domingo, 30 de octubre de 2016

Las relaciones, el callejón de los pecados

Estación de Francia, Barcelona

Desde su creación en las cavernas del fuego, un fantasma de antiguos caminantes, habla, a las fibras más hondas del alma personal y colectiva, de caminos discrepantes que nos conducen a la nada o nos abren puertas a un mundo inesperado.

Pequeño misterio ácrata que brota del manantial del corazón, con la frescura de mágicos lenguajes arcanos, impulsa al caminante a atravesar cada nuevo viejo solar para habitar espacios afectivos de relación con la otra, con la desconocida hermana.

Las enajenantes formas del vínculo con las otras, sin perder y conservar la linealidad de nuestra esencia, ha generado unos estilos que, en su versión más conurbana del enlazamiento con todo lo que está a nuestro lado, ya sea en la estampa del tiempo presente o a través de viajes al pasado y/o el futuro, se asemejan a sopa de proto-almas.

Las notas que se han caído de las líneas del pentagrama y bailan desperdigadas por el borrador de la partitura, es la metáfora del universo de relaciones intrapersonales e interpersonales, de relaciones con una misma y con el entorno. Una sinfonía de muerte y aceptación del Yo. 

De cómo nos desequilibra el chisporroteo de neuronas que al entrelazarse malabáricamente para construir y proyectar mil escenas que nos llevan a relacionarnos con y para seguir siendo nosotras a través de las otras. Actuando disfrazadas sin ocultar nuestra esencia y salvaguardarnos del fuego generativo de la enredada madeja y el complicado laberinto de perder libertad y vaciar el alma en pos de la relación, no nos hablan los cuentos.

La enjundia en las relaciones es la expresión de nuestro deseo. Vivenciado a través de la mirada, las palabras, el gesto, la caricia, el abrazo, expresiones entre seres que hacen de su deseo a la otra. Siendo cualificadas de aprehender de la otra para descubrir que, el Yo hace de la Otra, alcanzando en la comunión el Nosotras, que es el sustrato de nuestra propia y particular naturaleza sustancial.

domingo, 23 de octubre de 2016

dolor y cáncer

Entendiendo que el dolor no solo tiene un nivel físico. Existe dolor que incluye elementos físicos, sociales, emocionales y espirituales.

Físico: Daño a los tejidos, afectación en alguna estructura del cuerpo humano.
Emocional: Presencia de depresión, insomnio, fatiga crónica y otros.
Espiritual: Se refiere a sentimientos de culpa, reproches e inseguridad ante la muerte.
Social: Pérdida de su posición social, problemas económicos, etc.

Cicely Saunders (1918- 2005), sabía esto y sabía que cuando el dolor no es aliviado, es capaz de convertirse en centro de la vida de un ser humano. Por eso desarrolló la teoría del “dolor total“.

¡Podemos decir que, el dolor es una enfermedad por sí mismo!

El dolor es el único síntoma que no mejora en los muchos servicios de salud y se convierte en dolor cronico. Padecer dolor lleva a muchas personas pacientes a desarrollar depresión. La asociación del dolor con la falta de apoyo familiar y la depresión puede llevar al deseo de morir.

¡el dolor oncológico mata!

Existen diferentes dolores, por ejemplo, el dolor irruptivo -dolor irruptor en castellano- que para poder diagnosticarlo hay que preguntarle al paciente.

El dolor deteriora enormemente al paciente. Por ejemplo: en postoperatorio o neuropatía periférica que no es solo un problema médico, sino que impacta negativamente en la calidad de vida, condicionando bastante cualquier actuación. Por ello, es importante ajustar cualquier analgesia multimodal para mayor beneficio a la paciente.

¡toda persona paciente oncológica tiene que ser tratada de "su dolor" con urgencia!

Existen infinidad de evidencias de cómo tratar el dolor con efectividad. Evidencia en la crioterapia para prevenir Mucositis por QT 5-Fu. Evidencias y estudios en los beneficios del uso de la ozonoterapia en cáncer. Evidencias en el uso de cannabinoides para el dolor. Evidencias que algunos antidepresivos tienen un efecto analgésico per se. Evidencia de que podemos curar cáncer de próstata con SBRT con solo de 1-8 fracciones de tratamiento. Evidencias de por qué opioides nasales. Evidencias en el uso de Fentanilos Intranasales como la mayor velocidad de acción posible fuera de vía parenteral o la vía sublingual, también rápida y fácil. Máxima eficiencia en la combinación de opioides cuando es personalizado el tratamiento ya que los receptores opioides son una huella digital en cada paciente.
Con todo esto podemos decir que a la escalera de tratamiento analgésico de la OMS le falta un escalón para tratar el dolor refractario. Una opción es la vía intratecal. Infusión intratecal, la cenicienta del dolor.

La radioterapia o la cirugía radioterápica está sustituyendo en algunos casos a la cirugía quirúrgica por sus altos beneficios. Además, según la medicina anglosajona a la radioterapia se le aplican las “3C”: Curative, Conservative, Cheap.

Hay que tener presente para la administración de tratamiento para el dolor que existe influencia de polimorfismos genéticos en la respuesta a analgésicos. Ver también: Epigenetica y dolor.

¡que ningún paciente se vaya con dolor!

Para ello es necesario un trabajo multidisciplinar, real. Poner en común a profesionales y servicios es urgente y la creación de comités de dolor para paliar el dolor Oncológico una exigencia médica.

Por otra parte, no podemos olvidar otras intervenciones como el tratamiento no opioide del dolor, y ¡es dinámico... y un traje a medida! En un sondeo de americanos adultos identificó que el dolor es la razón más común por la que la gente utiliza la medicina complementaria. La medicina tradicional china, por ejemplo, considera el dolor como un qi "bloqueado", similar a una resistencia eléctrica, y se considera que tratamientos como la acupuntura son más efectivos para el dolor no traumático que para el dolor traumático. Aunque el mecanismo no se comprende completamente, la acupuntura podría estimular la liberación de grandes cantidades de opioides endógenos. La acupuntura, con evidencia y estudios que avalan su uso en procesos oncológicos, es una opción válida. Sin embargo, los médicos deben formarse e informarse sobre el uso y beneficio de estas materias para asesorar a la persona paciente que se pone en sus manos pidiendo ayuda. A más de, nos guste o no, los pacientes van a seguir informándose en red. Los pacientes activos. Un paciente informado es un paciente con menos dolor, con mayor salud.

¡dejen que los pacientes ayuden!

Además, si hablamos de las personas mayores, están ausentes en estudios e investigaciones en referencia a tratamientos del dolor. Añadir que, hay que situar a las personas mayores en el centro del sistema salud como personas adultas que son. Y, hay que tener muy en cuenta que, por sus multipatologías, se agrava su situación y determina sus tratamientos. Como dato a tener en mente, de las personas mayores hospitalizadas el 45% tienen efectos adversos que son producidos por la medicación. Necesitamos la Conciliación de la Medicación. Los medicamentos son un problema real por los efectos de su consumo. Existen límites para medicarse y hay que identificarlos de manera unipersonal.

Para terminar, cuatro anotaciones y dos valoraciones:
  • ·         los pacientes oncológicos con tratamiento de opioides corren el riesgo de adicción por su mayor tasa de supervivencia.
  • ·         llegan pocos pacientes con dolor oncológico a las Unidades del Dolor o llegan inframedicados. ¿Qué ocurre?
  • ·         Para procesos oncológicos -y cualquier otra enfermedad importante- no se puede crear una hoja de ruta sin contar con el dolor y la calidad de vida de la paciente.
  • ·         El síntoma del dolor es el principal motivo de consulta que conduce al diagnóstico. Un 60% de los oncólogos no preguntan, según fuentes contrastadas.
¡Revisar y Preguntar si duele!
  • ·         la diana para la valoración del tratamiento más adecuado es la calidad de vida.
  • ·         ¡Cuidar, cuidar y cuidar!!  al paciente con Cáncer y a su familia.


sábado, 22 de octubre de 2016

Una humanidad des-humanizada

Museo Ciencias Naturales
Barcelona
No es la raza humana un modesto ni honesto reino de humanidad, muy por el contrario, es más bien un infinito despropósito de des-humanidad. Así, dicho en dos palabras: “des-humanidad”.

Desde que el hombre habita la tierra, allá por la noche de los tiempos, ha ido in crescendo sin rienda ni contención alguna hasta los límites en los que nos encontramos hoy día de falta de humanidad.

Ya se dijo antes: “el hombre es lobo para el hombre” y se quedaron cortos. Es lobo para el hombre y para todo lo que se contiene en los límites del universo.

Estamos arrasando con todo y pese a tener claro que Tierra, nuestra casa, solo tenemos una, aun así, seguimos extenuándola y extinguiendo a todo ser viviente, incluyéndonos a nosotras mismas.

De vez en cuando, nos conmueven imágenes de destrucción por parte de la mano del hombre o imágenes de millones de personas (infancia, adultas y mayores) muriendo unas por hambre, otras por guerras, otras en las aguas de mares que son fronteras entre la desesperanza y la esperanza como nos mostró Jordi Ebole en el pasado “Salvados, Astral” y podemos ver cada día si buscamos la noticia. Líneas que separan la vida y la muerte trazadas con tinta de impiedad y atrocidad. Trazos que separan a unas de otras solo porque el destino quiso que tú, yo, nosotras naciéramos a este lado del mundo. Y, sin embargo, pasados unos días, cuando ya el Papa y otras jerarquías civiles, militares o políticas olviden, también lo que está ocurriendo y, que no es solo de ahora, que ha pasado siempre, volveremos a nuestra queja individual o colectiva de que caro está el recibo de la luz, el partido de Champions o sobre esta o aquella descabezada estatua de un dictador caído y muerto.

Y si nada (nosotras) lo impide, estamos avocadas a desaparecer de la faz de la tierra. No obstante, la huella fósil que dejaremos para la posteridad será imborrable durante miles de años. Ironía de la historia. Nuestro rastro perdurará a través de los tiempos para, quizás, dejar escrito que el hombre sin ayuda de nadie llegó a la perpetua e irrevocable destrucción de sí mismo montado en un Ferrari rojo, unas, otras arrastrándose por el fango.


Para acabar este post quiero citar a André Malroux: “En un universo bastante absurdo, hay algo que no lo es: lo que podemos hacer por los demás”.

jueves, 13 de octubre de 2016

Un Monstruo Viene a Verme

Mural pintado en la unidad de consultas pediátricas del
Hospital Universitario Puerta del Mar, Cádiz
Cuando la vida mueve a una persona -que aún es joven para considerarla una adulta o que aún no tiene la edad suficiente para dejar de ser una inmadura- a pasar por el trance de la enfermedad oncológica ocurre como en la historia real de la Guerra Civil estadounidense, que culminó en la batalla de New Market, en mayo de 1864. Un grupo de cadetes adolescentes al abrigo de la guerra en el Instituto Militar de Virginia debe enfrentarse a los horrores de un mundo de personas adultas cuando son llamados a defender el Valle de Shenandoah. Dejando atrás su juventud, estos cadetes deben decidir lo que están luchando. Atravesando un campo enfangado dejan atrás sus zapatos. La batalla fue llamada del “Campo de los Zapatos Perdidos”. 

Así pienso yo que una persona adolescente debe sentirse al tener que afrontar la enfermedad a tan temprana edad, cuando aún sus mejillas están encarnadas de virtud.

En muchos casos, las personas -y en concreto para este texto, en la adolescencia- se ven arrastradas por la corriente de un proceso cruel, bien como persona paciente o como familiar. Cuando la muerte se abre camino paso a paso abre, también, una brecha en el inmaculado lienzo de la inocencia pueril. No corresponde a esa edad -como relata Marta Ligioiz en su libro “Curso de vuelo para constructores de sueños (https://books.google.es/books?isbn=8490197113) “comprender que a veces es el momento de morir, de dejar el cuerpo sin luchar, que es importante mimar ese paso con todo el calor y la consciencia de que se fuera capaz, sin perderse en una locura”.

En esa edad, un tiempo fuerte en el que tienen lugar cambios e intercambios, internos y con el entorno, donde es la hora de la sencillez y la bondad, la idea de ir atada al faldón de una camisa impuesta por la impostura injusta de la finitud del ser humano es una amargura absoluta, despejada de realismo cotidiano, del juego físico y el verso blanco, una ironía siniestra y absurda.

A pesar de la desatinada parodia y el marasmo de dolor, la vida estimula un carmesí destilado en el fondo de la copa. Las historias de superación y aprendizaje, realidades prácticas que tienen mucho de mágicas irrealidades, se cuentan entre personas adolescentes que han tenido y tienen que traspasar el oscuro umbral del cáncer.

En muchos casos la vida se deviene en un intrincado teatro para desvelar una personalidad corporal, emocional y volitiva, con una sabiduría orgánica e irreversible de la vida que sorprende a las personas adultas que forman el entorno de esta juventud a la que le toca vivir la pesadumbre y la desdicha de un insoportable diagnóstico.

A veces, cuando la persona adolescente se encuentra en un páramo donde la fantasía es la puerta de salida más obvia para recalar a la orilla de la seguridad, la libido de los colores de su imaginación le hunden en la raíz primigenia de la salud mental: la inocencia, donde el dolor se mitiga rescatando al naufrago del gélido océano de la enfermedad.

A esta edad, y en la enfermedad, hay necesidad de ser reconocida. Necesidad de amor. Necesidad de releer la propia vida. Necesidad de sentido. Necesidad de perdón. Necesidad de establecer la vida. Necesidad de continuidad. Necesidad de esperanza.

Y para acabar este post, una invitación: es necesario sentir el tambor que suena en el interior para acogida por entre las ramas del Tejo aceptar la pérdida de los lazos frágiles, pero extraordinariamente poderosos que nos unen a la vida y de esta manera, superar el miedo a soltarse. Si estaba triste el otoño de la desolación, irrumpir en una soleada tarde de mayo. No es momento de parar la función en el verdor de la estación florida.

*texto inspirado por la película Un monstruo viene a verme*