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jueves, 9 de febrero de 2017

el oráculo de Delfos


Durante siglos ha corrido una leyenda en forma de verdad histórica acerca del oráculo y el estado de la Pitonisa. En tiempos en que la época de la Grecia clásica se veía como un acérrimo paganismo al que había que ridiculizar, los escritores cristianos de los siglos III y IV, como Orígenes y San Juan Crisóstomo inventaron algo que a través de los siglos tuvo siempre mucho éxito. Lo describían así:

“El trípode de la Pitonisa o Pitia se hallaba sobre una grieta muy profunda de la roca. Por esa grieta emanaban unos gases tóxicos que hacían que la mujer entrara rápidamente en un estado de embriaguez y desesperación con grandes tiritonas, es decir, entraba en trance, desgreñada y arrojando espuma por la boca. Además, masticaba hojas de laurel, lo que ayudaba a alcanzar ese estado psicosomático”.

Yo no me fui a Delfos a preguntar a la Pitonisa, yo le pregunté al oráculo en “La Escuelita de las Palabras”, a mis Pitias: compañeras en eso de amasar palabras. Y le pregunté lo siguiente:
¿cómo acabará el noviazgo entre mi yo y lo mío?
y el oráculo me contestó lo siguiente:

Veloz milagro.

Tiemblan flores con murallas,

celebran pequeñas sombras,

cantan tormentas amargas.

Fulgor de fruta oscura,

perdona sin sabor.

El extraño incendio, enciende lujuria.

Amargos recuerdos brillantes escapan libres.


Con esta respuesta por escrito, y dándome por respondida, me vine para casa interpretando lo que el oráculo me quiere decir. A pesar de lo obvio que resultan estos versos, que alimentan mi deseo, en concordancia con lo que yo espero que sea la relación entre mi yo y lo mío, he de confesar que me desconcierta la primera línea: “Veloz milagro”.

Dejaré reposar sobre un colchón de plumas la profecía a la espera de que desvele para mí su desnudo y generoso significado.




jueves, 20 de marzo de 2014

yo ya soy millonario

Querer ser millonario es una idea plausible y que suerte aspirar a ella. Suerte porque es y debe ser un motor de cuatro tiempos –como cualquier otra idea- para esforzarnos en la vida. Un motor del no conformismo y para cultivar la inteligencia tanto funcional como emocional, llevando al gimnasio cada día a la mente y las entrañas. Además, si la meta es ser millonario, se necesitará una gran dosis de proactividad en los negocios, embarcarse en aventuras y transacciones valientes y mercadear agiotajes fecundos.

Ser millonario, como decía, es un bosquejo sinónimo de empresa y como tal necesita de un propósito, del esbozo de un proyecto, una programación y una ruta. Maquinación, combinación y confabulación serían requisitos atómicos para alcanzar el objetivo. Es imprescindible componer un ardid que nos siente en la mecedora dorada del opulento.

Querer ser millonario provoca y es motivación suficiente para poner en marcha todo las argucias desde el más hondo adentro, sin escatimar recursos ni fuerzas llevando el consumo de las energías vitales al límite de sus capacidades sin agotarlas.

Para ser millonario me hago un propósito y soy uno con él. Podemos decir que la idea es un instrumento proyectivo en sí mismo y lo dejo que fluya en mi vida para que se proyecte. El futuro pertenece a quién lo importuna, poniendo en juego el efecto Pigmalión.

Ser millonario no es solo una idea es una puerta y yo tengo la llave. Abrirla y cruzarla, aceptando la idea, su desafío, escuchándola y experimentándola en la vida. Sensibilizarme con el concepto y hacerlo presente en mi día a día dejándolo que se extienda en todas mis acciones.

Para todo ello primará el cuidado de mi imagen, de mi cultura, de mi entorno y mis relaciones íntimas e interpersonales. Escucharme con voluntad de entenderme. Actuar coherentemente con mi sentir. Cultivar mi mundo emocional y practicar una espiritualidad que me sostenga. Y, me ayudara en la hazaña desarrollar valores como la constancia, la fe y la esperanza, entre otros.


Con este itinerario, en mi caja de resonancia –mi gran oreja- siento, paradójicamente,  que yo  ya soy millonario porque no es la meta alcanzar y atesorar, sino vibrar y caminar.



"Que agradable es satisfacer los deseos, pero que felicidad verse libre de ellos" Matthieu Ricard, En defensa de la Felicidad