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domingo, 5 de marzo de 2017

pene o vulva



Una fiesta el día de la movilización
Daniel Sabater
Maldito escalón. La gigantesca diferencia entre las personas. Desatinada parodia en la dura roca de la existencia femenina. Una grada privada de todo sentido a cuyos brazos recamados acude la masculinidad privada de razón. Una versión malsana del abultado ego fantasmagórico de sociedades machistas que se encaraman a un peldaño manchado de toda perversión en las formas más ridículas de la impostura. Subirse a su pedestal es como bajarse al vientre de su metamorfosis. Un escalón que se cuenta desde la amargura absoluta en un ciclo infinito y absurdo de ignorancia de la otra. Una historia lineal despejada de toda realidad relacional entre personas, regada de miedos por lo diferente. Un estribo a la sombra de la envidia enterrado en el pensamiento colectivo con el silencio como cómplice. Hoy más que nunca, en la ejemplaridad publica, lo necesario es posible en una secuencia de cuestiones subconscientes que proponernos a nosotras mismas. Una responsabilidad de hacernos conscientes de un propósito vital: naufragar en el océano de la comprensión de que todas somos iguales. Han pasado miles de años desde que estamos juntas y la vida nos necesita a todas en la forma singular y exacta, hábiles y fecundas. Es hora de arriesgar y tensar el arco de las relaciones humanas, de espiar los pecados del hombre hacia la mujer: la inconciencia, la impostura, el miedo y la violencia. Tiempo de demoler el maldito escalón corporal, emocional, espiritual, social y mental descabalgando a los cuatro jinetes que han mantenido durante generaciones la República Aristocrática del Privilegio Masculino: la educación, el sexo, la cultura y la religión.

martes, 8 de noviembre de 2016

Hipertención




Microrrelato publicado en la antología Porciones del alma III


Juan, nuestra relación no se entiende y eso la falsea y la pervierte (no sé si será por la diferencia de edad).  Muchas, son cómplices amordazadas de lo nuestro sin otear el quebranto en nosotros. Otras gritan ¡contranatura! esgrimiendo la espada de la moralidad –tramoyista beatones-. Nuestra relación, campo de zapatos perdidos, no está exenta de los misterios de la felicidad y el lujo de la tristeza. No es noche que es capa para pecadores, es mediodía que es capilla para justos. Mi cielo, aunque haya un arzobispo que crea que es alergia, lo nuestro es amor.