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martes, 8 de noviembre de 2016

Hipertención




Microrrelato publicado en la antología Porciones del alma III


Juan, nuestra relación no se entiende y eso la falsea y la pervierte (no sé si será por la diferencia de edad).  Muchas, son cómplices amordazadas de lo nuestro sin otear el quebranto en nosotros. Otras gritan ¡contranatura! esgrimiendo la espada de la moralidad –tramoyista beatones-. Nuestra relación, campo de zapatos perdidos, no está exenta de los misterios de la felicidad y el lujo de la tristeza. No es noche que es capa para pecadores, es mediodía que es capilla para justos. Mi cielo, aunque haya un arzobispo que crea que es alergia, lo nuestro es amor.

domingo, 30 de octubre de 2016

Las relaciones, el callejón de los pecados

Estación de Francia, Barcelona

Desde su creación en las cavernas del fuego, un fantasma de antiguos caminantes, habla, a las fibras más hondas del alma personal y colectiva, de caminos discrepantes que nos conducen a la nada o nos abren puertas a un mundo inesperado.

Pequeño misterio ácrata que brota del manantial del corazón, con la frescura de mágicos lenguajes arcanos, impulsa al caminante a atravesar cada nuevo viejo solar para habitar espacios afectivos de relación con la otra, con la desconocida hermana.

Las enajenantes formas del vínculo con las otras, sin perder y conservar la linealidad de nuestra esencia, ha generado unos estilos que, en su versión más conurbana del enlazamiento con todo lo que está a nuestro lado, ya sea en la estampa del tiempo presente o a través de viajes al pasado y/o el futuro, se asemejan a sopa de proto-almas.

Las notas que se han caído de las líneas del pentagrama y bailan desperdigadas por el borrador de la partitura, es la metáfora del universo de relaciones intrapersonales e interpersonales, de relaciones con una misma y con el entorno. Una sinfonía de muerte y aceptación del Yo. 

De cómo nos desequilibra el chisporroteo de neuronas que al entrelazarse malabáricamente para construir y proyectar mil escenas que nos llevan a relacionarnos con y para seguir siendo nosotras a través de las otras. Actuando disfrazadas sin ocultar nuestra esencia y salvaguardarnos del fuego generativo de la enredada madeja y el complicado laberinto de perder libertad y vaciar el alma en pos de la relación, no nos hablan los cuentos.

La enjundia en las relaciones es la expresión de nuestro deseo. Vivenciado a través de la mirada, las palabras, el gesto, la caricia, el abrazo, expresiones entre seres que hacen de su deseo a la otra. Siendo cualificadas de aprehender de la otra para descubrir que, el Yo hace de la Otra, alcanzando en la comunión el Nosotras, que es el sustrato de nuestra propia y particular naturaleza sustancial.

jueves, 21 de mayo de 2015

déjame que te cuente


Déjame que te cuente que la vida no es negociable. Que en ella hay sombras por todas partes y muchas de ellas generadas por nosotras mismas. Que un día me gusta aislarme en mis adentros y al otro sueño con lanzarme a la vorágine del afuera. Que la duda no me permite casarme con ninguna, pero vivo apasionados amoríos con las dos.

Déjame que te cuente que el monarca de las sombras es un viaje entre mi tiempo y mi espacio, limitado por el plomo de la vidriera que yo misma me asigno. Y entre las vías, una refugiada que quiere recuperar su libertad de asentarse. Una niña que continúa haciéndose preguntas que empiezan con un “¿para qué?”.
Déjame que te cuente como de las ensoñaciones de un caballero de armadura oxidada me sugirieron de volar alto, de volar bajo, de liberarme, de soltar lastre, de trascender a mi cuerpo expresión y prisión de un anhelo salvaje.  Son mi faz con su yelmo y mis manos, alas enguantadas, barrotes que me aprisionan, pintados de negro sobre marfil oxidado.
Déjame que te cuente que desde aquí dentro oigo mis males y siento mi dolor y se me hiela el alma. Me busqué caminando por si me encontraba. No fue así y me sentí muerta como nunca lo había experimentado y regresé sobre mis pasos. Cansada, desconsolada y doliente, me quité la falsa corona del monarca y me rendí. 
Déjame que te cuente que veo con la mirada del águila que contempla desde la altura, puesta sobre el fuego, la gran caldera de mi alma. Bajo un fuego que alimento de mis personajes revestidos para el transitar de mi ego. Yo veo lo que mi mente traduce y me eriza el bello sobre mi sexo, navegante gobernante de andares inseguros, mientras avatares azules y maestros del agua me guían por el desierto para una cruzada contra tres gigantes: miedo, vacío e injusticia.
Déjame que te cuente sobre los miedos atávicos, inherentes de no saber estar conmigo misma. Sobre el vacío con un punto de lirismo y por momentos oscuro que armoniza con mis personajes con los que comparto su inconformismo. Y sobre la injusticia, al sol de las contradicciones, metáfora del péndulo entre el bien, el estar y el mal.
Déjame que te cuente que la felicidad consiste en estar en movimiento, en cometer errores, en bucear la vida, en habitar el presente como único punto donde hay luz para ver, con humildad, la verdadera realidad. Y que se da en el aliento, donde se cocinan las emociones. Déjame que te cuente que el truco se descubre al despejar lo que estas dispuesta a aceptar para poseer lo que nunca imaginaste. Y que lo más gratificante viene de la dulce mano de las relaciones con los seres vivos. Relaciones que nos cuentan historias de nosotras, que nos recitan las verdades y  ficciones reales como la vida misma. Que nos hacen reír y llorar, nos instruyen y aleccionan, nos inquietan, nos entretienen, pero que nunca nos dejan neutrales.
Déjame que te cuente que mi segunda vida comenzó cuando me di cuenta que solo tenía una.