Juan, nuestra relación no se
entiende y eso la falsea y la pervierte (no sé si será por la diferencia de
edad). Muchas, son cómplices amordazadas
de lo nuestro sin otear el quebranto en nosotros. Otras gritan ¡contranatura!
esgrimiendo la espada de la moralidad –tramoyista beatones-. Nuestra relación,
campo de zapatos perdidos, no está exenta de los misterios de la felicidad y el
lujo de la tristeza. No es noche que es capa para pecadores, es mediodía que es
capilla para justos. Mi cielo, aunque haya un arzobispo que crea que es
alergia, lo nuestro es amor.
un blog para hacer eco de mis pensamientos, sentimientos y emociones...
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martes, 8 de noviembre de 2016
domingo, 30 de octubre de 2016
Las relaciones, el callejón de los pecados
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| Estación de Francia, Barcelona |
Desde su creación en las cavernas
del fuego, un fantasma de antiguos caminantes, habla, a las fibras más hondas
del alma personal y colectiva, de caminos discrepantes que nos conducen a la
nada o nos abren puertas a un mundo inesperado.
Pequeño misterio ácrata que brota
del manantial del corazón, con la frescura de mágicos lenguajes arcanos,
impulsa al caminante a atravesar cada nuevo viejo solar para habitar espacios
afectivos de relación con la otra, con la desconocida hermana.
Las enajenantes formas del
vínculo con las otras, sin perder y conservar la linealidad de nuestra esencia,
ha generado unos estilos que, en su versión más conurbana del enlazamiento con
todo lo que está a nuestro lado, ya sea en la estampa del tiempo presente o a
través de viajes al pasado y/o el futuro, se asemejan a sopa de proto-almas.
Las notas que se han caído de las
líneas del pentagrama y bailan desperdigadas por el borrador de la partitura,
es la metáfora del universo de relaciones intrapersonales e interpersonales, de
relaciones con una misma y con el entorno. Una sinfonía de muerte y aceptación
del Yo.
De cómo nos desequilibra el chisporroteo
de neuronas que al entrelazarse malabáricamente para construir y proyectar mil
escenas que nos llevan a relacionarnos con y para seguir siendo nosotras a
través de las otras. Actuando disfrazadas sin ocultar nuestra esencia y
salvaguardarnos del fuego generativo de la enredada madeja y el complicado
laberinto de perder libertad y vaciar el alma en pos de la relación, no nos
hablan los cuentos.
La enjundia en las relaciones es
la expresión de nuestro deseo. Vivenciado a través de la mirada, las palabras,
el gesto, la caricia, el abrazo, expresiones entre seres que hacen de su deseo
a la otra. Siendo cualificadas de aprehender de la otra para descubrir que, el
Yo hace de la Otra, alcanzando en la comunión el Nosotras, que es el sustrato de
nuestra propia y particular naturaleza sustancial.
jueves, 21 de mayo de 2015
déjame que te cuente
Déjame que te cuente que la vida
no es negociable. Que en ella hay sombras por todas partes y muchas de ellas
generadas por nosotras mismas. Que un día me gusta aislarme en mis adentros y
al otro sueño con lanzarme a la vorágine del afuera. Que la duda no me permite
casarme con ninguna, pero vivo apasionados amoríos con las dos.
Déjame que te cuente que el
monarca de las sombras es un viaje entre mi tiempo y mi espacio, limitado por
el plomo de la vidriera que yo misma me asigno. Y entre las vías, una refugiada
que quiere recuperar su libertad de asentarse. Una niña que continúa haciéndose
preguntas que empiezan con un “¿para qué?”.
Déjame que te cuente como de las
ensoñaciones de un caballero de armadura oxidada me sugirieron de volar alto,
de volar bajo, de liberarme, de soltar lastre, de trascender a mi cuerpo expresión
y prisión de un anhelo salvaje. Son mi
faz con su yelmo y mis manos, alas enguantadas, barrotes que me aprisionan,
pintados de negro sobre marfil oxidado.
Déjame que te cuente que desde
aquí dentro oigo mis males y siento mi dolor y se me hiela el alma. Me busqué
caminando por si me encontraba. No fue así y me sentí muerta como nunca lo
había experimentado y regresé sobre mis pasos. Cansada, desconsolada y doliente,
me quité la falsa corona del monarca y me rendí.
Déjame que te cuente que veo con
la mirada del águila que contempla desde la altura, puesta sobre el fuego, la
gran caldera de mi alma. Bajo un fuego que alimento de mis personajes revestidos
para el transitar de mi ego. Yo veo lo que mi mente traduce y me eriza el bello
sobre mi sexo, navegante gobernante de andares inseguros, mientras avatares
azules y maestros del agua me guían por el desierto para una cruzada contra
tres gigantes: miedo, vacío e injusticia.
Déjame que te cuente sobre los miedos
atávicos, inherentes de no saber estar conmigo misma. Sobre el vacío con un
punto de lirismo y por momentos oscuro que armoniza con mis personajes con los que comparto su inconformismo. Y sobre
la injusticia, al sol de las contradicciones, metáfora del péndulo entre el
bien, el estar y el mal.
Déjame que te cuente que la
felicidad consiste en estar en movimiento, en cometer errores, en bucear la vida, en habitar el presente como único punto donde hay luz para ver, con humildad, la verdadera realidad. Y que
se da en el aliento, donde se cocinan las emociones. Déjame que te cuente que el
truco se descubre al despejar lo que estas dispuesta a aceptar para poseer lo
que nunca imaginaste. Y que lo más gratificante viene de la dulce mano de las
relaciones con los seres vivos. Relaciones
que nos cuentan historias de nosotras, que nos recitan las verdades y ficciones reales
como la vida misma. Que nos hacen reír y llorar, nos instruyen y aleccionan,
nos inquietan, nos entretienen, pero que nunca nos dejan neutrales.
Déjame que te cuente que mi
segunda vida comenzó cuando me di cuenta que solo tenía una.
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