jueves, 27 de diciembre de 2012

Cuando un amigo se va...



Cuando un amigo se va… perdí.

¿Perdí? Hay dolor porque hay apego y se da el apego porque hay amor. En el amor se da el respeto y la comprensión, entre otros muchos valores.

Con cada pérdida, con cada persona que sale de tu vida, me dice el conocimiento empírico que la deje ir y que confiado continúe avanzando.

Así es vivir: un itinerario serpenteante e infinitos cruces de caminos donde confluiremos con quienes caminen a nuestro lado. Y sí alguien cambia de camino el orden se acomoda. Tú sigues avanzando, ellas también lo hacen.

Hay algunos que por marchar de mudanza a otros lugares se separan físicamente, sin embargo queda el sentimiento, quedan los recuerdos, queda el consejo, queda la conversación  (aunque solo sea al hablar por teléfono o compartiendo correo electrónico) o una visita furtiva. Nos reencontramos y la conversación continua donde la dejamos porque es como si no se hubiesen ido. 

Durante nuestra vida hay un ir y venir de personas con las que coincidimos convenientemente en un momento dado. Algunas cometas fugaces. Otras se quedaron por un tiempo, su permanencia  fue necesaria.
Por el itinerar de nuestra existencia hubo, hay y habrá personas que no aportaran, a primera vista, nada a nuestro caminar. Ya sea porque nos defrauden, nos traicionen, o…, por el contrario, hay amigos que cubren roles de referentes familiares.  Están siempre, en todo momento, cuando se precie, y nos regalan su amor. Personas que nos hacen más bellas, que se ligaron con nuestro corazón y nos ajustamos en el paso. A éstas, si aún están, o cuando las vuelvas a encontrar, dales las Gracias por la huella que han dejado en ti.

Y, a la VIDA, retribúyela por todas ellas.

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