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viernes, 3 de octubre de 2014

divina locura

fresco en el museo de la Catedral de Astorga
Al momento los gestos de sorpresa, las caras de susto y, también, la disposición presta inundaron el espacio que acogía aquella primera sesión. Unas esperaban que por ser hoy, orto del curso, no pasáramos de una mera exposición de contenidos y presentaciones, y así llegaría el ocaso del tiempo sin tener que mostrarse por miedo a las caras desconocidas y el desnudo escénico. Otras, osadas o marineras curtidas en destaparse, felices de embarcarse en esta nueva travesía.

Al final, todo se dio como ocurre siempre en la vida, un paso tras otro. Unas, las más, tropezaron con una piedra, otras usaron la piedra del camino como asiento, otras moldearon la piedra y, de algo tan efímero como una sesión de inicio que da pié a otras, oímos, como relatos poéticos y novelescos, vidas travestidas.

Tras una de estas, escondida en una mente maravillosa, percibo a una de esas personas a las que la sociedad tilda de “loca”. Adorable ser, y me gustaría escribir como ella se narra y compartirlo con vosotras, “las personas sensatas”, las que habéis conocido la cordura en su plasma más cercano y lejano a la infinita incomprensión del SER y que, pese a ello, seguís ligadas a una sociedad pérdida en la razón.

Comienza a comunicar y nos habla de la locura como de una mente abierta a percibir una realidad diferente, más genuina. Vista con una mirada blanda para que el sentir del “aquí y ahora” no sea una pistola cargada que se vuelve contra ella, contra una misma. Una realidad que da expresión al ser en la forma, con un anhelo del corazón y el objetivo la psiquis.

“Con cordura y las últimas luces del día, no se le puede dar cuerda al reloj”-nos cuenta. “La brevedad de la vida no da para caminar, conquistar y desaparecer oculto tras los delirios de la sensatez en las últimas luces del día. Más bien, con la fidelidad que un hombre cuida su bigote, compañero tallado con el que reparte suerte en el efímero y sempiterno tic tac del segundero, cuidar de la locura con constancia y totalidad; y como el roce del reptil por la tierra, en el mundo de las formas cuerdas, ser capaz de zigzaguear, perderse y saborear el goce que es vivir sin disfraz, que al fin y al cabo, es legítimo”.

¿Inevitable destino? –yo me pregunto.