Mostrando entradas con la etiqueta amor de pareja. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta amor de pareja. Mostrar todas las entradas

lunes, 3 de agosto de 2015

Necesidades en pareja

carnaval 2014, mercado central de abastos
La necesidad de amarse. Dos embriagadas en los aromas del día  a día que emanan de sus efluvios  corporales, sus ropas  y sus perjumenes, en un vasto y complejo territorio sin horizontes. Libidos olores del paraíso como un dulce mantra de medio día ofrecido con la reminiscente juventud de la nueva luna para deshonrar la profunda e insondable soledad del yo. Un vínculo atado por cuerdas invisibles, de marionetas expuestas al fuego de las miradas públicas que ensalzan o menoscaban, porque somos seres sociales y necesitados de pertenencia.

La necesidad de continuidad. Es la expectativa que fluye del futuro abandonándose al nosotros para crear vida después de ti y de mí. Quedando en la incertidumbre si esa vida nos honrará. Esperanzada nuestra propia esencia tras la bruma de un hilo de prístina luz en la sonrisa y mejillas depositada sobre el vientre que entre los dos engendramos. Compartir la nueva vida y su cuidado nos sitúa ante la potencial muerte y esto nos eleva y engrandece a la vez que nos lleva al borde del precipicio.

La necesidad de sexualidad. Compartiendo un auténtico encuentro al goce de la íntima comunión. Juntas, presentes, leales, en éxtasis. Tejiendo en la hondura de una con el sexo de la otra una fusión, a veces de tres o más de tres, para el capricho del siempre misterioso arriesgo de la fidelidad. Disponer lo que está en manos de la otra abandonando lo mío confiándole miles de pequeñas gotas de miel en la boca de su existencia.

La necesidad de compartir. Ambas, pasajeras de un tranvía llamado “pareja”, Llamadas a dejar la tierra de los extraños y vivos solitarios en asientos continuos dibujados de risas y lágrimas, tristeza amargura y felicidad deshaciéndose entre las manos cogidas de dedos entrelazados a semejanza de alas de mariposas.  Alimentándonos de la otra y sosteniéndonos juntos en una tierra engastada con el cielo.

La necesidad de perdón. El mayor estorbo en la pareja es la ausencia de perdón intrapersonal. Si una no se perdona como se puede perdonar a la otra, es un error, es la vida en pareja sin música.

La necesidad de aprender. El gran aprendizaje de la pareja es que, unas antes que otras lo verán o no y es así, “puedo vivir sin ti”. Es lo sano, vivir sin la responsabilidad de la otra. Con capacidad de decir sí, de decir no. Con conciencia de necesidades y deseos, de límites y de atravesar verdades enmascaradas para dar cabida a lo diferente. Aprender el respeto y respetar lo extraño, integrándolo en mí para crecer.

La pareja es un contrato velado de ayuda donde cada una protege a  la otra de sus sombras y carencias. Un punto cardinal de la vida y del amor y no debe ser centralidad ni hay modelo ideal. Cada pareja es responsable de encontrar sus maneras afectivas y relacionales para crear un Nosotros en el equilibrio del Tú y el Yo que nos enriquezca como personas, elevando nuestras almas.

Fritz Perls, creador de la terapia Gestalt, escribió su célebre oración gestáltica:
Yo soy yo y tú eres tú
No estoy en el mundo para colmar tus expectativas,
ni tú estás en el mundo para colmar las mías.
Yo estoy para ser yo misma/o y para vivir mi vida,
tú estás para ser tú mismo/a y vivir tu vida.
Si nos encontramos, será hermoso.

Si no nos encontramos, no habrá nada que hacer.

Sed felices, con o sin pareja! 
Mejor con.

miércoles, 29 de enero de 2014

enero, mes para renacer, o no

Puente Hierro, La Caleta
En enero nací yo. Mes de puesta en marcha. Mes de juramentos, inicio de proyectos y de propósitos: “este año me apunto al gimnasio… este año comienzo las clases de inglés… este año dejo de… y me pongo a…"
Estoy seguro que en vuestro imaginario encontrareis alguna fotografía de esto que os refiero, verdad? Fruto, apunto yo, del reproche que nos hacemos del año acabado o regalo para el año venidero.

Yo que como digo soy de enero, siempre, en los anteriores, comenzaba el año con mucha fuerza y llevaba a cabo las intenciones, o casi todas. ¡Este último, no!

Este enero y para este año no quiero hacer nada, no quiero construir, no quiero reconstruirme. Este año no quiero nacer más, ya no nazco una vez más. Se acabó el renacer cada año al llegar enero. No, no estoy cansado, lo que pasa es que ya he nacido mucho y para siempre. ¡Por fin! Juan Carlos es y esta pleno. O sí, ¡cansado de no parar de nacer!

Y menos mal que escuche la voz de la vida, esta vez, antes de que me gritara. Y no por casualidad que se abrieron mis oídos al susurro sexual y sagrado con que la vida me habla. Antes lagrimas, esfuerzo, dolor y voluntad de cambio cerraron los canales por los que los ruidos de fuera velaban la sinfonía que alumbra mi transitar. Ruidos del mundo de fuera, donde las prisas y lo superficial.

Y menos mal que se despejaron estas cantilenas dando cabida y amplificando el murmullo continuo del río de la vida, de la vida en primera persona, la que me habla a mí en un monologo mío que solo yo conozco con un lenguaje vinculado a mis intereses. Un lenguaje sin ecos del pasado, sin un léxico y mensajes aprendidos y recurrentes en una espiral sin fin.

Y menos mal que he podido cortar el cordón umbilical que me ataba como en el cuento de la marmota que cada año en su fecha volvía a empezar una y otra vez hasta encarrilar la senda adecuada que integrará la enseñanza.

También, en todo esto, el amor de pareja, me proporciona un camino allanado para haber llegado hasta aquí. Y desde aquí quiero romper una lanza por ella y por él que acompañan al otro en su camino, sin interferir, de la mano, paralelos/as.

Y menos mal que me deje acompañar -y no todo el mérito es mío- en esta encrucijada donde tanto llueve. Menos mal que estas en mí. Menos mal que está tu puerto para descansar. Menos mal que me encontraste. Porque junto a ti, también, me siento vivo.