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jueves, 4 de agosto de 2016

El valor de la escucha

Gran Regata'16 Cádiz
En busca de agua, cada mañana. Niñas e iguales, con seis, siete, ocho y nueve años. Cada día, después del colegio, iban a por agua, cada una con una garrafa de cinco litros, a la fuente más cercana, a un kilómetro de distancia. Para llegar, habían de atravesar campos que se vestían y desnudaban periódicamente y un bosque, todo pre-decretado por los códigos de la Naturaleza. Por el camino, jugaban a lanzarse espigas que se les asían a la ropa o prendían del pelo. Recogían algarrobas, grosellas y rojas o negras moras. También encontraban, a ambos lados de la vereda, almendros en flor y avellanos. La fuente era una blanca y simple pared con tres caños de agua fresca.

El escenario que se describe, campo de fuerzas vivas, me lo narra una ya mujer, aprendiz de quien es ella, al igual que el río cuenta sus cosas como él las vivió, porque esas son sus verdades.

Hasta el olor del aire notábamos ya, ella y yo, en el advenimiento del recuerdo. El magna ambiental nos envolvía a la vez que ella iba extrayendo las sensaciones de los vericuetos de su memoria. Los traviesos rayos de sol atisban por entre los espacios vacíos del follaje para jugar con ellas al escondite de sombras terrenales y, yo me cubro para que no me vean, para que no pisen mi sombra. El canto de pájaros, ese eco que la luz de la mañana devuelve a la tierra, vida y timbal de todo el espectro de sonidos que caben en los mil registros, me remontaba la corriente del tiempo trasladándome a una florida y sencilla imagen de su niñez. Me interné en el bosque porque quería vivir intensamente su recuerdo y sacarle el jugo en una comunicación sincera, en un camino hacia su conciencia.

Ella, sabía contar lo cotidiano para descubrirme la estética de las cosas cercanas. Su historia es un tejido de atracciones y utopías, un camino largo y bienintencionado, que no avanza de manera lineal, empero se desliza con bondad que es la manera de asegurar la dignidad de su experiencia.

Cuando escuchamos a otras personas irradiarnos lo que son y lo que tienen, estamos expuestas a y podemos sentirnos, en alguna medida, afectadas por ellas. Porque nos mueven y nos conmueven con el viaje heroico de su vida y de su alma, llenos de sabiduría orgánica e invisible. Es el momento de parar nuestro sentir y decirnos: “Solo respira. Detén el tiempo. Abre los sentidos. Inúndate de ahora. Aquiétate y reconoce tu esencia”. Probablemente a esto le llamen “la escucha activa”.

Parafraseando al científico Robert Lanza refiriéndose a la no existencia de la muerte: “Cuando escuchamos no lo hacemos con una matriz determinada, sino según la matriz ineludible de nuestra vida”.


dedicado a ti, que me lo contaste.


viernes, 24 de diciembre de 2010

lo que vemos, lo que somos


No somos lo que podemos observar, sino la Conciencia que observa (Enrique Martínez Lozano).
En muchas y diversas ocasiones, me he dicho y les he contado a otras personas, que cambiemos la forma de mirar y nuestro entorno cambiará. Ahora me lo planteo de otra manera: miremos desde nuestro ser para ver genuino nuestro entorno.
En definitiva la dicotomía estriba en si soy YO o es mi mente quien observa.
Pero no se trata de cambiarnos sino de ser nosotros. Cuando soy YO, cuando observo desde un nivel de conciencia más profundo, sin cuestionar ni discernir, percibo el proyecto universal. Es cuando siento mi pertenencia al cosmos y en este sentir es donde me encuentro con todo, conmigo. La convicción de que todo es una red, de que todo influye en todo, y de que la realidad tiene un modelo holográfico, que significa que en cada parte está el todo. Junto con las diferencias de las formas, más allá de ellas, late una profunda Unidad de todo Lo que es.
Partiendo de esta conciencia que observa, hay algo que me inquieta: ser fiel a mí mismo, permanecer despierto, consciente.