jueves, 20 de marzo de 2014

yo ya soy millonario

Querer ser millonario es una idea plausible y que suerte aspirar a ella. Suerte porque es y debe ser un motor de cuatro tiempos –como cualquier otra idea- para esforzarnos en la vida. Un motor del no conformismo y para cultivar la inteligencia tanto funcional como emocional, llevando al gimnasio cada día a la mente y las entrañas. Además, si la meta es ser millonario, se necesitará una gran dosis de proactividad en los negocios, embarcarse en aventuras y transacciones valientes y mercadear agiotajes fecundos.

Ser millonario, como decía, es un bosquejo sinónimo de empresa y como tal necesita de un propósito, del esbozo de un proyecto, una programación y una ruta. Maquinación, combinación y confabulación serían requisitos atómicos para alcanzar el objetivo. Es imprescindible componer un ardid que nos siente en la mecedora dorada del opulento.

Querer ser millonario provoca y es motivación suficiente para poner en marcha todo las argucias desde el más hondo adentro, sin escatimar recursos ni fuerzas llevando el consumo de las energías vitales al límite de sus capacidades sin agotarlas.

Para ser millonario me hago un propósito y soy uno con él. Podemos decir que la idea es un instrumento proyectivo en sí mismo y lo dejo que fluya en mi vida para que se proyecte. El futuro pertenece a quién lo importuna, poniendo en juego el efecto Pigmalión.

Ser millonario no es solo una idea es una puerta y yo tengo la llave. Abrirla y cruzarla, aceptando la idea, su desafío, escuchándola y experimentándola en la vida. Sensibilizarme con el concepto y hacerlo presente en mi día a día dejándolo que se extienda en todas mis acciones.

Para todo ello primará el cuidado de mi imagen, de mi cultura, de mi entorno y mis relaciones íntimas e interpersonales. Escucharme con voluntad de entenderme. Actuar coherentemente con mi sentir. Cultivar mi mundo emocional y practicar una espiritualidad que me sostenga. Y, me ayudara en la hazaña desarrollar valores como la constancia, la fe y la esperanza, entre otros.


Con este itinerario, en mi caja de resonancia –mi gran oreja- siento, paradójicamente,  que yo  ya soy millonario porque no es la meta alcanzar y atesorar, sino vibrar y caminar.



"Que agradable es satisfacer los deseos, pero que felicidad verse libre de ellos" Matthieu Ricard, En defensa de la Felicidad

miércoles, 5 de marzo de 2014

Nada es para siempre


El pequeño o gran sufrimiento por el que me toca pasar ahora pronto quedará en el olvido.  Los ruidos de pasos y las voces oídas viajarán lejos y quedaran, distantes, atesoradas en el joyero de los recuerdos -a veces- otras veces, amontonadas en el desván de la memoria. Y esas voces que van y vienen ahora, incesantes, y los sentimientos grabados en la piel e impresos en el corazón de un compartir, a ratos, momentos, risas, lides, masajes y mesa, ya no coexistirán más. Tan solo las remembranzas, a la luz cenicienta, de imágenes, espacios u olores, o en conversaciones taciturnas que alimentaran el resueno de Estrella.
Te fuiste y no te acompañe de la mano como nos hubiera gustado a los dos. No obstante, hace unos días hablamos y pudimos despedirnos, una vez más. Pero fue la última y ambos lo sabíamos, lo supimos siempre, que faltaba poco, que te irías antes que yo llegará. Y ya descansaste Estrella.
La vida te mordía con la saña del lobo. Una vida que me relataste, que no fue cómoda, todo lo opuesto, una grotesca comedia dramática. Una vida de sin sabores, cargada de silencios de la muerte, como presagio de una vida lacónica. Así fue, Estrella, te fuiste joven y castigada.
Ahora no, Estrella, ahora no puedo recordar los buenos momentos, ahora toca llorarte. Aun queriendo, trato de recordar las alegrías y los momentos convividos y me surge la queja y el grito por lo injusta que ha sido tu vida.
No seré ruin, ni cederé ante ningún otro sentimiento fácil. No haré caso a rumores ni te criticaré, esté con quien esté y sea donde sea. No seré negativo a la hora de buscar tu resonancia y me envolveré de personas que me aporten experiencias, conocimientos y valores que me enriquezcan tu memoria –ya lo infausto  e infernal, tú, me lo contaste-.
Un primer adiós Estrella, porque ayer nos dejaste y hoy me pesa tu ausencia, atado de leña de monte sobre mis hombros. Un primer adiós porque vendrá una despedida más dura, si cabe, el día que vuelva a pisar la que fue tu casa estos últimos años y es la casa dónde te conocí y te acompañe.

Adiós Estrella, que la Fuente del Amor y el Consuelo que tanto buscaste en tu vida te sea ahora revelada y calme tu sed!!
La llorona, Chavela Vargas

sábado, 1 de marzo de 2014

entre el bien y el mal

!Entre el Bien y el Mal, hay una linde difícil de delimitar¡

Dios Momo, Carnaval de Cádiz 2014
Me expresaré sobre esta sentencia teniendo cuidado de no resbalar sobre las piedras  cubiertas de verdín húmedo que abrazan a la hermosa playa de La Caleta y que aquí quiero que representen este escabroso tema.

Hay en el saber popular, que es donde realmente reside la sabiduría del ser humano y donde los complejos dilemas se resuelven con y en lacónicos adagios, revelados por la experiencia de vida, trazada de paisajes y rasgaduras labradas en el corazón, un sinfín de argumentos y razonamientos sobre lo que está mal y lo que está bien, sobre quién obra de provecho y quién en detrimento.

Yo que no quiero ser juez ni fiscal, defensor o detractor, ni de unas ni de otras, centraré estas negras sobre blanco, no en la persona más débil pero, sí en la más torturada por sí misma a los ojos de mi corazón. Más, suscitado el capricho de plasmarlas por un  hermoso cuento oriental que recita así:

Noori, maestro espiritual, se retiró a su habitación con un extranjero que fue a visitarle. Ambos se lamentaron hasta sollozar juntos. Una vez el viajero marchó, Noori dijo a su discípulo: --¿Sabes quién era? Era el diablo. Me ha hablado extensamente de los servicios que ha prestado a Dios y que no le han sido recompensados, y del terrible sufrimiento que experimenta a causa de su separación del Señor. Y ha llorado y yo he llorado con él”. 

Nos señala y pone luz esta perla, muestra de ese discernir sencillo que te arrincona –“en una compleja aritmética de sumas y restas entre lealtades y vilezas” que decía Reverte- sobre el sufrimiento de las personas que ejercen el mal hacia el entorno que les rodea: el hijo hacia la madre, la amiga contra la amistad, el padre abusador o el asesino de su gordi.

No es que tenga yo una cierta blandura del espíritu ni sienta la necesidad de fundirme en un abrazo fraternal entre Caín y Abel. Ni quiero disculpar el delito infame que comete aquél que atenta contra la otra, lo que expreso es que hay personas que, alejadas de la paz, el equilibrio y la armonía, tripulantes de la sinrazón, cuando no, atados al remo en la galera del castigo y despegados del amor, no  viven sino que liquidan el tiempo e hipotecan su vida mientras en tanto la guadaña no les viene a recolectar.

Seres entre heredades sin dueños, aguas que corren por rincones oscuros de casapuertas donde se confunden sombras con desconchones, en portales a orillas de adoquinados resbaladizos -decía yo- en un espacio donde con enturbiada claridad no se distingue quienes son dignos de la compasión: si las doncellas o los bellacos o, también los bellacos.

viernes, 14 de febrero de 2014

cortar por lo sano

jedsada tangtrakulwong, Línea de Costa
Necesito meter el cuchillo al oleaje incesante de mensajes tóxicos que me llegan desde fuera. Un ronroneo constante que me provoca un movimiento no natural en contra de mis propias tendencias instintivas, intuitivas y espontáneas. Un rumor que me ciega y desconecta. Una manipulación de mi mente difícil de evitar si no cierro las puertas y ventanas por donde se me cuela.

Me urge dar un tijeretazo a la contaminación informativa llena de mensajes subliminales, sesgada y pro-ideológica,  que me inunda he invade. Una información que me desinforma. Información instrumentalizada por poderes facticos ilegítimos que no convergen con mi salud.  Esto solo tiene una respuesta: la desconexión completa de los canales virulentos.

Preciso bajarme de esta ola que me obliga sobre su cresta y que irremediablemente acabará rompiendo contra la playa dejándome varado y/o aún peor arrastrándome en su resaca para volver a surfearme una y otra vez sin descanso para que no pueda recuperar el aliento y tomar píe a tierra.

Quiero descontaminarme, desempolvarme, higienizarme y acicalarme. Y para ello, es imprescindible una abstinencia y desintoxicación del aire viciado que me aporta la ventana de los medios de comunicación al servicio de intereses lúgubres. Tras años de estar sometido al embobo, atisbo  difícil y dolorosa la tarea de romper ataduras con las redes neuronales infectadas y construir entramados inocuos fuera de los barrizales y pozas fecundadas e incrustadas en el inconsciente.

Si bien es cierto, llevo la tarea adelantada. No es de ahora el despertar a lo que narro, no es de ahora la toma de consciencia. Lo que sí es ahora es la imperiosa necesidad de dar un paso adelante, un paso exponencial que con la fuerza de impulsión suficiente me saque de esta órbita limitada para abrirme a un universo interior ignoto que, además me posibilitará apertura y humildad abundante para aceptar la tendida  mano del hermano eterno.

Esto que dicho así pueda parecer el gordo de navidad tiene que aterrizarse en acciones terrenales y aptitudes concretas. Como primeras medidas, desde hoy, con respecto a lo externo: apartarme del Twitter y el Facebook, la televisión, la prensa escrita y las compañías no nutritivas, repetidores voceros y altavoces de la lobreguez. Y un primer paso, quizás más complicado, el observarme e identificar qué hay de real y alimenticio para el aquí y ahora en los cuentos que me cuento para seguir conectado a todo lo anterior.

!!Ahí es nada¡¡

sábado, 8 de febrero de 2014

la vida en colores


Doble arcoíris en Casa Samuel, Salamanca, Agosto'13
La vida se muestra como una paleta donde mezclar y experimentar en diferentes espectros y con desiguales colores y tonalidades para convocar al creador como guante para los dedos y fusionarnos con ella en un arcoíris no siempre visible o en ocasiones duplicado. En una vida que se nos antoja gris o multicolor, según el prisma del cristal de las gafas con que la miremos, la paleta nos permite cada día conjugar momentos y escenarios con circunstancias y realidades para ir estampando a antojo, a veces sin prevaricación, el lienzo (nuestra existencia).

Según el escritor Británico de libros de autoayuda Adam J Jackson "La actitud es el pincel con el que la mente colorea nuestra vida y somos nosotros quienes elegimos los colores".

No obstante pienso yo que, aun así, no depende de nosotros la coloración de nuestra vida sino que es la VIDA la que, a la hora de nosotros combinar los colores, aplica en la formula su factor constituyente. Porque no es que nosotros seamos los ejecutores al abrir el abanico de matices de nuestra vida, sino que es la VIDA la que nos revuelve y menea la cubeta de esmaltes que tiñen nuestro deslizar por ella.

Así, la rueda de colores que se nos va revelando a lo largo de los días viene de un plano ajeno y distante a nuestra mano y que las pinceladas que surgen brotan de una fuente, no extraña pero sí exótica, divina o espiritual de la que no tenemos toda la capacidad mental e intelectual de controlar para abrir o cerrar el grifo a nuestro capricho o necesidad.

Una vida mostrada en tinturas que en ocasiones se nos antoja abstracta o desnaturalizada, fruto de la verdad trucada con que tergiversamos nuestro transitar por ella. Más, diría yo, movida o removida por los pensamientos y las emociones, indistintamente o al unísono, sin equilibrio en la obra. Conjugando tintes antagónicos y coopositores que nos perfilan gárgolas grotescas, desdibujando nuestro verdadero yo.

Por otra parte, cuando la paleta, los pigmentos y el pincel, capitaneados por la mano que los amalgama, se abrazan en una combinación promiscua llena de vitalidad y luz, donde las sombras cumplen su cometido y los brillos ensalzan los rostros, así los colores se realzan y se antojan estos ir cogidos de la mano.

Y es entonces que la vida cobra sentido. Que el color de fondo pone en relieve al objeto elevado de la pintura que este es centro del meollo y corazón subordinado de la VIDA con mayúsculas. Es cuando el tapiz que es nuestra existencia cobra belleza, detalle y elegancia. Se da, nuestra vida en colores.


miércoles, 29 de enero de 2014

enero, mes para renacer, o no

Puente Hierro, La Caleta
En enero nací yo. Mes de puesta en marcha. Mes de juramentos, inicio de proyectos y de propósitos: “este año me apunto al gimnasio… este año comienzo las clases de inglés… este año dejo de… y me pongo a…"
Estoy seguro que en vuestro imaginario encontrareis alguna fotografía de esto que os refiero, verdad? Fruto, apunto yo, del reproche que nos hacemos del año acabado o regalo para el año venidero.

Yo que como digo soy de enero, siempre, en los anteriores, comenzaba el año con mucha fuerza y llevaba a cabo las intenciones, o casi todas. ¡Este último, no!

Este enero y para este año no quiero hacer nada, no quiero construir, no quiero reconstruirme. Este año no quiero nacer más, ya no nazco una vez más. Se acabó el renacer cada año al llegar enero. No, no estoy cansado, lo que pasa es que ya he nacido mucho y para siempre. ¡Por fin! Juan Carlos es y esta pleno. O sí, ¡cansado de no parar de nacer!

Y menos mal que escuche la voz de la vida, esta vez, antes de que me gritara. Y no por casualidad que se abrieron mis oídos al susurro sexual y sagrado con que la vida me habla. Antes lagrimas, esfuerzo, dolor y voluntad de cambio cerraron los canales por los que los ruidos de fuera velaban la sinfonía que alumbra mi transitar. Ruidos del mundo de fuera, donde las prisas y lo superficial.

Y menos mal que se despejaron estas cantilenas dando cabida y amplificando el murmullo continuo del río de la vida, de la vida en primera persona, la que me habla a mí en un monologo mío que solo yo conozco con un lenguaje vinculado a mis intereses. Un lenguaje sin ecos del pasado, sin un léxico y mensajes aprendidos y recurrentes en una espiral sin fin.

Y menos mal que he podido cortar el cordón umbilical que me ataba como en el cuento de la marmota que cada año en su fecha volvía a empezar una y otra vez hasta encarrilar la senda adecuada que integrará la enseñanza.

También, en todo esto, el amor de pareja, me proporciona un camino allanado para haber llegado hasta aquí. Y desde aquí quiero romper una lanza por ella y por él que acompañan al otro en su camino, sin interferir, de la mano, paralelos/as.

Y menos mal que me deje acompañar -y no todo el mérito es mío- en esta encrucijada donde tanto llueve. Menos mal que estas en mí. Menos mal que está tu puerto para descansar. Menos mal que me encontraste. Porque junto a ti, también, me siento vivo.


lunes, 13 de enero de 2014

no te dejes vencer

Y no lo digo yo que ya lo dijeron otros que lo conocieron y lo experimentaron.

“Triunfar sobre la muerte es no dejarse detener por ella”.

Y/o lo que para mí es lo mismo, “triunfar en la vida es conocerla y para ello debemos caminarla, paso a paso, intimando con ella”. 

No sabemos que seremos, no sabemos dónde llegaremos, ya que la vida es un continuo caminar por ella y en una ruta que será de ella, que ella misma nos traza. No somos dueños de nuestro destino como tantas veces y tantas escuelas nos han enseñado. Si bien es cierto, que hay un sentido en la vida, pero este sentido hay que vivenciarlo. Esto nos lo dice el discernimiento  humano-lógico ¡La vida pasa por ser vivida!

Necesitamos contar un cuento, engañando para confundirnos nosotros mismos. Que si “la muerte es una puerta”, que “en la vida cultivamos para la eternidad”, etc… Creo yo que la búsqueda de lo transcendental –innata e intrínseca en los seres humanos- sí se culmina, sí se alcanza la iluminación, el nirvana, ese estado se ha de traer a la vida. Si no, ¿qué sentido tiene?  ¿para qué seguir viviendo entre sombras, por qué no quedarnos en la consciencia total y olvidarnos de la vida en este plano, donde unos, los menos, los elegidos, conviven con la mayoría ciega, perdida? O es cierto aquello que dice que la humanidad sobrevive y ha llegado a nuestros días gracias a que unos cuantos, elegidos seres conscientes, conducen, de alguna manera, la conciencia colectiva para que no sucumba víctima de su propia inconsciencia???

Si la vida culmina en la muerte y la intensidad de la muerte dependerá de la intensidad de cómo se haya vivido. ¿no nos convendría vivir la vida con el mayor sosiego y con suma templanza para que nuestra muerte sea puro reflejo de ello?

Vivimos tiempos revolucionarios y crispados, llenos de opacidad. Tiempos que no se guían de la experiencia del pasado y que no se equilibran con la línea del horizonte (el futuro a corto plazo es incierto). Y es por eso que, pienso yo, es este el momento propicio de cerrar los ojos que ven la realidad –una realidad marcada por poderes e intereses lóbregos- y dejarse llevar por el instinto que ve lo real –aquello que es, sin distorsiones socio-económica-políticas.

Lo real no se define con nuestro lenguaje. Lo real lo vislumbramos en los versos del poeta, en la parábola del maestro, en las piedras del camino. La vida real o lo real de la vida no se ve ni se nombra, se percibe o se intuye. Por eso, bien podríamos cerrar los ojos y dejarnos arrastrar por el río para poder sentir la vida y lo que la vida nos da y nos pide. Y además, también es cierto, por que “mientras menos hago más se da a través de mí”. Cerremos los ojos y dejemos que la vida se exprese a través de nosotros para sumar al bien común.

No se trata de vivir ciegamente sino de ver y entender la vida desde dentro, desde el camino interior. Sin prisas pero sin pausas. Disponiendo los latidos de nuestro corazón con el pulso del universo, de lo que acontece.

La vida -como ya apuntaba porque otros me señalaron- es un continuo incluso en los momentos de parar. No podemos dejar de escucharla y sentir su vibración porque nos extraviamos. Es necesario no perder el ritmo, no dejar pasar ninguna nota del pentagrama -que es la vida- sin ser punteada para entender la sinfonía completa, el sentido de la vida.

Y, así, sin detenernos, triunfemos pese a ser el hombre, la mujer el animal más podrido de la creación, salvo en los momentos más sublimes. Estos son, en el amor y el arte.



referencias: El viaje interior, Claudio Naranjo