Mostrando entradas con la etiqueta palabras. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta palabras. Mostrar todas las entradas

sábado, 17 de marzo de 2018

la realidad vs lo real




¿Si la palabra es con la que alimentamos la razón, podríamos tener claro que es un concepto -la palabra- de la mente?

¿Si el silencio es con lo que entramos en comunión con la otra, podríamos decir que estamos ante una revelación -el silencio- del ser?



Cuestiones que me surgen de leer “El Arte de Callar” -de José Antonio Hernández Guerrero, Biblioteca Virtual Cervantes- Y me brota una reflexión entre el tándem que forman “la palabra y el silencio” para conseguir una comunicación completa y esmerada con la otra y con el entorno. Utilizando la palabra justa y acompañándola de proporcionados y convenientes silencios conseguiremos una comunicación autentica, siempre y cuando la persona, otro ser o el entorno estén en sintonía con nuestro nivel de expresión y códigos del mensaje.




La REALIDAD vs Lo REAL

Y al octavo día, Dios nombró el Silencio



Los seres humanos hemos sido abstraídos de lo real para ser cautivos de la realidad y las rejas de esta prisión son el lenguaje de las palabras. En la realidad reducimos el mundo y lo asumimos mediante la palabra. Es el lenguaje de la obviedad, un mensaje que necesita de muchas palabras, frente al silencio que se vale de espacios cósmicos en blanco para la observación y la escucha. Cuando el silencio invade el lenguaje hablado, cortocircuita las palabras, colonizándolas con lo real. El silencio busca las zonas cenicientas del habla para procurar que las semillas de las palabras crezcan. Con este lenguaje del silencio, se incita -al lenguaraz- en la búsqueda de la sensación del chispazo, para que genere grietas en su realidad, que le enfoquen hacia lo real. El silencio, es pues, la herramienta “transpalabras” con la que confrontamos y con la que expresamos aquello que trasciende al babel de las palabras. Ya que es necesario romper con el uso de un lenguaje libertino de las palabras, permitiendo que el silencio fluya en nosotras y nos guie, para enmendar nuestra visión del cosmos y, reparar en lo real.







descargar en PDF "el arte de callar"

http://www.cervantesvirtual.com/buscador/?q=el+arte+de+callar







jueves, 26 de octubre de 2017

murmullos

  • Murmullos del agua de la fuente que, bajo la sombra de la arboleda, aporta más felicidad que la búsqueda de la riqueza material.
  • Murmullos del aire, que resulta insoportable cuando su origen es el Levante.
  • Murmullos del fuego, en su crepitar disociado de toda monotonía.
  • Murmullos de las olas del mar. Joya incontestable para aquella que se retira a la orilla en busca del consuelo. 
  • Murmullos de independencia, que cansan cuando no brotan de la autentica fuente que son el conjunto del pueblo.
  • Murmullos de las palabras, que te susurran al oído la voz de otras historias y te seducen. Cómo me gustaría que fueran estos tres relatos cortos que quiero compartir con vosotras. Son fruto de las tardes de creación literaria de la mano de Yolanda.  




Jardín Botánico, Estación de Atocha, Madrid
El horóscopo
este primer párrafo es de otra autoría y pertenece a la introducción a la tarea.
Cristina se levantó cabizbaja: el pesar de la rutina, la presión laboral… y sobre todo su ausencia. En la habitación ya no quedaba ninguno de sus objetos y, aun así, demasiados rincones evocaban el tiempo compartido. Cristina sabía que, para superar, una ruptura, el cobijo del tiempo puede convertirse en un tirano. Por eso, al encontrar una foto de sus últimas vacaciones juntos bajo la cómoda entendió que levantar el vuelo dependía, tan solo, de ella.

Cristina se había acostado nerviosa y cansada, pero se despertó varias veces en la profundidad de la noche. Al levantar la vista frente al espejo se encontró con una potente mezcla de ingredientes faciales que la asustaron y le hicieron cerrar los ojos. El silencio aturdía su maltrecho corazón herido. Todo se estaba desmoronando a su alrededor. Siempre confió en las predicciones del horóscopo y las señales astrológicas, pero ahora que Neptuno se enfrentaba al final con el destructivo Escorpión, su mente sagitariana no entendía nada. Abrió los ojos y entendió que su soledad no dependía de la presencia o ausencia de Vicky, quien la había ofrecido su compañía y ahora se la había robado. Cogió su mochila y compro un billete de autobús sin rumbo conocido.



Bostezo 
Perfil de la Catedral de Cádiz al amanecer
Voy en el bus, línea 7, aburrida. Dicen que el aburrimiento es un problema de pasividad vital. En la parada anterior se han subido tres niñas e iguales que me recuerdan a mí y mis vecinas del pueblo. Me veo cada día después del colegio como íbamos a por agua con una garrafa de cinco litros cada una. Íbamos a la fuente más cercana, apenas un par de kilómetros. Para llegar teníamos que atravesar campo y bosque cargados con la fuerza multiforme de la vida. Escenarios que se vestían y se desnudaban periódicamente de Hibiscus que florecen en estampida y sequoias que se apacientan en siglos. Todo atornillado por los códigos de la naturaleza. Recuerdo que por el camino jugábamos a lanzarnos espigas que se nos enredaban en el pelo o prendían de las ropas mientras, los traviesos rayos del sol atisbaban entre los espacios vacíos del follaje para jugar al escondite con las sombras terrenales y el canto de los pájaros, eco que la luz del día devuelve a la tierra, nos deleitaban los oídos. Recogíamos algarrobas, grosellas y, moras rojas y negras. El paisaje a ambos lados de la vereda se cumplía con almendros en flor y avellanos. El río que nos acompañaba, orillando nuestro caminar, contaba sus cosas como las vivía, porque esas eran sus verdades. Hasta en el olor del aire notábamos el advenimiento de la libertad que, nos provocaba un temblor en el pecho mientras corríamos hasta llegar a la fuente que era una simple pared con tres caños de agua fresca para aquietar la vida.

Un frenazo me retrotrae sin embrague al mundo de la realidad experienciada. Las chicas ya no están -Deben de haberse bajado mientras yo viajaba a los confines de mi tiempo-. Si bien parece ajeno al sentido común, en las profundidades de las personas se arremolinan voces invisibles que brotan ante la presencia de otras y que nos sacan del abatimiento cuando la realidad no nos satisface.


miércoles, 27 de septiembre de 2017

quinientas tres palabras



P
alabras, Palabras, Palabras… Las palabras son cuentas de un rosario inagotable. Relicario de enunciaciones, revelaciones y lanzas de Longinus. Las palabras están enamoradas de la vida y de la muerte. Reseñas matizadas de detalles. Algunas, antiquísimas palabras, atrapadas en sucio. Heredadas unas, cultivadas otras. Regadas de momentos vividos. Biografía incompleta e inacabada de un lenguaje universal en constante reformulación. Sin ellas no se le podría dar forma a la forma. Las personas lo son porque las palabras las nombra. Las cosas son porque las palabras las nombra. Lo que no tiene palabras, no es.


Palabras que son y quieren ser una performance de nuestra percepción de la realidad y que rara vez son expresión de lo real. Las palabras son una definición falsa y fragmentaria de lo auténtico. En muchas ocasiones autónomas, sin conexión con la otra cara, la imagen que atraviesa el espejo, las pronunciadas, escritas u oídas por personas de nuestro tiempo, de otros tiempos, de todos los tiempos.
Las palabras nos cuentan relaciones caliginosas y diáfanas. Palabras pronunciadas en la barra de los pesares que rescatan los besos de amores lánguidos. Palabras con alas para una relación sin red. Palabras que saben a montañas de sal, a caricias y puñaladas traperas. Lo que las palabras dicen, el corazón acaba mostrándolo. Las palabras cuando llevan tilde y cuando no, nos hacen gozar y arriesgarnos juntas, y de sufrir sin separarnos en ningún tiempo, en ningún modo…
Las palabras dictaminan, determinan, divulgan, desahucian. Las palabras se superan a si mismas. Palabras que ahondan en lo recóndito y más horrendo del ser humano como en lo más bello y admirable. Palabras aventureras aventadas por un espíritu recolector, jefe de cazadores, que alcanzan a sus presas y las embauca y las extermina.
 Palabras que se agrupan, tiernamente incestuosas, en frases que pretenden ser pronunciamientos, adagios y aforismos, que siempre van de la kamikaze mano de quien las pronuncia. Misterio que se esconde en los libros, entre las hojas cuarteadas por el otoño, en los valles y en las conversaciones de casapuerta.

Palabras subidas de tono y tonalidad, palabras susurradas. Palabras que matizan, colorean, gradúan y revelan el arte de humanizar. Las palabras exponen, descubren, dicen, explican, adivinan, aclaran o deslucen la estela de la locura, de pintoras del día a día que las cuecen en olla express. 

Palabras que imitan y experimentan lo necesario empero imposible de la ejemplaridad pública de millones de Aquiles en el Geniceo. Buscamos en las palabras cómo sobrevivir, cómo construir refugios para el alma que no encuentra salida de la eternidad.

Palabras de la maestra que se perfecciona a si misma, tan atrayentes que se abalean al corazón de la discípula. Palabras que arrancan la imaginación humana, entre leyenda y mito urbanita, de aquellas que llevan la luz interior expuesta como las raíces del enebro sobre las dunas.

Afortunadamente, detrás de cada palabra hay un nuevo parto de palabras que cobran vida.

Oscura es la noche sin ti,

cuando no te desenredas en mi garganta,

amada palabra mía.










viernes, 17 de marzo de 2017

código amable para la salud


AtmanSyC
Tallar cada palabra antes de soltarla es hablar desnudamente. Expresarse con coherencia. Ser asertiva. Son expresiones que usamos para referirnos a cuando no queremos hacernos daño, a nosotras mismas o a la otra persona, con el lenguaje hablado.

Forma parte del “código amable”1 que el dialogo médico-paciente se desarrolle en estos términos. De todas es sabido y lo fórmula el saber popular con la expresión “la palabra del médico cura”. Lo saben las personas pacientes, sus familiares, el colectivo de profesionales y quienes rigen los servios de salud. El poder que tienen las palabras del gremio sanitario sobre las personas que tienen comprometida su salud y buscan su ayuda, esta constatado. No obstante, una vez sentados ambos interlocutores ante el tablero donde se desarrolla la relación (la consulta, la puerta del quirófano, la sala de urgencias, etc.) se obvia esta premisa de utilizar un lenguaje amable, asertivo e inteligible. De una parte, el miedo, el desconocimiento de la jerga, el impacto por un diagnóstico, el dolor, la perdida, etc, etc. De la otra, la altivez, la deshumanización de la profesión, la falta de tiempo o la falta de formación. Sí, las habilidades de comunicación y la gestión de emociones es una asignatura pendiente en la carrera de medicina.

Importa y mucho cómo se dicen las cosas. Importa que sea de manera profesional y sobre todo sin perder la humanidad. En la opinión de Santiago Alfonso, vicepresidente del Foro Español de Pacientes (FEP) echa en falta la humanización de la relación entre paciente y profesional. “La evidencia científica ha relegado a un segundo plano esa empatía necesaria con el afectado”. En un estudio de Conartritis sobre la calidad percibida por los pacientes respecto a su médico la puntúan muy por debajo de lo deseado. Sin ir más lejos, puntuaba con un 3,39 la atención emocional recibida por su profesional. En mi opinión, esto es debido principalmente a esa carencia que apunto sobre habilidades de comunicación. “Este aspecto es lo que más tiene que ver con la humanización”, lamenta Rodrígo Gutiérrez, presidente de la Sociedad Española de Atención al Usuario de la Sanidad (Seaus). "Cuando uno está enfermo no sólo busca atención clínica, sino también que le transmitan seguridad y confianza. De ahí el modelo afectivo-efectivo en el que estamos trabajando desde la Seaus”, explica.

Empero, no todo lo tienen que poner el colectivo profesional, nosotras, las personas pacientes, tenemos que empoderarnos y avanzar hacia el “paciente activo”. Según palabras del Gerente del Servicio Gallego de Salud, Antonio Fernández-Campa, “el paciente tiene que tomar sus decisiones, intervenir y ser responsable. A mi modo de ver, muchas veces, esto choca con un muro y Fernandez-Campa lo expresa así: “A veces, hay una contradicción que es que el momento que puede ser de mayor éxito de un profesional puede ser de mayor trauma para la vida de ese ciudadano, que se ve en un ambiente hostil y en una situación de enfermedad que genera una preocupación. Tenemos que ser capaces de lidiar con estas dos contradicciones. Hablamos del paciente como centro del sistema y el problema es que lo tenemos en el centro, pero lo rodeamos y no dejamos que se mueva”.

Ergo, la insondable efectividad del uso del lenguaje y la buena praxis en una comunicación sin cables entre médico y paciente está por llegar. A pesar de que tengamos una medicina del siglo XXI.

Para concluir con una idea básica pero fundamental, el doctor Marcos Gomez Sancho afirma en su libro ‘Cómo dar malas noticias en medicina’: “tan malo es callarse y mentir como dar toda la información brusca y sin hacerlo desde el punto de vista médico adecuadamente”.

Y me expreso yo “Qué no daría yo por un puñado de palabras bien esculpidas cuando voy al médico”.

quiero acabar con una invitación valida para quién quiera acogerla:
A partir de hoy trata a todos como si fuera su último día. Dales  atención, amabilidad y entendimiento, tu vida nunca será la misma
Og Mandino
Escritor estadounidense, 1923-1996


Referencias:




1Es un proyecto que se está desarrollando y que se está implantando en el Sistema de Salud de Galicia. El ‘Código amable’ está trabajando en la humanización de la asistencia, marcar un tipo de parámetros para visualizar el criterio, saber qué piensan los ciudadanos de cómo la comunicación con ellos, cuál es el estado de las infraestructuras, cuál es la valoración que hacen de las listas de espera, valorar qué es lo que opina el ciudadano de la organización y la manera en como presta los servicios, pero también encontrar áreas de mejora para prestar una mejor asistencia.




jueves, 9 de febrero de 2017

el oráculo de Delfos


Durante siglos ha corrido una leyenda en forma de verdad histórica acerca del oráculo y el estado de la Pitonisa. En tiempos en que la época de la Grecia clásica se veía como un acérrimo paganismo al que había que ridiculizar, los escritores cristianos de los siglos III y IV, como Orígenes y San Juan Crisóstomo inventaron algo que a través de los siglos tuvo siempre mucho éxito. Lo describían así:

“El trípode de la Pitonisa o Pitia se hallaba sobre una grieta muy profunda de la roca. Por esa grieta emanaban unos gases tóxicos que hacían que la mujer entrara rápidamente en un estado de embriaguez y desesperación con grandes tiritonas, es decir, entraba en trance, desgreñada y arrojando espuma por la boca. Además, masticaba hojas de laurel, lo que ayudaba a alcanzar ese estado psicosomático”.

Yo no me fui a Delfos a preguntar a la Pitonisa, yo le pregunté al oráculo en “La Escuelita de las Palabras”, a mis Pitias: compañeras en eso de amasar palabras. Y le pregunté lo siguiente:
¿cómo acabará el noviazgo entre mi yo y lo mío?
y el oráculo me contestó lo siguiente:

Veloz milagro.

Tiemblan flores con murallas,

celebran pequeñas sombras,

cantan tormentas amargas.

Fulgor de fruta oscura,

perdona sin sabor.

El extraño incendio, enciende lujuria.

Amargos recuerdos brillantes escapan libres.


Con esta respuesta por escrito, y dándome por respondida, me vine para casa interpretando lo que el oráculo me quiere decir. A pesar de lo obvio que resultan estos versos, que alimentan mi deseo, en concordancia con lo que yo espero que sea la relación entre mi yo y lo mío, he de confesar que me desconcierta la primera línea: “Veloz milagro”.

Dejaré reposar sobre un colchón de plumas la profecía a la espera de que desvele para mí su desnudo y generoso significado.




domingo, 5 de abril de 2015

Primavera por escrito


Me hace ilusión y me congoja, dos sensaciones muy marinadas en mis grafías de devenir por la vida, el presentarme al certamen literario de esta primavera. Desde muy pequeño mi amor por las palabras y como conjugarlas a capitaneado mi fantasía. No tengo referentes en la familia ni era yo infante entregado a la lectura y la escritura, era más bien una relación metafórica de una querencia prescrita -creo yo que por el Hacedor- maestra constructora y que me erizaba la piel al asir entre mis manos lápiz y papel. No obstante, con inmortal miedo a plasmar mis pensamientos por escrito y hacerlos tangibles, en ninguna estación pude darles vida fuera de mi mente, han ido quedándose a buenas noches mis bosquejos aspirantes a ser velas para los sueños, los propios y los de otras. Años de embriaguez y etapas de sobriedad, archivos con canas para desatar el nudo que maniataba mi pluma han sido necesarios y hoy me presto a meterme en la piel de escritores muertos no para usurpar sus obras ni imitar sus talentos con aportaciones mías altisonantes sino alentado por la necesidad de cincelar aquí lo que otras esperan del más allá. Unas líneas no para interpretar o vivir mi experiencia de ser autor de.., sino para transmitir la comprensión de mi mundo interior. Un constructo de mi servidumbre de ser apertura para que el Amor invernado que he vislumbrado, en el arte de lo posible, trascienda y permanezca vivo a pesar de los dientes del tiempo. Me urge escribir sobre lo oculto, lo ahumado por nocturnos adiestramientos registrados desde la noche de los tiempos, sobre el amor grabado con el buril de lo indeleble en las entrañas de mi ser y sujetar a estas hojas, cual alegoría de la caverna platónica,  una carta de amor eterno. Así, apoyado en la plumilla, ariete de mi despertar, expresar que la guadaña no nos cosecha sino que nos labra para una nueva siembra. Que no es como son las experiencias de amor sino que las experiencias de amor son. Que estas experiencias son una necesidad y la misma para todas las personas y que la sanación de la mente, el perdón, es también a cada paso trazar caminos al amor. 

a  mi cenicienta por su valor y su generocidad

viernes, 5 de diciembre de 2014

Hoy las nubes me trajeron, corazones al unísono


fotografía tomada en Cádiz desde la Avenida de la Bahía,
autoría por mi desconocida.

Hoy las nubes me trajeron, volando, mientras caminaba lisonjeando el mapa de España, bordeando la Playita de las Mujeres, exhorto en mis pensamientos, un rostro que no me dejaba indiferente. Ella cruzó altanera el paso de peatones y se incorporó a mi trayectoria, justo, cuatro pasos por delante. En sus primeros progresos al frente de mi marcha ella giraba la cabeza, más de dos, más de tres y una más, para admirar un horizonte perfilado por casas en riadas de escalones arriba y abajo y el Castillo San Sebastián al final del trazo ¡Que pequeño sobre el río!

La luz era temprana, cegadora si miras al Este. Se le llenó de caballos la sombra que proyectaba y las facciones de su rostro sobre el celeste lienzo que se sustenta en la línea del mar, me excitaban.

Yo, caballo, por su sombra sincronicé mi paso al suyo para apreciarla a corta distancia. Advertí como su rubio ondulado cabello flotaba como la avanzada de nubes sobre el horizonte y que olía a rocio. Matices que me sumergen en el patio que un día fuera una fuente con agua y despertaron en mí, ansias de pretenderla.

En un santiamén, su mano izquierda, sutil como el planear de las gaviotas, reajustó por detrás, la camiseta ahogada bajo la mordaza del talle de la chaqueta de piel canela que cubría su estilizada figura. Por un instante, desvié la atención a que las gaviotas se entrelazan con otras a lo largo de la playa y que nos acompañaban con sus grotescos graznidos. Entonces lo oí y aunque no encontraba la fuente, la fuente estaba y se me desveló, era el sonido imperceptible de los flecos que engalanan su coqueta bandolera verde mar tintineando sobre su pierna derecha.  Al unísono se veló para mis tímpanos el goteo sonórico de coches que al igual que con el desfile de cientos de pensamientos que pululan mi mente cada día, en lugar de domarlos, les deje transitar.

Y fue entonces, cuando posé mi mirada en sus huellas. Un paso tras otro, sobre el revestido recién saneado, que entonaban el ritmo y la cadencia del incesante vaivén de olas que mueren unos metros más abajo y la humedad con sal del asfalto bañaba mis sentidos, preso de sus seductivos andares.

Repentinamente, ella se giró dócilmente a la izquierda y encaró su rumbo para franquear la avenida. Experimente un soplo de rebeldía. Yo, que no quería perderla, alcé mi voz con un ¡Espera y Adiós y Gracias! Ella, volvió su rostro espontaneo, sencillo, natural, una sola vez y sonrió ¡Adiós!

Comprendí al instante, en la larga cola de la despedida, que nuestros latidos habían caminado al unísono desde la playa de Santa María del Mar hasta Isecotel y el agua que no corría volvió para darme el agua. Y la deje marchar.

Poema original de Alberti 
Hoy las nubes me trajeron,
volando, el mapa de España,
¡Qué pequeño sobre el río,
y qué grande sobre el pasto
la sombra que proyectaba!
Se le llenó de caballos
la sombra que proyectaba.
Yo, caballo, por su sombra
busqué mi pueblo y mi casa.
Entré en el patio que un día
fuera una fuente con agua.
Aunque no estaba la fuente,
la fuente siempre sonaba.
Y el agua que no corría
volvió para darme el agua.
Rafael Alberti: Baladas y canciones del Paraná (1953-1954)

sábado, 7 de junio de 2014

el poder de las palabras

ecografía de la palabra
Dice aquel que “no nos afecta lo que nos sucede sino lo que decimos sobre lo que nos sucede” Epicteto, filósofo griego, esclavo en Roma.

Es cierto, como también es cierto que el vocabulario que utilizamos es determinante para que nos habite una energía en uno u otro sentido de la balanza emocional. El léxico que usamos para definir o expresar como nos sentimos o bien condiciona  o bien es delator de nuestro estado de ánimo y de nuestra salud.

Habría que decir también que las palabras que ponemos a nuestro día a día, son las que marcan el ritmo. Si no prestamos atención, si no ponemos conciencia a nuestro lenguaje hablado o manuscrito las palabras nos traicionaran. Una palabra mal dicha o fuera de lugar es una piedra arrojada, ya no tiene vuelta atrás. Más aun, cómo las pronunciamos: la cadencia, el tono, la sensibilidad, la calidad de las palabras marcan la frontera entre la salud y la afección, el orden y el caos. No es lo mismo “estoy sufriendo dolores, mi vida es un infierno” que “estoy viviendo el dolor y equilibrando mi vida con él para seguir adelante”. El cómo nos expresamos en el día a día redundará en la calidad de nuestra vida.

Admitamos que  la comunicación verbal supone el 7% del mensaje que emitimos, sin embargo el potencial energético que poseen las palabras las hace instrumentos que dependiendo del manejo de estas nos recompensaran o penaran.

Es fácil comprender qué a través de las palabras educamos, establecemos pensamiento, configuramos el carácter, aportamos seguridad y reforzamos la autoestima. Por ello, cuando utilizamos las palabras estamos creando una realidad, nuestra realidad.

Es de aquí que un adecuado uso del lenguaje en el dialogo con la otra y con nosotras mismas, o al describir las relaciones existentes entre yo y el entorno exige mesura y celo con las leyes que rigen la lengua. Ya que de las palabras emana una cascada de energía más allá de su significado y composición. Cada persona transmite fuera, a los demás, lo que lleva dentro y es reconocido, y por eso nuestras palabras pueden llevar a la sensación de sumergirse en agua helada o de tender manos y construir puentes que nos permiten cruzar hacía la otra y para que la otra penetre en nosotras.

No me cabe duda que la palabra consuela, alienta, inspira, erotiza, alivia, seduce, libera,… pero también enoja, aflige, amenaza, acorrala, aísla… Y desde esta certeza es que debemos pasar las palabras por el filtro del amor. Amor que es paciente y bondadoso, no es orgulloso ni envidia, no se irrita, todo lo cree y todo lo espera y así las palabras serán justas y verdaderas.

Acudamos a la usanza de la palabra escrita, más pausada y reflexionada que la dicha, que nos ayuda e instruye en el uso del verbo para una perfeccionada expresión en nuestro habla.

Como breve conclusión sea lo que fuere que pronunciemos si su fuente brota de la conciencia reposada y puesta la mirada en el amor, con sano criterio, puedo decir que, además de ser escuchadas o leídas y entendidas, estas palabras nos elevarán.

lunes, 30 de diciembre de 2013

Providas vs Fascitas

¡al pan, pan y al vino, vino!
Hay maneras de escribir que gustan más que otras, al menos a un servidor, y es esa donde se expresan las cuestiones con las palabras justas. No me refiero a la brevedad del texto ciñéndose a lo explicito sino a contar y nombrar las cosas con su léxico apropiado sin más rodeos. Esto es -y al estilo de Diana López en su blog “suspenso en religión”- llamando "coño" a los genitales femeninos cuando corresponde o, siendo muy hábil en el uso del sarcasmo, llamando "asesina en diferido" a una mujer que decidió abortar en un momento de su vida y en otro quiso ser madre y lo fue. "Con dos ovarios". Me encanta, cuando leo determinados artículos, que el texto se ciña y concrete utilizando vocablos apropiados para mencionar aquello que es nuclear del tema que se está tratando.

El léxico está ahí para hacer un buen uso de él. 

En nuestra lengua (el castellano o español, la lengua que es de España y también de las que fueron las Españas) gozamos de un diccionario (el DRAE, 1ª edición 1780, vigésimo primera edición 2003) donde sumergirnos en un extenso mar de posibilidades para barajar un escrito, nombrar o autonombrarse y que el lector o interlocutor entiendan claramente a que se están refiriendo (las palabras usadas) ya que, es posible y así me consta, no siempre entendemos o damos la misma lectura que habitaba en la intensión del autor/emisor o autora/emisora. Es fácil perdernos e incluso llegar a equívocos, por ejemplo, si utilizamos "órgano genital femenino" cuando queremos decir "coño". En la primera expresión no se concreta si es el clítoris (punto de placer) o los ovarios (centro de los redaños). Sin embargo, "coño" expresa claramente y refiere a esa parte fisiológica del cuerpo femenino que la mujer se agarra cuando quiere dejar clara su dignidad, inviolable y sagrada. -"esto es así porque me sale del coño"- y aquí, leo yo sin género de duda, que la mujer expresa su clara voluntad y opción en libertad.

Entonces, sres/as próvida ¿por qué cuando una mujer opta por abortar le dan ustedes una lectura tan malévola y reduccionista y ven ustedes demonios donde solo hay, en muchos casos, desesperación, en otros una salida valida. O, simplemente una decisión tomada según el criterio de una persona adulta, capaz y cabal? Y, si no fuera así, ¿por qué no se acercan ustedes con la humildad y compasión de la que alardean y abanderan cuan tela laureada batida al viento y ofrecen a esta persona, necesitada, quizás por ser menor o por ser inmadura o por carecer de sustentos, digo: ofrecen ayuda, sin imponerla, envés de condenarla?.

Me tienen ustedes confundido autoproclamándose "próvidas" y yo entendiendo: "fascistas" (excesivamente autoritarios).

martes, 10 de diciembre de 2013

El Lenguaje En Llamas

en Cádiz, noviembre 2013
Desde la génesis de la escritura, esta fue necesitada y creada en la tarea de dar soporte al Capitalismo. Fueron, otrora, los egipcios quienes crearon un sistema de signos (palabras) para registrar la contabilidad de su agricultura. Y es desde entonces que empezamos a hablar de un lenguaje escrito (escritura) como lo conocemos ahora.

A partir de aquí, comenzamos a romper arquetipos.

En primer lugar, a veces elevamos al libro a la categoría de lo sagrado. Sin embargo, los libros no son importantes, tan importantes, lo verdaderamente importante son las Palabras. El libro es la cárcel de la palabra. La palabra es colectiva y oral. Antes del libro, la literatura era narrada, cantada, contada. Por ello es imprescindible separar el lenguaje del continente de los libros.

Afirmaremos ahora que, el poder de las palabras para construir una realidad (te odio, te quiero) estriba en que necesitamos que se digan para que se evoque la realidad. De aquí podemos extraer que el Lenguaje sea el velo con el que construimos o cubrimos la realidad que cada uno, cada comunidad, cada sociedad percibe que es ella (los Inuit necesitan 25 palabras para expresar las realidades de la “nieve”).

Muerte,
He dicho esta palabra y
La boca se me ha llenado de cuerdas de guitarra.
 Yo, interpretando a Ory
La muerte,
como las cuerdas de una guitarra
necesita del cuerpo y de un mástil.
Un cuerpo que le haga de caja de resonancia.
Un cuerpo que experimente el sonido,
y del que las cuerdas son la voz.
Y un mástil, que tense las cuerdas,
que dilate el desarrollo de la muerte.
Muerte,
 que no es otra cosa que el reverbero de la vida.
                                                                              Yo          

Acéptese todo esto porque, el lenguaje es la base. Nos constituye como seres humanos. Somos el lenguaje que usamos, al decirlo y al oírlo.

En la escuela nos enseñan que la literatura es el desarrollo de un sistema:

EMISOR >>>>>> MENSAJE >>>>>> RECEPTOR

¿Entonces, la literatura que no llega a su destino (receptor) no es una literatura completa? ¿Esta descripción será incompleta sí, porque en ella misma se deduce,  la literatura se da al ser leída, surge con la lectura de un texto? ¿Podríamos decir que la literatura es un lector leyendo un libro?

Con lo que llevamos expuesto hasta aquí, me parece que podemos realizar un segundo aserto: los escritores no son tan importantes como lo son los lectores. Estos (los lectores), son los que dan peso al texto, dotándolo de sentido. “El autor es anecdótico”, su mensaje tiene grado de significado 0 y es el lector el que le da multiplicidad de significados a su mensaje. Si bien en la auto-escritura (el texto que se da como terapia) es importante el proceso de creación por ende el autor,  no así el mensaje ni el lector, ya que es un dialogo de auto-exploración.

Llegados a este punto abrimos un paréntesis para interesarnos por el poeta, músico y profesor de Escritura Mariano Peyrou que en su poema “Un Árbol” nos provoca chispazos con su manera de cortocircuitar el lenguaje. Yo le versiono guardando las distancias, por supuesto.

Un cuchillo.
Puedes hacer varias cosas con este cuchillo.
Puedes cortar el incansable oleaje de los pensamientos.
Puedes compararlo con la verdad y la razón que se utilizan para hacer daño.
Usarlo de brújula y seguir el rumbo que te señale.
Caminar sobre su filo y vivir la vida sin miedos.
Soñar con ser el cuchillo que corta la tarta que sueña que es el novio.
Puedes con él exigir el amor y encontrarte con la más triste de las soledades.
Crear un tálamo con muchos y descansar la pareja en su resistencia.
Puedes escribir un mensaje con él y lanzarlo al mar.
Inventar problemas, fundirlos y untarlos en una rebanada.
Lo que no puedes hacer es despuntarlo.
                                                                                              yo

Prosiguiendo con el tema del lenguaje, hacer constancia de conceptos básicos que nos ayuden a comprender y desmontar errores instaurados.

Poesía vs Prosa, no podemos comparar ni enfrentar estos dos universos ya que son de distintos planos. En un nivel tenemos la Prosa y el Verso que son el continente, las formas. Y, en un segundo nivel, están la Narrativa y la Poesía que son el contenido, el fondo.

Esquema:
Prosa y Verso
Narrativa y Poesía

Tradicionalmente identificamos el verso con poesía y la prosa con la narrativa. No obstante, podemos, por ejemplo, para el teatro o para las cartas de amor utilizar tanto la prosa como el verso. Ambos son medios de expresión. Es el ritmo el que define la diferencia entre uno y otro. Se comprende que, sí hay ritmo es verso y sí no hay ritmo es prosa. Son excluyentes, si es uno, no es el otro. Que el verso se escriba en renglones y la prosa en toda la caja de textos es pura creación enraizada.

…Será un burro perdido, abandonado –nos dijimos-, ¡y el frío que pasará y las penas! Y sin más resquicios salimos a la caza de él con una zanahoria y un cintajo; y no creas que te estuviste tú ni tan sumiso y conforme con la idea, que fuiste terco y duro de convencer; pero al final te metimos verja adentro, y al pronto te atamos entre jaras y te echamos paja y yerbas…

A un burro muerto, del poeta  Agustín García Calvo, editorial Lucina

Por otra parte, la Narrativa y la Poesía no son excluyentes. No hay un elemento diferenciador. Sí hay un mecanismo que nos dice sí es poesía o narrativa: el tiempo. Siempre está presente en la narrativa que refleja la sucesión lineal de acontecimientos. El texto narrativo tiene una esencia sincrónica. Por el contrario el texto descriptivo no contiene explicito el tiempo. Otro indicativo del texto narrativo es el uso de los verbos como imprescindibles en él.

Finalmente llegamos al lenguaje poético. Y, para empezar a entender el mundo de la poesía necesitamos sumergirnos sin bombona. Como ejemplo, podemos, con las gafas del trovador, jugar con las partes del cuerpo guiado por el aliento del poeta Carlos Edmundo de Ory, y siguiendo sus pasos me atrevo con un facsímil lerdo de su creación: “Ditirambo del Gaditano”.

Ditirambo del Gaditano
Tu voz viento para mis velas
Tu sonrisa la llave de mis sueños
Tu boca cueva para mis excesos
Tu melena velo de mi pudor
Tus piernas son pilares de mi fantasía
Tu sexo la sublevación de mis manos
Tus senos dunas para perderme
Tu vientre refugio de mis sobresaltos
Tus manos lo que le falta a mis guantes (verso de la autoría de Dani, ¡pedazo de chispazo!)
Tu cuerpo es el atlas de mis viajes
Todo esto eres para mí aunque tú no lo sepas.
                                                                              yo

De todo lo dicho anteriormente, concluimos que la realidad queda reducida a nuestro conocimiento del lenguaje, que depende de nuestro vocabulario. Que nuestra mirada organiza el paisaje. Que los límites de la realidad son los límites de mi lenguaje. Que los seres humanos confundimos el mundo con nuestro lenguaje que lo nombra.

NOMBRAR
ES PONErle tamaño al infinito.
Digo 2 y lo reduzco a 2
ignorando el universo.
Disminuyo a campana la campana
y olvido que en ella flotan
eternos los sonidos.
Digo Tierra y desaparecen los planetas.
Amor, orquídea, tumba,
y los sepulto en la osamenta de sus nombres.
                                                                              José Acosta

Los seres humanos hemos sido abstraídos de lo real para ser cautivos de la realidad y las rejas de esta prisión son el lenguaje. En la realidad reducimos el mundo y lo asumimos. Con la poesía creamos grietas en la realidad para distinguir atisbos de lo real. La poesía es la herramienta con la que expresamos aquello que trasciende del lenguaje. La poesía cortocircuita el lenguaje. Y es necesario romper el lenguaje, para enmendar nuestra visión del mundo, para advertir lo real.
La REALIDAD / Lo REAL

En el lenguaje de la obviedad, el mensaje necesita de muchas palabras, frente al poético que se vale de expresiones cortas (“el cielo estaba rabioso”). La poesía invade todo el lenguaje. Las palabras están colonizadas. El lenguaje poético busca alumbrar las zonas oscuras del escenario para procurar vislumbres de lo corpóreo. Con este lenguaje, el autor facilita al lector la búsqueda de la sensación del chispazo.

El magistral Federico García Lorca y su poema “Ciudad sin sueño (nocturno del Brooklyn Bridge)” es un claro exponente de lo que es ser un cortocircuitador del lenguaje. Y con este poema suyo, que compuso el poeta una noche admirando el puente de Brooklyn, quiero acabar este texto que no quiere ser nada más que lo que tú, que me lees, quiera entender que sea.

No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Las criaturas de la luna huelen y rondan sus cabañas.
Vendrán las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan
y el que huye con el corazón roto encontrará por las esquinas
al increíble cocodrilo quieto bajo la tierna protesta de los astros.

No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Hay un muerto en el cementerio más lejano
que se queja tres años
porque tiene un paisaje seco en la rodilla;
y el niño que enterraron esta mañana lloraba tanto
que hubo necesidad de llamar a los perros para que callase.
++
No es sueño la vida.


Referencias y conceptos meneados en el taller “El lenguaje en llamas, aproximación a la escritura creativa”. Fundación Carlos Edmundo de Ory. Profesor: Miguel Ángel García Argüez. Alumnado: José Manuel, Emi, Arancha, José, Adrián, Pablo, Rosa, Mila, Antonio, Elena, Juan, Yolanda, Dani y yo mismo.

Mi oficio es encender llamas.
Carlos Edmundo de Ory


Gracias!!

sábado, 8 de diciembre de 2012

Arrejuntando Palabras




Me matricule al Club de las letras en la UCA. 

Sobre el primer encuentro, hace ya un par de viernes, quiero contar que en un principio estaba entusiasmado y atento, además de expectante. Llevo tiempo esperando entrar en un grupo de escritura para adquirir nociones de cómo exteriorizarme a través de la pluma  o, mejor dicho, con el teclado que es el medio de escritura que utilizo para publicar en mi blog: “Disculpen las molestias, estoy creciendo”. Sin embargo, conforme se fue desarrollando el mismo, un cumulo de sentimientos, pensamientos y sensaciones fueron alternándose. Me decía: “qué hago yo aquí entre tantas personas doctas en el arte del negro sobre blanco” ¿me he equivocado? ¿me devolverán los diez euros? No obstante, igualmente, sentía que este era mi sitio. Quería estar allí. -Una constante en mi vida, la ambivalencia-. Me sentí, en los primeros minutos, solo y aislado. No fue hasta la llegada de Paqui, compañera inseparable de las aventuras en la UCA e instigadora de que yo me atreviese a involucrarme en el club de las letras, que me relajará. Acompañado y a cubierto de mis miedos, me abrí a lo que allí estábamos congregados: la emocionante andadura a través de las letras, escritas y/o leídas.

Estábamos convocadas personas de toda la provincia, movidas, unas por su propensión a la escritura, otras por su afición a la lectura. En mi caso, por ambas razones, y me aventuro a exponer que la mayoría, también. Había personas ya conocidas y reconocidas por todos y todas y las habíamos noveles desconocidas, recién incorporadas al club. Durante el desarrollo del encuentro, fáciles de distinguir ¿quiénes unas, quiénes las otras?

Tras presentarse para las nuevas incorporaciones y saludar a viejas conocidas, el profesor, nos hizo la presentación del nuevo curso. Un nuevo curso, nos dice, con cambios necesarios para adaptar el club a los tiempos presentes, más tecnológicos -ésto me genero una lógica satisfacción, conocida mi inclinación e intereses por éstas-. Nos cautivo, al menos yo me sentía así, con su exposición sobre el interior del escritor y cómo éste transmite, en sus escritos, su mundología.  En un momento de las explicaciones, una frase me impacto: “las cosas que merecen ser hechas merecen ser mal hechas”. Esta frase me dio alas para afirmarme, de que puedo ser uno más en el club, sin desmerecer. 

Hubo una segunda parte, que daba fin al encuentro, donde se presentaron textos publicados en las dos últimas revistas Speculum y que fueron leídos, a viva voz, por sus autores/as. Momentos únicos, que viví, de amor por las palabras compartidas.

Ya pronto, vendrá el segundo encuentro. Un encuentro donde exponer y compartir lo que os describo y otros textos (tareas planteadas). Momentos que quiero vibrar y espero poder narrar.