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Hay muchas personas atormentadas
por el dolor que produce la imagen corporal cuando no esta en sintonía con los cánones
que impone la sociedad y los que se impone una misma.
Este desequilibrio entre
el ser y el físico provoca calvario para la persona y quienes la aman y, ni la
sociedad ni la medicina son capaces de dar respuesta a ello. En realidad, creo
yo, que se trata de dar un giro de 360º al concepto “ser humano” y ha cómo este
se intrarrelaciona e interrelaciona, cómo me veo y cómo creo que me ven las
demás. Difícil tema para tratar y al que me atrevo a asomarme con este
microrrelato con el único deseo de salud para todas.
Oronda obsesión
Dos mujeres corren por un pasillo
deforme e interminable lleno de puertas a ambos lados, de diferentes tamaños.
Una huye sin saber de qué, la otra le acompaña inseparable. Eligen una de las
puertas, al azar, pero como espoleadas por un fatigoso látigo absurdo. Salen a
un espacio abierto alfombrado por manteles blancos con platos blancos y
cubiertos de plata, rodeado por alambradas. –“no puedo dejar de correr, he de
salir de este lugar, acabar esta indómita carrera y librarme de esta agónica persecución”,
no cejaba de repetirse una de ellas. Extrañamente juntas, ligadas los pies por
unos grilletes imposibles de romper, atraviesan una de las alambradas que viene
a dar con un edificio de una sola planta, cruzan la puerta y se encuentran con una
sala diáfana repleta de artefactos con pesas, bicicletas estáticas, mucha luz y
paredes forradas de espejos. “Un gimnasio, estaban en un gimnasio”, grito
aterrada. La original, incapaz de moverse, se mira en los sádicos y crueles espejos
y tras ella una sombra, la suya. Enorme y gorda. Una figura de la que no puede
deshacerse por más que deje de comer o vomitar.
Estupendo tu escrito, como siempre. Que tengas unas Navidades como a ti te gustaría.
ResponderEliminarBesitos.