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sábado, 17 de marzo de 2018

carta a mi hijo, desde el más allá

campo santo de Chiclana, Cádiz
Continuando con mi experiencia de la creación literaria y aunque alejándome de mi estilo, más de divagar por la filosofía, quiero compartir esta lacónica carta, fruto de la tarea de escribir a la luz de la obra de Rosalia de Castro e inspirada por las palabras de una residente de la residencia Fragela. La carta la tituló “carta a mi hijo, desde el más allá” -publicada en la revista "Speculum" Revista del Club de Letras. Segunda época, núm. 31 invierno 2018- y reza de esta manera:



Querido Juan: en realidad, no sé por qué te despacho estas líneas, poco o nada hay que contar. Apenas si he muerto. Pero tú no te preocupes. Todos tenemos que morir alguna vez, y tampoco es el final. Muerto sí, pero me encuentro bien. Por cierto, pensarás que soy un desagradecido, que no te devuelvo las llamadas y es que ya no tengo cuerpo para levantar el auricular. Ya no tengo apetito y el aire dejó de abrazarme la piel. ¿Recuerdas cuando salíamos con el tractor y la brisa fresca de la mañana nos acariciaba el rostro llenándonos de vitalidad? Entonces sí que estaba yo vivo.


20 de enero ya. Tengo delante de mí un almanaque con la imagen del Corazón de Jesús, de esos que reparte el carnicero de la esquina. El hijo de los Aparicio. Sí hombre, aquel al que tu madre le gustaba comprar la carne .... para continuar leyendo descargar la revista en pdf:
http://www.cervantesvirtual.com/obra/speculum-revista-del-club-de-letras--0-segunda-epoca-num-31-invierno-2018-921225/ 

jueves, 26 de octubre de 2017

murmullos

  • Murmullos del agua de la fuente que, bajo la sombra de la arboleda, aporta más felicidad que la búsqueda de la riqueza material.
  • Murmullos del aire, que resulta insoportable cuando su origen es el Levante.
  • Murmullos del fuego, en su crepitar disociado de toda monotonía.
  • Murmullos de las olas del mar. Joya incontestable para aquella que se retira a la orilla en busca del consuelo. 
  • Murmullos de independencia, que cansan cuando no brotan de la autentica fuente que son el conjunto del pueblo.
  • Murmullos de las palabras, que te susurran al oído la voz de otras historias y te seducen. Cómo me gustaría que fueran estos tres relatos cortos que quiero compartir con vosotras. Son fruto de las tardes de creación literaria de la mano de Yolanda.  




Jardín Botánico, Estación de Atocha, Madrid
El horóscopo
este primer párrafo es de otra autoría y pertenece a la introducción a la tarea.
Cristina se levantó cabizbaja: el pesar de la rutina, la presión laboral… y sobre todo su ausencia. En la habitación ya no quedaba ninguno de sus objetos y, aun así, demasiados rincones evocaban el tiempo compartido. Cristina sabía que, para superar, una ruptura, el cobijo del tiempo puede convertirse en un tirano. Por eso, al encontrar una foto de sus últimas vacaciones juntos bajo la cómoda entendió que levantar el vuelo dependía, tan solo, de ella.

Cristina se había acostado nerviosa y cansada, pero se despertó varias veces en la profundidad de la noche. Al levantar la vista frente al espejo se encontró con una potente mezcla de ingredientes faciales que la asustaron y le hicieron cerrar los ojos. El silencio aturdía su maltrecho corazón herido. Todo se estaba desmoronando a su alrededor. Siempre confió en las predicciones del horóscopo y las señales astrológicas, pero ahora que Neptuno se enfrentaba al final con el destructivo Escorpión, su mente sagitariana no entendía nada. Abrió los ojos y entendió que su soledad no dependía de la presencia o ausencia de Vicky, quien la había ofrecido su compañía y ahora se la había robado. Cogió su mochila y compro un billete de autobús sin rumbo conocido.



Bostezo 
Perfil de la Catedral de Cádiz al amanecer
Voy en el bus, línea 7, aburrida. Dicen que el aburrimiento es un problema de pasividad vital. En la parada anterior se han subido tres niñas e iguales que me recuerdan a mí y mis vecinas del pueblo. Me veo cada día después del colegio como íbamos a por agua con una garrafa de cinco litros cada una. Íbamos a la fuente más cercana, apenas un par de kilómetros. Para llegar teníamos que atravesar campo y bosque cargados con la fuerza multiforme de la vida. Escenarios que se vestían y se desnudaban periódicamente de Hibiscus que florecen en estampida y sequoias que se apacientan en siglos. Todo atornillado por los códigos de la naturaleza. Recuerdo que por el camino jugábamos a lanzarnos espigas que se nos enredaban en el pelo o prendían de las ropas mientras, los traviesos rayos del sol atisbaban entre los espacios vacíos del follaje para jugar al escondite con las sombras terrenales y el canto de los pájaros, eco que la luz del día devuelve a la tierra, nos deleitaban los oídos. Recogíamos algarrobas, grosellas y, moras rojas y negras. El paisaje a ambos lados de la vereda se cumplía con almendros en flor y avellanos. El río que nos acompañaba, orillando nuestro caminar, contaba sus cosas como las vivía, porque esas eran sus verdades. Hasta en el olor del aire notábamos el advenimiento de la libertad que, nos provocaba un temblor en el pecho mientras corríamos hasta llegar a la fuente que era una simple pared con tres caños de agua fresca para aquietar la vida.

Un frenazo me retrotrae sin embrague al mundo de la realidad experienciada. Las chicas ya no están -Deben de haberse bajado mientras yo viajaba a los confines de mi tiempo-. Si bien parece ajeno al sentido común, en las profundidades de las personas se arremolinan voces invisibles que brotan ante la presencia de otras y que nos sacan del abatimiento cuando la realidad no nos satisface.


miércoles, 27 de septiembre de 2017

quinientas tres palabras



P
alabras, Palabras, Palabras… Las palabras son cuentas de un rosario inagotable. Relicario de enunciaciones, revelaciones y lanzas de Longinus. Las palabras están enamoradas de la vida y de la muerte. Reseñas matizadas de detalles. Algunas, antiquísimas palabras, atrapadas en sucio. Heredadas unas, cultivadas otras. Regadas de momentos vividos. Biografía incompleta e inacabada de un lenguaje universal en constante reformulación. Sin ellas no se le podría dar forma a la forma. Las personas lo son porque las palabras las nombra. Las cosas son porque las palabras las nombra. Lo que no tiene palabras, no es.


Palabras que son y quieren ser una performance de nuestra percepción de la realidad y que rara vez son expresión de lo real. Las palabras son una definición falsa y fragmentaria de lo auténtico. En muchas ocasiones autónomas, sin conexión con la otra cara, la imagen que atraviesa el espejo, las pronunciadas, escritas u oídas por personas de nuestro tiempo, de otros tiempos, de todos los tiempos.
Las palabras nos cuentan relaciones caliginosas y diáfanas. Palabras pronunciadas en la barra de los pesares que rescatan los besos de amores lánguidos. Palabras con alas para una relación sin red. Palabras que saben a montañas de sal, a caricias y puñaladas traperas. Lo que las palabras dicen, el corazón acaba mostrándolo. Las palabras cuando llevan tilde y cuando no, nos hacen gozar y arriesgarnos juntas, y de sufrir sin separarnos en ningún tiempo, en ningún modo…
Las palabras dictaminan, determinan, divulgan, desahucian. Las palabras se superan a si mismas. Palabras que ahondan en lo recóndito y más horrendo del ser humano como en lo más bello y admirable. Palabras aventureras aventadas por un espíritu recolector, jefe de cazadores, que alcanzan a sus presas y las embauca y las extermina.
 Palabras que se agrupan, tiernamente incestuosas, en frases que pretenden ser pronunciamientos, adagios y aforismos, que siempre van de la kamikaze mano de quien las pronuncia. Misterio que se esconde en los libros, entre las hojas cuarteadas por el otoño, en los valles y en las conversaciones de casapuerta.

Palabras subidas de tono y tonalidad, palabras susurradas. Palabras que matizan, colorean, gradúan y revelan el arte de humanizar. Las palabras exponen, descubren, dicen, explican, adivinan, aclaran o deslucen la estela de la locura, de pintoras del día a día que las cuecen en olla express. 

Palabras que imitan y experimentan lo necesario empero imposible de la ejemplaridad pública de millones de Aquiles en el Geniceo. Buscamos en las palabras cómo sobrevivir, cómo construir refugios para el alma que no encuentra salida de la eternidad.

Palabras de la maestra que se perfecciona a si misma, tan atrayentes que se abalean al corazón de la discípula. Palabras que arrancan la imaginación humana, entre leyenda y mito urbanita, de aquellas que llevan la luz interior expuesta como las raíces del enebro sobre las dunas.

Afortunadamente, detrás de cada palabra hay un nuevo parto de palabras que cobran vida.

Oscura es la noche sin ti,

cuando no te desenredas en mi garganta,

amada palabra mía.










martes, 16 de agosto de 2016

la mirona





Otro de mis microrrelatos publicado por Diversidad Literaria, esta vez con el Titulo "La Mirona" recopilado del certamen Sensaciones y Sentidos III para la antología del mismo nombre.















Tras el ojo de la cerradura, se recortaba la imagen de una escena que desveló para mí un nuevo punto en el mapa de mis inconfesables deseos. Me recreé, al mirar a través de un filtro que elaboré con materiales de mi fantasía. Y a medida que los píxeles de aquella fotografía poblaban mi mente, se adueñaba de mí la lujuria, agradeciendo la suprema suerte de que la puerta estuviese cerrada y que la curiosidad fuese mi capital pecado.

mis publicaciones bajo estas portadas



sábado, 2 de julio de 2016

+microrrelatos

Saeta Marinera


Castillo Santa Catalina
La Caleta, Cádiz
Acuérdate de lanzar mis cenizas al mar, como habíamos acordado. Nunca podré perdonarme que mis restos no acaben siendo mecidos por el vaivén de las olas y que un pez, no importa el tamaño, me esparza por los mares adherida en su lomo. Soñé de pequeña que sería pirata en los siete mares. La vida, no tenía esos planes para mí. La vida, quiso que yo fuera veleta de los vientos y girará sobre un gozne siendo guía y señal para aquellos que no conocen su rumbo o cambian mucho de ideas, sentimientos o gustos. Veleta y no pirata, este ha sido mi penitencia y haberme oxidado y no servir a mis caseros. Cigüeña, no me olvides tú y lleva mis despojos en una atada de tu pico mar adentro, que quiero volver a nacer. Quiero, tener un feliz viaje al fondo de los mares.






Calle Fatalidad

Centre Ponpidou, Malaga
Es como sale mejor, tirando de ella. Cuando se queda atrapada y no puede soltarse lo mejor es tirar y
tirar hasta que salga. Una inmensa minoría de las veces acertar en el calambre es la única manera de extraerla. Estando ahí en el pozo, cabalgata de pesares de personajes infaustos de tan normales o normales de tan faustos que viven irrealidades prácticas que tienen mucho que ver con moralidad grosera y repugnante que les habita por los callejones del fracaso, es difícil salir a flote. Empero, cuando tu vida ya toma ese color amarillo anémico con irisaciones obscenas es el momento de plantar cara a la depresión y gritar: ¡estoy viva!

MIcrogénero

historia de la humanidad en plastilina *
Sócrates café
La marina de guerra solo sirve para tomar el té, sentencio, el ingeniero Eduardo Cotilla, atado a su cama. <No es un pañal adecuado para mayores>, me dijo con la mirada húmeda.

Crónicas de la ultramodernidad
Mientras la basura se acumula en la puerta, la moralidad cojea y un titiritero es encarcelado.

El misterio de la voluntad perdida
Al cambiar de acera siempre miraba hacia atrás y solo veía su sombra.

Nuevo mundo, ética para náufragos
Esta vez Juan Nicodemo naufragó en la costa de un mar sin playas sobre una procesión de olas, ¿cuántas generaciones de náufragos podrían haber llegado hasta allí? Reflexionó mirando unas huellas humanas.

Hablemos de la vida
Cada vez que abría los ojos todo su afán era quitárselo, aquello le parecía una aberración, la dignidad le acompañaba mientras le seguía temblando la vida. 


* http://www.dipucadiz.es/prensa/actualidad/La-historia-de-la-humanidad-construida-en-plastilina-en-el-Palacio-Provincial/

domingo, 8 de mayo de 2016

corazones al unísono

Hoy las nubes me trajeron, volando, mientras caminaba lisonjeando la Playita de las Mujeres, exhorta en mis pensamientos, un rostro que no me dejaba indiferente. Ella cruzó altanera el paso de peatones y se incorporó a mi trayectoria revelándose en forma de suspiros, justo, cuatro pasos por delante. En sus primeros progresos al frente de mi marcha ella giraba la cabeza, más de dos, más de tres y una más, para admirar un horizonte perfilado por casas en riadas de escalones arriba y abajo y el Castillo San Sebastián al final del trazo ¡Que pequeño sobre el mar y que magnánima su fortaleza!

La luz era temprana, cegadora si miras al Este. A ella, se le llenó de caballos la sombra que proyectaba y las facciones de su rostro, atesoradas de toda sensibilidad sobre el celeste lienzo que se sustenta en la línea del mar, me excitaban.

Yo, caballo por su sombra, cómplice callado de su desfilar, sincronicé mi paso al suyo para apreciarla a corta distancia y sentir el ritmo del timbal que suena en su interior. Advertí como su rubio ondulado cabello flotaba, al igual que la avanzada de nubes sobre el horizonte, y que olía a rocío. Matices que me sumergen en el patio de mi memoria que un día fuera una fuente con agua y que llevaba tiempo seca, estampa que despertó en mí ansias de pretenderla.

En un santiamén, su mano izquierda, sutil como el planear de las gaviotas, reajustó por detrás, la camiseta ahogada bajo la mordaza del talle de la chaqueta de piel canela que cubría su estilizada figura. Por un instante, desvié la atención a que las gaviotas se entrelazan con otras a lo largo de la playa y que nos acompañaban con sus grotescos graznidos. Entonces lo oí y aunque no encontraba la causa, la causa estaba y se me desveló, era el sonido imperceptible de los flecos que engalanan su coqueta bandolera verde mar tintineando sobre su pierna derecha.  Al unísono se veló para mis tímpanos el goteo sonorico de coches que al igual que con el desfile de cientos de pensamientos que pululan mi mente cada día, en lugar de domarlos, les deje transitar para fijar mi atención en el sonido que su contoneante cuerpo a través del frescor de la mañana iba cortando la brisa delante de mí.

Y fue entonces, cuando posé mi mirada en sus huellas. Sus tacones, instrumentos que atesoran un vibrato de placer, hicieron saltar los cerrojos que encarcelaban mi alma y me poseyeron. Un paso tras otro, sobre el revestido recién saneado, entonaban el ritmo y la cadencia del incesante vaivén de olas que mueren unos metros más abajo y, con la salada humedad del asfalto que bañaba mis sentidos, quede esposado a sus seductivos andares.

Repentinamente, ella se giró dócilmente a la izquierda y encaró su rumbo para franquear la avenida. Experimente un soplo de rebeldía. Yo, que no quería perderla, alcé mi voz con un ¡Espera y Adiós y Gracias! Ella, volvió su rostro espontaneo, sencillo, natural, una sola vez y sonrió ¡Adiós!

Comprendí al instante, en la larga cola de la despedida, infundida por la sabiduría métrica e invisible del amor, que nuestros latidos habían caminado al unísono desde la playa de Santa María del Mar hasta Isecotel y el agua que no corría volvió para darme el agua y enamorada la deje marchar.



Hoy las nubes me trajeron,
volando, el mapa de España,
¡Qué pequeño sobre el río,
y qué grande sobre el pasto
la sombra que proyectaba!
Se le llenó de caballos
la sombra que proyectaba.
Yo, caballo, por su sombra
busqué mi pueblo y mi casa.
Entré en el patio que un día
fuera una fuente con agua.
Aunque no estaba la fuente,
la fuente siempre sonaba.
Y el agua que no corría
volvió para darme el agua.
Rafael Alberti: Baladas y canciones del Paraná (1953-1954)

domingo, 17 de abril de 2016

Dios como el Diablo, y otros

rocorte del mural en el
centro escenico Alboli
Dios como el Diablo


Las palabras que ha aprendido por la noche, susurradas por la sierpe, forman una enredada madeja fonética que ni Eva misma llegaba a comprender. Voz de cabeza, voz de la conciencia, voquibles que van y vienen o dan largos vagabundeos multiplicándose por las colorradas oquedades de su interior. El complicado laberinto de la razón no le ayudaba y le ocultaba la hermosa melancolía del para qué todo era una metódica anarquía. Palabras repetidas con la inconstante cadencia de las olas del mar que le sonaban mantra de mediodía y, a la vez, amalgama de armonías saturadas hasta la náusea que le hacían naufragar en el gélido océano de la incomprensión:

- “Vivir una misma vida, una y otra vez, por toda la eternidad, al cobijo del libre albedrío, te llevará por entre todas las posibilidades”-, le dijo.


Omnisciencia granizada

Cada vez que le hablaba del último sobre rechazado mostraba una media sonrisa, por la manera en que contraía las comisuras de sus labios, y siempre el mismo soniquete: “Nuestra sociedad produce muchos sobres inútiles y, en la misma medida, también seres humanos inútiles; no es el caso de los míos ni te conviertas tú en uno de ellos”, me solía recitar mi abuelo que era un elegantísimo filosofo curtido en la vida y con una clara idea de la pureza en forma de suspiros. Algo de narcisista y autocomplaciente, mi abuelo Paco, de profesión cartero, regalaba sobres que, acaso por su ponderación y sensatez, en ciertos aspectos nos habían permitido superar algunas vicisitudes. Recuerdo cuando me hablaba de ser felices y recuerdo tener guardado uno de sus sobres que contenía el siguiente axioma: “Ser feliz y radiar esa felicidad a tu entorno, implica, ser capaz de soltar las emociones”. Y recuerdo pedirle que me lo desarrollará –“mi querido Juan, me decía, donde tenemos las emociones tenemos la vida y bloquear las emociones significa bloquear la vida”. Yo, cartero como mi abuelo, os regalaré este sobre: “aprieta la vida y suelta los miedos”.


recorte del mural en el
centro escenico Alboli
Ninette y la extraña mirada

Pero nunca, sin saber por qué, dejarán de mirar hacia arriba, hacía las nubes de un cielo que nunca cambia, que oculta una impía verdad. Debido a la grisura de sus tonalidades daba a entender que su autor debía de ser daltónico al no percibir la mugre acumulada en forma de nimbos sollozados...

-Qué lindo es estar loca y andar suelta con la mirada inmoral- pensaba Ninette, hija de un matrimonio de Murcia y protagonista de centenares de historias, unas en tardes grises, donde ella veía llover y sentía gente correrse, otras, donde solo me veía a mí. Ninette es una prostituta que, por casualidades de la vida me conoce cuando yo era un joven apocado. Me enamoré, la recogía de su casa y la acompañaba a misa los domingos por la mañana y al burdel todas las noches, con una profunda inocencia de la legítima ocupación de mi amada...

Una seca mañana, de súbito y a quemarropa, reaparecen sus padres y desde entonces, nunca, sin saber por qué, alzan la mirada perdida por entre las nubes y se preguntan en qué momento erraron en su educación.


Al alba

Lo que daría porque fuese ya de día y su dulce voz me susurrase “lavavajillas”, “espumadera” o “colesterol”. Qué daría yo porque cada cuarto de hora pudiera chupar un polo de limón y fantasear sobre placas de quebradizo hielo del Lago Baikal. Ahí, lo que daría por un encuentro, o un simulacro de realidad, subiendo como la espuma de la leche y, que los pájaros del deseo, que dormitan en la vasta mañana del laberinto de mi dispersa mente, se despertaran al yo que lo habita. Ah, comunicación sororica de la caja de resonancia que se abandona a la atracción de la cadencia, el ritmo y el compás de la partitura de lo más hondo del adentro. Lo que daría porque los dedos rosados del alba susurraran palabras nuevas a mi niña interior para despertarla a la vida.



*Centro de Artes Escénicas de Arbolí


martes, 29 de marzo de 2016

plátano y miel

Quiero, con la primavera en su explosión de vida, tener la osadía de colgar este texto elaborado al albor de las clases de creación literaria con el fondo de la literatura erótica.

Es un texto que quise que no se desarrollase en la pauta hetero y me lanzo a romper una lanza por diversas, diferentes y universales maneras y formas de relacionarse con otras, con una misma. Que la sexualidad no sea dictada por el género ni la edad, ni religiones, ni fronteras.

¡Disfrutad, disfrutemos de las mil y una posibilidades de gozar y dar placer!!

Plátano y miel

Una figura femenina, una voz susurrante y la belleza de unos redondos y elevados senos me dejaron prendado hasta el punto de buscar un hombre semejante con el que pasar la noche, a la espera de la seducción del lenguaje de nuestros cuerpos.

-Antes del dormitorio, ansiedad encarnada de piel y saliva, desnúdate para mí, quítate los afeites y que sean tus testículos los que llenen mis manos y déjame abrazar tu cuerpo, irrevocable ideal de frescura.

Quiero hablarte del vello erizado, del goce de amarnos ahogados bajo las sabanas hasta desarmarte y en mi cama sabrás que una no muere sola. Yo te atusaré los cabellos mientras lames despacio, mientras, en un aspirado y dulce mordisco, me acaricias con tus dientes y labios. Que yo quiero saciar tu sed. Quiero comerte desde la boca al vientre en el centro del parque para que nos llamen indecentes. Quiero, a la vez, leerte que se comen los amantes, se devoran con sus lenguas voladas en saliva. Sus vientres se confunden y hasta aquí llega el ácido sudor en su batalla del cabalgar más húmedo.

Hoy es día de visillos y mi cuerpo exaltado aguarda. He quedado con Andrés y hemos cenado. Una hora después, ya acostados ambos en el torneado lecho, me desvistió como si pelará la fruta del postre. Sabía hacerme disfrutar a oscuras, sabía encontrar donde estaban mis puntos y turgencias en medio de laberintos y orificios. Los dedos hurgando entre los vellos, las lenguas avezadas en su sitio. Su falo cremoso se me ofreció desnudo, caliente, rojo incendiado, dispuesto a penetrar en mis insondables dominios y hacer saltar los cerrojos que encarcelan mi lujuria. Siento latir mi piel al contacto con la goma que me invade reclamándome en la humedad de mi espalda hasta hacerme jadear, enervado de gozo. Siento como me voy, como se me apaga la luz y gimo -sin prisas, leve, leve, mulato leve- me pide con su mano que calle, que vuelva la cara y le mire y calle, que con la mirada se lo diga todo.

Laxos y relajados, después del clímax, las manos siguen buscando las partes cálidas, húmedas, acalambradas. Y Andrés se despide y como a veces, después de oír cerrarse la puerta tras de él, resuena, aún, en mis oídos, nuestros cuerpos cuando se aman.



lunes, 7 de marzo de 2016

en la piel de la esperanza


Me arrastraba la corriente de un pasado ancestral. La vida se me abría paso a paso, la muerte también, ambas se daban cita en cada presente. Y ocurrirá, durante la tierra velada en sombras, cuando mi cabeza se cubra de los grises archivos del pasado, que la dama vendrá a cegar todo lo que ya no sea vida. Estaré rodeada de un manto de hojas de un color amarillo tardío resistiéndose a adoptar la crujiente naturaleza marrón con que se viste el cambio de estación.   -No faltaré a las exequias-.

Acaece, no obstante que, hoy se ha abierto una brecha en mi conciencia -en estos días me desmorono en lágrimas- Tan fácil como salir de mi zona de confort, de la torre de mi castillo de naipes para pasear por la orilla de lo incierto, me llevó a descubrir un universo de viciados secretos en el lienzo de una realidad que, como humillación ante la muerte, me sostenía en la domesticación recibida durante generaciones, desde la noche de los tiempos.

Ya han pasado varios meses, y ahora, con un punto de cólera por la evidencia de que la vida es impermanente, esta se me revela, como el mar que ha ondulado las conchas de las caracolas, con vaivenes de ola prístina, fundida en gotas que encajan entre sí con la misma precisión que las aguas en el cauce, las nubes entre las montañas o los rayos del sol a través de las ventanas. El ciclo de la vida emergiendo desde el sudario perfumado hasta un retoño depositado en mi vientre.

Ahora que todo es presente en este estado de buena esperanza, desestabilizador para la redención del caos que reinaba en mi vida, es como agua de mayo para saciar la mirada al pasado de una adicta al amor que no tenía razones para la esperanza. De esta suerte es como se me desvelan todos los caminos, todas las oportunidades, la auténtica posibilidad de un propósito vital, el perdón y la sanación de espíritu y mente a través de la senda del amor, borrador de la partitura, para restablecer mi vida con otra vida.

miércoles, 27 de enero de 2016

creación literaria 2016

Disolución

Las besa con suma conciencia para no equivocarse, comprendiendo que a veces es el momento de dejar marchar, de morir sin pugnas, de perderse en la locura, en un suave suicidio. Será una gloriosa experiencia separar para la hoguera las suyas de las mías y legar a la posteridad, esa dama anticuada, pequeñas betas doradas en un álbum de fotos sin dobleces.


Regreso imprevisto

Van a ir a comprarse un vestido nuevo y un helado, y será lo primero que hagan nada más llegar a la ciudad, les dijo con autosugestión. Ana y Gema, le sonrieron a pesar de que sus rostros reflejaban una contorsión de dolor y resignación. Ambas sabían que su madre solo pretendía extraerlas de aquella realidad que tanto le costaba a ella misma de asimilar. Nunca podía imaginarse un final como el que se precipitó a su llegada al campamento de verano, donde dejó, días atrás, a sus radiantes trillizas.



BREUKELEN (palabra de origen holandés, y que da nombre a una pequeña ciudad de este país, que significa “pantano pequeño”, “breuk”-pantano y “elen”-diminutivo, origen del nombre Brooklyn).

En el cuento de Navidad de Auggie Wren, hay un personaje peculiar, por sus maneras y por la amputación de su mano derecha, Cyrus Cole. Cyrus perdió su mano en un accidente, a muy temprana edad, jugando con la podadora de su padre. Su padre, el buen hombre, que vivía la salud en clave de moral con Dios, interpretó en el suceso la mano del castigo divino y desde el mismo instante de aquel trágico advenimiento encomendó su alma y el fruto de su trabajo a la Iglesia Luterana por lo que Crus, que así le gustaba de llamar, paso calamidades en la mesa amen de la exclusión por su condición de manco y señal divina del pecado.

Crus vivía junto a una tienda de tabacos en la esquina entre la Calle tres y la Octava Avenida de Brooklyn. Le gustaba pasar las tardes en el parque del Puente de Brooklyn, desde donde se admiraba la famosa montaña rusa de madera, la Cyclone, al sur, en Coney Island. Jugaba, e imaginando que tenía ambas manos, a ser jardinero del parque y que creaba figuras de árboles de Laurel traídos desde la India. Además, se había propuesto crear el laberinto de setos más descomunal y entreverado del que nadie pudiera salir sin su ayuda. Por encima de todo, Crus, deseaba sentirse útil y reconocido. Encontrando en la jardinería una evasión y la ovación de cientos de turistas y broklinites.

Así es, Cyrus fue contratado por el ayuntamiento del condado de Brooklyn, mucho antes de que la ciudad fuera absorbida por el conglomerado urbano de New York y con el tiempo, su arte y su singularidad, le otorgaron el sobrenombre de “el mago jardinero manco”.

Crus, era un joven por entonces, escuálido, de tez morena y paticorto, cualidad que para trabajar sobre el césped le beneficiaba pero que para tallar los árboles necesitaba de todo tipo de plataformas elevadas. Persona que no se dejó vencer por su diferente capacidad y que con una apasionante voluntad y un prodigioso don consiguió que se le reconociera y homenajeara cada año por sus remodelaciones del espacio verde de la ciudad.  Su esmero y la armonía con que trabajaba otorgaban a los jardines, parques y estanques, en relación con el rocio, los colores, las nubes y el sonido de la naturaleza una energía y vitalidad sin parangón en el mundo de la floriescultura y el paisajismo. Aunque había cursado estudios en la Facultad de Floricultura y sentado catedra en la asignatura, su don en el manejo de las tijeras, el diseño y la ornamentación le venían, decía él, del reequilibrio divino, “me castigó por mi padre y me redimió por mi tesón y amor a la naturaleza”.

El registro grafico de sus recreaciones y trabajos paisajistas lo realizo el que llegó a ser su amigo y compañero de largas jornadas, el fotógrafo Auggie Wren, al que conoció en la esquina de su casa mientras este retrataba una mañana y mañana y mañana, así todos los días del año, el mismo encuadre de su calle. 

lunes, 23 de noviembre de 2015

tres hojas arrancadas



Ejercicio realizado para el curso de Creación Literaria. En este texto he querido reforzar el sentimiento con música para realzar la emoción que habita  en el personaje, propietaria de estas tres hojas de su diario. Podría decirse que es un diario musical.


Pinchando sobre las estrofas extraídas de las canciones os llevará a un vídeo en You Tube. Disfrutad de ellas, como lo hizo ella.



hoja uno
Hoy me desperté y mi cuerpo tiritaba y la manta no bastó para quitarme el frio susurrado de una profunda tristeza interior. Busqué en la radio una melodía que me calentará el alma. Que detuviera el tiempo. Que me aquietase, para infundirme en el ahora, y desnudar mi llanto para ponerlo en sintonía con la enlutada melancolía. 
La rueda del dial giró hasta encontrarla: Llorona, de Chavela Vargas.

El llanto brotó de mis ojos, atravesados por pequeños alfileres, del color de las nubes en arrebol sobre  las montañas, terciadas por los rayos del sol de la mañana, cubriendome toda y modulando un día hasta su ocaso, que presagiaba etéreo.
La música que todas necesitamos, en forma singular y propia, virtuosa y fecunda, ha salvado esta página al ritmo armónico que suena en mi recóndita oquedad.


hoja dos
Ayer estube sin fuerzas para seguir. Menos mal que he encontrado sus postales y con ellas he podido trazar un mapa para reencontrarme con su amor. Hoy mi hermana que ha querido invitarse a comer y después, juntas, hemos desempolvado mi guitarra, ha abierto las ventanas, porque así deben permanecer, me ha asegurado.


Una guitarra, una voz y su recuerdo para danzar… Aire fresco, mi querido diario, hoy me siento viva.


hoja tres
Esta mañana me arme de valor, le hice caso, y antes del alba, salí a buscar un paramo para desintegrarme con el infinito. Todo paso tan rapido que no me di cuenta de cómo caí en sus brazos. De cómo llegue a su cama antes de desayunar, de que las luces se apagasen, de no pensar en el imposible de extender el amor hacia el lado oscuro. A medio día, ya, la grieta de mi corazón dejó entrar la luz. Se detuvo el tiempo. Sus ojos, su cuerpo, su pene… un aire de extasis.



Necesito escribirtelo: “Seremos imperfectos porque la perfección seguirá siendo el aburrido privilegio de los Dioses” (Galeano) Pero, Sin música, sin Amor y sin Sexo, la vida es un error.

miércoles, 29 de abril de 2015

Arreguindadas

Un texto creado como experimentación en la creación literaria. Es un texto de dos autores: Pilar Racoy y yo mismo. Realizado por separado. Pilar redacto la segunda parte y yo la primera. Solo conocíamos en común la primera frase, la temática y los personajes. Las coincidencias son fruto de un par de wasaps que nos enviamos antes de embarcarnos en la tarea. Los cuatro primeros párrafos son los míos. 

Arreguindadas, al pretil de la azotea

Sé que me acusan de soberbia, y tal vez de locura. Más no me veo a mí misma como un ser endiosado que sueña con un mundo inmodesto sino un suceso local que sueña con el cosmos de la sinfrontera y el fin de los limites impertinentes que me doblegan a la alienación neurótica. Una imagen de mí, cual salteador de caminos, que ha quemado la cosecha de mi vida.

Vanidosa presunción  de gentes de mente obnubilada incapaces de ver la verdad de lo que es y que pretenden ser poseedores de la pócima que me devuelva al equilibrio lejos de las cavernas oscuras y bodegas secretas de la psique que cabalga en un péndulo de polaridades.

Presa yo, de estas de oficio carceleras, en este hábitat de cuatro paredes acolchadas, rodeada de girasoles esclavos de su sol, incluso en días con cielos opacos. Donde  preconcibo que si en un ultimado arrebato de trascendencia me dejo “demensticar” para acabar con esta proyección anclada en estrellas ligadas a tierra, todo habrá acabado para mí. Entonces, regresará aquel al que no llaman loco, al que no quieren encerrar y habré renacido para este tiempo de goces inmediatos que me alejan de mi origen.

Ah, sí me reencontrara, cuando se revelen los recuerdos, con mi bien amada, sencilla y humilde hermana Adele, con su pisto rompiente de guiones, con su huevo cuajado, píldora subrealista para la transición desde la filosófica locura hasta la cordura que no se consume en la falaz ebriedad.

Ahora la química navegará por mi mente equilibrando lo que ellos consideran la realidad. No necesito sus inútiles conocimientos, no saben con la clara velocidad que me llega la agresión de todos y cuantos perturban mi atormentada existencia.

A la salida del centro le conmueve la inquietud de su hermana en un intento por mostrar tranquilidad, la que lo abraza sin palabras en una mirada. No hay preguntas, presión ni demostraciones innecesarias. Se aferra a su brazo, como suele, y en una propuesta cómplice le sugiere caminar juntos a casa. Lo que acepta, no sin inquietarse, el mundo desborda sus adentros.

Al llegar, Adele le da el espacio sabedora de necesitarlo, mostrándose con la  naturalidad que le proporciona el amor que le procesa, sin invadirlo. Manuel, recoloca los cojines que descansan en el confortable sillón expuesto al sol, mientras, sus tormentos tratan de hacerse paso de nuevo, vence la calidez adormeciéndolo, paralizando el cimbreante compas de sus ansiosas piernas sentadas.

Despierta, le incomoda no estar asolas, atrapa el entorno donde se encuentra… siente hogar. _“te he preparado un jugoso pisto con huevo cuajado, sé que te gusta”. Su mente le vuelve a hablar y en su cara se dibuja una amplia y tierna sonrisa, desde donde se abre con timidez, esa puerta que por día va pesando más y más entre tanto sufrimiento.


Toma la primera cucharada caliente entre el afecto de la compañía, lo que estimula el regusto de sus sentidos, donde se hace presente la tan olvidada paz de su existencia, al menos… un instante.

domingo, 5 de abril de 2015

Primavera por escrito


Me hace ilusión y me congoja, dos sensaciones muy marinadas en mis grafías de devenir por la vida, el presentarme al certamen literario de esta primavera. Desde muy pequeño mi amor por las palabras y como conjugarlas a capitaneado mi fantasía. No tengo referentes en la familia ni era yo infante entregado a la lectura y la escritura, era más bien una relación metafórica de una querencia prescrita -creo yo que por el Hacedor- maestra constructora y que me erizaba la piel al asir entre mis manos lápiz y papel. No obstante, con inmortal miedo a plasmar mis pensamientos por escrito y hacerlos tangibles, en ninguna estación pude darles vida fuera de mi mente, han ido quedándose a buenas noches mis bosquejos aspirantes a ser velas para los sueños, los propios y los de otras. Años de embriaguez y etapas de sobriedad, archivos con canas para desatar el nudo que maniataba mi pluma han sido necesarios y hoy me presto a meterme en la piel de escritores muertos no para usurpar sus obras ni imitar sus talentos con aportaciones mías altisonantes sino alentado por la necesidad de cincelar aquí lo que otras esperan del más allá. Unas líneas no para interpretar o vivir mi experiencia de ser autor de.., sino para transmitir la comprensión de mi mundo interior. Un constructo de mi servidumbre de ser apertura para que el Amor invernado que he vislumbrado, en el arte de lo posible, trascienda y permanezca vivo a pesar de los dientes del tiempo. Me urge escribir sobre lo oculto, lo ahumado por nocturnos adiestramientos registrados desde la noche de los tiempos, sobre el amor grabado con el buril de lo indeleble en las entrañas de mi ser y sujetar a estas hojas, cual alegoría de la caverna platónica,  una carta de amor eterno. Así, apoyado en la plumilla, ariete de mi despertar, expresar que la guadaña no nos cosecha sino que nos labra para una nueva siembra. Que no es como son las experiencias de amor sino que las experiencias de amor son. Que estas experiencias son una necesidad y la misma para todas las personas y que la sanación de la mente, el perdón, es también a cada paso trazar caminos al amor. 

a  mi cenicienta por su valor y su generocidad

viernes, 6 de febrero de 2015

microrelatos 2

En la desnudez del invierno
Inmediatamente pedí que cerraran la tapa del ataúd y comencé a leer un libro que, en palabras de sus autores, es más que un vademécum de oraciones. Es también, poema y revelación, apotegmas y paladar de sabiduría. Estación primera para mí del andar errático por el camino incierto del duelo, en busca de un sendero a la esperanza y salir de este invierno cetrino cargado de sufrimiento gélido.  Este quebranto, que dicen, es  consecuencia del amor, para mí es antinatural y despiadado, que me provoca un picor en el alma, que nombran las mismas, como las pulgas del propio. Y, compréndanme, he quedado como el Enebro de las dunas con las raíces expuestas al viento, porque no es que la muerte me arrebato una hija sino que yo siga viva lo que me lapida la existencia.

Absurdo
Sin saber por qué le di un puñetazo y él se giró sin respuesta. Y sin saber por qué me quede perturbado, sin comprender como una persona puede darte con la cara en los nudillos y marcharse sin dar explicaciones. ¡Ya no se respeta ni a los violentos!

Atropello
Sin saber por qué le di un puñetazo y le volví a vendar los ojos.
– Esta para eso ¿no? la justicia digo, para trans-agredirla ¿verdad?

No doy crédito
El mensaje era claro, conciso, breve y letal: no incitas, decía por cuarta vez la pantalla. Y ni tan siquiera podía ya contestarle. No entendía nada, aquello se me antojaba una burla grotesca del destino. Una confabulación desde las oquedades de aquella fachada para acabar con el escaso hilo de vida que me restaba. Era el fin. Ayer acababa el plazo de pago del recibo de la luz y había olvidado el pin.

Daños colaterales
Aquel irrevocable y capital pitillo requería de metódica ceremonia. Para prenderlo me serví del mechero recuerdo intemporal del abuelo. -Reza en el archivo Coca-Cola “que los recuerdos no superen a los sueños”- y yo deliro con volver a ver al abuelo dar un chasquido certero a la ruedecilla, brillar la piedra y arder la mecha… Di una primera calada que me abrasó los bofes ya consumidos por tantos chicotes dilapidados y al instante me develo el rostro con la blancura del alcanfor y una remembranza de los placeres del génesis de mi lacra me rescató… Todo el espacio levantaba conos de silencios taciturnos y conjeturados que me helaban la sangre, me procuré determinación y conveniencia para en una matemática cuántica colocar bártulos y moblaje, atrezos de un escenario con armonía cósmica donde Sol y Lucero, silla y soga, proyectan una sombra, confidente detrás del palío, preludio de mi eternidad.
  
Indignación
Usted es el primero que la abre y yo le agradecería que la volviese a cerrar, caballero.
Acaso no ha leído el cartel: ¡por favor, no molestar!
No entiendo cómo y con qué ligereza se permite invadir mi descanso. Aunque ya que está aquí ¿podría apartarme el polvo de la cavidad nasal?



sábado, 25 de octubre de 2014

microrrelatos

Texto realizados en el curso de Creación Literaria, del CEPER Pintor Zuloaga, aula Arbolí 

negro sobre blanco

La vida tras el bigote
Como un bigote a lo antiguo y con las últimas claras del día, no se le  puede dar cuerda al reloj. La brevedad de la vida no da para caminar, conquistar y desaparecer, oculto tras un bigote a lo antiguo. Más bien, con la fidelidad que un hombre cuida su bigote, compañero tallado con el que reparte suerte en un efímero y eterno tic tac del segundero, como un bigote a lo antiguo, Perdonar -Per, constancia y totalidad- y Donar, dar constante y totalmente- como un bigote a lo antiguo, roce del reptil por la tierra, en el mundo de las formas paganas, ser capaz de amarse y saborear el goce que es vivir sin disfraz, que al fin y al cabo es lo mismo.

Desnuda
No estoy acostumbrada a tener compañía… y menos aún de semejante ser hirsuto. Me cansan las sombras que profanan la mía. Siempre fui reacia a encontrarme con grotescas criaturas en una extraña prostitución a la diosa naturaleza. Es como dice Nietzsche, “la creatura y el creador se unen”. Hermosa melancolía del porqué de las cosas. Esta criatura me hace subir como la espuma de la leche y no deseo que me arrastre hacia la maraña del laberinto de su caricaturesco cuerpo.
Serpiente que susurra a Eva.

El beso
Pero no estoy loco y sé muy bien que esto no es un sueño. Un sinnúmero de ajenas sueñan con vivir una aventura sublime. Algunas, las exitosas, las vivieron. Ahora soy yo el protagonista exaltado de esta que les voy a narrar, rojo encendido por la emoción con la mirada perdida y oculta la razón. No sé si fue un beso o un simulacro de realidad, sin embargo me sentí como la primavera que presiente los nuevos brotes y dejándome llevar cual rama a la deriva en el río de la lluvia; consumido el beso, quede invadido por el silencio altanero.

Desvelar
Encontró una carta en mi cajón que no iba dirigida a ella, la leyó… Ficción, embustes, engaños; una misiva cargada renuncios de un diestro en el  arte de la quimera. Mentiras escritas que como las ondas sobre la superficie del lago iban creciendo al chasquido de una pluma cargada de humo. Una neblinosa bruma matinal que encubre mis violentos deseos de  zurcir me niega salir del laberinto. Por una necesidad de sentir afecto y ternura me invente un amor al que no puedo renunciar, sin embargo a la mentira como al sol no se les puede mirar de frente.

Al descubierto
-Por cierto ¿hoy es domingo?
Inquirí a quien invadía mi asiento, una chica desvaída que pareciera que nunca se hubiera peinado.
Una racha de viento ahogo la lámpara de mi cabeza. Ya no había razón en las oscuras oquedades.
-Por cierto ¿hoy es domingo?
La desgarbada ataviada con trapos de un ropero de caridad, seguía sin responder.
Rincones de casapuertas con desconchones que parecen caras de Belmez, así quedo mi mente tras los envites del temporal.
-Por cierto ¿hoy es domingo?
La zarrapastrosa se muerde la lengua. Tiene un perro por familia. 

Poema de amar
Los hombres que a mí me gustan no saben llorar ni se sustraen al abrazo genital. Hombres que abandonan el pene, que olvidaron la vaginalización de la mujer y moran en una sexualidad sin dobleces. Una sexualidad sin jerarquía en la relación con los cuerpos, en un nuevo desorden amatorio, lejos del coito como principio rector del caos. Hombres que reniegan del turista y recuperan al viajero, que esquivan lo permitido y acuden a lo prohibido, que danzan al compás del agua de la fuente que me recorre imparable para saciar la sed de piel. Hombres que me estimulan el goce de los goces  y me suscitan orgasmos sempiternos. Los hombres que a mí me gustan recitan el Ars Amandi1.

1Poema de Ovidio

Otro final
Y su relato, vocero de lo acontecido en el último capítulo, era escuchado celosamente por todas, desde el abuelo languidecido a la afanada ama de casa pasando por la chiquillería alborotada esperando que se abra Pandora, todas ellas, deseosas, se agolpaban prestas a recibir una dosis de oleos balsámicos para sus desdichas.

Europa
Deberías airearte un poco, estas llena de telarañas, polvo y caspa. Cuando me hablan de ti se me llenan los oídos de tierra seca y me llega un olor a bolitas de alcanfor. Eres puerta equivoca, a veces hermética a veces viciada. En el aire que respiras no permanece la credulidad. Deberías concebirte y abortar en un continuo vida-muerte-vida y deberías hacer girar el cuchillo para seguir el rumbo que te marque y deberías exigir con él igualdad, libertad y fraternidad. Lo  que no debes hacer es silenciarte.

Indecisión
Las flores blancas preñaban el espacio y el olor otoñal se reflejaba en las gotas de lluvia.
¡El cielo estaba rabioso!
Es tarde y Papito espera, como las velas al viento. No hay pamelas ni tocados, el protocolo no lo requiere, las figuras veladas en sombra lo anuncian bajo la luz amarilla prendida de la piedra ostionera. Dentro, bancos alineados. Fuera, cámaras polaroid. Por todos lados, nudos de corbatas y tacones de vértigo. Las manecillas marchan atropelladas. Hay cuerpos que se entrelazan, miradas con el rabillo del ojo, murmuraciones opacas y piropos.
¡Que guapas estamos todas!
Y yo sigo sin saber qué hacer ¿La espero dentro o salgo a buscarla? Salgo, y la grúa se ha llevado el coche nupcial.

La rueda de la vida
Ángela sentía una angustia continua que se fue tejiendo vuelta a vuelta, punto a punto con las agujas del dolor. Todos los ángulos de su existencia los ha inundado la sombra del silencio. Ya no está su amor, y con él se fueron el manitas, el contable, la pareja sexual y el calentador de cama. A Ángela, la muchacha antivestida, todo le asusta, tiene miedo de todo. Y el revés de la muerte, pese a la pulga interior que aguijonea a Ángela, rueda invariable. Forzada a talar el árbol sin hojas de la tristeza y cubrir la huella de la puñalada, Ángela, con la voz extinta en su garganta y una gota salada sobre la tarjeta,  acompañada de su cuñado, el que contrasta con el más débil,  por primera vez ha sacado dinero de un cajero.