domingo, 30 de julio de 2017

amar, compartir y vivir


Le atribuyen a Alejandro Jodorowsky la siguiente frase: “Cuando tengas un gato, aprenderás lo que es Amar sin poseer, Acompañar sin invadir y Vivir sin depender”.

Nosotras, hemos adoptado dos. Zeus y Shiva. Llegaron a casa con cuarenta días de vida. Destetados y con ganas de comer, jugar y dormir. A penas 300 gr de puro amor cada una de estas criaturas que han invadido nuestro hogar. Un sitio para comer. Un sitio para hacer sus necesidades. Más de un sitio para dormir, porque no les basta con la cueva y el árbol ellas buscan donde dormir cuándo, cómo y dónde les place. Para nosotras era un sueño tener compañía y se nos ha hecho un traje a la medida de ellas que nos queda de lujo (a pesar de ser un macho y una hembra las nombró a ambas en femenino por ser estas “dos criaturas”).

Nosotras ya tenemos un hijo y dos hijas y dos nietos, pero, ya desde hace muchos años, nuestro nido estaba vacío. Un espacio de tranquilidad e intimidad para la pareja que no cambiaríamos por nada. Temiendo que, tener otro ser vivo en casa nos rompería nuestro bienestar, no nos atrevíamos a adoptar. Sin embargo, no ha sido así, si bien es cierto que han roto nuestra dinámica de lo cotidiano. Zeus y Shiva nos han traído los juegos, el interés por todo y las ganas de experimentar cosas nuevas. Y, nos regalan una gran dosis de amar sin más.

Zeus (yo le llamo Rubio, aunque a Rosi no le guste) de pelaje bicolor: blanco y canela. Es un gato muy independiente. No le gusta que le cojan para hacerle mimos. Él lleva su vida y solo se ocupa de los que están a su alrededor cuando les necesita. A nosotras para sus necesidades y en ocasiones, contadas, buscando el contacto y el juego. A su hermana (Shiva), en los juegos, la persigue, la muerde, le salta, se esconde para asustarla. Empero también, en la ternura. La besa, la lame para asearla, la protege y es compañero incansable de juegos y sueños. Comen juntas, duermen juntas, van al arenero juntas, eso sí, el noventa y nueve por ciento de las veces porque su hermana así lo quiere y es ella quien va detrás de él. Nosotras, aceptando que es así, nos conformamos y disfrutamos viéndole crecer. Enamoradas de él. Es guapo a rabiar. Es juguetón y zalamero. Es un amor verle dormir. Su cara y sus poses nos tienen embelesadas.


Shiva (yo, como al Rubio, le tengo su sobrenombre: Negra y a Rosi tampoco le gusta, jajaja). Una gata de los más dulce. Desde el primer día amiga de ser acariciada, de ser mimada. Te busca con la mirada de sus ojos escondidos en el color de su pelo. Apenas es fácil distinguirle sus rasgos. Siempre pendiente de su hermano. Con carita de buena. Más pequeña de cuerpo que su hermano, pero igual de vital. Tienen, cada una, su cuenco para la comida y el agua de diferente color para, sobre todo, nosotras controlar lo que comen cada una, pero ella come siempre en el de su hermano. No hay manera. Ella decide. La Negra es un tesoro vestido de negro. De uñas largas y blancas que sobresaltan en sus manos azabaches. Verla correr, saltar o dormir convierte los instantes en un regalo. Te quedas mirándoles y no cansa. Creo que es amor, porque siento mariposas en el estómago. Su hermano es un testarudo, ella sin embargo, nos sabe llevar con sus encantos y su tesón para conseguir lo que quiere.

Dicen de los gatos que ellos eligen con quién tener una relación estrecha (quien es su persona dueña, expresión que rechazo de pleno. Para mi ellos son familia, putativa sí, con quienes compartimos nuestra vida en un espacio común, ergo familia. No nos pertenecen más que en el amor que nos profesamos (ellas a nosotras, a su manera). Creo que aún no se han definido en ese sentido o nosotras no sabemos diferenciar la elección. Quizás, y desde el primer día así lo quisimos, porque no distinguimos en su trato y cuidado. Ambas nos hacemos cargo juntas de ellas, intentando que seamos elegidas las dos por igual. Jugamos juntas con ellas, les damos de comer, les aseamos el culo y las patas cuando salen del arenal, les buscamos para cogerles y besarles. Les juntamos con nosotras en los momentos sofás, empero ellas se van a lo suyo, jajaja. O no, tienen un momento familia y se quedan para que les acurruquemos, les permitamos mordernos los dedos, así son ellas en sus juegos y, pienso yo, su manera de demostrarnos que somos familia.


No me cabe duda, en mi corta experiencia con los gatos, que lo que expresa la frase que encabeza este texto es cierto. Tanto para ellas como para nosotras, el vínculo es sano. La diferencia, nosotras tenemos la responsabilidad de su bienestar. De proveerles de lo necesario para que su vida se dé en un ambiente de salud y amor. Siempre respetándoles. Eso sí, se han adueñado de nuestras vidas y de nuestra casa.

Aprendiendo a vivir sin apegos, sin poseer, sin invadir, sin depender. 

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