lunes, 13 de enero de 2014

no te dejes vencer

Y no lo digo yo que ya lo dijeron otros que lo conocieron y lo experimentaron.

“Triunfar sobre la muerte es no dejarse detener por ella”.

Y/o lo que para mí es lo mismo, “triunfar en la vida es conocerla y para ello debemos caminarla, paso a paso, intimando con ella”. 

No sabemos que seremos, no sabemos dónde llegaremos, ya que la vida es un continuo caminar por ella y en una ruta que será de ella, que ella misma nos traza. No somos dueños de nuestro destino como tantas veces y tantas escuelas nos han enseñado. Si bien es cierto, que hay un sentido en la vida, pero este sentido hay que vivenciarlo. Esto nos lo dice el discernimiento  humano-lógico ¡La vida pasa por ser vivida!

Necesitamos contar un cuento, engañando para confundirnos nosotros mismos. Que si “la muerte es una puerta”, que “en la vida cultivamos para la eternidad”, etc… Creo yo que la búsqueda de lo transcendental –innata e intrínseca en los seres humanos- sí se culmina, sí se alcanza la iluminación, el nirvana, ese estado se ha de traer a la vida. Si no, ¿qué sentido tiene?  ¿para qué seguir viviendo entre sombras, por qué no quedarnos en la consciencia total y olvidarnos de la vida en este plano, donde unos, los menos, los elegidos, conviven con la mayoría ciega, perdida? O es cierto aquello que dice que la humanidad sobrevive y ha llegado a nuestros días gracias a que unos cuantos, elegidos seres conscientes, conducen, de alguna manera, la conciencia colectiva para que no sucumba víctima de su propia inconsciencia???

Si la vida culmina en la muerte y la intensidad de la muerte dependerá de la intensidad de cómo se haya vivido. ¿no nos convendría vivir la vida con el mayor sosiego y con suma templanza para que nuestra muerte sea puro reflejo de ello?

Vivimos tiempos revolucionarios y crispados, llenos de opacidad. Tiempos que no se guían de la experiencia del pasado y que no se equilibran con la línea del horizonte (el futuro a corto plazo es incierto). Y es por eso que, pienso yo, es este el momento propicio de cerrar los ojos que ven la realidad –una realidad marcada por poderes e intereses lóbregos- y dejarse llevar por el instinto que ve lo real –aquello que es, sin distorsiones socio-económica-políticas.

Lo real no se define con nuestro lenguaje. Lo real lo vislumbramos en los versos del poeta, en la parábola del maestro, en las piedras del camino. La vida real o lo real de la vida no se ve ni se nombra, se percibe o se intuye. Por eso, bien podríamos cerrar los ojos y dejarnos arrastrar por el río para poder sentir la vida y lo que la vida nos da y nos pide. Y además, también es cierto, por que “mientras menos hago más se da a través de mí”. Cerremos los ojos y dejemos que la vida se exprese a través de nosotros para sumar al bien común.

No se trata de vivir ciegamente sino de ver y entender la vida desde dentro, desde el camino interior. Sin prisas pero sin pausas. Disponiendo los latidos de nuestro corazón con el pulso del universo, de lo que acontece.

La vida -como ya apuntaba porque otros me señalaron- es un continuo incluso en los momentos de parar. No podemos dejar de escucharla y sentir su vibración porque nos extraviamos. Es necesario no perder el ritmo, no dejar pasar ninguna nota del pentagrama -que es la vida- sin ser punteada para entender la sinfonía completa, el sentido de la vida.

Y, así, sin detenernos, triunfemos pese a ser el hombre, la mujer el animal más podrido de la creación, salvo en los momentos más sublimes. Estos son, en el amor y el arte.



referencias: El viaje interior, Claudio Naranjo

lunes, 30 de diciembre de 2013

Providas vs Fascitas

¡al pan, pan y al vino, vino!
Hay maneras de escribir que gustan más que otras, al menos a un servidor, y es esa donde se expresan las cuestiones con las palabras justas. No me refiero a la brevedad del texto ciñéndose a lo explicito sino a contar y nombrar las cosas con su léxico apropiado sin más rodeos. Esto es -y al estilo de Diana López en su blog “suspenso en religión”- llamando "coño" a los genitales femeninos cuando corresponde o, siendo muy hábil en el uso del sarcasmo, llamando "asesina en diferido" a una mujer que decidió abortar en un momento de su vida y en otro quiso ser madre y lo fue. "Con dos ovarios". Me encanta, cuando leo determinados artículos, que el texto se ciña y concrete utilizando vocablos apropiados para mencionar aquello que es nuclear del tema que se está tratando.

El léxico está ahí para hacer un buen uso de él. 

En nuestra lengua (el castellano o español, la lengua que es de España y también de las que fueron las Españas) gozamos de un diccionario (el DRAE, 1ª edición 1780, vigésimo primera edición 2003) donde sumergirnos en un extenso mar de posibilidades para barajar un escrito, nombrar o autonombrarse y que el lector o interlocutor entiendan claramente a que se están refiriendo (las palabras usadas) ya que, es posible y así me consta, no siempre entendemos o damos la misma lectura que habitaba en la intensión del autor/emisor o autora/emisora. Es fácil perdernos e incluso llegar a equívocos, por ejemplo, si utilizamos "órgano genital femenino" cuando queremos decir "coño". En la primera expresión no se concreta si es el clítoris (punto de placer) o los ovarios (centro de los redaños). Sin embargo, "coño" expresa claramente y refiere a esa parte fisiológica del cuerpo femenino que la mujer se agarra cuando quiere dejar clara su dignidad, inviolable y sagrada. -"esto es así porque me sale del coño"- y aquí, leo yo sin género de duda, que la mujer expresa su clara voluntad y opción en libertad.

Entonces, sres/as próvida ¿por qué cuando una mujer opta por abortar le dan ustedes una lectura tan malévola y reduccionista y ven ustedes demonios donde solo hay, en muchos casos, desesperación, en otros una salida valida. O, simplemente una decisión tomada según el criterio de una persona adulta, capaz y cabal? Y, si no fuera así, ¿por qué no se acercan ustedes con la humildad y compasión de la que alardean y abanderan cuan tela laureada batida al viento y ofrecen a esta persona, necesitada, quizás por ser menor o por ser inmadura o por carecer de sustentos, digo: ofrecen ayuda, sin imponerla, envés de condenarla?.

Me tienen ustedes confundido autoproclamándose "próvidas" y yo entendiendo: "fascistas" (excesivamente autoritarios).

martes, 10 de diciembre de 2013

El Lenguaje En Llamas

en Cádiz, noviembre 2013
Desde la génesis de la escritura, esta fue necesitada y creada en la tarea de dar soporte al Capitalismo. Fueron, otrora, los egipcios quienes crearon un sistema de signos (palabras) para registrar la contabilidad de su agricultura. Y es desde entonces que empezamos a hablar de un lenguaje escrito (escritura) como lo conocemos ahora.

A partir de aquí, comenzamos a romper arquetipos.

En primer lugar, a veces elevamos al libro a la categoría de lo sagrado. Sin embargo, los libros no son importantes, tan importantes, lo verdaderamente importante son las Palabras. El libro es la cárcel de la palabra. La palabra es colectiva y oral. Antes del libro, la literatura era narrada, cantada, contada. Por ello es imprescindible separar el lenguaje del continente de los libros.

Afirmaremos ahora que, el poder de las palabras para construir una realidad (te odio, te quiero) estriba en que necesitamos que se digan para que se evoque la realidad. De aquí podemos extraer que el Lenguaje sea el velo con el que construimos o cubrimos la realidad que cada uno, cada comunidad, cada sociedad percibe que es ella (los Inuit necesitan 25 palabras para expresar las realidades de la “nieve”).

Muerte,
He dicho esta palabra y
La boca se me ha llenado de cuerdas de guitarra.
 Yo, interpretando a Ory
La muerte,
como las cuerdas de una guitarra
necesita del cuerpo y de un mástil.
Un cuerpo que le haga de caja de resonancia.
Un cuerpo que experimente el sonido,
y del que las cuerdas son la voz.
Y un mástil, que tense las cuerdas,
que dilate el desarrollo de la muerte.
Muerte,
 que no es otra cosa que el reverbero de la vida.
                                                                              Yo          

Acéptese todo esto porque, el lenguaje es la base. Nos constituye como seres humanos. Somos el lenguaje que usamos, al decirlo y al oírlo.

En la escuela nos enseñan que la literatura es el desarrollo de un sistema:

EMISOR >>>>>> MENSAJE >>>>>> RECEPTOR

¿Entonces, la literatura que no llega a su destino (receptor) no es una literatura completa? ¿Esta descripción será incompleta sí, porque en ella misma se deduce,  la literatura se da al ser leída, surge con la lectura de un texto? ¿Podríamos decir que la literatura es un lector leyendo un libro?

Con lo que llevamos expuesto hasta aquí, me parece que podemos realizar un segundo aserto: los escritores no son tan importantes como lo son los lectores. Estos (los lectores), son los que dan peso al texto, dotándolo de sentido. “El autor es anecdótico”, su mensaje tiene grado de significado 0 y es el lector el que le da multiplicidad de significados a su mensaje. Si bien en la auto-escritura (el texto que se da como terapia) es importante el proceso de creación por ende el autor,  no así el mensaje ni el lector, ya que es un dialogo de auto-exploración.

Llegados a este punto abrimos un paréntesis para interesarnos por el poeta, músico y profesor de Escritura Mariano Peyrou que en su poema “Un Árbol” nos provoca chispazos con su manera de cortocircuitar el lenguaje. Yo le versiono guardando las distancias, por supuesto.

Un cuchillo.
Puedes hacer varias cosas con este cuchillo.
Puedes cortar el incansable oleaje de los pensamientos.
Puedes compararlo con la verdad y la razón que se utilizan para hacer daño.
Usarlo de brújula y seguir el rumbo que te señale.
Caminar sobre su filo y vivir la vida sin miedos.
Soñar con ser el cuchillo que corta la tarta que sueña que es el novio.
Puedes con él exigir el amor y encontrarte con la más triste de las soledades.
Crear un tálamo con muchos y descansar la pareja en su resistencia.
Puedes escribir un mensaje con él y lanzarlo al mar.
Inventar problemas, fundirlos y untarlos en una rebanada.
Lo que no puedes hacer es despuntarlo.
                                                                                              yo

Prosiguiendo con el tema del lenguaje, hacer constancia de conceptos básicos que nos ayuden a comprender y desmontar errores instaurados.

Poesía vs Prosa, no podemos comparar ni enfrentar estos dos universos ya que son de distintos planos. En un nivel tenemos la Prosa y el Verso que son el continente, las formas. Y, en un segundo nivel, están la Narrativa y la Poesía que son el contenido, el fondo.

Esquema:
Prosa y Verso
Narrativa y Poesía

Tradicionalmente identificamos el verso con poesía y la prosa con la narrativa. No obstante, podemos, por ejemplo, para el teatro o para las cartas de amor utilizar tanto la prosa como el verso. Ambos son medios de expresión. Es el ritmo el que define la diferencia entre uno y otro. Se comprende que, sí hay ritmo es verso y sí no hay ritmo es prosa. Son excluyentes, si es uno, no es el otro. Que el verso se escriba en renglones y la prosa en toda la caja de textos es pura creación enraizada.

Será un burro perdido, abandonado –nos dijimos-, ¡y el frío que pasará y las penas! Y sin más resquicios salimos a la caza de él con una zanahoria y un cintajo; y no creas que te estuviste tú ni tan sumiso y conforme con la idea, que fuiste terco y duro de convencer; pero al final te metimos verja adentro, y al pronto te atamos entre jaras y te echamos paja y yerbas…

A un burro muerto, del poeta  Agustín García Calvo, editorial Lucina

Por otra parte, la Narrativa y la Poesía no son excluyentes. No hay un elemento diferenciador. Sí hay un mecanismo que nos dice sí es poesía o narrativa: el tiempo. Siempre está presente en la narrativa que refleja la sucesión lineal de acontecimientos. El texto narrativo tiene una esencia sincrónica. Por el contrario el texto descriptivo no contiene explicito el tiempo. Otro indicativo del texto narrativo es el uso de los verbos como imprescindibles en él.

Finalmente llegamos al lenguaje poético. Y, para empezar a entender el mundo de la poesía necesitamos sumergirnos sin bombona. Como ejemplo, podemos, con las gafas del trovador, jugar con las partes del cuerpo guiado por el aliento del poeta Carlos Edmundo de Ory, y siguiendo sus pasos me atrevo con un facsímil lerdo de su creación: “Ditirambo del Gaditano”.

Ditirambo del Gaditano
Tu voz viento para mis velas
Tu sonrisa la llave de mis sueños
Tu boca cueva para mis excesos
Tu melena velo de mi pudor
Tus piernas son pilares de mi fantasía
Tu sexo la sublevación de mis manos
Tus senos dunas para perderme
Tu vientre refugio de mis sobresaltos
Tus manos lo que le falta a mis guantes (verso de la autoría de Dani, ¡pedazo de chispazo!)
Tu cuerpo es el atlas de mis viajes
Todo esto eres para mí aunque tú no lo sepas.
                                                                              yo

De todo lo dicho anteriormente, concluimos que la realidad queda reducida a nuestro conocimiento del lenguaje, que depende de nuestro vocabulario. Que nuestra mirada organiza el paisaje. Que los límites de la realidad son los límites de mi lenguaje. Que los seres humanos confundimos el mundo con nuestro lenguaje que lo nombra.

NOMBRAR
ES PONErle tamaño al infinito.
Digo 2 y lo reduzco a 2
ignorando el universo.
Disminuyo a campana la campana
y olvido que en ella flotan
eternos los sonidos.
Digo Tierra y desaparecen los planetas.
Amor, orquídea, tumba,
y los sepulto en la osamenta de sus nombres.
                                                                              José Acosta

Los seres humanos hemos sido abstraídos de lo real para ser cautivos de la realidad y las rejas de esta prisión son el lenguaje. En la realidad reducimos el mundo y lo asumimos. Con la poesía creamos grietas en la realidad para distinguir atisbos de lo real. La poesía es la herramienta con la que expresamos aquello que trasciende del lenguaje. La poesía cortocircuita el lenguaje. Y es necesario romper el lenguaje, para enmendar nuestra visión del mundo, para advertir lo real.
La REALIDAD / Lo REAL

En el lenguaje de la obviedad, el mensaje necesita de muchas palabras, frente al poético que se vale de expresiones cortas (“el cielo estaba rabioso”). La poesía invade todo el lenguaje. Las palabras están colonizadas. El lenguaje poético busca alumbrar las zonas oscuras del escenario para procurar vislumbres de lo corpóreo. Con este lenguaje, el autor facilita al lector la búsqueda de la sensación del chispazo.

El magistral Federico García Lorca y su poema “Ciudad sin sueño (nocturno del Brooklyn Bridge)” es un claro exponente de lo que es ser un cortocircuitador del lenguaje. Y con este poema suyo, que compuso el poeta una noche admirando el puente de Brooklyn, quiero acabar este texto que no quiere ser nada más que lo que tú, que me lees, quiera entender que sea.

No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Las criaturas de la luna huelen y rondan sus cabañas.
Vendrán las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan
y el que huye con el corazón roto encontrará por las esquinas
al increíble cocodrilo quieto bajo la tierna protesta de los astros.

No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Hay un muerto en el cementerio más lejano
que se queja tres años
porque tiene un paisaje seco en la rodilla;
y el niño que enterraron esta mañana lloraba tanto
que hubo necesidad de llamar a los perros para que callase.
++
No es sueño la vida.


Referencias y conceptos meneados en el taller “El lenguaje en llamas, aproximación a la escritura creativa. Fundación Carlos Edmundo de Ory. Profesor: Miguel Ángel García Argüez. Alumnado: José Manuel, Emi, Arancha, José, Adrián, Pablo, Rosa, Mila, Antonio, Elena, Juan, Yolanda, Dani y yo mismo.

Mi oficio es encender llamas.
Carlos Edmundo de Ory


Gracias!!

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Estamos embarazados

¡Enhorabuena! Le dije a un amigo que me transmitió su “estado de buena esperanza”. Ella, su pareja, está preñada. Una nueva vida se ha concebido y late en el vientre de esta mujer que ya se siente madre, junto a su chico, mi buen amigo, que ya se siente padre.

Esta misma mañana una mujer curtida ya por el paso inexorable de la vida alardeaba de haber dado a luz a doce retoños, “seis hembras y siete varones. Y esta que está aquí conmigo es la más chica de las niñas” (!no, no hay una errata¡ así lo expreso ella con sus matemáticas) nos relataba orgullosa de la crianza que les dio y lo bien agradecidos que le han sido. 

Hoy día la “aventura” de la concepción es una decisión que necesita de no pocas horas, días, meses e incluso años de reflexión. No son pocas las parejas que calculan, con vara milimetrada, el momento para la concepción o, la no concepción. El conteo de los días menstruales, el periodo de ovulación y/o la temperatura vaginal, entre otros, son señales y secretos que ayudan a las parejas en alcanzar la puerta buscada, la llave que abre el portal a la vida.

Dicen que la visita de la cigüeña a la cuna de la pareja es, en lo profundo, el génesis de la relación. Que la constitución de pareja viene de la necesidad de crear vida. A partir de aquí, pasamos de ser dos seres compartiendo existencia, biografía e historia a trascender hacia un proyecto común. Un nuevo ser fruto del amor que contiene nuestros deseos, aspiraciones, ideales,  presupuestos, expectativas y sueños. Una vida que emana, también, del afán de expandirnos, de engendrar para la esperanza. La esperanza de que tras nuestra partida quede en la tierra nuestro legado, nuestros genes, nuestra herencia.

De aquí, si lo que buscamos es ser padres y el predictor nos es favorable se alcanza un punto de felicidad que si no lo contamos explotamos. Y comienza la singladura de recitarlo a los cuatro vientos. Porque la felicidad en tal magnitud hay que exteriorizarla y repartirla ya que de lo contrario se nos atraganta.

Entonces,

¡Enhorabuena, Progenitores, que esta venturosa preñez traiga a vuestra vida, aquello, que vuestros corazones anhelan!



sábado, 19 de octubre de 2013

no morir en soledad

Ya estamos muertos
The Pilot Dog
Los que me conocéis sabéis que no soy una persona triste, que traigo a la risa y despido a la pena allá donde acudo. Sin embargo, y ahora os lo cuento para aquellas que no me frecuentáis en la intimidad, soy persona de tristeza profunda y es en ese espectro donde me desenvuelvo con más soltura y echando mano del refranero: “me muevo como pez en el agua”.

Aclarado esto, quiero expresarme, una vez más, desde mi ser interior, desde mi emoción prevalente, desde mi tristeza profunda. También es cierto que lo que os voy a narrar sólo me sale expresarlo con esta emoción.

Estoy acompañando a Martina, en estos momentos, sus últimos soplos entre los vivos, en el tránsito. Martina ha vivido ya mucho y me baso en el número de primaveras que ha visto florar, más de 90. Y vislumbro que no todas han sido gozosas, venturosas, se le ve mujer sufrida. Su cuerpo menudo y su rostro descarnado no lo ocultan, sin embargo, una mujer que despertó pasiones. Cuenta ella que muchos la pretendieron, pero que no la merecieron. Hasta que encontró al hombre que la dejo viuda muy pronto y ya su vida fue cuidar a los hijos de otras y poner la mesa a una familia que no fundará ella.

Martina que tiene mucha juventud acumulada y una dolencia que no tiene alivio, se está muriendo. Llora y gime por un calvario  de dolores y de penas. Por un lado el dolor físico de su cuerpo ajado y por otro llora de amargura, llora porque está sola, desolada porque le faltan los alientos. Dice ella: “nadie me quiere y que mal me pagan los que he cuidado”.

Y yo aquí, junto a ella, no sabiendo a ciencia cierta por qué, pero teniendo muy claro que  quiero estar. Quiero estar porque me claman sus llantos y sus quejas. Quiero estar porque mis valores humanos, mi ética y mi moral sobre lo que entiendo por amor al prójimo y cuidar de los míos, de mis coetáneos, así me lo dictan.

Por otra parte, está el morir en soledad, ese es mi gran  miedo. No tengo miedo a sufrir, aunque no soy un inconsciente ni un loco, claro que no quiero sentir dolor. Quisiera, en este sentido, morir en paz, a ser posible morir durante el estado del sueño. En otro supuesto, citando a Cicely Saunders de su libro “velad conmigo”: “quisiera transitar desde un ruego justificado de ¡no quiero morir, no quiero morir! A las palabras de aceptación “solo espero que todo vaya bien”.

Consciente de que a este mundo venimos desnudos y lo abandonaremos de la misma guisa, no por ello voy a prescindir de ¡¡por favor, que una mano, amiga o enemiga, sostenga la mía en el momento de cruzar el umbral!!

Ahora, publicando este texto, que escribí anoche de madrugada mientras velaba a Martina junto a su cama, ahora, Martina ya no está. No está su presencia física pero si su resonancia y su esencia.

¡Descansa en paz Martina!

viernes, 18 de octubre de 2013

homenaje a la Princesa Inca


aplicación de crochet con trapillo y aguja del 12
Hoy quiero presentaros a la Princesa Inca. Cristina Martin, que así se llama, es miembro de Radio Nikosia. 
Ella a través de su blog manifiesta la belleza y el sentimiento estético de la salud mental utilizando la palabra, en prosa o en verso.
Ayer, en unas jornadas de humanización de la salud, en el Virgen del Rocio, nos leyeron el siguiente texto de su autoría que os comparto en este post. Me encanto, me emociono, me inundo los ojos de salada humedad, me trastorno, me afecto, me agito, me dio un vuelco el corazón. 
Un texto que no basta con leerlo una vez. Aquí lo público para que no se me olvide y para compartirlo con vosotros/as. 

A TODOS ELLOS
A los que se quedaron dormidos en el nunca,
A los que sueñan sus verdades y se las niegan,
A los que tienen mucho miedo, y lloran por cualquier cosa,
Y se ocultan la cara de vergüenza.
A los tímidos, a los solos, a los raros,
A los que dudan y dudan y les llaman inmaduros, débiles.
A los que duermen en la fría cama del psiquiátrico,
A las madres que cogen la mano de su hijo ingresado.
Os digo que no nos vendan verdades, que la verdad no existe,
La verdad y la razón son creaciones del hombre, para doler para medir.
Hay que luchar contra el silencio, y la ignorancia,
Somos personas, no somos enfermos.
¿Quién tiene la verdad absoluta, la realidad absoluta?
…Que la muestre, que la enseñe si puede…
¡Es mentira, mentira, no existe!
A los que llevan cicatrices de haberse rajado las venas,
A los que consiguieron no rajárselas,
A los que les paraliza la angustia,
Les paraliza para ser, amar, soñar.
A los que llaman vagos, idiotas, locos, débiles.
No escuchéis la voz de los que viven solo para afirmar, controlar,
O los que saben a donde van, donde están, quienes son,
Los que llevan la frente alta y no les tiembla la voz.
A los que la ansiedad- la sociedad les hace fumar dos paquetes diarios.
A los que no son sociables, ni aptos, ni lucidos,
Ni extrovertidos, ni empáticos, ni asertivos, ni normales.
A los que nunca superaran un test psicotécnico,
A los que llevan medicación en el bolso y el monedero vacio.
A los que ahora están atados a una cama y no nos oyen,
A los psiquiatras que abrazan a sus pacientes
Y pidieron alguna vez consejo al que llamaron esquizofrénicos.
A los que tenemos certificado de disminución
Y leemos a Lorca y a Nietzsche y lo que haga falta.
A los que no soportaron el túnel y se fueron para siempre,
A los que atravesamos cada día el túnel agarrados a las paredes negras,
A todos los que saben o quieren escucharnos,
Y no se fían solo de los manuales, libros, tesis, estudios y estadísticas.
A los psicólogos que dan besos.
A los que hemos pasado ya el infierno y el cielo y no queremos volver nunca allí.
A los que roban dolor y devuelven en sonrisas, dice Sabina.
Y sobre todo, a todas esas pupilas dilatadas de tanta química que
Miran aturdidas y absortas pero tienen luz mas hermosas:
“Que no existe locura sino gente que sueña despierta”
http://laprincesainca.blogspot.com.es/search?q=a+todos+ellos

lunes, 14 de octubre de 2013

una escuela de vida

Parador Atlántico, Cádiz
Escribir sobre el camino en la vida es un tema que ya toque anteriormente en el post: “caminante no hay camino”. Y, me reitero lo nuclear de que “nuestra tarea en la vida es encontrarnos a nosotros mismos”. Y, para ello, es necesario completar el puzzle de nuestros deseos, el puzzle de nuestras necesidades, el puzzle del universo de nuestras emociones, el puzzle del conocimiento de nuestro cuerpo, el puzzle, en definitiva, de nuestro ser holístico que somos: físico, psíquico,  social, espiritual y emocional.

Para ello, expresaba la necesidad de adherirnos a una escuela" con un maestro/a que nos guie por la senda. No obstante, añadía que “ni el maestro ni el camino han de ser dogmáticos”. En esto, debemos “elegir juiciosamente”: sobre el camino, la escuela y el/la maestro/a. No necesariamente en este orden. Te puede surgir el maestro y te señale un camino o una escuela. También, podría ser que encontraras un camino que te lleve hasta la escuela y en ella al maestro. O, bien podría ser que te unieras a una escuela y que el guía te lleve hacía el camino. Es aquí, donde debemos prestar la máxima atención para elegir juiciosamente. No es que sepamos elegir bien o mal, no existe nada que nos indique cual es la correcta elección hasta que no hemos entrado en la gruta y equivocado el rumbo, y es entonces cuando extraemos solo la enseñanza. Elegir juiciosamente tiene más que ver con una elección sana para ese momento, en esas circunstancias, en una determinada situación y coyuntura concreta.

Nos ayudará, entre otras, adoptar de las enseñanzas de Buda, como ya refleje en el anterior post, las “cuatro confianzas”:
Ø  Confía en el mensaje del maestro, no en su personalidad;
Ø  Confía en el sentido, no sólo en las palabras;
Ø  Confía en el sentido real, no en el provisional;
Ø  Confía en tu mente de sabiduría, no en tu mente ordinaria y llena de prejuicios.

Pues bien, estoy en el proceso de elección, he encontrado una escuela que me adviene y me estimula. En principio son solamente reuniones informales (en grupo muy reducido: 4 a 6 personas), en petit comité, acompañados de una o varias personas que ya forman parte de la escuela. Leemos textos (conferencias filosóficas, libros sugeridos, etc.) y  nos planteamos dudas, ponemos en tela de juicio, reflexionamos o simplemente, y es de lo que se trata, adquirimos conceptos, los conceptos con que se comunica la escuela. Un lenguaje teórico que es propio en la escuela.

Somos iguales –los noveles y los veteranos-, personas que buscamos, que no estamos conformes con que todo sea lo que nos despachan desde fuera. Que sentimos la llamada a trascender, a calmar la sed, a acallar los ruidos incesantes de una sociedad materializada y el murmullo de nuestra mente y encontrar argumentos y premisas con otros/as y en las convulsas quietudes de nuestro interior.

¿Qué tiene esta escuela que me provoca?

Pues que no hay un maestro concreto al que seguir, ya es motivo suficiente para una persona como yo: rebelde sin causa, que no se somete al dictado. Aunque, si bien es cierto que hay una filosofía cristalizada, por tanto una maestría transmitida a la que atender. Son muchas las fuentes de las que bebe la escuela: Gurdjieff, Ouspensky, tradiciones sufíes, Manual de Vida de Epicteto, filosofía tibetana, etc. También motivo sobrado para mí - ávido insaciable de catar los néctares azucarados de todas las flores-.

Ahora bien, sí que hay un guía. Un guía que te observa en tu camino y que te meterá el dedo en la llaga si viere que te desvías de tu senda y te espoleará si retienes tu ritmo sin motivo. Que no te responderá preguntas, te las hará.  Un guía que lo es porque inicio su camino antes que tú, dentro de la escuela, que no lo es sólo por su personalidad y liderazgo, sino por su nivel de conciencia del ser y sus yoes, fruto de la lectura y la recitación, de la meditación, del movimiento y la danza, de la experiencia empírica y el ejercicio de la consciencia.

Es está, una escuela que me muestra un sentido que yo comparto y anhelo: encontrarme conmigo y el cosmos. Llegar a trascender de lo meramente físico. Una escuela que no se detiene en la palabrería, que va más allá. Una escuela que no finita en lo temporal, en lo efímero, en lo provisorio y accidental. Una escuela que deja atrás lo ordinario, lo frecuente y lo impertinente de nuestros días. Es con esto que me alineó.
Hubiera podido escoger, pero aún no he elegido, ni la escuela me incita y apremia. Es un proceso que llevaré, así me alienta la escuela, con una máxima: sin tiempo, con dilación y callada prudencia.

Sin tiempo previsto y pautado, con sosiego y quietud. Acudiendo, sí, a encuentros programados y consensuados  sin otra exigencia que la que yo me asigne. Esta es: un método por etapas que no prevé fechas ni horarios ni metas. Etapas que nacerán a cada paso. Con silencio mental y recogimiento, con meditación en movimiento que es mi hábito de práctica. Acallando las palabras para que hablen los silencios. Eludiendo los ritmos de vida que me llevan hacia fuera. Ritmos que me inculca la cultura occidental, las “culturas avanzadas”, nuestra cultura.

Con dilación. Es un camino de vida para toda la vida. Una senda que recorrer para encontrarme conmigo en una vida performativa y cambiante. Donde abra momentos de vislumbre del YO esencial, que no superaran los dos minutos de consciencia y el resto, auguro, serán momentos de búsqueda, momentos de pérdidas, momentos de desencuentros, de alegrías, de falsas alegrías, de estar arriba y de bajadas despeñadas.


Como últimas palabras de este post, es mi deseo: toda una vida de vivir conmigo y en la búsqueda de mí, junto con otros y otras. ¡Este es mi propósito!