor salud.

¡dejen que los pacientes ayuden!

Además, si hablamos de las personas mayores, están ausentes en estudios e investigaciones en referencia a tratamientos del dolor. Añadir que, hay que situar a las personas mayores en el centro del sistema salud como personas adultas que son. Y, hay que tener muy en cuenta que, por sus multipatologías, se agrava su situación y determina sus tratamientos. Como dato a tener en mente, de las personas mayores hospitalizadas el 45% tienen efectos adversos que son producidos por la medicación. Necesitamos la Conciliación de la Medicación. Los medicamentos son un problema real por los efectos de su consumo. Existen límites para medicarse y hay que identificarlos de manera unipersonal.

Para terminar, cuatro anotaciones y dos valoraciones:
  • ·         los pacientes oncológicos con tratamiento de opioides corren el riesgo de adicción por su mayor tasa de supervivencia.
  • ·         llegan pocos pacientes con dolor oncológico a las Unidades del Dolor o llegan inframedicados. ¿Qué ocurre?
  • ·         Para procesos oncológicos -y cualquier otra enfermedad importante- no se puede crear una hoja de ruta sin contar con el dolor y la calidad de vida de la paciente.
  • ·         El síntoma del dolor es el principal motivo de consulta que conduce al diagnóstico. Un 60% de los oncólogos no preguntan, según fuentes contrastadas.
¡Revisar y Preguntar si duele!
  • ·         la diana para la valoración del tratamiento más adecuado es la calidad de vida.
  • ·         ¡Cuidar, cuidar y cuidar!!  al paciente con Cáncer y a su familia.


miércoles, 8 de junio de 2016

hay esperanza




Emulando al poeta Carlos Edmundo de Ory,

"Cáncer,

he pronunciado esta palabra

y se me ha llenado la boca de dolor".


El dolor como la gratitud surgen desde dentro, desde lo profundo, desde la cuna de los sentimientos. Allí, sí, también anida el dolor, el físico y el emocional. Y cuando hablamos de dolor físico, de una punzada que nos recorre las cicatrices, del pecho, del cuello, de la axila… decimos: “parece que me dieron una puñalada”.

Muchas personas reconocemos esa puñalada. "Puñalada trapera", un término que tiene su origen en los desgarros que se producían en la tela. El cáncer me agredió de esta sucia manera y me produjo un desgarro sistémico, un fuerte sentimiento de daño y desolación. Esta, como otras que me han dado en la vida, la he tenido que respirar. Por una parte, me ayudaron los analgésicos, la cirugía, los profesionales sanitarios, la aecc con las personas que la integran, otras terapias (meditación, neuropatía, yoga, acupuntura, relajación…) y el tiempo que, inexorable y verdugo, en positivo o en negativo, todo lo sitúa. Por otra parte, poner en juego mis recursos aprendidos y asimilados de la experiencia empírica fueron necesarios para volver a pavimentar la base de la salud. Y al mismo tiempo, al dolor me ayudó a paliarlo, el compartirlo, como el agua para el fuego o el viento a la llama, como el llanto a la pena. Expresar ese dolor que me afligía, describiéndolo, fue un sedante natural muy poderoso.

El mal que me produjo el cáncer era holístico. Era un dolor que abarcaba mi cuerpo y mi mundo emocional y mental. Un martirio que me rompió la vida. Una dolencia social y de sociedades. Un dolor que se expandía a la familia, a la pareja, a los amigos y los vecinos. Un lamento, el del cáncer, que minó mi fe y desmanteló mis creencias, que trastornó mi espiritualidad. Una angustia que me contaminó la mente y me volvió loca. Encontrar una ventana para gritar este pesar fue vital. Por fortuna, pude encontrar el altavoz por el cual vociferar el tormento que me producían las heridas de una enfermedad que no sabe de hermanos ni amigos, ni padres ni hijas, que no entiende de edades ni de proyectos ni de futuros, pero que, al acogerla, escucharla y expresarla, mermó su capacidad de hacerme daño. Esta ventana la encontré en mi pareja, en una amiga que me escuchaba, en la psicooncóloga, en la familia, la escritura. Pude, también, encontrarla en una pared que derribé, descargando sobre ella la ira, la injusticia y la impotencia.

Cáncer, un concepto que dicen algunas personas que pasa como con el corazón: que no duele. Y yo digo que sí, que duele y desmesuradamente, a raudales. Te duele cuando lo padeces y mucho tiempo después. Me duele el cáncer que se llevó a mi cuñado, me duele el cáncer que amputó a mi prima, y a tantas amigas, me duele el que ya no me dejó trabajar más. Me duele porque el cáncer conlleva muchas pérdidas. Cuan tsunami que arrasa con todo. Sin embargo, ahora afirmo que ¡el cáncer y su dolor se pueden vencer! Porque el ser humano tiene una capacidad de sanación y de resiliencia sin límites. El cáncer se hace débil ante la voluntad, el amor, el coraje, la necesidad y el deseo. Cinco valores con suficiente fuerza de curación y que, actuando en sinergia, son nucleares para la sanación.

Por eso, hoy, y desde ayer, me sobran razones para utilizar el término “gratitud”, porque agradecer a la vida lo que la vida me ha dado es necesario para que reine en mí la armonía y la salud.


“Gratitud,

he pronunciado esta palabra

y se me ha llenado la boca de salud”.



¡Gracias, por poder expresar esto aquí, trece años después de aquel insoportable diagnostico!



Una versión de este texto, ajustada a las bases del II Certamen de Microrrelatos Hay Esperanza, propiciado por la Fundación Vencer el Cáncer, esta integrado en el libro publicado, fruto de dicho certamen, y presentado en la Feria del Libro de Madrid 2016. Si quieres comprarlo y apoyar con tu aportación la investigación sobre el cáncer, puedes hacerlo en este link: http://www.bubok.es/autores/VencerelCancer

jueves, 26 de junio de 2014

la culpa

esqueleto del  fenicio Mattan,
yacimiento GADIR (cine comico), Cádiz
Estoy comprendiendo. Estoy dándome cuenta. Y confío en que la conciencia, cada vez más, me ira abriendo la mente a partir del conocimiento de mí. La llave de este conocimiento esta velada entre un manojo de pensamientos ciegos, agitado por un movimiento de vaivén inestable e inconstante.

Por ello, encontrar la llave depende de la estabilidad de nuestro pensamiento que llegará con la quietud del mecimiento. Del mismo modo, también el flujo de energías emocionales necesita de las compuertas que permitan verter cada emoción en su momento, ni antes ni después, sin reprimir ni contener y mucho menos retenerlas en el cántaro. Imprescindible que las tristezas, los miedos, las alegrías o la rabia nos atraviesen cual espada templaria. Que esboce entrada y salida para que nuestro corazón se vaciara. Del intervalo, sin tiempo ni espacio, con que estas energías fluyan a través nuestra dependerá la robustez y lozanía de nuestra salud.

Si observamos nuestro sentir por capas, podemos percibir que la Rabia se rótula a flor de piel. Con la claridad de la mañana podemos reconocer esta emoción sobre las demás. Junto a la alegría son túnicas difíciles de esconder por más que se cierna la penumbra de la noche. Siempre un enfado, un enojo, un odio o una satisfacción se nos reflejará en la cara, espejo del alma.

Bajo la rabia subyace, tras una cortina de humos, el Dolor. Fruto de la injusticia, la pérdida, la decepción de haber recibido una puñalada trapera, de ser un muñeco de trapo en manos de la bestia. Son estos sentimientos los que dan alas a la Rabia para aflorar. Se da con cotidianidad que ambas: rabia y dolor, se enmascaran mutuamente “ora tú, ora yo” en un baile en el que ambas se alternan para llevar a la otra.

No estoy marcando un itinerario sellado. Sin embargo, si somos capaces de sortear las dos capaz anteriores, accediendo bajo la herida, nos vamos a topar de bruces con la incapacidad, la desconfianza, el temor. El Miedo, emoción que emana con silencio altanero de la inseguridad, proyectándose en la segunda capa, el dolor, que justifica a su vez la primera, la defensa expresada con rabia.

“El miedo surge de un pensamiento de futuro, se apoya en el dolor del pasado y se siente en el presente”1.

Si continuamos accediendo a capas inferiores y profundizamos en la oquedad colorrada de la mina, hallamos el más recóndito de los sentimientos: la atómica Culpa, de soledad evanescente, es autoodio en busca de condena e inmolación. Una vez degustados los placeres de este sentimiento fructifican,  se acumulan, se conservan y perduran. Un sentimiento difícil de desvanecer. Es la culpa una palabra que solo nombrar te araña la lengua. Su grito callado nos aterra. Su sonoridad se multiplica por los vientres de las cavernas interiores emergiendo hacia capaz superiores desencadenando erupciones de miedo, del miedo al dolor y del dolor a la ira. Un recorrido de lava incandescente, de clamores que van y vienen o dan largos paseos.

Descansemos pues la espada en su vaina para desde la paz y con luz cenicienta, en este circuito de las emociones básicas, reconozcamos, al posar tranquilamente la mirada sobre las fuerzas brutas que liberan estas energías interiores, que la culpa es una percepción errónea de nosotras y es fuente de sufrimiento, que si tenemos la mala suerte de morirnos antes de tiempo, nuestra vida habrá transcurrido por un recalcitrante territorio comanche.

1.-Vivir el Perdón, Jorge Lomar

viernes, 29 de julio de 2011

¿anestesiados/as?


Más de 12 millones de personas en peligro de muerte en Somalia, Kenia, Etiopía y Uganda

Los equipos de Oxfam estamos atendiendo a un millón de personas desde hace meses, y hacemos un llamamiento para recaudar fondos que nos permitan ampliar nuestra respuesta para salvar más vidas, asistiendo a los más de tres millones de personas en extrema necesidad de agua potable, alimentos y saneamiento básico.   
Estamos ayudando a las poblaciones más afectadas a través de las siguientes acciones:
   Provisión de agua potable.
   Construcción de infraestructuras de saneamiento básico.
   Promoción de la higiene para evitar la propagación de enfermedades y epidemias.
   Asistencia y tratamiento para el ganado (cerca de 900.000 cabezas).
   Colaboración con el Banco Nacional de Kenia para transferir dinero en efectivo a algunas de las familias más pobres y a mujeres para comprar comida.
   Apoyo a centros nutricionales para miles de niños en Mogadiscio, en el único hospital de niños que funciona en Somalia, con la provisión de agua, camas y aparatos de rayos X.

Colabora mediante un ingreso en las siguientes cuentas bancarias:
Unicaja
2103-0722-89-0030024676
Cajamar
3058-3503-11-2720001722

martes, 21 de diciembre de 2010

lo sugerente de ser feliz


Ser feliz nos provoca, verdad, muchas emociones.

Ser feliz es un sentimiento muy fuerte de alegría, pero  ¿si me suscita emociones o es elevada por estas? también podría un sentimiento muy fuerte de tristeza generarme felicidad. Ser feliz bien podría ser un sentimiento elevado de placer y, a la vez de dolor.

Con esto quiero llegar a qué ser feliz no es estar en un estado eufórico constante de alegría, ser feliz, para mí, es más estar en constante conexión con nuestras emociones, positivas o negativas, eso es lo de menos. Sentir lo que en cada momento nos acontece con el suficiente sosiego de la mente, quietud de los nervios y armonía del alma.

Resulta atrayente ser feliz. Para la mayoría de las personas ser feliz es una meta, al menos eso nos dicen desde pequeño: estudia mucho para ser feliz de mayor… Resulta atractivo eso de ser feliz. Acabaré mi carrera, me casaré, tendré hijos y seré feliz.

Lo que no nos dicen es que aprender, en sí mismo, nos hace feliz.

Lo que no nos dicen es que el hecho de casarnos no es alcanzar la felicidad. La felicidad nos la da las emociones que vivíamos junto a la persona con la que estamos compartiendo, en cada momento: los momentos alegres y los momentos tristes y en los momentos de soledad compartida y tantos otros momentos cotidianos entre dos personas que se aman.

Lo que no nos dicen es que tener hijos nos hace felices en la medida en que vamos mostrándoles como vivir: la primera palabra balbuceada, los primeros pasitos, quitarles las ruedas de apoyo laterales de la bicicleta… lo que nos hace felices de tener hijos es verles emocionarse con los pequeños gestos de la vida.

La búsqueda de la felicidad (mal entendida) como una meta, digo yo, es una excusa para no vivir las emociones de tristeza o de dolor, para no enfrentar los miedos ni expresar la ira.

Cuando afloren los sentimientos dejémosles expresarse. Es como dejar acabar la vibración de la campana cuando suena. Y sabremos que somos felices en la medida que el sosiego, la quietud y la armonía emerjan de nuestro ser impregnando nuestra vida y el entorno que la rodea.