sábado, 23 de marzo de 2013

Vivir Con Las Pulgas





En mi opinión, las personas nos encontramos con la pérdida de un ser querido ante una estación de invierno severo. Partiendo desde este punto, a todo lo que acontece tanto interiormente como en nuestro entorno, que nos perturba de nuestro estado de aflicción, podemos darle una lectura nociva e invasiva. El devenir del día a día puede alcanzar cotas de sufrimiento gélido que en otra estación no suponen ningún planteamiento: ni positivo ni negativo. Sin embargo, por esta característica del doliente: Una persona con las capacidades mermadas, inestable emocionalmente y físicamente menguado, todo se magnifica de la mano de la resistencia, la censura, la desaprobación, la protesta,...

No obstante, no a todas las personas les afecta en la misma medida. Dependiendo de la vivencia y el conocimiento empírico de cada cual, de los recursos alcanzados, incluso del modo en que se produce la pérdida y del vínculo con el/la  fallecida, así vivirá o “morirá” el doliente con los problemas o conflictos que se deparen en los días/meses/años que dure el hiriente invierno del duelo.

Entiendo que a todos/as nos afectarán, en diferentes grados y niveles, en el principio del duelo, dichas interferencia. Interferencias a las que podemos definir como pulgas, ya que son eso “picores en el alma”. Molestias  que nos impiden vibrar con lo que se remueve tras el duro golpe de la pérdida,  que conlleva una catarsis, si se me permite, una catarsis que tras la metamorfosis, semejante a la de la crisálida, de todas las dimensiones del ser humano, nos lleva a reordenar nuestra biografía para seguir viviendo.


Para entender el concepto “pulgas del duelo” es necesario, primero, conocer el comportamiento y efectos de la pulga (parásito): Parásito que se nutre del ser que habita. Se instalan en zonas de difícil acceso. Es difícil de detectar. Y generan comezón y tormento, además de transmitir enfermedades.

Las pulgas del duelo son el abanico de conflictos, problemas y dificultades propias del día a día, que forman parte de la vida, que pueden, al igual que la pulga en el perro, alojarse en el doliente. La persona doliente, que por su carácter de doliente en proceso de duelo, reúne condiciones y un entorno que favorecen albergar problemas, contratiempos que surgen con más frecuencia e innumerables conflictos que no están relacionados con la pérdida ni el proceso de duelo, pero que se le anexan. Éstos le producen dolor picante y la incapacidad para confrontarlos. Pudiendo llegar a alterar la elaboración del duelo y en casos provocar un duelo patológico.

Nos podemos encontrar con dos tipos de pulgas: las que vienen de fuera y las que nos vienen de dentro. Entre las que nos vienen externamente podemos toparnos con las que se relacionan con herencias o tener que gestionar asuntos que requieren de decisiones reflexionadas y/o importantes; entre otros muchos ejemplos, también hacer la declaración de la renta. Y, las pulgas que nos surgen del interior, que tienen que ver con la conciencia, el íntimo del ser, los procesos mentales y los arbitrios que el doliente procesa, produciéndole desasosiego y causándole sufrimiento calloso.

Las pulgas del duelo van tomando posición sigilosamente hasta que el doliente está más débil y frágil que es cuando la pulga aflora con más posibilidades de alimentarse de una persona que está sufriendo por la pérdida de un ser querido. Una persona con las capacidades mermadas, inestable emocionalmente y físicamente menguado. “En estas circunstancias el doliente no tiene ganas, ni fuerzas ni deseos de rascarse y desembarazarse de las pulgas. Una persona a la que todo le da igual.”

Además, y para acabar, el doliente atribuye y correlaciona las pulgas con la necesidad de dar la cara a problemas del pasado o del presente que conllevan inconvenientes específicos y que, esto unido a “pensamientos engorrosos y amargos”, le perturba la paz interior.


Biografía:  El Duelo, Luces en la Oscuridad. José Carlos Bermejo y Consuelo Santamaría. 
                Editorial: la esfera de los libros





domingo, 17 de febrero de 2013

caminante no hay camino



el faro de Cádiz
En la vida es necesario, para realizarla en plenitud y fértilmente, un camino que seguir.

Cuenta en su libro Charla de mesa el maestro sufí Rumi que “había un rey que envió a un súbdito a otro país para cumplir con una única y concreta tarea. El enviado va a ese país y realiza otras cien tareas, pero no realiza aquella para la que fue enviado. Al regresar a su reino y rendir cuentas al rey, éste le dice que al no haber realizado la tarea para la que fue enviado es como si no hubiese hecho nada en absoluto”.

Nuestra tarea en la vida es encontrarnos con nosotros mismos. Sin embargo, como el enviado de la historia, nos dedicamos a mil otras actividades, a realizar mil otras tareas. Tareas que nos llenan la vida pero que no nos conducen al encuentro con nuestra naturaleza fundamental.

Es posible, y así lo constato, que hay caminos que nos acercan y pueden parecer suficientes para nuestro EGO. No obstante, sí de verdad queremos realizarnos, lo que realmente nos llevará al culmen de nuestro desarrollo como personas, es adherirnos a una escuela, a un maestro que nos guie por la senda que nos encauce al ser que ciertamente somos.

Ni el maestro ni el camino deben ser dogmaticos ni cerrados a otras fuentes de agua fresca. Pero eso sí, deberemos seguir sus normas y preceptos sin desvirtuarlos.

Este maestro y el camino, claro está, han de ser para nosotros nutritivos en el sentido de que nos acompañen y encaminen en la línea que pretendemos: el encuentro con nuestro ser primogénito.

Esto requiere de ser fieles a ellos, constantes y perseverantes, valientes, dispuestos y motivados. Devotos seguidores, honestos con nosotros y nobles para con los demás.

Para encontrar el maestro apropiado y adecuado a nosotros y nuestro camino, convenimos en, lo primero, buscar con todo nuestro ser holístico. Es decir, desde las cinco dimensiones del ser humano: Corporal, Social, Emocional, Intelectual y Espiritual/Religiosa. Lo segundo, es que al igual que el maestro el camino ha de ser de sabiduría para la transformación. Pero ¡ojo! no debemos anclarnos en la búsqueda perpetua. Necesitamos elegir y elegir juiciosamente. Un indicativo del buen camino será la dimensión del sufrimiento que nos aflige la transformación y las lágrimas que vendrán de las tareas del maestro y las piedras del camino. Todo crecimiento conlleva dolor en un proceso sempiterno de vida-muerte-vida. Y tercero, requisito indispensable, la confianza en el maestro y en el camino.

Buda recordaba en sus enseñanzas estas “Cuatro Confianzas”:
Confía en el mensaje del maestro, no en su personalidad;
Confía en el sentido, no sólo en las palabras;
Confía en el sentido real, no en el provisional;
Confía en tu mente de sabiduría, no en tu mente ordinaria y llena de prejuicios.

Para acabar, por último, consciente de que se nos abrirán caminos diversos y que encontraremos cruces en ellos y,  que se presentaran, también, falsos maestros. Mi consejo es que atendamos a la opción que más nos inspire.

caminante no hay camino, YouTube
Unas cuestiones para ponernos en faena:
¿Quién es nuestro rey?, ¿Cuál es nuestra tarea?, ¿A quién seguimos? y ¿Por dónde caminamos?

domingo, 3 de febrero de 2013

cumpleaños feliz



Cumplido los 49 y haciendo una mira retrospectiva de mi vida me encuentro que siempre hubo, también junto a los momentos de progreso, momentos de duda, capitulaciones imprevistas, interrogantes hondos. El poeta Rocki escribía a éste respecto: “Se paciente con todo lo que no está resuelto en tu corazón. Intenta amar incluso tus preguntas. No busques respuestas que no pueden encontrarse, porque no podrás vivirlas. Vive todo. Vive tus preguntas, porque sin notarlo, estas elaborando las respuestas”.

Cuánta sabiduría en las palabras del poeta. La respuesta a la vida está contenida en el concepto “vivir”. Todas aquellas interrogantes, las culpas, los arrepentimientos, las pérdidas,… Todo ello, ha de ser experimentado, vibrado, vivido para que no se conviertan en piedras de lastre dentro de nuestra mochila para el VIAJE.

Ya no sé ni recuerdo cuántas de éstas piedras, unas, cantos rodados, otras, adoquines con aristas y, las más, pequeños guijarros de río que durante los años consumidos de mi vida se fueron sumando a mi equipaje. Me refiero con “los años consumidos” a aquellos desde mis 13, aproximadamente, hasta los 39 años. Veintiséis años vegetados, vividos sin conciencia ni responsabilidad. Aclarado el término continuo… A partir de los 39 comienza para mí un nuevo trayecto. Es como si antes fuera un pasajero en un tren de los de antaño: vagones con gabinas para ocho personas, sentadas en dos bancos de madera, con una ventana que se abría a modo guillotina. Recuerdo de pequeño no poder abrirlas, primero porque no me llegaban los brazos y segundo porque no tenía fuerzas para levantar el enorme cristal, a los ojos de un niño. Un tren, el Rápido, que tardaba 12 horas de Cádiz a Madrid con su traqueteo característico. Ahora viajo como cliente clase A en una unidad del AVE dotada de servicios personalizados y azafatos que hacen placentero el trayecto. 

No quiero decir que la vida sea un camino de rosas y que no se sigan sumando piedras a la mochila. Sin embargo, la mochila ya no va detrás oculta a la vista.
De la comprensión que resulta de la aceptación e integración de las dudas o incertidumbres, los miedos, ansiedades y confuciones se da como resultado luz y sanación.
Ahora las dificultades, los conflictos, las preguntas, todas éstas piedras, las tomo en la mano, las sopeso y las cincelo. Unas las voy soltando porque no añaden nada al viaje, otras, las más bellas, las conservo y las hay que sin ser nutrientes ni dotadas de exquisitez quedan en el equipaje porque son maestras cargadas de savia, aunque su sabor sea amargo. Todas ellas son alimento para el espíritu. Energía, fuerza, vigor y avituallamiento para continuar un viaje que es único e irrepetible: La VIDA.

jueves, 24 de enero de 2013

estado emocional: cabreado



http://elprofesorcabreado.wordpress.com/acerca-de/

Leyendo un blog que sigo, bueno más bien del que recibo su e-letter, me encuentro con un post que nos habla de los buenos propósitos y expone 11 normas a seguir para tener una vida con calidad.
No voy a hablar de ello, ya el blogero lo desarrolla y, de lejos, mejor que yo, simplemente porque es su lista. Me voy a centrar en los puntos 8 y 9 de está lista de buenas prácticas. Extraigo unos párrafos de los mismos:
8.            Intento evitar cualquier enfrentamiento o conflicto, tanto en persona como por internet. Son una pérdida de tiempo y energía… Cuando me encuentro en una situación potencialmente conflictiva, respiro hondo, me paro, suelto aire y vuelvo a concentrarme en mi trabajo y en mis objetivos, sin dejarme arrastrar hacia otro terreno en el que tengo mucho que perder y nada que ganar…
9.            Siempre intento tener en la cabeza las dos consignas siguientes:
Relativizar. Y con ello me refiero… Cada uno de nosotros tiene una misión que cumplir consigo mismo y con los demás; no hay que perder el tiempo en problemas secundarios…
Nada es para siempre… El pequeño sufrimiento por el que me toca pasar ahora pronto quedará en el olvido, …

Ahora bien, esta es mi reflexión guiada por mi estado emocional derivado del contexto y la coyuntura en la que nos vemos sumergidos fruto, pienso yo, de la insatisfacción y avaricia, ambas desmedidas, del ser humano.
Lo que en la actualidad estamos viviendo no tiene que ver con determinadas políticas e ideologías o con grupos de intereses: el Ecofin, Grupo Bilderberg, Anonymous  y/o personas en concreto, véase: Carlos Slim, Novak Djokovic,  Amancio Ortega, Christine Lagarde, Rajoy  o Barack Obama, por citar algunos y alguna. Yo diría que tiene más que ver con atributos negativos del ser humano.
Nos guste o no, todos y todas llevamos en nuestro ser las dos caras, el ying yang. Y, al igual que podemos desarrollar una lista de cualidades: alegre, alerta, amigable, amoroso, analista, atento, atrevido, atlético,… y sigue . También nos encontramos con la lista de antónimos: afligido, desprevenido, desagradable, …
Me quedo, para continuar con mi exposición, con insatisfacción y avaricia que apuntaba yo como germen del que brota una sociedad inhumana. Abro un kit kat [no pretendo generalizar y meter en el mismo saco a toda la humanidad, no obstante de una u otra manera, por desconocimiento u omisión, por desidia o por incapacidad de la persona todos/as fueron y somos coparticipes, en diferentes grado, de la cosecha que estamos recogiendo.] cierro el kit kat. Asociaba yo la insatisfacción y la avaricia a la situación de crisis de valores, crisis medio ambiental, crisis social, económica, psicoafectiva, intelectual, interpersonal y espiritual en la que nos vemos sumergidos, es más, esclavizados, diría yo. Esclavos de una sociedad mercantilizada progresivamente, donde el consumismo se ha tornado en la técnica para dar solución a todos los problemas. Insatisfacción y avaricia.
Retomo el contenido del punto 8 de la lista “normas de vida”. Y me es muy difícil no entrar en el enfrentamiento y el conflicto cuando estamos asistiendo al incremento exponencial de las desigualdades. A la caída del Estado del Bienestar, donde por desgracia la cabeza a cortar es la del pobre, el emigrante, etc. Estamos viviendo el hundimiento de las instituciones, apoyado de la ideologización de la sociedad haciendo prácticamente imposible el dialogo y el consenso. Habitamos en una sociedad tecnificada y puramente economista de donde se extraen las verdades absolutas, no dando cabida al humanismo. En definitiva, asistimos a lo que Zygmunt Bauman llamo “modernidad liquida”, que viene a referirnos una pérdida de consistencia de aquello que es lo esencial. Todo se nos escapa entre los dedos.
Y, respecto del punto 9, cómo voy a relativizar? Cómo trabajar sobre el anhelo de otro mundo es posible, sí parece cada vez más lejos?
Con todo esto, en mi estado de ánimo imperan la rabia y la ira. Así es como me siento. Y no determina mi vida, pero sí que me afecta.
Afortunadamente, me queda la b. del punto 9: “nada es para siempre”. Y estoy esperanzado en que recuperemos la fraternidad (sí alguna vez la tuvimos). Trabajemos por el bien común, lo que es de todos. Aparquemos los términos individualismo e indiferencia. Y creemos espacios para cuidarnos como personas en todas las dimensiones del ser. Esto no es utopía, queridos/as míos/as, esto es ponernos a ello. También nos queda esperar a que el barco se hunda (ya se están encargando ellos mismo, los malos) y construir sobre cimientos nuevos. !Para mí que va a ser lo mejor¡

viernes, 11 de enero de 2013

la locura del vivir




La locura del vivir viene del miedo a no saber vivir. Para disfrutar de la vida y que no se convierta en un absurdo hay que querer vivir, vibrar con lo que acontece, sentirse vivo asumiendo los riesgos y gritar. Gritarle a la vida: ¡!Sí, estoy aquí y estoy vivo¡¡ Porque la vida nos trae tormentas constantes y su paz subsecuente. Ante la vida hay que presentarse con paraguas y chubasquero. Hay que reunir recursos y pertrechos para afrontar la tempestad, cuando llegue. Y, tener la humildad suficiente para sentirnos uno/a con la vida. La vida mana y permanece en un constante compas de vida-muerte-vida, mientras que nosotras, las personas, somos finitas. ¿Por qué -nos preguntamos- para lograr una vida más agradable, más atrayente y más serena, no desarrollamos el mismo esfuerzo que desplegamos, por ejemplo, para disimular una arruga?.

Para saber vivir hay que aprender a vivir. Desde que nacemos vamos adquiriendo instrumentos, aparejos, artilugios y armas que, a la vez, nos van conformando en personas atrevidas o vacilantes, cobardes o valientes, emprendedoras o prudentes según nuestros progenitores, educadores, entorno, historia y cultura o lo que se torne. Porque la vida para todas y todos es igual, sin embargo no todas las personas la vivimos de la misma manera. Lo que para unas es un día sombrío de tormenta para otras es una oportunidad de salir a bailar bajo la lluvia. 

Ya sabemos que la vida es hermosa y a la vez trágica. Porque la vida es así. Depende de nosotros mismos y de nosotras cómo gestionemos lo uno y/o/u lo otro. Podremos fijarnos metas y constantemente, una tras otra, sobrepasarlas sin encontrar el consuelo del resultado. Decía Gandhi: “jamás renuncies a las acciones, renuncia a los resultados”. Podríamos decir aquí: jamás renuncies a vivir, renuncia a la muerte.

La Historia nos muestra cómo, en todos los tiempos y en todos los lugares, los hombres y las mujeres han buscado fórmulas para vivir más y mejor, porque la vida es finita, para el ser humano. Vivámosla en presente. Disfrutemos del aquí y ahora. Que nos llamen locas por derrochar lo que tiene y dilapidar los días. Loca o Majareta que es lo mismo, pero más castizo, por ser arriesgadas y atrevernos a gritar, gritarle a la vida. 

Al menos, para mí, la vida suena con una cadencia armoniosa y una sonoridad que me permite, al prestarle el oído, gozarla. Ya que la vida se me ofrece cálida y vibrante, a la vez que fría, silenciosa y discreta, con ésto la vivo. Es la única que tengo, según la razón me alcanza.  

Y es, cuando una descubre los sentidos profundos  que orientan toda la vida, que quiere gritarte: 
¡!SÍ, ESTOY AQUÍ Y ESTOY VIVO¡¡ 


Me dijeron una vez que un solo instante, una mirada compartida entre dos personas, crea un vínculo que perdura para la eternidad.

Gracias Pilar por lo compartido!!

Descanses en paz!!