sábado, 2 de julio de 2016

MIcrogénero

historia de la humanidad en plastilina *
Sócrates café
La marina de guerra solo sirve para tomar el té, sentencio, el ingeniero Eduardo Cotilla, atado a su cama. <No es un pañal adecuado para mayores>, me dijo con la mirada húmeda.

Crónicas de la ultramodernidad
Mientras la basura se acumula en la puerta, la moralidad cojea y un titiritero es encarcelado.

El misterio de la voluntad perdida
Al cambiar de acera siempre miraba hacia atrás y solo veía su sombra.

Nuevo mundo, ética para náufragos
Esta vez Juan Nicodemo naufragó en la costa de un mar sin playas sobre una procesión de olas, ¿cuántas generaciones de náufragos podrían haber llegado hasta allí? Reflexionó mirando unas huellas humanas.

Hablemos de la vida
Cada vez que abría los ojos todo su afán era quitárselo, aquello le parecía una aberración, la dignidad le acompañaba mientras le seguía temblando la vida. 


* http://www.dipucadiz.es/prensa/actualidad/La-historia-de-la-humanidad-construida-en-plastilina-en-el-Palacio-Provincial/

miércoles, 8 de junio de 2016

hay esperanza




Emulando al poeta Carlos Edmundo de Ory,

"Cáncer,

he pronunciado esta palabra

y se me ha llenado la boca de dolor".


El dolor como la gratitud surgen desde dentro, desde lo profundo, desde la cuna de los sentimientos. Allí, sí, también anida el dolor, el físico y el emocional. Y cuando hablamos de dolor físico, de una punzada que nos recorre las cicatrices, del pecho, del cuello, de la axila… decimos: “parece que me dieron una puñalada”.

Muchas personas reconocemos esa puñalada. "Puñalada trapera", un término que tiene su origen en los desgarros que se producían en la tela. El cáncer me agredió de esta sucia manera y me produjo un desgarro sistémico, un fuerte sentimiento de daño y desolación. Esta, como otras que me han dado en la vida, la he tenido que respirar. Por una parte, me ayudaron los analgésicos, la cirugía, los profesionales sanitarios, la aecc con las personas que la integran, otras terapias (meditación, neuropatía, yoga, acupuntura, relajación…) y el tiempo que, inexorable y verdugo, en positivo o en negativo, todo lo sitúa. Por otra parte, poner en juego mis recursos aprendidos y asimilados de la experiencia empírica fueron necesarios para volver a pavimentar la base de la salud. Y al mismo tiempo, al dolor me ayudó a paliarlo, el compartirlo, como el agua para el fuego o el viento a la llama, como el llanto a la pena. Expresar ese dolor que me afligía, describiéndolo, fue un sedante natural muy poderoso.

El mal que me produjo el cáncer era holístico. Era un dolor que abarcaba mi cuerpo y mi mundo emocional y mental. Un martirio que me rompió la vida. Una dolencia social y de sociedades. Un dolor que se expandía a la familia, a la pareja, a los amigos y los vecinos. Un lamento, el del cáncer, que minó mi fe y desmanteló mis creencias, que trastornó mi espiritualidad. Una angustia que me contaminó la mente y me volvió loca. Encontrar una ventana para gritar este pesar fue vital. Por fortuna, pude encontrar el altavoz por el cual vociferar el tormento que me producían las heridas de una enfermedad que no sabe de hermanos ni amigos, ni padres ni hijas, que no entiende de edades ni de proyectos ni de futuros, pero que, al acogerla, escucharla y expresarla, mermó su capacidad de hacerme daño. Esta ventana la encontré en mi pareja, en una amiga que me escuchaba, en la psicooncóloga, en la familia, la escritura. Pude, también, encontrarla en una pared que derribé, descargando sobre ella la ira, la injusticia y la impotencia.

Cáncer, un concepto que dicen algunas personas que pasa como con el corazón: que no duele. Y yo digo que sí, que duele y desmesuradamente, a raudales. Te duele cuando lo padeces y mucho tiempo después. Me duele el cáncer que se llevó a mi cuñado, me duele el cáncer que amputó a mi prima, y a tantas amigas, me duele el que ya no me dejó trabajar más. Me duele porque el cáncer conlleva muchas pérdidas. Cuan tsunami que arrasa con todo. Sin embargo, ahora afirmo que ¡el cáncer y su dolor se pueden vencer! Porque el ser humano tiene una capacidad de sanación y de resiliencia sin límites. El cáncer se hace débil ante la voluntad, el amor, el coraje, la necesidad y el deseo. Cinco valores con suficiente fuerza de curación y que, actuando en sinergia, son nucleares para la sanación.

Por eso, hoy, y desde ayer, me sobran razones para utilizar el término “gratitud”, porque agradecer a la vida lo que la vida me ha dado es necesario para que reine en mí la armonía y la salud.


“Gratitud,

he pronunciado esta palabra

y se me ha llenado la boca de salud”.



¡Gracias, por poder expresar esto aquí, trece años después de aquel insoportable diagnostico!



Una versión de este texto, ajustada a las bases del II Certamen de Microrrelatos Hay Esperanza, propiciado por la Fundación Vencer el Cáncer, esta integrado en el libro publicado, fruto de dicho certamen, y presentado en la Feria del Libro de Madrid 2016. Si quieres comprarlo y apoyar con tu aportación la investigación sobre el cáncer, puedes hacerlo en este link: http://www.bubok.es/autores/VencerelCancer

domingo, 8 de mayo de 2016

corazones al unísono

Hoy las nubes me trajeron, volando, mientras caminaba lisonjeando la Playita de las Mujeres, exhorta en mis pensamientos, un rostro que no me dejaba indiferente. Ella cruzó altanera el paso de peatones y se incorporó a mi trayectoria revelándose en forma de suspiros, justo, cuatro pasos por delante. En sus primeros progresos al frente de mi marcha ella giraba la cabeza, más de dos, más de tres y una más, para admirar un horizonte perfilado por casas en riadas de escalones arriba y abajo y el Castillo San Sebastián al final del trazo ¡Que pequeño sobre el mar y que magnánima su fortaleza!

La luz era temprana, cegadora si miras al Este. A ella, se le llenó de caballos la sombra que proyectaba y las facciones de su rostro, atesoradas de toda sensibilidad sobre el celeste lienzo que se sustenta en la línea del mar, me excitaban.

Yo, caballo por su sombra, cómplice callado de su desfilar, sincronicé mi paso al suyo para apreciarla a corta distancia y sentir el ritmo del timbal que suena en su interior. Advertí como su rubio ondulado cabello flotaba, al igual que la avanzada de nubes sobre el horizonte, y que olía a rocío. Matices que me sumergen en el patio de mi memoria que un día fuera una fuente con agua y que llevaba tiempo seca, estampa que despertó en mí ansias de pretenderla.

En un santiamén, su mano izquierda, sutil como el planear de las gaviotas, reajustó por detrás, la camiseta ahogada bajo la mordaza del talle de la chaqueta de piel canela que cubría su estilizada figura. Por un instante, desvié la atención a que las gaviotas se entrelazan con otras a lo largo de la playa y que nos acompañaban con sus grotescos graznidos. Entonces lo oí y aunque no encontraba la causa, la causa estaba y se me desveló, era el sonido imperceptible de los flecos que engalanan su coqueta bandolera verde mar tintineando sobre su pierna derecha.  Al unísono se veló para mis tímpanos el goteo sonorico de coches que al igual que con el desfile de cientos de pensamientos que pululan mi mente cada día, en lugar de domarlos, les deje transitar para fijar mi atención en el sonido que su contoneante cuerpo a través del frescor de la mañana iba cortando la brisa delante de mí.

Y fue entonces, cuando posé mi mirada en sus huellas. Sus tacones, instrumentos que atesoran un vibrato de placer, hicieron saltar los cerrojos que encarcelaban mi alma y me poseyeron. Un paso tras otro, sobre el revestido recién saneado, entonaban el ritmo y la cadencia del incesante vaivén de olas que mueren unos metros más abajo y, con la salada humedad del asfalto que bañaba mis sentidos, quede esposado a sus seductivos andares.

Repentinamente, ella se giró dócilmente a la izquierda y encaró su rumbo para franquear la avenida. Experimente un soplo de rebeldía. Yo, que no quería perderla, alcé mi voz con un ¡Espera y Adiós y Gracias! Ella, volvió su rostro espontaneo, sencillo, natural, una sola vez y sonrió ¡Adiós!

Comprendí al instante, en la larga cola de la despedida, infundida por la sabiduría métrica e invisible del amor, que nuestros latidos habían caminado al unísono desde la playa de Santa María del Mar hasta Isecotel y el agua que no corría volvió para darme el agua y enamorada la deje marchar.



Hoy las nubes me trajeron,
volando, el mapa de España,
¡Qué pequeño sobre el río,
y qué grande sobre el pasto
la sombra que proyectaba!
Se le llenó de caballos
la sombra que proyectaba.
Yo, caballo, por su sombra
busqué mi pueblo y mi casa.
Entré en el patio que un día
fuera una fuente con agua.
Aunque no estaba la fuente,
la fuente siempre sonaba.
Y el agua que no corría
volvió para darme el agua.
Rafael Alberti: Baladas y canciones del Paraná (1953-1954)

viernes, 22 de abril de 2016

manual de instrucciones

A la sombra de Julio Cortázar e incitado por Miguel Ángel García Argüez, bajo el paraguas de la Fundación Quiñones, en la Biblioteca Provincial de Cádiz, he realizado este manual que espero que os sea de gran utilidad, eso sí, solo sí estáis por Cádiz, concretamente paseando por las dunas de la Playa de Cortadura.

Manto del escarabajo dormitando mientras llega el sol,
Playa de Cortadura #Piluqui
Manual de instrucciones para hablar con un escarabajo (y que nos responda)

Hablar con un escarabajo, concretamente un escarabajo pelotero de la zona de las dunas de la Playa de Cortadura, en Cádiz, es una comunicación entre dos que necesita de habilidades y conocimientos del uso del lenguaje a través del canal sísmico.

En primer lugar, debemos tener desarrollado un oído apropiado ya que el escarabajo carece de aparato fonador y se comunica, con una habilidad trivial, utilizando sus patas y vientre haciéndoles vibrar sobre la arena. Por tanto, para percibir la banda de frecuencias en las que se propaga mejor el sonido que emite el escarabajo pelotero necesitamos oír muy por debajo de la frecuencia de la voz humana, esto es entre 50 Hz y 100 Hz con picos en los 150 Hz.

En segundo lugar, en el intercambio de mensajes con el escarabajo pelotero, de nada nos sirve hablar, ya que, mover la musculatura de la cara, colocar la lengua y accionar las cuerdas vocales no es un código de signos que este pueda reconocer. En nuestro cerebro destacan dos áreas relacionadas con el lenguaje: el área de Broca que hace posible procesar la gramática, y el área de Wernicke, que está relacionada con la comprensión sonora del lenguaje. El escarabajo pelotero -y no sé yo sí otros escarabajos porque no los he estudiado- no tiene el área de Broca. El cerebro del escarabajo pelotero es mucho más manso y diáfano.  Por consiguiente, debemos adiestrarnos en un sistema apropiado y bien nos podría servir el “morse” o el “tres por cuatro”. Este último, más reconocido por el escarabajo de las dunas por su condición de chirigotero.

Por último, necesitamos ordenar un simpático uso del pensamiento simbólico. El escarabajo pelotero emite sus mensajes mediante un método que incluye la música y la danza en un arreglo magistral, de aquí que nuestro hemisferio derecho, también llamado “el hemisferio holístico” que es intuitivo en vez de lógico, piensa en imágenes, símbolos y sentimientos y que tiene capacidad imaginativa y fantástica, espacial y perceptiva debe permanecer más despierto en el intercambio de información con el escarabajo pelotero propio de las dunas de cortadura.

Anexo

Como curiosidad y sirva de ejemplo de como el escarabajo reconoce la dificultad para la compresión y seguimiento de su conversación, este deja unos puntos suspensivos entre dos frases para darle un espacio a que, la enredada mente humana se sustraiga del habla y acuda al canal sísmico donde, el lenguaje no hablado se desvincula del raciocinio metafísico. Son aquí, los puntos suspensivos, un código de información morse donde cada punto integra una pauta de tiempo espera para que el interlocutor pueda asimilar el mensaje vibracional del escarabajo.






domingo, 17 de abril de 2016

Dios como el Diablo, y otros

rocorte del mural en el
centro escenico Alboli
Dios como el Diablo


Las palabras que ha aprendido por la noche, susurradas por la sierpe, forman una enredada madeja fonética que ni Eva misma llegaba a comprender. Voz de cabeza, voz de la conciencia, voquibles que van y vienen o dan largos vagabundeos multiplicándose por las colorradas oquedades de su interior. El complicado laberinto de la razón no le ayudaba y le ocultaba la hermosa melancolía del para qué todo era una metódica anarquía. Palabras repetidas con la inconstante cadencia de las olas del mar que le sonaban mantra de mediodía y, a la vez, amalgama de armonías saturadas hasta la náusea que le hacían naufragar en el gélido océano de la incomprensión:

- “Vivir una misma vida, una y otra vez, por toda la eternidad, al cobijo del libre albedrío, te llevará por entre todas las posibilidades”-, le dijo.


Omnisciencia granizada

Cada vez que le hablaba del último sobre rechazado mostraba una media sonrisa, por la manera en que contraía las comisuras de sus labios, y siempre el mismo soniquete: “Nuestra sociedad produce muchos sobres inútiles y, en la misma medida, también seres humanos inútiles; no es el caso de los míos ni te conviertas tú en uno de ellos”, me solía recitar mi abuelo que era un elegantísimo filosofo curtido en la vida y con una clara idea de la pureza en forma de suspiros. Algo de narcisista y autocomplaciente, mi abuelo Paco, de profesión cartero, regalaba sobres que, acaso por su ponderación y sensatez, en ciertos aspectos nos habían permitido superar algunas vicisitudes. Recuerdo cuando me hablaba de ser felices y recuerdo tener guardado uno de sus sobres que contenía el siguiente axioma: “Ser feliz y radiar esa felicidad a tu entorno, implica, ser capaz de soltar las emociones”. Y recuerdo pedirle que me lo desarrollará –“mi querido Juan, me decía, donde tenemos las emociones tenemos la vida y bloquear las emociones significa bloquear la vida”. Yo, cartero como mi abuelo, os regalaré este sobre: “aprieta la vida y suelta los miedos”.


recorte del mural en el
centro escenico Alboli
Ninette y la extraña mirada

Pero nunca, sin saber por qué, dejarán de mirar hacia arriba, hacía las nubes de un cielo que nunca cambia, que oculta una impía verdad. Debido a la grisura de sus tonalidades daba a entender que su autor debía de ser daltónico al no percibir la mugre acumulada en forma de nimbos sollozados...

-Qué lindo es estar loca y andar suelta con la mirada inmoral- pensaba Ninette, hija de un matrimonio de Murcia y protagonista de centenares de historias, unas en tardes grises, donde ella veía llover y sentía gente correrse, otras, donde solo me veía a mí. Ninette es una prostituta que, por casualidades de la vida me conoce cuando yo era un joven apocado. Me enamoré, la recogía de su casa y la acompañaba a misa los domingos por la mañana y al burdel todas las noches, con una profunda inocencia de la legítima ocupación de mi amada...

Una seca mañana, de súbito y a quemarropa, reaparecen sus padres y desde entonces, nunca, sin saber por qué, alzan la mirada perdida por entre las nubes y se preguntan en qué momento erraron en su educación.


Al alba

Lo que daría porque fuese ya de día y su dulce voz me susurrase “lavavajillas”, “espumadera” o “colesterol”. Qué daría yo porque cada cuarto de hora pudiera chupar un polo de limón y fantasear sobre placas de quebradizo hielo del Lago Baikal. Ahí, lo que daría por un encuentro, o un simulacro de realidad, subiendo como la espuma de la leche y, que los pájaros del deseo, que dormitan en la vasta mañana del laberinto de mi dispersa mente, se despertaran al yo que lo habita. Ah, comunicación sororica de la caja de resonancia que se abandona a la atracción de la cadencia, el ritmo y el compás de la partitura de lo más hondo del adentro. Lo que daría porque los dedos rosados del alba susurraran palabras nuevas a mi niña interior para despertarla a la vida.



*Centro de Artes Escénicas de Arbolí


martes, 29 de marzo de 2016

plátano y miel

Quiero, con la primavera en su explosión de vida, tener la osadía de colgar este texto elaborado al albor de las clases de creación literaria con el fondo de la literatura erótica.

Es un texto que quise que no se desarrollase en la pauta hetero y me lanzo a romper una lanza por diversas, diferentes y universales maneras y formas de relacionarse con otras, con una misma. Que la sexualidad no sea dictada por el género ni la edad, ni religiones, ni fronteras.

¡Disfrutad, disfrutemos de las mil y una posibilidades de gozar y dar placer!!

Plátano y miel

Una figura femenina, una voz susurrante y la belleza de unos redondos y elevados senos me dejaron prendado hasta el punto de buscar un hombre semejante con el que pasar la noche, a la espera de la seducción del lenguaje de nuestros cuerpos.

-Antes del dormitorio, ansiedad encarnada de piel y saliva, desnúdate para mí, quítate los afeites y que sean tus testículos los que llenen mis manos y déjame abrazar tu cuerpo, irrevocable ideal de frescura.

Quiero hablarte del vello erizado, del goce de amarnos ahogados bajo las sabanas hasta desarmarte y en mi cama sabrás que una no muere sola. Yo te atusaré los cabellos mientras lames despacio, mientras, en un aspirado y dulce mordisco, me acaricias con tus dientes y labios. Que yo quiero saciar tu sed. Quiero comerte desde la boca al vientre en el centro del parque para que nos llamen indecentes. Quiero, a la vez, leerte que se comen los amantes, se devoran con sus lenguas voladas en saliva. Sus vientres se confunden y hasta aquí llega el ácido sudor en su batalla del cabalgar más húmedo.

Hoy es día de visillos y mi cuerpo exaltado aguarda. He quedado con Andrés y hemos cenado. Una hora después, ya acostados ambos en el torneado lecho, me desvistió como si pelará la fruta del postre. Sabía hacerme disfrutar a oscuras, sabía encontrar donde estaban mis puntos y turgencias en medio de laberintos y orificios. Los dedos hurgando entre los vellos, las lenguas avezadas en su sitio. Su falo cremoso se me ofreció desnudo, caliente, rojo incendiado, dispuesto a penetrar en mis insondables dominios y hacer saltar los cerrojos que encarcelan mi lujuria. Siento latir mi piel al contacto con la goma que me invade reclamándome en la humedad de mi espalda hasta hacerme jadear, enervado de gozo. Siento como me voy, como se me apaga la luz y gimo -sin prisas, leve, leve, mulato leve- me pide con su mano que calle, que vuelva la cara y le mire y calle, que con la mirada se lo diga todo.

Laxos y relajados, después del clímax, las manos siguen buscando las partes cálidas, húmedas, acalambradas. Y Andrés se despide y como a veces, después de oír cerrarse la puerta tras de él, resuena, aún, en mis oídos, nuestros cuerpos cuando se aman.



lunes, 7 de marzo de 2016

en la piel de la esperanza


Me arrastraba la corriente de un pasado ancestral. La vida se me abría paso a paso, la muerte también, ambas se daban cita en cada presente. Y ocurrirá, durante la tierra velada en sombras, cuando mi cabeza se cubra de los grises archivos del pasado, que la dama vendrá a cegar todo lo que ya no sea vida. Estaré rodeada de un manto de hojas de un color amarillo tardío resistiéndose a adoptar la crujiente naturaleza marrón con que se viste el cambio de estación.   -No faltaré a las exequias-.

Acaece, no obstante que, hoy se ha abierto una brecha en mi conciencia -en estos días me desmorono en lágrimas- Tan fácil como salir de mi zona de confort, de la torre de mi castillo de naipes para pasear por la orilla de lo incierto, me llevó a descubrir un universo de viciados secretos en el lienzo de una realidad que, como humillación ante la muerte, me sostenía en la domesticación recibida durante generaciones, desde la noche de los tiempos.

Ya han pasado varios meses, y ahora, con un punto de cólera por la evidencia de que la vida es impermanente, esta se me revela, como el mar que ha ondulado las conchas de las caracolas, con vaivenes de ola prístina, fundida en gotas que encajan entre sí con la misma precisión que las aguas en el cauce, las nubes entre las montañas o los rayos del sol a través de las ventanas. El ciclo de la vida emergiendo desde el sudario perfumado hasta un retoño depositado en mi vientre.

Ahora que todo es presente en este estado de buena esperanza, desestabilizador para la redención del caos que reinaba en mi vida, es como agua de mayo para saciar la mirada al pasado de una adicta al amor que no tenía razones para la esperanza. De esta suerte es como se me desvelan todos los caminos, todas las oportunidades, la auténtica posibilidad de un propósito vital, el perdón y la sanación de espíritu y mente a través de la senda del amor, borrador de la partitura, para restablecer mi vida con otra vida.