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viernes, 27 de abril de 2018

Dejarse ir

Cementerio de Alcalá de Henares, Madrid
Puedo sentir la rabia por el daño que estamos sufriendo a manos de seres de moralidad grosera y repugnante. El paisaje dominante, en esta época del año, es un paisaje humano, cegador, teñido de pintoresquismo en los colores chillones de sus bañadores.



La memoria de una playa virgen, del mismo mar que ondula las conchas de las caracolas y que moja la arena de sus orillas, provoca la deriva hasta mis sentidos del sahumerio fresco de los cristales pulidos, en el ancho del tiempo, por el incesante vaivén de las olas y el viento, fundiéndose con el sustrato de mi esencia y propia naturaleza corpórea, vulnerable y caduca de ermitaño. 



Tan fácil como salir de mi abrigo personal, para pasear por la orilla, se me hace quimérico por lo impracticable que supone encontrarme entre tanta caricatura de estética sospechosa y con un cubo en la mano, donde me introducen y luego, os lo cuento desde la hilaridad más absoluta, te dejan en agua recalentada durante horas, hasta más tarde, verterte en un pozo negro.



Se da entonces, al llegar a la frontera de la vida, la oportunidad de comprender que, a veces, es el momento de morir, de dejar la concha sin luchar; que es importante mimar cada paso con todo el calor y la consciencia de que se es capaz, para no perderse en una locura, en un suicidio suave y gozar de lo que será, una gran experiencia de vivir en el tembloroso tránsito de la vida.


miércoles, 31 de mayo de 2017

El Duelo, Crecer en el Baile del Dolor


foto tomada en una casamata del
Baluarte de Candelaria.
Feria del Libro 2017
Cádiz
En el dolor me sostengo en mi capacidad de crecer. Por mis muchas experiencias he podido hacerme un mapa de mi territorio y comprobar cuan mejor persona soy tras los quemados puentes cruzados.

El miedo al dolor, como ante sala del miedo a la muerte, lo he experimentado en el dolor por las perdidas, en el dolor por frustración, en el dolor por las relaciones, en el dolor por la transformación. Dolor por los batacazos de la realidad. -Una nota para tener en cuenta: a mayor deseo mayor batacazo.
    +Tengo = +miedo a perder
+Deseo = +miedo a perder   
                                                                                                          Que duela no es malo. La perdida nos sitúa ante un movimiento a lo esencial. El dolor es sagrado, dotado de sentido para el crecimiento. No obstante, es jodido que duela.

Yo he aprendido que nada es lo que parece en la perdida, en la enfermedad, en el dolor. Hay una enseñanza, una llamada de atención, un tirón de orejas. No sé cuáles serán mis fortalezas, ni si quiera sé sí se me desvelaron con las lágrimas. Pero sí sé que cada día es nuevo y eso lo aprendí con dolor. Y lo he aprendido o lo estoy aprendiendo con vivencia. -Soy lenta en comprender, por eso me proveo toda la vida para aprender- Estoy aprendiendo a vivir en la consciencia de que no tengo nada que temer, que no necesito guiarme por el miedo.

Pero he podido dar forma y aspecto a mi dolor para visualizarlo y gestionarlo de la siguiente forma:

Si mi dolor tuviera color, sería de color verde.

Si mi dolor tuviera sabor, sabría a acetona.

Si mi dolor tuviera olor, olería a rancio y húmedo.

Si mi dolor tuviera sonido, mi dolor sonaría a viento, a puertas batiendo.

Si pudiera tocar mi dolor, sería áspero.

-Te invito a que te hagas estas preguntas y reflexiones tus respuestas conectando con tu dolor.

Voy a enumerar algunas de mis perdidas, muy significativas.

·         La perdida de la inocencia, a pesar de haberla trabajado, de trabajar las culpas, de haberme perdonado y perdonado a la otra. A pesar de lo caminado, visualizarla me provoca tensión por la falta de expresión de la rabia.

·         La perdida de Sandra, la cerré con un cuento veinticinco años después de su partida. No obstante, persiste una gran tristeza. Lo antinatura que es perder a una hija no tiene consuelo.

·         La perdida de Mane esta sin resolver, un duelo pendiente. Teñido de rabia y de tristeza, de amor y de odio. Como la de Sandra, una perdida trágica y sin avisar. Un ahora estas, ora ya no.

·         También, la perdida de la audición, me ha generado un gran dolor que voy a poco aceptando con la ayuda de la tecnología audioprotesista. No sé si un duelo que acabará porque la perdida es progresiva.

El dolor pone en crisis nuestra existencia y nos invita a cambios. La vulnerabilidad, la no pertenencia, la intermitencia, la desconfianza. Realmente no he tenido conciencia de atravesar un duelo. Sin embargo, sí siento haberlos transitado. Con rabia hacia mí misma.

Un dolor, el de las perdidas, que sabemos necesita de la elaboración de un duelo. Y, sabemos que la perdida genera un vacío. Sin embargo, no un vacío para ser ocupado, pero sí una oportunidad para dejar entrar en nuestra vida, la renovada savia. Tenemos una lucha constante en esto de cubrir la carencia, de llenar el vacío y esta lucha no acaba hasta que no aceptamos la perdida y asumimos nuestra responsabilidad de avanzar.

Es imprescindible dar permiso para marchar a la persona u objeto de la perdida. Para ello hay que resolver las cuentas pendientes de Amor y Odio, de Rencor (su introyección la culpa) de Perdón, de Agradecimiento.

En mi crecimiento y desarrollo personal me he dado cuenta del valor del desapego. Vivir cada emoción en su momento, la vida es así, duele. La vida esta llena de Holas y Adioses. El Sí o el No al dolor. Sí, aceptación. No, huida y evitación. No, confrontación vs kamikazes. La vida necesita y conlleva el roce, la confrontación y también la distancia. El apego saludable.

Me he dado cuenta de mi EGO  que se construyó de las experiencias de dolor. Un EGO que se alimenta de la tragedia y que me ha recubierto ante el dolor. Hay disfrute al exponerme a las experiencias de dolor, propias y/o ajenas. Las lágrimas nos hacen fuertes, sin embargo, si las fortalezas nacen del “yo puedo” no me sirven, es EGO. Hay una falsa ecuación, con dos aspectos a tener en cuenta. Por una parte, ser vulnerables no lleva a la Inseguridad y la Evitación que nos conducen ambas a la Repetición de errores vitales. En otra línea, ser vulnerables nos hace sentir Algo Roto. Este sentir es fruto del Deseo o de la Fantasía o de Creencias Falsas que dan forma a un EGO.

¡Ojo con los duelos que surgen de desprenderse del EGO!

Me he dado cuenta que en la fragilidad esta la mayor fuerza. Catorce años tomando conciencia de ello, ya tengo tablas para desenvolverme. Ser adulta es tolerar la soledad y la perdida. La vida esta llena de “Hola” y de “Adiós”. El duelo me ayuda a darme cuenta cuando me desnudan las perdidas. Lo primero que nos pide el dolor es recogimiento. A veces la vida es también pasividad. A veces, en el duelo, hay que dejar de hacer. Seguir viva es siempre un esfuerzo.

¿Qué he podido hacer? dejarme acompañar y acompañar a la otra. Ayudar a una persona a sacar su dolor me ha ayudado a darme cuenta de mis dolores enquistados. Dejándome impregnar por las experiencias de las otras y en un espacio de compartir profundo. No taponar el espacio del duelo para dejar fluir el dolor hacía fuera. Sostenerme con mis recursos. Acoger el dolor en posición fetal. Encajar la vida como viene. Como los duelos son acumulativos, generar una lista de prioridades sobre de qué tengo que llorar, sobre qué tengo que sanar.

Para todo ello, son necesarios los espacios y los facilitadores, tanto cosas como personas que nos facilitan la expresión. Los duelos se comparten, se escuchan, se respetan. Y por supuesto, no se comprenden.

jueves, 10 de noviembre de 2016

las personas pacientes y familiares, la voz en la enfermedad

Palacio de la Aljafería, Zaragoza
siglo XI por iniciativa de Al-Muqtadir
Mis conclusiones, de lo vivenciado y lo escuchado en el
I Congreso Pacientes y Familiares de Aragón no solo en las intervenciones sino también en las áreas comunes y en las conversaciones de sobremesa, con un tono de crítica constructiva que se percibía en el ambiente:

Que una de las premisas para que las personas sean el centro del sistema de salud es que se escuche la voz de las personas diagnosticadas y la de sus familiares. Y lo primero es que se permita que esas voces sean oídas y escuchadas. -la diferencia entre oír y escuchar estriba en que para oír no necesitamos prestar atención, mientras que para escuchar es regla primordial poner todo el empeño y el interés en la persona interlocutora.

Que el cáncer nos conduce a una lucha personal, una lucha familiar y una lucha social, el cáncer es una lucha por la vida y el reto es de todas las personas a una.

Que el cáncer es como una cinta de correr para la persona diagnosticada: no controlas la velocidad, no puedes parar, no puedes bajar. El camino es devolver a la persona diagnosticada su capacidad de controlar su enfermedad, de controlar su vida en la enfermedad.

Que los médicos de oncología tratan los tumores. Ahí estriba el error. Aún, gran parte de las personas profesionales de la oncológica no ven una persona enferma que les pide ayuda sino una patología a tratar. Las personas profesionales necesitan una formación continua y que dicha formación ha de ser financiada, entre otras, por el sistema. No solo de conocimientos médicos y científicos sino también psicoemocionales y de gestión de sus propias emociones.

Que la comunidad de Atención Primaria no está preparada y carece de información. Según la opinión de quienes se dedican a esta labor, desarrollando su labor médica, la comunicación con oncología es uno de sus retos y viceversa. Las personas en la enfermedad necesitan una continuidad asistencial y que todos equipos de profesionales que les atienden estén interconectados y compartan sus conocimientos y actuaciones en referencia a la persona que tratan. Estas personas necesitan disponibilidad de su equipo terapéutico, se dirijan a quien se dirijan, bien sea a su medica de cabecera, oncóloga u enfermería. Hay que poner el foco en que, medicina y enfermería, fuera del ámbito hospitalario, carecen de la información y formación necesaria para prestar atención a personas con complicaciones oncológicas.

Que no se comprende, por parte de las personas usuarias, el lenguaje médico ni el del sistema. La analfabetización no es solo de parte de las personas usuarias, que lo es también del sistema y sus profesionales que utilizan términos, pautas y conceptos ininteligibles para el resto de las personas. Además de que hay que tener en cuenta que las personas usuarias del sistema de salud, en muchos casos, no saben, ni tienen porque saber, utilizar las herramientas que se les ofrecen. Y, tampoco tienen tiempo.

Que el reto de la cronicidad en el cáncer necesita de aglutinar las capacidades de todas las partes en una sinergia que abra un escenario nuevo y de gran alcance para vivir una vida curada en pos de ser sanada. Dotando de autonomía a estas personas sobrevivientes y de valor sus vidas que, en muchos casos arrastran serias secuelas, ya sean por el cáncer y por los tratamientos o, por la situación social en que quedan tras la enfermedad.

Que en la actualidad disponemos de muchas organizaciones asistenciales y asistencialista. Empero, los retos de las personas sobrevivientes, que son o deben ser los retos de las demás personas, de la sociedad en su conjunto, necesitan que el acompañamiento, la información y la investigación que se brindan en el proceso de la enfermedad se prolonguen hacia ellas. Esto debe ser un compromiso y una responsabilidad de la comunidad médica-científica y la sociedad civil.
Que la atención oncológica en las personas jovenes necesita de ser repensada. En esta etapa de la vida aún existe un gran riesgo de vulnerabilidad debido a la edad temprana estas personas diagnosticadas. Estas personas se encuentran en una frontera asistencial. Queriendo referirse a que son tratadas en unidades para personas adultas con una filosofía y procedimientos para personas adultas y no lo son. Encajarían mejor, y sería su espacio adecuado, en las unidades pediátricas.

Que obviar que el 80% de las personas que padecen cualquier dolor o efectos secundarios, intratable desde la medicina convencional sin acudir a una farmacología que a su vez va a producir otros no deseables efectos secundarios, acuden a medicinas complementarias, es un craso error. Las personas cuando se enfrentan a situaciones de vulnerabilidad que atacan directamente a su integridad y salud, buscan alivio y consuelo. Nuestra labor aquí vendría a ser de recolectores de sapiencias, ciencias y técnicas para ser difusores de ellas, confortando y asesorando a las personas que lo necesitan. En mi opinión, debemos subirnos a un taburete para ver las cosas con otra perspectiva. Tememos lo que no conocemos. Cuando una persona acude a paliar los efectos nocivos de unos tratamientos, que sabemos empíricamente y demostrado científicamente, y desde quienes les acompañamos, abanderando la lucha contra la enfermedad, le intentamos velar la evidencia empírica y las opciones disponibles porque lo que nos cuentan o lo que hay nos da miedo, cometemos un “traspié” por omisión de ayuda, en contra de nuestra filosofía y eje transversal que es acompañar.

Que la incidencia política sea un input en la acción de las asociaciones de pacientes y familiares para que las políticas sobre salud sean, no gestoras y proveedoras de salud sino promotoras de la salud. Que la financiación de la investigación y la formación y que apostar por la atención personalizada a las personas, adecuada y en el momento justo sea prioridad de las administraciones y del conjunto de la sociedad. Y que la opinión de las personas pacientes, no como diana sino como arco y saeta para guiar las nuevas líneas de investigación sea escuchada como interlocutora valida, autoriza y legitima.

Por último, la sexualidad y la muerte, como dos puertas a la vida: una de entrada, otra de salida. Por una parte, que la sexualidad en la enfermedad ha de ser tenida en cuenta e impulsada en pos de la salud integral de la persona diagnosticada. Si creemos que la fuerza de la sexualidad no tiene cabida en la enfermedad nos equivocamos. En el silencio oscuro e infausto que brota en la afección y el desequilibrio, amarnos cogidos de las manos, amarnos con las palabras, amarnos con las miradas y las caricias, sintiéndonos con el abrazo, satisfaciendo y saciando la sed de piel…  nos trae un lenguaje musical, para nuestro ser, hacedor de azarosas proezas en favor de la vida. Las fuerzas que la sexualidad pone en movimiento forman parte de nuestra propia naturaleza, emergen de una batuta interior que conoce las notas del pentagrama y la coreografía de la danza para restablecer la salud. Y se escuchó para cerrar el congreso, que la medicalización de la muerte es un hecho en nuestras sociedades avanzadas. Que demasiadas personas mueren acompañadas de demasiados profesionales. Que la obstinación terapéutica es una práctica frecuente en nuestros hospitales y que es fruto del fracaso de la medicina que se obstina en curar cuando lo que nos queda es cuidar. Poner luz sobre la frase “Curar a veces, aliviar a menudo, consolar siempre.”

“la muerte está aquí para amar la vida”, no la pervirtamos con vetustos conceptos y erróneas prácticas.

jueves, 3 de noviembre de 2016

la muerte, un insulto

Parroquia Ntra. Sra. de la Asunción, Palma del Río.
desde los restos del castillo almorávide.
La muerte es un insulto a la vida. Sin embargo, la conciencia del concepto muerte en nuestra mente genera infinitas posibilidades de vivir. Escribe Alejandro Jodorowsky “Condenados a aceptar una muerte inaceptable, hagamos de cada día una fiesta”. El miedo a morir nos pone en la antesala de la vida. Basta con atreverse a dar el paso y cruzar el umbral de una puerta a las infinitas posibilidades para disfrutar de cada instante sin proyectarnos a un incierto futuro ni relegarnos a un extinto pasado. “Después de todo la muerte es sólo un síntoma de que hubo vida” como nos dijo Mario Benedetti.

En esto, el alma que cree que es cuerpo esta atrapada por una subordinada mente errónea que cree que el cuerpo es todo. Una mente que nunca se torna loca por vivir. Recluida entre normas, juicios, credos, dogmas y mandatos… Sujeta a los designios de una impositiva voz de la secuestrada conciencia. No es un alma, que será otra cosa. El alma que esta libre de las ataduras del finito cuerpo es capaz de abrirse a desgarrarse con las destempladas garras del vivir: el amor, la amistad, la enfermedad, la belleza y la fealdad, la opción, la aceptación, la entrega, la perdida y la generosidad, … Cada paso que inicia, un comienzo. Cada tropiezo, una caída y un volver a levantarse. Cada vuelta a empezar, un nuevo génesis. Cada movimiento la alimenta y la hace crecer en el doctorado de la vida. Y, qué es la vida sino un camino y el camino se hace al andar, cómo nos cantaba Serrat.

También, podríamos decir que no tememos a la muerte sino a la vida. Igual que el mosquito acude a la luz de la bombilla y teme el contacto con ella porque se fundirá, nosotras tememos fundirnos con la vida, a pesar de sentir una irrefrenable atracción por vivir. Nos resistimos a vivir por miedo a perder la vida. Nos aferramos a no salir del capullo de nuestro espacio de confort como la crisálida antes de ser mariposa y volar. El temor a abrirnos y dejarnos caer en la vacuidad y vivir sin juicio, nos limita en la conexión con el amor, con el sumun del jugo de la vida, con la abundancia, con la prosperidad y el bien-estar. Aceptar el amor y el dolor, a la larga, es la única forma de vivir con integridad, decoro y responsabilidad. Añadir que, la vida es como la farmacia que si te excedes en la dosis enfermas y si te quedas corta no surte efecto. No hay que forzar a la vida exprimiéndola sin control ni renunciar a tomarla. Gandhi decía que en la vida existe algo más importante que aumentar su velocidad. Cultivemos pues, a la luz de sus palabras, el culto a lo pausado y elogiemos a la lentitud y la mesura como forma de vida plena. "Adopta el paso de la naturaleza: su secreto es la paciencia", nos dijo el poeta Ralph Waldo. Afrontar la vida a cada paso con la dosis que somos capaces de asumir en cada momento, es fluir. Toda persona quiere vivir y vivir bien por encima de todo, porque el vivir es y será la verdadera necesidad del ser humano, y nadie parará hasta experimentar y sentir la vida en todo su esplendor. Porque, vivir no es una emoción, sino que es una forma de relacionarse con el mundo basada en reconocer sin proyectar ni exigir, lo cual comporta un estado especial de consciencia donde rige la armonía. Parafraseando a Platón: “Donde reina la vida, las leyes y la muerte sobran.”

Y para acabar, decir que, “jugar a veces, esperanzarse a menudo y confrontar siempre, es un canto a la existencia y la ausencia en el continuo vida muerte vida”.



miércoles, 31 de agosto de 2016

la muerte cansa

Parra en el jardín del Antiguo  Hospital Benéfico
de la Misericordia 1483. Álcala de Henares, Madrid
¡La muerte cansa! Frase lapidaria con que me sentenció una amiga después de que yo le dijera que estaba derrengada, sin energía, tras matar y desplumar cinco gallinas para llevar la armonía y el equilibrio a su gallinero. Al espacio y al hogar donde rinden tributo por sus vidas, tanto ella como las pitas.

Así lo pienso y así lo siento. Más allá de que la muerte nos coseche para la eternidad, ella nos pone ante la tesitura de vivir sangrando o no vivir y morir “de todas todas”.

Morir “de todas todas”, porque la partida es para cada una de nosotras (todos los seres vivos que pueblan la tierra) igual e insalvable. Y vivir sangrando porque si la vida no te produce cicatrices no es vida, que será otra cosa. Y las heridas hay que sangrarlas para que sanen.

Vivir una vida sana es obligatoriedad para que se dé una muerte sana. Vivir en la firme y férrea roca de la existencia y claudicar ante el supuesto sinsentido invertido de la hora suprema, del sueño eterno nos estimula lo vital. Desvanecerse por la atmósfera caldeada del sol. Contraerse y dilatarse en las gélidas aguas de los ríos, los mares, las lágrimas. Acalambrarse por el olor a mundo de las plantas y las personas. Todo ello nos sitúa en un paisaje humano y a la vez geografía del alma para el feliz viaje hacia el encuentro con la muerte de una “flor perenne que vuelve a florecer en el multiuniverso”, asegura, con esta frase, el científico estadounidense Robert Lanza cuando explica en qué nos convertimos tras la muerte.

Una muerte no es ni tiene porque ser una tragedia ni ser un tránsito doloroso. Yendo más allá de lo físico, la muerte es una entrada, digo yo, a otra profundidad. No sé cuál ni cuán profundo. Un camino que inexorablemente debemos de andar para cumplir con los requerimientos de nuestra naturaleza, como y cuando poco.

Citando a Henry David Thoreau: “me interné en los bosques porque quería vivir intensamente, quería sacarle el jugo a la vida. Desterrar todo lo que no fuese vida, para así, no descubrir en el instante de mi muerte que no había vivido”. 

Y, extraído de la sabiduría de los cuentos:
- "Pero, ¿hay vida después de la muerte o no la hay?" pregunto un discípulo.
- "¿hay vida antes de la muerte? ¡esta es la cuestión!, respondió el maestro.

La dama, señora de los finales, para mí, solo me provoca ganas y compromiso por vivir. Por llenar mis días de experiencias, sentimientos, vivencias que me hagan sentir, esto mismo: que estoy viva. La guadaña nos cosecha para una comunicación sincera, en un camino hacia la conciencia del Ser. Vivir en comunión con la muerte nos lleva a sentirnos vivas, en movimiento, con otra forma de pensar de sentir, y eso, precisamente nos abre la mente, la sensibilidad, la valentía, el respeto por la vida… nos hace mover el culo.


mi agradecimiento a mi querida amiga Mamen por confiar y compartir conmigo!!

viernes, 26 de junio de 2015

Alientos en un mismo vaho

Las Médulas, León


“La vida es frágil pero el amor es para siempre”. Me decía ella con el corazón en sus pupilas. Esos últimos días, sobre mis brazos recamados, su cuerpo quiescente iba adquiriendo la crujiente naturaleza pálida con que se viste el cambio de estación. El alba había adelantado su hora y el ciclo de la vida irrumpía en mí como una incrustación de cólera. Yo quería retener el inabarcable sabor de sus labios y la delicada textura de su piel. No olvidar sus andares felinos ni su sonrisa esbozo carmín sobre su rostro papel de seda. Pero mis adentros se cimbreaban con una amalgama de perlas negras a través de mi melocotón herido. Y fue entonces que tuve la peregrina idea de grabar su voz para cuando emergiese la desolación en tardes de otoño. Acariciar mis oídos con la grabación de los miles de registros que ella era capaz de expresar ha salvado mi vida para desdicha mía. Para un naufrago en el gélido oscuro mar de la viudedad, el amor es para siempre pero la vida es frágil.

lunes, 13 de enero de 2014

no te dejes vencer

Y no lo digo yo que ya lo dijeron otros que lo conocieron y lo experimentaron.

“Triunfar sobre la muerte es no dejarse detener por ella”.

Y/o lo que para mí es lo mismo, “triunfar en la vida es conocerla y para ello debemos caminarla, paso a paso, intimando con ella”. 

No sabemos que seremos, no sabemos dónde llegaremos, ya que la vida es un continuo caminar por ella y en una ruta que será de ella, que ella misma nos traza. No somos dueños de nuestro destino como tantas veces y tantas escuelas nos han enseñado. Si bien es cierto, que hay un sentido en la vida, pero este sentido hay que vivenciarlo. Esto nos lo dice el discernimiento  humano-lógico ¡La vida pasa por ser vivida!

Necesitamos contar un cuento, engañando para confundirnos nosotros mismos. Que si “la muerte es una puerta”, que “en la vida cultivamos para la eternidad”, etc… Creo yo que la búsqueda de lo transcendental –innata e intrínseca en los seres humanos- sí se culmina, sí se alcanza la iluminación, el nirvana, ese estado se ha de traer a la vida. Si no, ¿qué sentido tiene?  ¿para qué seguir viviendo entre sombras, por qué no quedarnos en la consciencia total y olvidarnos de la vida en este plano, donde unos, los menos, los elegidos, conviven con la mayoría ciega, perdida? O es cierto aquello que dice que la humanidad sobrevive y ha llegado a nuestros días gracias a que unos cuantos, elegidos seres conscientes, conducen, de alguna manera, la conciencia colectiva para que no sucumba víctima de su propia inconsciencia???

Si la vida culmina en la muerte y la intensidad de la muerte dependerá de la intensidad de cómo se haya vivido. ¿no nos convendría vivir la vida con el mayor sosiego y con suma templanza para que nuestra muerte sea puro reflejo de ello?

Vivimos tiempos revolucionarios y crispados, llenos de opacidad. Tiempos que no se guían de la experiencia del pasado y que no se equilibran con la línea del horizonte (el futuro a corto plazo es incierto). Y es por eso que, pienso yo, es este el momento propicio de cerrar los ojos que ven la realidad –una realidad marcada por poderes e intereses lóbregos- y dejarse llevar por el instinto que ve lo real –aquello que es, sin distorsiones socio-económica-políticas.

Lo real no se define con nuestro lenguaje. Lo real lo vislumbramos en los versos del poeta, en la parábola del maestro, en las piedras del camino. La vida real o lo real de la vida no se ve ni se nombra, se percibe o se intuye. Por eso, bien podríamos cerrar los ojos y dejarnos arrastrar por el río para poder sentir la vida y lo que la vida nos da y nos pide. Y además, también es cierto, por que “mientras menos hago más se da a través de mí”. Cerremos los ojos y dejemos que la vida se exprese a través de nosotros para sumar al bien común.

No se trata de vivir ciegamente sino de ver y entender la vida desde dentro, desde el camino interior. Sin prisas pero sin pausas. Disponiendo los latidos de nuestro corazón con el pulso del universo, de lo que acontece.

La vida -como ya apuntaba porque otros me señalaron- es un continuo incluso en los momentos de parar. No podemos dejar de escucharla y sentir su vibración porque nos extraviamos. Es necesario no perder el ritmo, no dejar pasar ninguna nota del pentagrama -que es la vida- sin ser punteada para entender la sinfonía completa, el sentido de la vida.

Y, así, sin detenernos, triunfemos pese a ser el hombre, la mujer el animal más podrido de la creación, salvo en los momentos más sublimes. Estos son, en el amor y el arte.



referencias: El viaje interior, Claudio Naranjo

viernes, 15 de junio de 2012

vida y muerte



Con la edad nos llega inexorablemente la muerte. Cuando es así, surge el agradecimiento del superviviente, de las supervivientes. Ya sean la familia, las amistades, los allegados, las que les quisieron, las que en alguna ocasión les cuidaron, les acompañaron,…

Agradecimiento porque así es la vida. Se cierra el círculo de una existencia. En la mayoría de los casos el círculo se cierra con la biografía acabada, pero no siempre es así. Es entonces cuando surge el sufrimiento ante la muerte.

Claro que no nos queremos morir. Morir es, como dijo Nietzsche, “la imposibilidad de más posibilidades”.

Como con el hecho del nacimiento, el de la muerte es una de esas realidades que constantemente nos ciernen y nos conciernen. Pero si el primero, que marca nuestra incursión en el mundo, goza por lo general de nuestra satisfecha aceptación , en el sentido de que prácticamente a nadie le molesta haber nacido, el trance de la muerte nos angustia y nos produce toda clase de rechazos y de huidas encubridoras, pues prácticamente nadie quiere marcharse de este mundo, sobre todo si aún goza de sus plenas facultades o aún no ha sentido esa mordedura del dolor que hace clamar incluso por la muerte, con tal de no sufrirlo más.

Para las personas supervivientes "Ganar en la pérdida es trascender la mirada. Vemos el mundo dual (todo o nada) pero si aprendemos a englobar todo, nos daríamos cuenta de que una cosa lleva a la otra y eso precisamente conduce a abrir una puerta o una ventana. Perder un ser querido, es difícil de aceptar empero, con la preparación de valores, mirando al interior y transformando la educación, vemos que en los pequeños detalles, en la actitud interna, nos podemos reeducar y ver más allá", según la experta: la psicóloga Assumpta Mateu.

Para las supervivientes, afrontar el dolor de cada pérdida nos permite evitar sufrimiento innecesario. Es una actitud que nos ayuda a crecer, aprender y madurar.

Nadie quiere morir. Nadie ha escapado a la muerte. Y así tiene que ser, porque la Muerte es posiblemente el mejor invento de la Vida. Es el agente de cambio de la Vida. Retira lo viejo para hacer sitio a lo nuevo.

"La muerte es de la vida, igual que el nacer; 
como el andar 
está lo mismo en alzar el pie que en volverlo a la tierra" 
(R. Tagore)  

Descansa en paz Cristobalina.

jueves, 29 de diciembre de 2011

una puerta que cruzar

José María se va y la vida continúa.

José María, una persona más, una de tantas que nació y vivió en Cádiz hasta su muerte.

No hablaré de José María del que me siento querido, pero sí quiero que esta publicación quede aquí en su memoria.

Y la vida continúa, sin embargo no podemos obviar que la vida sin nuestras aportaciones no es tan vida. Quiero decir, somos las personas hijas de la VIDA con mayúsculas y llegamos para y por ella misma. La vida nos trae y nos lleva. Sabemos, por nuestros recuerdos y por lo que los demás cuentan de nosotras que estamos vivas y podemos esbozar[i] nuestra biografía,  pero, nada sabemos de después (del paso por la muerte).

Cuando espiramos el último aliento todo acabo para esta vida que conocemos y nada queda salvo los recuerdos y el polvo. Dijo Marco Tulio Cicerón, Político, filósofo, escritor y orador: “la vida de los muertos perdura en la memoria de los vivos”. Y es a  lo que voy: a lo que queda. Quedan nuestras sumas y nuestras restas en la aritmética del universo. Encajamos, así lo entiendo yo, en un presupuesto sin cerrar. Un presupuesto del proyecto de la VIDA. Esto escapa a nuestro entendimiento y jugando a ser dioses nos atrevemos a decir que –yo controlo mi vida-. Siendo conscientes de esto, no podemos escapar a la responsabilidad de vivir con una ética esmerada y una cosmovisión, más allá de nuestros intereses personales.

Es cierto que podemos encausar nuestros caminos y vivir la vida según nuestros deseos y anhelos, pero también es cierto que hay factores, además de los ambientales, sociales, familiares,… que condicionan y modifican nuestro rumbo como si otro (no sé definir y concretar y mucho menos me atrevo a decir: quién o qué) gobernará la barca, cual titiritero.

Es por ello, apunto yo, que nos aferramos a  la vida física, a la que conocemos y podemos articular, como si sólo fuésemos eso: un cuerpo físico y finito con una biografía que cumplimentar.

Yo creo que somos parte indivisa de la energía universal y como dice la máxima: “la energía ni se crea ni se destruye, se transforma” por tanto, tenemos que cuidarnos. No nos pertenecemos, formamos parte de un TODO y aquello que el TODO deposita en nuestras manos hay que devolvérselo, más si cabe, mejorado.

Pues eso: que si puedo, después de mi paso por la puerta de la muerte, vuelvo y os público otro artículo al respecto.

!Hasta entonces José María¡



[i] Digo “esbozar” porque entiendo que no somos nosotras quienes escribamos la última palabra. Siempre será la VIDA la que dicte: -hasta aquí has llegado- y ese será el momento en el que se concluirá nuestra biografía y el argumento de nuestra vida se desvelará para los sobrevivientes y quién sabe si para nuestra alma, también.