viernes, 16 de enero de 2015

desde el más allá

campo santo de Chiclana, Cádiz
Continuando con mi experiencia de la creación literaria y aunque alejándome de mi estilo más divagar por la filosofía, quiero compartir esta lacónica carta, fruto de la tarea semanal e inspirada por las palabras de una residente de la residencia Fragela. La carta la tituló “carta desde el más allá” y reza de esta manera:

Querido Juan, en realidad no sé por qué te despacho estas líneas, poco o nada hay que contar, apenas si he muerto. Pero tú no te preocupes todos tenemos que morir alguna vez y tampoco es el final. Muerto sí, pero no me encuentro mal. Ya desde el aciago mes de diciembre me venía yo notando apagado, agotado como el reloj aquel que tenía la abuela tras el velador y que cada primeros de año teníamos que cambiarle la pila ¡te acuerdas! Pues así estoy yo, con la maquinaría gripada y las saetas patitiesas.

Por cierto, pensaras que soy un desagradecido que no te devuelvo las llamadas y es que ya no tengo cuerpo para levantar el auricular. Ya no tengo apetito y el aire dejó de abrazarme la piel como cuando salíamos a correr por el parque y la briza fresca de la mañana nos acariciaba el rostro influyéndonos vitalidad, entonces sí que estaba yo vivo ¡te acuerdas!

¿20 de enero ya? tengo delante de mí un almanaque con la imagen del Corazón de Jesús de esos que regala el carnicero de la esquina. Sí hombre, aquel  al que tu madre le gustaba comprar la carne porque era la más fresca del barrio, “recién muerta” decía ¡te acuerdas! Pues a este le he arrancado ya 19 hojas y no me he enterado ¡cómo pasa el tiempo sin vida!

Ah no, pero tú no te aflijas, que a ti te queda mucho por vivir. No es como a mí que desde entonces ya no hay aliento ni espíritu. Tú tienes a Ángela, ella es un cielo. Yo, ya te digo, nada me queda, solo polvo. No hay olores  en la cocina, ni calor en el salón y el agua del grifo ya no me moja ni quita la sed. ¿Las vecinas? las antaño pesadas cacatuas pasan por el rellano y como no me ven ya no preguntan ¡claro, que van a preguntar, si estoy muerto¡

Ves, por esto no quería escribirte, solo puedo contarte que perdí la vida en el mismo momento que perdimos a tu madre y tú no querrás leerme con todos tus quisicosas. En fin, hijo mío, que no quiero molestar, ya se sabe que “el vivo al bollo y el muerto… el muerto al hoyo”.

Ah, si quieres, solo si quieres eh!! puedes venir a velar a este desnutrido esqueleto de tu padre, pero no te sientas obligado, si total, yo ya estoy muerto.

PD. Perdona por el polvo de la carta, no me llega el alma para más.