sábado, 2 de julio de 2016

la medicina tiene alternativa, medicina convencional vs medicina complementaria

con la medida justa el corte es perfecto,
Rosa Olea. ¿A cuánto el género?
exposición en el exterior
del Mercado de Abastos de Cádiz
Para situarnos:

Marilo Montero, presentadora del programa tv “Saber Vivir”, afirmo que oler limones previene el Cáncer.

En la publicación El País, en su editorial sobre Salud, el bioquímico Mulet, autor del libro “la medicina sin engaños” publica un artículo con el título: “la medicina no tiene alternativa”.

Y viene a decir que, “el perfil de los pacientes que recurren a la pseudomedicina no tiene que ver con aspectos económicos o culturales, sino con la capacidad de sugestión en personas psicológicamente vulnerables que buscan referentes motivados por factores diversos: por contraposición a la industria médica y farmacéutica, por la necesidad de encontrar una trato humano y afecto en la consulta, por el consejo del boca a boca, por las tendencias y/o modas de los famosos o, por desesperación”.

Aunque, quizás, no iba por aquí el artículo, yo me pregunto, cuando menos: “¿si te sientes defraudada, abandonada, engañada o desahuciada por la medicina convencional y la industria farmacéutica no es licito buscar la salud por otros canales? ¿si no te tratan como persona no es normal que se busque la humanidad en otras puertas? ¿si estas desesperadas, qué haces, te quedas en casa y esperas tu final?

¿Sobre qué estamos hablando?

“La gran empresa de la inteligencia creadora es perseguir el dolor hasta su madriguera” Javier Gomá, en “Necesario pero Imposible” de la Tetralogía de la Ejemplaridad. Yo le parafraseo y digo: “la gran empresa de la medicina es perseguir el dolor hasta su madriguera”.

Y pienso que, la llamada “medicina convencional” ha convertido al ser humano en un conglomerado de órganos y cada uno de los cuales tiene su especialista. Empero de la persona enferma no se ocupa nadie. Una medicina convencional con conocimientos científicos y tratamientos para el dolor que rayan la eficacia total. Sin embargo, no llega a paliar algunos dolores y síntomas, al menos sin tratar con alta toxicidad, específicos y singulares provocados por las enfermedades agrupadas en el término “cáncer”.  El dolor que produce el cáncer es holístico. Es un dolor que abarcaba el cuerpo, el mundo emocional y el universo mental. Decía Tagore que “El que se ocupa demasiado en hacer el bien, nunca encuentra tiempo para ser bueno”. Así es la medicina convencional una inteligencia completamente lógica, como un cuchillo sin mango que puede herir a quien lo toca.

Pese a todo los avances y nuevos enfoques, todavía impera un modelo de cuidar y curar desde la carencia y no desde las capacidades de la persona.

Al “no existir” trabajos de investigación basados en la evidencia científica que justifiquen tratamientos complementarios, el uso de los mismos queda sujeto a la libre elección del oncólogo y por tanto sujeto a diferentes interpretaciones de los valores y capacidades de la persona paciente y en función de las capacidades y conocimientos del profesional al respecto de tratar con o sin “complementos”.

Según los 4 Principios del a Bioética: Maleficencia, No Maleficencia, Autonomía y Justicia.

El oncólogo a de potenciar la AUTONOMIA del paciente favoreciendo la toma de decisiones emancipada y, a su vez, fundamentar el Principio de BENEFICENCIA desde su papel de profesional como asesor y acompañante en todo el proceso de la enfermedad. Atendiendo las necesidades que requiere cubrir la persona desde la profundización en la Ética de Máximos y de la moral individual.

¿Hacia dónde podemos mirar?

Aquí, en el espacio vacío entre lo científico y la persona humana, es donde otras maneras de practicar la medicina tienen su cabida, las llamadas “medicinas complementarias”. Reiki, acupuntura, homeopatía, shiatsu, yoga, relajación y meditación, herboristería, aromaterapia,  etc, etc… Cumplen una labor esencial en el control de síntomas y paliar efectos secundarios de la medicina convencional en procesos oncológicos.

Existe evidencia suficiente que avalan los beneficios de conjugar medicina convencional con otras medicinas. NCI tiene resúmenes de PDQ que se basan en la evidencia para las terapias integrales, alternativas y complementarias.

También podemos atender que, según la Doctora Eugenia Chan, en su estudio sobre “la calidad de la eficacia de investigación en MCA” dice: “que en un estudio realizado en EEUU en 1993 un tercio de la población utilizaba alguna de las formas de medicina no convencional. Ella repite ese estudio y la prevalencia alcanza un 62% de la población. Y, quedando claro que los usuarios no son especialmente contrarios a la atención convencional, pero tienen un enfoque más holístico de la salud o simplemente optan por múltiples opciones de tratamiento”. Afirma, “la MCA se ha convertido en Complementario, Integral e Integrador”.

Otros estudios en esta línea como el de Edzar Ernest, médico alemán, 2003, en la Revista Médica de Australia, repite estos mismos datos. Barnes en 2004, publica en NCCAM que en el último año el 36% de la población que necesito tratamiento médico acudió, también a la MCyA. Ya, en 1998, Astin en un mismo estudio reflejaba el 40%.

Qué ofrece la MCyA:

·         Más participación activa de las personas pacientes.
·         Métodos para el manejo del dolor
·         Remedios a preocupaciones especificas
·         Servicios sanitarios preventivos
·         Cuidados paliativos
·         Reducción de estrés en todo el proceso
·         Etc, etc.

Extraído de argumentaciones ofrecidas por Michalsen en 2003 o Berga en 2003 avaladas por 370.000 artículos publicados en revistas médico-cientificas entre principios de los 90 y 2002.

El Instituto Nacional del Cáncer de EEUU provee de una base de datos médicos PDQ que define como “fuente de información fiable y exacta”, para la consulta tanto de pacientes como de profesionales de información basada en la “evidencia” sobre las terapias MCyA.

Lista:

·         Acupuntura
·         Aromaterapia y aceites esenciales
·         Nutrición y complementos alimenticios, cáncer de próstata
·         Cannabis y canabinoides
·         Coenzima Q10
·         Vitamina C
·         Extractos de muérdago
·         Etc, etc.

La llamada “medicina integrativa” que agrupa todos estos recursos médicos en favor de la salud de la persona a tratar, poniendo a esta en el centro como un ente holístico, una persona con múltiples aspectos a cuidar y no solo un órgano afectado de cáncer (cáncer de mama, cáncer de colon, etc.) No todas las personas reaccionan de la misma manera ni desarrollan de la misma manera la enfermedad y esto depende de infinitas variables como la situación personal, la capacidad de resiliencia, el código postal, la mayor o menor tolerancia del dolor o de la absorción de tratamientos, los conocimientos previos de la enfermedad, la cultura o las creencias, etc., etc., etc. Por ello, según casos y personas enfermas, concretando, se pueden elaborar planes de actuación para tratar el desequilibrio de salud que sufra la persona paciente, acudiendo a los recursos fiables existentes. Una máxima que la profesión de oncología, y la comunidad médica en general, no puede ni debe obviar en pos de la persona que solicita su ayuda para restablecer su salud.

¿Dónde queremos estar?

En primer lugar, despejar tres territorios claves:

1º el Curanderismo, donde convergen la curación por la Fe, las tradiciones ancestrales y las culturas tribales.
2º la Avaricia Humana, el negocio en tres marcos: el de las personas, el de las marcas y el de las farmacéuticas.
3º la Estupidez Humana.

Expuesto esto, queremos estar en la Medicina Integrativa. Todo un método de atención que incluye la mente, el cuerpo y el espíritu de la persona paciente. Combinando la medicina convencional con prácticas de medicina complementaria y alternativa.

Incluir en el diseño y cartera de servicios del Sistema de Salud la dimensión de la atención integral es una exigencia cada vez más ineludible y nosotras mismas no podemos obviarlo.

Referencias y enlaces:



¡Y ojo! “lo natural no significa que no haga daño”.


+microrrelatos

Saeta Marinera


Castillo Santa Catalina
La Caleta, Cádiz
Acuérdate de lanzar mis cenizas al mar, como habíamos acordado. Nunca podré perdonarme que mis restos no acaben siendo mecidos por el vaivén de las olas y que un pez, no importa el tamaño, me esparza por los mares adherida en su lomo. Soñé de pequeña que sería pirata en los siete mares. La vida, no tenía esos planes para mí. La vida, quiso que yo fuera veleta de los vientos y girará sobre un gozne siendo guía y señal para aquellos que no conocen su rumbo o cambian mucho de ideas, sentimientos o gustos. Veleta y no pirata, este ha sido mi penitencia y haberme oxidado y no servir a mis caseros. Cigüeña, no me olvides tú y lleva mis despojos en una atada de tu pico mar adentro, que quiero volver a nacer. Quiero, tener un feliz viaje al fondo de los mares.






Calle Fatalidad

Centre Ponpidou, Malaga
Es como sale mejor, tirando de ella. Cuando se queda atrapada y no puede soltarse lo mejor es tirar y
tirar hasta que salga. Una inmensa minoría de las veces acertar en el calambre es la única manera de extraerla. Estando ahí en el pozo, cabalgata de pesares de personajes infaustos de tan normales o normales de tan faustos que viven irrealidades prácticas que tienen mucho que ver con moralidad grosera y repugnante que les habita por los callejones del fracaso, es difícil salir a flote. Empero, cuando tu vida ya toma ese color amarillo anémico con irisaciones obscenas es el momento de plantar cara a la depresión y gritar: ¡estoy viva!

MIcrogénero

historia de la humanidad en plastilina *
Sócrates café
La marina de guerra solo sirve para tomar el té, sentencio, el ingeniero Eduardo Cotilla, atado a su cama. <No es un pañal adecuado para mayores>, me dijo con la mirada húmeda.

Crónicas de la ultramodernidad
Mientras la basura se acumula en la puerta, la moralidad cojea y un titiritero es encarcelado.

El misterio de la voluntad perdida
Al cambiar de acera siempre miraba hacia atrás y solo veía su sombra.

Nuevo mundo, ética para náufragos
Esta vez Juan Nicodemo naufragó en la costa de un mar sin playas sobre una procesión de olas, ¿cuántas generaciones de náufragos podrían haber llegado hasta allí? Reflexionó mirando unas huellas humanas.

Hablemos de la vida
Cada vez que abría los ojos todo su afán era quitárselo, aquello le parecía una aberración, la dignidad le acompañaba mientras le seguía temblando la vida. 


* http://www.dipucadiz.es/prensa/actualidad/La-historia-de-la-humanidad-construida-en-plastilina-en-el-Palacio-Provincial/

miércoles, 8 de junio de 2016

hay esperanza




Emulando al poeta Carlos Edmundo de Ory,

"Cáncer,

he pronunciado esta palabra

y se me ha llenado la boca de dolor".


El dolor como la gratitud surgen desde dentro, desde lo profundo, desde la cuna de los sentimientos. Allí, sí, también anida el dolor, el físico y el emocional. Y cuando hablamos de dolor físico, de una punzada que nos recorre las cicatrices, del pecho, del cuello, de la axila… decimos: “parece que me dieron una puñalada”.

Muchas personas reconocemos esa puñalada. "Puñalada trapera", un término que tiene su origen en los desgarros que se producían en la tela. El cáncer me agredió de esta sucia manera y me produjo un desgarro sistémico, un fuerte sentimiento de daño y desolación. Esta, como otras que me han dado en la vida, la he tenido que respirar. Por una parte, me ayudaron los analgésicos, la cirugía, los profesionales sanitarios, la aecc con las personas que la integran, otras terapias (meditación, neuropatía, yoga, acupuntura, relajación…) y el tiempo que, inexorable y verdugo, en positivo o en negativo, todo lo sitúa. Por otra parte, poner en juego mis recursos aprendidos y asimilados de la experiencia empírica fueron necesarios para volver a pavimentar la base de la salud. Y al mismo tiempo, al dolor me ayudó a paliarlo, el compartirlo, como el agua para el fuego o el viento a la llama, como el llanto a la pena. Expresar ese dolor que me afligía, describiéndolo, fue un sedante natural muy poderoso.

El mal que me produjo el cáncer era holístico. Era un dolor que abarcaba mi cuerpo y mi mundo emocional y mental. Un martirio que me rompió la vida. Una dolencia social y de sociedades. Un dolor que se expandía a la familia, a la pareja, a los amigos y los vecinos. Un lamento, el del cáncer, que minó mi fe y desmanteló mis creencias, que trastornó mi espiritualidad. Una angustia que me contaminó la mente y me volvió loca. Encontrar una ventana para gritar este pesar fue vital. Por fortuna, pude encontrar el altavoz por el cual vociferar el tormento que me producían las heridas de una enfermedad que no sabe de hermanos ni amigos, ni padres ni hijas, que no entiende de edades ni de proyectos ni de futuros, pero que, al acogerla, escucharla y expresarla, mermó su capacidad de hacerme daño. Esta ventana la encontré en mi pareja, en una amiga que me escuchaba, en la psicooncóloga, en la familia, la escritura. Pude, también, encontrarla en una pared que derribé, descargando sobre ella la ira, la injusticia y la impotencia.

Cáncer, un concepto que dicen algunas personas que pasa como con el corazón: que no duele. Y yo digo que sí, que duele y desmesuradamente, a raudales. Te duele cuando lo padeces y mucho tiempo después. Me duele el cáncer que se llevó a mi cuñado, me duele el cáncer que amputó a mi prima, y a tantas amigas, me duele el que ya no me dejó trabajar más. Me duele porque el cáncer conlleva muchas pérdidas. Cuan tsunami que arrasa con todo. Sin embargo, ahora afirmo que ¡el cáncer y su dolor se pueden vencer! Porque el ser humano tiene una capacidad de sanación y de resiliencia sin límites. El cáncer se hace débil ante la voluntad, el amor, el coraje, la necesidad y el deseo. Cinco valores con suficiente fuerza de curación y que, actuando en sinergia, son nucleares para la sanación.

Por eso, hoy, y desde ayer, me sobran razones para utilizar el término “gratitud”, porque agradecer a la vida lo que la vida me ha dado es necesario para que reine en mí la armonía y la salud.


“Gratitud,

he pronunciado esta palabra

y se me ha llenado la boca de salud”.



¡Gracias, por poder expresar esto aquí, trece años después de aquel insoportable diagnostico!



Una versión de este texto, ajustada a las bases del II Certamen de Microrrelatos Hay Esperanza, propiciado por la Fundación Vencer el Cáncer, esta integrado en el libro publicado, fruto de dicho certamen, y presentado en la Feria del Libro de Madrid 2016. Si quieres comprarlo y apoyar con tu aportación la investigación sobre el cáncer, puedes hacerlo en este link: http://www.bubok.es/autores/VencerelCancer

domingo, 8 de mayo de 2016

corazones al unísono

Hoy las nubes me trajeron, volando, mientras caminaba lisonjeando la Playita de las Mujeres, exhorta en mis pensamientos, un rostro que no me dejaba indiferente. Ella cruzó altanera el paso de peatones y se incorporó a mi trayectoria revelándose en forma de suspiros, justo, cuatro pasos por delante. En sus primeros progresos al frente de mi marcha ella giraba la cabeza, más de dos, más de tres y una más, para admirar un horizonte perfilado por casas en riadas de escalones arriba y abajo y el Castillo San Sebastián al final del trazo ¡Que pequeño sobre el mar y que magnánima su fortaleza!

La luz era temprana, cegadora si miras al Este. A ella, se le llenó de caballos la sombra que proyectaba y las facciones de su rostro, atesoradas de toda sensibilidad sobre el celeste lienzo que se sustenta en la línea del mar, me excitaban.

Yo, caballo por su sombra, cómplice callado de su desfilar, sincronicé mi paso al suyo para apreciarla a corta distancia y sentir el ritmo del timbal que suena en su interior. Advertí como su rubio ondulado cabello flotaba, al igual que la avanzada de nubes sobre el horizonte, y que olía a rocío. Matices que me sumergen en el patio de mi memoria que un día fuera una fuente con agua y que llevaba tiempo seca, estampa que despertó en mí ansias de pretenderla.

En un santiamén, su mano izquierda, sutil como el planear de las gaviotas, reajustó por detrás, la camiseta ahogada bajo la mordaza del talle de la chaqueta de piel canela que cubría su estilizada figura. Por un instante, desvié la atención a que las gaviotas se entrelazan con otras a lo largo de la playa y que nos acompañaban con sus grotescos graznidos. Entonces lo oí y aunque no encontraba la causa, la causa estaba y se me desveló, era el sonido imperceptible de los flecos que engalanan su coqueta bandolera verde mar tintineando sobre su pierna derecha.  Al unísono se veló para mis tímpanos el goteo sonorico de coches que al igual que con el desfile de cientos de pensamientos que pululan mi mente cada día, en lugar de domarlos, les deje transitar para fijar mi atención en el sonido que su contoneante cuerpo a través del frescor de la mañana iba cortando la brisa delante de mí.

Y fue entonces, cuando posé mi mirada en sus huellas. Sus tacones, instrumentos que atesoran un vibrato de placer, hicieron saltar los cerrojos que encarcelaban mi alma y me poseyeron. Un paso tras otro, sobre el revestido recién saneado, entonaban el ritmo y la cadencia del incesante vaivén de olas que mueren unos metros más abajo y, con la salada humedad del asfalto que bañaba mis sentidos, quede esposado a sus seductivos andares.

Repentinamente, ella se giró dócilmente a la izquierda y encaró su rumbo para franquear la avenida. Experimente un soplo de rebeldía. Yo, que no quería perderla, alcé mi voz con un ¡Espera y Adiós y Gracias! Ella, volvió su rostro espontaneo, sencillo, natural, una sola vez y sonrió ¡Adiós!

Comprendí al instante, en la larga cola de la despedida, infundida por la sabiduría métrica e invisible del amor, que nuestros latidos habían caminado al unísono desde la playa de Santa María del Mar hasta Isecotel y el agua que no corría volvió para darme el agua y enamorada la deje marchar.



Hoy las nubes me trajeron,
volando, el mapa de España,
¡Qué pequeño sobre el río,
y qué grande sobre el pasto
la sombra que proyectaba!
Se le llenó de caballos
la sombra que proyectaba.
Yo, caballo, por su sombra
busqué mi pueblo y mi casa.
Entré en el patio que un día
fuera una fuente con agua.
Aunque no estaba la fuente,
la fuente siempre sonaba.
Y el agua que no corría
volvió para darme el agua.
Rafael Alberti: Baladas y canciones del Paraná (1953-1954)

viernes, 22 de abril de 2016

manual de instrucciones

A la sombra de Julio Cortázar e incitado por Miguel Ángel García Argüez, bajo el paraguas de la Fundación Quiñones, en la Biblioteca Provincial de Cádiz, he realizado este manual que espero que os sea de gran utilidad, eso sí, solo sí estáis por Cádiz, concretamente paseando por las dunas de la Playa de Cortadura.

Manto del escarabajo dormitando mientras llega el sol,
Playa de Cortadura #Piluqui
Manual de instrucciones para hablar con un escarabajo (y que nos responda)

Hablar con un escarabajo, concretamente un escarabajo pelotero de la zona de las dunas de la Playa de Cortadura, en Cádiz, es una comunicación entre dos que necesita de habilidades y conocimientos del uso del lenguaje a través del canal sísmico.

En primer lugar, debemos tener desarrollado un oído apropiado ya que el escarabajo carece de aparato fonador y se comunica, con una habilidad trivial, utilizando sus patas y vientre haciéndoles vibrar sobre la arena. Por tanto, para percibir la banda de frecuencias en las que se propaga mejor el sonido que emite el escarabajo pelotero necesitamos oír muy por debajo de la frecuencia de la voz humana, esto es entre 50 Hz y 100 Hz con picos en los 150 Hz.

En segundo lugar, en el intercambio de mensajes con el escarabajo pelotero, de nada nos sirve hablar, ya que, mover la musculatura de la cara, colocar la lengua y accionar las cuerdas vocales no es un código de signos que este pueda reconocer. En nuestro cerebro destacan dos áreas relacionadas con el lenguaje: el área de Broca que hace posible procesar la gramática, y el área de Wernicke, que está relacionada con la comprensión sonora del lenguaje. El escarabajo pelotero -y no sé yo sí otros escarabajos porque no los he estudiado- no tiene el área de Broca. El cerebro del escarabajo pelotero es mucho más manso y diáfano.  Por consiguiente, debemos adiestrarnos en un sistema apropiado y bien nos podría servir el “morse” o el “tres por cuatro”. Este último, más reconocido por el escarabajo de las dunas por su condición de chirigotero.

Por último, necesitamos ordenar un simpático uso del pensamiento simbólico. El escarabajo pelotero emite sus mensajes mediante un método que incluye la música y la danza en un arreglo magistral, de aquí que nuestro hemisferio derecho, también llamado “el hemisferio holístico” que es intuitivo en vez de lógico, piensa en imágenes, símbolos y sentimientos y que tiene capacidad imaginativa y fantástica, espacial y perceptiva debe permanecer más despierto en el intercambio de información con el escarabajo pelotero propio de las dunas de cortadura.

Anexo

Como curiosidad y sirva de ejemplo de como el escarabajo reconoce la dificultad para la compresión y seguimiento de su conversación, este deja unos puntos suspensivos entre dos frases para darle un espacio a que, la enredada mente humana se sustraiga del habla y acuda al canal sísmico donde, el lenguaje no hablado se desvincula del raciocinio metafísico. Son aquí, los puntos suspensivos, un código de información morse donde cada punto integra una pauta de tiempo espera para que el interlocutor pueda asimilar el mensaje vibracional del escarabajo.






domingo, 17 de abril de 2016

Dios como el Diablo, y otros

rocorte del mural en el
centro escenico Alboli
Dios como el Diablo


Las palabras que ha aprendido por la noche, susurradas por la sierpe, forman una enredada madeja fonética que ni Eva misma llegaba a comprender. Voz de cabeza, voz de la conciencia, voquibles que van y vienen o dan largos vagabundeos multiplicándose por las colorradas oquedades de su interior. El complicado laberinto de la razón no le ayudaba y le ocultaba la hermosa melancolía del para qué todo era una metódica anarquía. Palabras repetidas con la inconstante cadencia de las olas del mar que le sonaban mantra de mediodía y, a la vez, amalgama de armonías saturadas hasta la náusea que le hacían naufragar en el gélido océano de la incomprensión:

- “Vivir una misma vida, una y otra vez, por toda la eternidad, al cobijo del libre albedrío, te llevará por entre todas las posibilidades”-, le dijo.


Omnisciencia granizada

Cada vez que le hablaba del último sobre rechazado mostraba una media sonrisa, por la manera en que contraía las comisuras de sus labios, y siempre el mismo soniquete: “Nuestra sociedad produce muchos sobres inútiles y, en la misma medida, también seres humanos inútiles; no es el caso de los míos ni te conviertas tú en uno de ellos”, me solía recitar mi abuelo que era un elegantísimo filosofo curtido en la vida y con una clara idea de la pureza en forma de suspiros. Algo de narcisista y autocomplaciente, mi abuelo Paco, de profesión cartero, regalaba sobres que, acaso por su ponderación y sensatez, en ciertos aspectos nos habían permitido superar algunas vicisitudes. Recuerdo cuando me hablaba de ser felices y recuerdo tener guardado uno de sus sobres que contenía el siguiente axioma: “Ser feliz y radiar esa felicidad a tu entorno, implica, ser capaz de soltar las emociones”. Y recuerdo pedirle que me lo desarrollará –“mi querido Juan, me decía, donde tenemos las emociones tenemos la vida y bloquear las emociones significa bloquear la vida”. Yo, cartero como mi abuelo, os regalaré este sobre: “aprieta la vida y suelta los miedos”.


recorte del mural en el
centro escenico Alboli
Ninette y la extraña mirada

Pero nunca, sin saber por qué, dejarán de mirar hacia arriba, hacía las nubes de un cielo que nunca cambia, que oculta una impía verdad. Debido a la grisura de sus tonalidades daba a entender que su autor debía de ser daltónico al no percibir la mugre acumulada en forma de nimbos sollozados...

-Qué lindo es estar loca y andar suelta con la mirada inmoral- pensaba Ninette, hija de un matrimonio de Murcia y protagonista de centenares de historias, unas en tardes grises, donde ella veía llover y sentía gente correrse, otras, donde solo me veía a mí. Ninette es una prostituta que, por casualidades de la vida me conoce cuando yo era un joven apocado. Me enamoré, la recogía de su casa y la acompañaba a misa los domingos por la mañana y al burdel todas las noches, con una profunda inocencia de la legítima ocupación de mi amada...

Una seca mañana, de súbito y a quemarropa, reaparecen sus padres y desde entonces, nunca, sin saber por qué, alzan la mirada perdida por entre las nubes y se preguntan en qué momento erraron en su educación.


Al alba

Lo que daría porque fuese ya de día y su dulce voz me susurrase “lavavajillas”, “espumadera” o “colesterol”. Qué daría yo porque cada cuarto de hora pudiera chupar un polo de limón y fantasear sobre placas de quebradizo hielo del Lago Baikal. Ahí, lo que daría por un encuentro, o un simulacro de realidad, subiendo como la espuma de la leche y, que los pájaros del deseo, que dormitan en la vasta mañana del laberinto de mi dispersa mente, se despertaran al yo que lo habita. Ah, comunicación sororica de la caja de resonancia que se abandona a la atracción de la cadencia, el ritmo y el compás de la partitura de lo más hondo del adentro. Lo que daría porque los dedos rosados del alba susurraran palabras nuevas a mi niña interior para despertarla a la vida.



*Centro de Artes Escénicas de Arbolí