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martes, 16 de agosto de 2016

la mirona





Otro de mis microrrelatos publicado por Diversidad Literaria, esta vez con el Titulo "La Mirona" recopilado del certamen Sensaciones y Sentidos III para la antología del mismo nombre.















Tras el ojo de la cerradura, se recortaba la imagen de una escena que desveló para mí un nuevo punto en el mapa de mis inconfesables deseos. Me recreé, al mirar a través de un filtro que elaboré con materiales de mi fantasía. Y a medida que los píxeles de aquella fotografía poblaban mi mente, se adueñaba de mí la lujuria, agradeciendo la suprema suerte de que la puerta estuviese cerrada y que la curiosidad fuese mi capital pecado.

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jueves, 2 de abril de 2015

microrelatos 3

Mucho ruido pocas nueces
Cuando mi padre cobró su primera jubilación nos llevó a todos a nuestro primer homenaje. La mesura del festín vino de la cuantía de la mesada. Hubo para todos, pero en desproporcionada pesada, la sensatez y pulso con que mi padre calculo su reserva no acompañaba el compás del vaciado de la bolsa y los impúberes fuimos desatendidos en calidad y cantidad del favor. Yo, que fui el último, apenas si recibí el usufructo de esa primera nómina ni tan siquiera pude oler el fragor de las telas y suelas con que se vistieron mis consanguíneos y hube de plegarme con un -la próxima paga será toda para ti.

Cenizas
Se asomó a la ventana para fumar el cigarrillo de la tarde y la ceniza se desplomó titubeada por el aire que capitaneaba las ropas tendidas en las terrazas a las que prestaba indeterminadas vidas. Fijó su mirada en el capricho que dibujaban los hilos de su propia savia al coser en soledad la mendigada postrimería. Aquellos, último chicote y mirador, eran sus únicos camaradas presentes mientras su sangre se publicaba por el alféizar apresando trizas de la ceniza que se precipitaba dándole color, oráculo postrero, de lo que fue su vida.

Ahí es nada 
A nadie se le ocurrirá que solo quiso volar, como antes. Que solo quería descontaminarse, desempolvarse, higienizarse y acicalarse. Y para ello, era imprescindible una abstinencia y desintoxicación del aire viciado que le aportaban aquellas ventanas al servicio de intereses lúgubres. Tras años de estar sometida al embobo, atisbó,  difícil y dolorosa, la tarea de romper ataduras con las redes neuronales infectadas y construir entramados inocuos fuera de los barrizales y pozas fecundadas e incrustadas en su inconsciente. Para ello, preciso bajarse de esa ola que la obliga sobre su cresta y que irremediablemente acabaría rompiendo contra la playa dejándola varada o aún peor arrastrándola en su resaca para volver a surfearla una y otra vez sin descanso y que no pudiera recuperar el aliento y tomar píe a tierra. Como primeras medidas se apartó del Twitter y el Facebook, la televisión, la prensa escrita y las compañías no nutritivas, repetidores voceros y altavoces de la lobreguez.

Instrumentos, melodía y armonía
Seguía atrapado allí dentro desde las horas en que los gatos se visten de corbata y las gatas con medias de seda a rayas, sin embargo, pese a su mala salud de hierro su voz continuaba articulando palabras al son de la música para las almas azules. Aquel local de atmosfera humeante de bajos y trompetas, paramo del jazz, se adueñó de su alma.






viernes, 6 de febrero de 2015

microrelatos 2

En la desnudez del invierno
Inmediatamente pedí que cerraran la tapa del ataúd y comencé a leer un libro que, en palabras de sus autores, es más que un vademécum de oraciones. Es también, poema y revelación, apotegmas y paladar de sabiduría. Estación primera para mí del andar errático por el camino incierto del duelo, en busca de un sendero a la esperanza y salir de este invierno cetrino cargado de sufrimiento gélido.  Este quebranto, que dicen, es  consecuencia del amor, para mí es antinatural y despiadado, que me provoca un picor en el alma, que nombran las mismas, como las pulgas del propio. Y, compréndanme, he quedado como el Enebro de las dunas con las raíces expuestas al viento, porque no es que la muerte me arrebato una hija sino que yo siga viva lo que me lapida la existencia.

Absurdo
Sin saber por qué le di un puñetazo y él se giró sin respuesta. Y sin saber por qué me quede perturbado, sin comprender como una persona puede darte con la cara en los nudillos y marcharse sin dar explicaciones. ¡Ya no se respeta ni a los violentos!

Atropello
Sin saber por qué le di un puñetazo y le volví a vendar los ojos.
– Esta para eso ¿no? la justicia digo, para trans-agredirla ¿verdad?

No doy crédito
El mensaje era claro, conciso, breve y letal: no incitas, decía por cuarta vez la pantalla. Y ni tan siquiera podía ya contestarle. No entendía nada, aquello se me antojaba una burla grotesca del destino. Una confabulación desde las oquedades de aquella fachada para acabar con el escaso hilo de vida que me restaba. Era el fin. Ayer acababa el plazo de pago del recibo de la luz y había olvidado el pin.

Daños colaterales
Aquel irrevocable y capital pitillo requería de metódica ceremonia. Para prenderlo me serví del mechero recuerdo intemporal del abuelo. -Reza en el archivo Coca-Cola “que los recuerdos no superen a los sueños”- y yo deliro con volver a ver al abuelo dar un chasquido certero a la ruedecilla, brillar la piedra y arder la mecha… Di una primera calada que me abrasó los bofes ya consumidos por tantos chicotes dilapidados y al instante me develo el rostro con la blancura del alcanfor y una remembranza de los placeres del génesis de mi lacra me rescató… Todo el espacio levantaba conos de silencios taciturnos y conjeturados que me helaban la sangre, me procuré determinación y conveniencia para en una matemática cuántica colocar bártulos y moblaje, atrezos de un escenario con armonía cósmica donde Sol y Lucero, silla y soga, proyectan una sombra, confidente detrás del palío, preludio de mi eternidad.
  
Indignación
Usted es el primero que la abre y yo le agradecería que la volviese a cerrar, caballero.
Acaso no ha leído el cartel: ¡por favor, no molestar!
No entiendo cómo y con qué ligereza se permite invadir mi descanso. Aunque ya que está aquí ¿podría apartarme el polvo de la cavidad nasal?



sábado, 25 de octubre de 2014

microrrelatos

Texto realizados en el curso de Creación Literaria, del CEPER Pintor Zuloaga, aula Arbolí 

negro sobre blanco

La vida tras el bigote
Como un bigote a lo antiguo y con las últimas claras del día, no se le  puede dar cuerda al reloj. La brevedad de la vida no da para caminar, conquistar y desaparecer, oculto tras un bigote a lo antiguo. Más bien, con la fidelidad que un hombre cuida su bigote, compañero tallado con el que reparte suerte en un efímero y eterno tic tac del segundero, como un bigote a lo antiguo, Perdonar -Per, constancia y totalidad- y Donar, dar constante y totalmente- como un bigote a lo antiguo, roce del reptil por la tierra, en el mundo de las formas paganas, ser capaz de amarse y saborear el goce que es vivir sin disfraz, que al fin y al cabo es lo mismo.

Desnuda
No estoy acostumbrada a tener compañía… y menos aún de semejante ser hirsuto. Me cansan las sombras que profanan la mía. Siempre fui reacia a encontrarme con grotescas criaturas en una extraña prostitución a la diosa naturaleza. Es como dice Nietzsche, “la creatura y el creador se unen”. Hermosa melancolía del porqué de las cosas. Esta criatura me hace subir como la espuma de la leche y no deseo que me arrastre hacia la maraña del laberinto de su caricaturesco cuerpo.
Serpiente que susurra a Eva.

El beso
Pero no estoy loco y sé muy bien que esto no es un sueño. Un sinnúmero de ajenas sueñan con vivir una aventura sublime. Algunas, las exitosas, las vivieron. Ahora soy yo el protagonista exaltado de esta que les voy a narrar, rojo encendido por la emoción con la mirada perdida y oculta la razón. No sé si fue un beso o un simulacro de realidad, sin embargo me sentí como la primavera que presiente los nuevos brotes y dejándome llevar cual rama a la deriva en el río de la lluvia; consumido el beso, quede invadido por el silencio altanero.

Desvelar
Encontró una carta en mi cajón que no iba dirigida a ella, la leyó… Ficción, embustes, engaños; una misiva cargada renuncios de un diestro en el  arte de la quimera. Mentiras escritas que como las ondas sobre la superficie del lago iban creciendo al chasquido de una pluma cargada de humo. Una neblinosa bruma matinal que encubre mis violentos deseos de  zurcir me niega salir del laberinto. Por una necesidad de sentir afecto y ternura me invente un amor al que no puedo renunciar, sin embargo a la mentira como al sol no se les puede mirar de frente.

Al descubierto
-Por cierto ¿hoy es domingo?
Inquirí a quien invadía mi asiento, una chica desvaída que pareciera que nunca se hubiera peinado.
Una racha de viento ahogo la lámpara de mi cabeza. Ya no había razón en las oscuras oquedades.
-Por cierto ¿hoy es domingo?
La desgarbada ataviada con trapos de un ropero de caridad, seguía sin responder.
Rincones de casapuertas con desconchones que parecen caras de Belmez, así quedo mi mente tras los envites del temporal.
-Por cierto ¿hoy es domingo?
La zarrapastrosa se muerde la lengua. Tiene un perro por familia. 

Poema de amar
Los hombres que a mí me gustan no saben llorar ni se sustraen al abrazo genital. Hombres que abandonan el pene, que olvidaron la vaginalización de la mujer y moran en una sexualidad sin dobleces. Una sexualidad sin jerarquía en la relación con los cuerpos, en un nuevo desorden amatorio, lejos del coito como principio rector del caos. Hombres que reniegan del turista y recuperan al viajero, que esquivan lo permitido y acuden a lo prohibido, que danzan al compás del agua de la fuente que me recorre imparable para saciar la sed de piel. Hombres que me estimulan el goce de los goces  y me suscitan orgasmos sempiternos. Los hombres que a mí me gustan recitan el Ars Amandi1.

1Poema de Ovidio

Otro final
Y su relato, vocero de lo acontecido en el último capítulo, era escuchado celosamente por todas, desde el abuelo languidecido a la afanada ama de casa pasando por la chiquillería alborotada esperando que se abra Pandora, todas ellas, deseosas, se agolpaban prestas a recibir una dosis de oleos balsámicos para sus desdichas.

Europa
Deberías airearte un poco, estas llena de telarañas, polvo y caspa. Cuando me hablan de ti se me llenan los oídos de tierra seca y me llega un olor a bolitas de alcanfor. Eres puerta equivoca, a veces hermética a veces viciada. En el aire que respiras no permanece la credulidad. Deberías concebirte y abortar en un continuo vida-muerte-vida y deberías hacer girar el cuchillo para seguir el rumbo que te marque y deberías exigir con él igualdad, libertad y fraternidad. Lo  que no debes hacer es silenciarte.

Indecisión
Las flores blancas preñaban el espacio y el olor otoñal se reflejaba en las gotas de lluvia.
¡El cielo estaba rabioso!
Es tarde y Papito espera, como las velas al viento. No hay pamelas ni tocados, el protocolo no lo requiere, las figuras veladas en sombra lo anuncian bajo la luz amarilla prendida de la piedra ostionera. Dentro, bancos alineados. Fuera, cámaras polaroid. Por todos lados, nudos de corbatas y tacones de vértigo. Las manecillas marchan atropelladas. Hay cuerpos que se entrelazan, miradas con el rabillo del ojo, murmuraciones opacas y piropos.
¡Que guapas estamos todas!
Y yo sigo sin saber qué hacer ¿La espero dentro o salgo a buscarla? Salgo, y la grúa se ha llevado el coche nupcial.

La rueda de la vida
Ángela sentía una angustia continua que se fue tejiendo vuelta a vuelta, punto a punto con las agujas del dolor. Todos los ángulos de su existencia los ha inundado la sombra del silencio. Ya no está su amor, y con él se fueron el manitas, el contable, la pareja sexual y el calentador de cama. A Ángela, la muchacha antivestida, todo le asusta, tiene miedo de todo. Y el revés de la muerte, pese a la pulga interior que aguijonea a Ángela, rueda invariable. Forzada a talar el árbol sin hojas de la tristeza y cubrir la huella de la puñalada, Ángela, con la voz extinta en su garganta y una gota salada sobre la tarjeta,  acompañada de su cuñado, el que contrasta con el más débil,  por primera vez ha sacado dinero de un cajero.